Lectura recomendada por Yago Franco

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Los siguientes son recortes tomados de diversos e-books que están en circulación. Recomiendo la lectura antes del plenario.

Svampa

La catástrofre medioambiental, origen de esta pandemia y las que pueden estar por venir.

Es el verdadero enemigo. Algo fuera del discurso de todos los líderes.

Zoonosis. Deforestación. Hay ocultamiento de las causas ambientales e hiperpresencia del discurso bélico

Cragnolini

«Cuando se contabilizan víctimas, se suele señalar que las tres pandemias más grandes (peste negra, gripe española y VIH) han sido enfermedades zoonóticas. A las enfermedades zoonóticas se las enfrenta con el modelo bélico,y se las considera «inesperadas» o sorpresivas por parte de las políticas públicas de sanidad.

Ver el informe de 2006, La larga sombra del ganado (accesible en la página de la FAO: http://www.fao.org/3/a0701s/ a0701s00.htm)

Derrida ha llamado «guerra santa contra el animal» a la violencia constitutiva del proyecto tecnocientífico en elproceso de humanización. Entendámonos: «humanizarse» ha significado «dejar de ser animal» para buena parte del pensamiento occidental, y ese proceso se ha encarado como «guerra» contra la animalidad. El adjetivo «santa», en la expresión derridiana, alude al hecho de que ninguna de las tres religiones monoteístas ha tenido en cuenta, en su regla de oro, al animal, como otro que debe ser respetado.

Nietzsche, en La genealogía de la moral, llamó a este proceso «odio contra lo animal».

Humanos en cuarentena: la guerra no la iniciaron los virus. La guerra la iniciamos nosotros, cuando nos montamos de manera soberbia sobre el modelo del hombre

que «domina» la naturaleza a través de su cultura y sus valores. La guerra la iniciamos nosotros cuando creímos que todo lo viviente estaba a nuestro servicio, allí, «a la

mano», listo para ser utilizado, manufacturado, consumido, aniquilado (la ontología de guerra que implica una metafísica manufacturera).

Silvi Ribeiro

La principal es la cría industrial y masiva de animales, especialmente pollos, pavos, cerdos y vacas. A ésta se le suma el contexto general de la agricultura industrial y con agrotóxicos, en la que 75 % de la tierra agrícola de todo el planeta se destina para todo lo vinculado a la cría masiva de animales, principalmente para sembrar forrajes con ese destino. La tercera es el crecimiento descontrolado de la mancha urbana y las industrias que la alimentan y por ella subsisten, desde grandes mineras a supermercados.

Las tres juntas son causa de la deforestación y destrucción de hábitats naturales en todo el planeta, que también implica desplazar comunidades indígenas y campesinas en esas áreas En México vimos como se originó la gripe porcina en 2009, a la cual le pusieron el aséptico nombre de Gripe A H1N1, para desvincularla de su puerco origen. Originó en

la fábrica de cerdos llamada Granjas Carroll, en Veracruz, entonces co-propiedad de Smithfield, la mayor productora de carne a nivel global. Smithfield fue comprada en 2013

por una subsidiaria de la mega empresa china WH Group, actualmente la mayor productora de carne porcina del mundo.

Pero es en los inmensos centros de cría de animales para la industria agropecuaria donde hay mayores chances de que se produzca la mutación de un virus que luego afectará a los seres humanos. Esto de debe a la continua interacción entre miles o millones de animales, muchas diferentes cepas de virus y el contacto con humanos que entran y salen de las instalaciones.

El aumento de la interconexión de los transportes globales, tanto de personas como de mercancías -incluyendo animales- hace que los virus mutantes se desplacen rápidamente a muchos puntos del planeta. Hay que cuestionar  todo el sistema alimentario agroindustrial, desde la forma de cultivo, hasta la forma de procesamiento, distribución y

consumo. Todo este círculo vicioso que no se está considerando, hace que se esté preparando otra pandemia.

Marina Aizen

Zambrana-Torrelio trabaja en Africa, particularmente en Liberia y Sierra Leona, donde el brote del ébola sorprendió a todo el mundo por su ferocidad. Allí la emergencia de la enfermedad tuvo como causa principal la fragmentación del bosque tropical. Eso hizo que se juntaran muchas especies distintas de murciélagos en los pocos árboles que quedaban en pie y empezaran a convivir hacinados en ellos. Esta mezcla de especies, que no habían interactuado antes en el ambiente, fue el caldo de cultivo de lo que pasó después.

Un día, un niño encontró un murciélago en el suelo y se lo llevó a su mamá para que se lo cocinara. Se presume que la mujer pudo haber tenido heridas en la mano. Y el contacto de los fluidos del animal con la sangre humana fue suficiente como para que se desencadenara una epidemia en una población altamente vulnerable. Entre 2014 y 2016 se registraron 28.600 casos de infección y 11.325 muertes por ébola, según cifras del Center for Desease Control (CDC) de los Estados Unidos.

“Pero todo empezó por la deforestación”, señala Zambrana-Torrelio.

En la Argentina, la transformación de ambientes ha traído consecuencias de enfermedad y muerte a lo largo de la historia, y no sólo por el asedio a ecosistemas como el Gran Chaco, Las Yungas y la Selva Paranaense, sino también de la llanura pampeana. Quien lo cuenta es Fidel Baschetto, veterinario cordobés, docente de la Universidad Nacional en esa provincia. “Si hacemos historia de las modificaciones ambientales en la Argentina, han ocurrido hechos que pasaron desapercibidos pero se han estructurado en un formato de normalidad. Por ejemplo, la conquista de la llanura pampeana y esta modificación y domesticación a mansalva que se hizo de ella, provocó una enfermedad que fue y es la

fiebre hemorrágica argentina”, indica. También recuerda que la epidemia de fiebre amarilla, que se cobró la vida de hasta un 15% de la ciudad de Buenos Aires en el verano

trágico de 1871, tuvo de base la interacción del hombre con zonas prístinas de la selva misionera.

Las especies silvestres no están enfermas de los virus que portan, ya que han evolucionado por miles de años junto a ellos. “Cualquier animal puede tener entre 50 virus

únicos que están ahí. Es parte de la dinámica del sistema. Si no hubiera humanos, no habría transmisión”, afirma Zambrana-Torrelio.

No es la culpa de los murciélagos, mosquitos, ratones o pangolines sino de lo que hacemos con el ecosistema en el que viven y cómo los juntamos y manipulamos a todos en un nuevo ambiente artificial. Esta es la verdadera receta del coronavirus, algo que probablemente cueste una recesión global. O sea que mutilar los ecosistemas tiene un precio muy caro para pagar. La preservación de los ecosistemas no es sólo un asunto de moralina ambientalista, sino algo que tiene que ver con nuestra supervivencia.

Si la Tierra está enferma, nosotros también. Zambrana-Torrelio lo pone en estas palabras: “Debemos dejar de pensar que los huma nos somos algo separado del sistema porque sino, nos da la idea completamente errónea de que podemos cambiar, destrozar y modificar el ambiente a lo que mejor nos parezca. Cualquier cambio que hagamos en el planeta va a tener un impacto en nuestra salud”. Al final, estamos todos juntos en el mismo barco. Y unidos por la misma suerte, con o sin barbijo.

Rafael Spregelburd

El pavo de Hume, en su jaula, recibe comida un día y piensa que la cosa no está tan mal. Recibe comida al día siguiente y piensa que la cosa no hace sino mejorar. Recibe comida deliciosa cada día, durante 30 días, y se acostumbra a ello y piensa que los humanos son maravillosos y que es una suerte ser su pavo. El día 31 abre la boca para disfrutar lo que le corresponde y en cambio lo agarran por el cuello, se lo parten en dos con un hacha y lo hornean para la cena de Acción de Gracias, un ritual no vegano con liturgia de manual. El pavo no puede saber que su destino era tal, mucho menos si se basa en la información real que tiene a su disposición; es más, si se basa en la información real, forzosamente se equivoca. Pero alguien más sí sabe, alguien más sí conoce las razones del hachazo. El problema es cuando todos somos los pavos.

Los pavos estamos tomando conciencia de los motivos de la jaula.

Este interés por la filosofía, o lo que queda de ella cuando el sujeto que piensa ya no es el hombre libre que imaginó la Modernidad, es inédito.

Pero el discurso regulador, normalizante, estará dirigido a un nuevo sujeto, no cabe duda. Ese nuevo sujeto, que no es sujeto del psicoanálisis freudiano y que tampoco es un sujeto del psicoanálisis posfreudiano, ¿de qué estará sujeto?

Todo nos llega de todos lados y es posible. Cito este posteo hecho pizarra que me llega, por ejemplo, de México:

A- ¿Cuál es tu teoría preferida hasta el momento? Teoría del murciélago.

B- Teoría de la conspiración china para dominar el mundo.

C- Teoría de la conspiración gringa contra la economía china.

D- Teoría de la epidemia selectiva ideada por el capitalismo para matar a los viejos.

E- Teoría de la venganza de la naturaleza para extinguir a la humanidad.

F- Teoría del experimento social de dominación a través del miedo.

G- Teoría del virus creado por los laboratorios para vender medicina.

H- Teoría de que es una gripe común, pero científicos y medios de comunicación generaron psicosis.

I- Teoría del destino de los años en las décadas de los 20 (1320, 1520,

1920, 2020).

J- Todas las anteriores.

K- Teoría de que el maya era disléxico y el mundo se acaba en 2021 y no en 2012. 

Mano al corazón, ¿quién no pasó -con la velocidad del rayo- por al menos cuatro o cinco o todos los estados de certidumbre que se describen allí? ¿Qué chances tienen Žižek y

su alter ego coreano de debatir nada cuando esto está ya en nuestra cabeza? Yo espero que lo logren, no obstante. Ya que la filosofía puede -si quiere- oponerse a todo. Incluso al estado de humorada en el que se ha convertido el mundo.

Petruccelli/Mare

Desde hace unas dos décadas, los llamados de alerta –e incluso de alarma– sobre el cambio climático, la emisión de gases de efecto invernadero, la contaminación ambiental, el extractivismo, la desforestación y la inminente proliferación de todo tipo de plagas, se han multiplicado hasta la angustia. Pero la marcha de la economía capitalista no se detiene. Más bien al contrario: si el crecimiento no supera en 3% anual, se habla de crisis o de recesión, y se alerta sobe las penosas consecuencias sociales en términos de desempleo, pobreza, hambre, etc.

Este era el panorama a nivel mundial. Y de repente, llegó el COVID-19. En cuestión de semanas, se redujo un 35% la emisión gases de efecto invernadero. La economía mundial se frenó prácticamente en seco. Países enteros entraron en cuarentena obligatoria. Todo, absolutamente todo lo que se decía que era imposible, de repente

se volvió realidad.

En una entrevista que le hicieran en un programa de TV tucumano, el doctor Alfredo Miroli, inmunólogo, habló de tener “prudente temor”, evitando el “patológico terror”.

Defendamos la skholè (aquí se rescata la palabra griega para «ocio» con

el propósito de darle más fuerza al concepto) del vigilantismo filisteo de las gerencias y tecnocracias. Sin skholè –en la Grecia antigua lo sabían muy bien– no hay ciencia, ni

arte, ni filosofía. Sin ociosidad no existe la posibilidad de leer, de formarnos, de cultivar el autodidactismo, de reflexionar, de crecer intelectualmente… El ocio constituye una pasión alegre, en estricto sentido spinoziano: es decir, una pasión que nos perfecciona. La skholè, en palabras de un notable sociólogo francés, es “tiempo libre y liberado de las urgencias del mundo, que posibilita una relación libre y liberada con esas urgencias y

ese mundo”. El ocio sirve, entre otras cosas, para releer y actualizar libros esenciales, como las Meditaciones pascalianas (1997) de Pierre Bourdieu, obra de la que se extrajo la cita anterior. Releer y actualizar libros esenciales es, nos parece, un modo muy productivo de utilizar el tiempo libre de la cuarentena. O en todo caso, un modo menos inútil que «trabajar a distancia» para alimentar la maquinaria burocrática.

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