Figuras de la pulsión de muerte

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Figuras de la pulsión de muerte

Yago Franco

Conjuntamente con el inconsciente y la sexualidad infantil, la pulsión de muerte es la tercera cuestión escandalosa que Freud descubre. Pulsión de muerte,que va a situar no solo al interior del aparato psíquico, sino como algo presente en la sociedad. Un sujeto que se autodestruye, sea de modo activo o por descatectización del mundo volviendo a su estado autoerótico.

O que vuelca sobre los otros la destrucción para salvarse de la misma, reiterando el gesto originario, cuando para no autodestruirse hizo emerger lo otro, lugar en el cual luego advendrá el otro, quedando irremediablemente cargado de ambivalencia.Otro que será depositario tanto de libido como de pulsión tanática. Sabemos que la aparición del concepto de pulsión de muerte implicó un cambio de paradigma dentro de la teorización freudiana. Y representa para nosotros un cambio de paradigma en el trabajo clínico.

Ahora bien, la pulsión de muerte también es la muerte: el retorno a cero, a ese estado de tranquilidad psíquica previo al displacer: la búsqueda de la paz del nirvana. Freud en 1925, en un reportaje, sostenía (lo que está en bastardillas es mío): “Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor o el odio por una persona viven en nuestro pecho al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo como un pequeño elástico tiende a asumir la forma original, así también toda materia viva, consciente o inconscientemente, busca readquirir la completa, la absoluta inercia de la existencia inorgánica.

El impulso de vida o el impulso de muerte habitan lado a lado dentro nuestro. Lamuerte es la compañera del Amor. Ellos juntos rigen el mundo. Esto es lo que dice mi libro: «Más allá del principio del placer». En el comienzo del psicoanálisis se suponía que el Amor tenía toda la importancia. Ahora sabemos que la Muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida arda dentro de él, ansía el Nirvana, la cesación de la «fiebre llamada vivir». El deseo puede ser encubierto por digresiones, no obstante, el objetivo último de la vida es la propia extinción (…)

En todo ser normal, la pulsión de vida es fuerte, lo bastante para contrabalancear la pulsión de muerte, pero en el final, ésta resulta más fuerte.Podemos entretenernos con la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería más posible que no pudiéramos vencer a la muerte porque en realidad ella es un aliado dentro de nosotros. En este sentido(añadió Freud con una sonrisa) puede ser justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.”Pienso que la pulsión de muerte presenta tanto un obstáculo epistemológico como un obstáculo epistemofílico. Epistemológico por contradecir a la lógicaformal y responder más bien a otra lógica, que coincide con el modo de ser del inconsciente… la cual llamativamente a su vez coincide con postulados de lafísica quántica: algo puede estar y no estar, ser y no ser, la unidad de los contrarios, el cuestionamiento del principio de identidad y del de no contradicción. Y por otra parte es epistemofílico por referirse a aquello que va contra la tendencia a la omnipotencia del psiquismo, su inmortalidad: pensar enaquello sostenido por Freud implica adentrarse en algo imposible y angustiante: la muerte propia, la compañera inseparable que va con nosotros paso a paso.Una sombra de nuestra vida, por lo tanto algo de lo cual es imposible separarse, salvo cuando se apaga la llama y ya no hay luz.Es por esto que considero que debe hablarse de pulsión de muerte, sin subterfugios. Así, si bien podemos discutir si es la pulsión de muerte la que nos mata… nos lleva hacia la muerte, se satisface en ella. Ya me referiré sobre elfinal de esta exposición a la pulsión y la muerte.Digo en el título figuras de la pulsión de muerte… pero lo cierto es que la pulsión de muerte no se figura.

Si entendemos por figurabilidad psíquica el mecanismo básico de la psique, la psique misma, eso que transforma a la pulsión en afectos y representaciones, la pulsión de muerte no se figura. Si la conocemos es por su mezcla con Eros. Somos esa mezcla. Así, cuando hablo de figuras de la pulsión de muerte es para referirme a su presencia cuando aúnno ha cumplido por completo con su cometido, aunque sí consigue niveles de auto o hetero destrucción relevantes.La clínica exhibe, día tras día, por ejemplo, el desplome del sujeto en la melancolía a la sombra de ese superyó puro cultivo de la pulsión de muerte–algo magníficamente representado en el filme de Lars von Trier Melancholía(citado por Gloria), que presenta la paradoja de la vida a partir de la muerte a partir del choque del planeta Melancholía contra la Tierra- ; también la pulsión de muerte dice presente en las compulsiones adictivas, en el juego, en las neurosis de destino, en la destrucción psíquica que muchas veces tiene lugar en la psicosis -como en la esquizofrenia simple-, en la anorexia, la bulimia, enla reacción terapéutica negativa, en la compulsión a la repetición, en la afánisis, lo borderline y el ataque de pánico, las descatectizaciones, lo psicosomático, lavuelta de la pulsión contra el sujeto, o la transformación en lo contrario, el
sentimiento inconsciente de culpabilidad (el mayor obstáculo tanto para la cura como para la vida en sociedad según Freud), la necesidad de castigo, el pasaje al acto, el masoquismo y el sadismo, la perversión, hasta llegar a ser sospechada su participación en las enfermedades autoinmunes y en el cáncer (Reich y la Biopatía del cáncer)… etc.

En todas estas figuras de la clínica se observa la autodestructividad, la descarga por la descarga misma o la descatectización, pero también la permanencia del sujeto en un estado de aparente sufrimiento: en todo ello está presente algo que está más allá del principio del placer. Recuerdo a un sujeto para quien estaba claro que jugaba para perder, para no poder separarse de la madre, y así quedar en un juego mortífero del cual por un lado quería escapar, pero al mismo tiempo gozaba permaneciendo en el mismo. “Busco pasarla mal” me decía otro. “Triunfo al fracasar”, decía un tercero.Así, hay tres movimientos de la muerte como pulsión, que son sus tendencia sbásicas:- La autodestructividad- La descatectización- La descarga Decía que conocemos a la pulsión de muerte por Eros. Si hay una pulsión, esaes Eros. Thánatos es infigurable, salvo cuando baila con Eros, abrazados en una danza para la que se necesitan dos.

A su vez Thánatos también tiene una función positiva como por ejemplo en el desinvestimiento que se produce en el duelo –la destrucción del objeto perdido, su desinvestidura es necesaria- en la preservación de la vida debiendo terminar con la del otro, o en la separación del otro, o en el arte, en el deporte, en el amor. En el abrazo amoroso se produce esa pequeña muerte que es el fulgor del desvanecimiento subjetivo.Volver a cero: volver a la fusión originaria, sin pausa entre deseo y satisfacción.

Pero estrictamente hablando, la de muerte es la antipulsión. No pulsa. Es unanti-impulso. Es el negativo de Eros. O, en todo caso, es el impulso retráctil deesa goma elástica: al decir de Freud, algo más básico que la vida comopulsión. Cuando estamos ante su presencia, -decía- la vemos a la sombra de Eros, como algo que anti-pulsa, que detiene el movimiento hasta reducirlo acero, o lo mantiene en un placer que está más allá del principio del placer–goce- o que arroja su autodestructividad hacia el otro de la mano de Eros,para la propia salvaguarda. Como decía: la muerte del otro para salvarse de laautodestrucción.Las figuras clínicas mencionadas no obedecen a la presencia de la represión–que si bien está presente no es lo central en ellas-, sino que remiten a una falla en la figurabilidad psíquica, que es la actividad fundamental del psiquismo,la cual permite el entrelazamiento de la pulsión al orden representacional: hace que aquélla encuentre un lugar, una embajada en la psique, lo que impide que se vuelque sobre el cuerpo o los actos, es decir, que quede libre y dispuesta ala descarga o que se desligue en un movimiento de descatectización del mundo.

Si la clínica de Freud se ocupaba predominantemente de los destinos de Erosreprimido, hoy de lo que se trata es de los destinos de Thánatos liberado–aquello señalado por Freud en el giro teórico que realiza en relación a lasneurosis actuales –de las cuales nos habló Cristina Dayeh-: ya no se tratará deestasis libidinal sino de pulsión desligada, o sea, pulsión de muerte. Noshallamos frente a una clínica en la cual Eros – sin haber desaparecido de laescena – tiende a compartir, y a veces a ver relegado su lugar, por la presencia de la pulsión de muerte. Retroactivamente se la denomina de muerte, porque con la muerte la antipulsión lograría su cometido: coincidiendo con el principio del placer logra volver a la absoluta tranquilidad. Que descanse en paz. Como si la vida no tuviera paz. El más profundo deseo del sujeto psíquico es volver sobre sí,volver al origen. Desea no desear, ya que el deseo surge a partir de una falta,de algo que produjo placer y ahora no está, lo cual genera tensión por querer recuperar ese estado. La vida es tensión.

Thánatos quiere descansar en paz. Son los sucesivos trabajos al cual es sometido el monstruito humano los que lo arrancan de sus goces (esos placeres no afectados por la castración ni simbolizables), para que tenga lugar el placer. Esos trabajos estructuran la tópica –represión primaria y secundaria mediante- y van de la mano de Eros…pero ¿el incesto corresponde a la actividad de Eros o de Thánatos?: el incesto es volver hacia atrás, reintegrar el producto para la madre, reintegrarse al interior de la madre para el infans, cerrar todo circuito de deseo. Está dentro del imperio del goce: pulsión no afectada por el orden simbólico al cual obedece la interdicción.

Las modificaciones en la estructura del aparato psíquico que son esperables durante la cura psicoanalítica, alcanzan precisamente al registro pulsional, al modificarse las instancias de los ideales y del superyó, que deciden sobre el destino de aquél. Pero esto puede ser suficiente mientras se trate de las pulsiones de vida. Algo muy distinto ocurre con la pulsión de muerte.Recordemos que ambas pulsiones – eróticas y tanáticas – se encuentran íntimamente entrelazadas, «mezcladas»; cuando se produce su desmezcla, son observables diversos fenómenos clínicos como los ya citados, atribuibles a que la pulsión de muerte queda libre.Algo que todos sabemos es que la palabra debe bordear a la pulsión de muerte, constituyéndose en una especie de barrera de contención que vaya al mismo tiempo dibujando un contorno, una frontera, para poder identificarla, y también para producir una red de significaciones que le permitan volver aligarse. Esa red incluye las coordenadas históricas descubiertas en la repetición transferencial muchas veces mediante las construcciones… pero también la construcción de un contorno ahí donde muchas veces hubo un silencio mortífero: ese para-fantasma en el que se convierte la palabra para Piera Aulagnier.

Es así que mientras el trabajo de la pulsión Thanática es de desligadura, el del análisis va en un sentido opuesto, ligándola a representaciones, a deseos, a una historización simbolizante en la cual, insisto,las construcciones suelen jugar un papel preponderante.(Exposición de ejemplo clínico)¿Y si ligáramos todo? ¿Si no hubiera pulsión de muerte libre? ¿Seríamos inmortales? Ese resto no ligado es –paradójicamente- una exigencia de trabajo para el psiquismo y lo mantiene vivo. Volvemos a lo paradojal tal como Cristina Dayeh lo señalara en su presentación. La inmortalidad tiene mala prensa para Borges:“Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal.(…) Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto”.Raíces sociales de la presencia de la pulsión de muerte La insistencia con la cual en la actualidad la pulsión de muerte hace saber de su presencia en distintos cuadros clínicos y en hechos sociales, bien puede ser entendida a partir de la desmezcla pulsional, la cual es favorecida por modosparticulares que ha adoptado nuestra sociedad.Al respecto quiero destacar la agitación pulsional producida por un Otro que exige placer ilimitado y que así convoca a lo autoerótico y el narcisismo,produciendo además lo que llamo crisis de la interdicción. Lo que no tiene límites es uno de los nombres de la pulsión de muerte; sin tope la pulsión transita hacia la descarga o recae sobre el sujeto. Al mismo tiempo esto conlleva a un debilitamiento de la significación social de los límites/separación/ordenamiento a través represión originaria y secundarias del Edipo.

Queda en manos del Otro que exige ese goce, el ordenamiento que antes propiciaban los adultos a cargo, al mismo tiempo que esos adultos yjóvenes están tomados por la exigencia de goce. Este estado abarca también en muchos casos a la crianza y se reduplica en una institución escolar en crisis y en estar los sujetos a merced de la vertiginosidad impuesta por los medios de comunicación y la fiebre de consumo –a veces la resignación y el odio por no poder acceder al mismo. Todo lo cual puede conllevar a una crisis del dispositivo de ternura y por lo tanto al surgimiento de la crueldad.

Lo ilimitado es un llamado al goce: en el consumo, en la aceleración de la vidacotidiana, en la adicción a todo tipo de adminículos relativos a lotecnocomunicacional. Tal vez les haya pasado a uds. también: en ocasiones de analizandos que comentan sus diversas intoxicaciones o desbordes pulsionales diversos, suelo preguntarles si todo el tiempo sintieron placer. Siempre han respondido que hay un momento en el cual ya no: esa sexualidad desenfrenada, la ingesta sinlímites de drogas o alcohol, el estar 16 horas en el casino están más allá del principio del placer. Lo que comienza siendo placentero ingresa en una zonaen la cual algo se le impone al sujeto. Lo mismo ocurre con la compulsión alconsumo de comida u objetos. Esa pregunta muchas veces ha servido de tope a dichas compulsiones.Aclaro lo siguiente por si hiciera falta: lo autoerótico y el narcisismo son simples combustibles encendidos por una lógica impuesta socialmente. Una lógica delo ilimitado que hace eco en lo ilimitado que anida en el inconsciente.

El rechazo a la castración, entendida como el rechazo a la incompletud propia y/o del otro.Pero en la vida social nos encontramos con que ese goce autoerótico produce efectos devastadores: es cuando el otro deja de ser un semejante e ingresa enlo que llamo lo otro. De ser el otro a ser lo otro. Objeto de goce sexual o de ladestrucción.A esta serie pertenecen a mi entender el Abuso sexual infantil Asesinato infantil Femicidio Sobre esto último, al igual que Cristina Dayeh y Gloria Stafforini, quiero proponer algunas ideas: No se trataría de crímenes sexuales propiamente hablando, sino de descarga mortífera, previa degradación del objeto que es lo otro, objeto de satisfacción de la propia descarga, una degradación del erotismo sobre la pulsión de muerte que reclama vaciamiento absoluto, sin miramiento, sin placer más que el de la descarta agresiva y total: matar al otro o gozar del/en el otro para ver en él el reflejo de una autodestrucción anticipada o una parte propia que no se tolera dejar de poseer.

Se da una coalición mortífera entre modos de ser del psiquismo y significaciones sociales(patriarcales, de exigencia de placer sin límites, etc.) estando estos cuadros entre lo psicótico, lo perverso, pero también pudiendo producirse en las neurosis, siendo una posibilidad el pasaje al acto que muchas veces sobreviene en lazos de pasión y alienación. Aunque en cada caso debe analizarse las causas propias.

¿Qué podemos decir de lo siguiente?:Se suicidan 800 mil personas por año en el mundo, y sobrevienen 1.350.000 muertes en accidentes de tránsito. Qué decir de estas cuestiones, previas a mencionar cualquier conflicto bélico, que es lo que a Freud preocupaba.La pulsión, la muerte y el análisis. El hombre es el único ser que se suicida: es decir, que sabe que se mata. Quesabe que se muere. Que se descuida, que se accidenta, que mata sabiendo que mata…La pulsión de muerte, o como preferiría decirlo: la antipulsión, aparece desnuda en la muerte. Consiguió su cometido… la desintegración de la complejidad dela psique, que le debemos al otro y a Eros y su figurabilidad.

Hallamos en Castoriadis consideraciones referidas a la mortalidad comosignificación de los límites, la tragedia y su desencadenamiento a partir de ladesmesura, la hybris –como bien mencionara Carlos Guzzetti-. Esto es un punto que se conecta con el trabajo de Marshall Berman referido al Fausto de Goethe como la primera tragedia del capitalismo, debido a la desmesura producida por el desarrollo irrefrenado de las fuerzas productivas. Como en la fábula del maestro brujo, todo se desmadra hasta la destrucción. Creo que no hace falta pensar mucho si tomamos en consideración el daño ecológico y humano en sus más diversas formas que ha producido el mito del desarrollo.

El capitalismo llevado a la forma que hoy conocemos, erosiona la significación de los límites y coloca a la humanidad al borde de la tragedia. Al mismo tiempo que implica la banalización de un hecho como lo es la muerte, que ha dejado de ser un hecho social ligado a ritos, para transformarse en un hecho privado,vergonzoso, a ser ocultado como un tabú.

Para Octavio Paz: “La muerte moderna no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores. En casi todos los casos es, simplemente, el fin inevitable de un proceso natural. En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más. Pero como es un hecho desagradable, un hecho que pone en tela de juicio todas nuestras concepciones y el sentido mismo de nuestra vida, la filosofía del progreso (¿el progreso hacia dónde y desde dónde?, se preguntaba Scheller) pretende escamotearnos su presencia. (…) La muerte, ya no como tránsito, sino como gran boca vacía que nada sacia, habita todo lo que emprendemos.

El siglo de la salud, de la higiene, los anticonceptivos, las drogas milagrosas y los alimentos sintéticos, es también el siglo de los campos de concentración, del Estado policíaco, de la exterminación atómica y del murder story. Nadie piensa en la muerte, en su muerte propia, como quería Rilke, porque nadie vive una vida personal. La matanza colectiva no es sino el fruto de la colectivización”.

Castoriadis ha situado a la mortalidad como algo atinente al fin del análisis. Lo interminable del mismo, debiera entenderse a partir de la dificultad del sujeto en análisis –y de su analista- en aceptar la muerte de quien era para devenir otro. Y, al mismo tiempo fracasa debido a que el sujeto no es capaz –y para este trabajo necesariamente está solo- de aceptar “la realidad de la muerte real, total, plena. La muerte –ya no la castración, que sería un derivado de esta- es la roca contra la cual el análisis puede partirse. También señala que si bien la vida implica la precariedad de todos los objetos y actividades investidas“y del sentido del cual las hemos dotado” (…) la muerte es el sin-sentido de todo sentido”.

Así el análisis no estará terminado hasta que “el sujeto se haya vuelto capaz de vivir al borde del abismo, apresado por este último nudo: vive como un mortal … vive como si fueras inmortal…”tender a la inmortalidad cuanto sea posible” (Aristòteles, Etica a Nicòmaco”).

Por cierto que nuestro amigo greco-francés solía llevar esto adelante en los análisis que conducía. Así me lo comentó una colega que lo entrevistó en París: cuando la ocasión era propicia, cuando el análisis había alcanzado su madurez, Castoriadis trabajaba la muerte con sus analizandos.“ ¿Cuál es, pues, nuestra posición ante la muerte? “(se preguntaba Freud) “En mi opinión es muy asombrosa.

En general, nos comportamos como si quisiéramos eliminar la muerte de la vida; en cierto modo queremos ignorarla como si no existiese (…) En la escuela psicoanalítica que, como saben,represento, tuvimos la osadía de postular que nosotros –cada uno de nosotros–en el fondo no creemos en nuestra propia muerte. Lo cierto es que no la podemos imaginar. En todos los intentos de ilustrarnos qué sucederá después de nuestra muerte, quién la llorará etc., podemos percatamos de que en realidad aún estamos presentes como observadores (…) la vida pierde en contenido e interés cuando la puesta máxima, precisamente la vida misma,está excluida de sus luchas. Se vuelve tan vacía e insípida como un flirt americano, en el que desde el primer momento está claro que no debe pasar nada, al contrario de una relación amorosa continental, en la que la pareja debe pensar siempre en el posible peligro (…) Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”.Tal vez estos que siguen podrían ser buenos ejemplos de la elaboración de la propia muerte en un análisis: dejaré hablar a los que saben. ¿Pero que será entrar en la muerte con los ojos abiertos?

Oliver Sacks escribió:
“No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en míes la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.Y ahora, débil, sin aliento, con mis antes firmes músculos desvanecidos por culpa del cáncer, veo que mis pensamientos se dirigen no hacia lo sobrenaturalo lo espiritual, sino hacia lo que significa vivir una existencia buena y que vale la pena (alcanzar una sensación de paz con uno mismo). Veo que mis pensamientos vuelan hacia el sabbat, el día de descanso, el séptimo día de las emana y quizás, también, el séptimo día de la propia vida, cuando uno siente que ha terminado su trabajo y puede descansar, sin cargo de conciencia”. 

El Adriano de Marguerite Yourcenar dice:«Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo,descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…».

Freud sostuvo:“No me rebelo contra el orden universal. Después de todo … he vivido más de setenta años. Tuve suficiente para comer, gocé de muchas cosas: la camaradería de mi mujer, mis hijos, las puestas de sol. Observé crecer las plantas en primavera. De vez en cuando disfruté de estrechar una mano amiga.Una vez o dos encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo pedir?”“El 21 de septiembre de 1939, en el primer día de otoño, Freud tomó la manodel médico y le dijo: Liebes Schur, querido Schur, seguramente usted recuerda nuestra primera conversación. Usted me prometió entonces que no me abandonaría cuando me llegase la hora; ahora todo es sólo una tortura y ya no tiene ningún sentido.

Schur dio a entender que no había olvidado, y Freud “respiró con alivio, me tomó la mano con más fuerza y dijo: “Ich Drake Ihnen” (“Se lo agradezco”) y,después de un momento de vacilación, agregó “Sagen sie der Anna” (“Hablecon Anna”). Todo esto fue dicho sin asomo de sentimentalismo y con plena conciencia de la realidad”.Schur cumplió el pedido administrando dos dosis de morfina separadas por 12hs.
Freud sostenía –y esta es la versión clásica que ha quedado y a la que habitualmente se adhiere- que en el inconsciente no hay representación de la muerte. Personalmente coincido con esa opinión, pero agregando que sin embargo la muerte –vía castración- afecta al inconsciente. Y que tampoco hay representación inconsciente de Eros. Pero hay otra cuestión más: si la muerte propia es impensable, es porque lo impensable es la desaparición del Yo. Cuyo fading podemos apreciar en el ataque de pánico. Allí el Yo se desdibuja y el temor a la muerte es el temor a la muerte del Yo, un yo que más allá de ser sede de la angustia es también sede del pánico. Ese gran para fantasma que es el Yo nos deja a merced de la pulsión de muerte que se regocija como unespantajo con nosotros.

Las culturas han erigido a las religiones y han creado ceremonias, homenajes, etc., para mitigar el pánico a la desaparición del Yo:tal el verdadero temor a la muerte. ¿Acaso en esas culturas en las cuales sus habitantes ante la muerte de uno de ellos, realizan ceremonias, a veces con música, otras con comida, no estarán festejando que se ha muerto otro y no uno ellos?

Las humoradas en los velorios son modos de conjurar a la muerte. Woody Allen se refirió en varias oportunidades al tema diciendo:No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.

No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente nomuriendo.Y ante la pregunta de qué pensaba acerca de la muerte, dijo: “Me opongo”.También está la humorada transmitida por Freud del condenado a muerte que el día de su ejecución –un lunes- dice: “¡Linda manera de comenzar la semana!”.Y para terminar nada mejor que una lápida. En este caso lo que Groucho Marx hubiera deseado que dijera la suya pero que espantó a su familia, la cual se negó a llevarlo a cabo: “Disculpen que no me levante”.

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