Ernest Jones, controversias en torno a un gran estratega – Daniel Slucki

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 Ernest Jones: controversias en torno a un gran estratega

                                                                                                                 Daniel Slucki

“Resulta paradójico que el psicoanálisis, que constituye

una disciplina histórica por excelencia  y que

comparte algunos métodos con la historiografía,

siempre haya tenido dificultades

para contar su propia historia.”

(M. Plotkin, M. Ruperthuz Honorato)

Hace dos años presenté en el Colegio un trabajo que llamé “Los biógrafos de Freud”.  Entre quienes desfilaron por dicho texto mencioné a dos autores que escribieron semblanzas de Freud muy distintas. La primera, obra canónica acerca de la vida de Freud, fue escrita a lo largo de 8 años por Ernest Jones. Biografía bien datada, minuciosa hasta el más mínimo detalle. La segunda, nacida de las entrañas de su escritor, fue narrada por Stefan Zweig al ardor de la admiración que profesara por su amigo Sigmund Freud.  

En la presentación que hice el año pasado trabajé justamente el vínculo entre Zweig y Freud, en especial a partir de las cartas que intercambiaron entre ellos.   

Esta noche seguiremos el derrotero de quien estuvo en la palestra del movimiento psicoanalítico prácticamente desde su creación hasta bien pasada la primera mitad del siglo XX, el inefable Ernest Jones.

Primera parte

Jones le dio al psicoanálisis el sostén político que  necesitaba para afianzarse y expandirse más allá del pequeño círculo vienés que lo vio nacer.

Años más tarde tendrá una polémica y oscura participación luego del ascenso de Hitler al poder, negociando con el nazismo  ante la expulsión de los psicoanalistas de origen judío de Alemania y del intento de arianizar el psicoanálisis.

Muchos autores consideran que Jones pagó un costo muy alto en la llamada operación de salvataje del psicoanálisis en Alemania, y de los psicoanalistas judíos en dicho país. Recordemos que Berlín  se había convertido a partir de 1920 en el centro neurálgico del psicoanálisis internacional, ciudad a la que fueron arribando para formarse analistas de otros países de Europa. Por iniciativa de Karl Abraham y Max Eitingon se había creado el primer instituto de formación psicoanalítica,  que será modelo para futuros institutos de formación.

También funcionó en Berlín la primera clínica dedicada a la atención psicoanalítica de pacientes, inclusive en forma gratuita para quienes no tuvieran recursos. Además se fundó, gracias a la generosidad económica de Eitingon, la primera  editorial dedicada al psicoanálisis. Circularon por dicho instituto nombres de la talla de los recién nombrados y otros como Georg Groddeck,  Otto Fenichel,  Wilhelm Reich,  Erich Fromm, Karen Horney, Melanie Klein,  Hanns Sachs.

El instituto de Berlín funcionó con reglas estrictas en relación a la formación de analistas, a saber: obligación de análisis didáctico, formación clínica, supervisión de casos, prohibición de analizar a personas cercanas, duración del tratamiento y de las sesiones. El auge del psicoanálisis en Berlín a partir de 1920 dio lugar a un crecimiento exponencial del mismo.

El ascenso del nazismo provocará una hecatombe vaciando de psicoanalistas a Alemania. Casi todos migrarán a países de habla inglesa, algunos pocos morirán en campos de concentración. Berlín luego de la Segunda Guerra Mundial dejará de ser una usina  de formación de analistas y nunca más volverá a tener figuras de relieve.

La participación y acción de salvataje que implementó Jones será decisiva durante el transcurso de estos acontecimientos. Según algunos historiadores, el período transcurrido entre 1933 y 1945 fue el más trágico y convulsionado de la historia del psicoanálisis. Luego de la guerra el centro y eje del psicoanálisis cambiará sus coordenadas, Londres y Nueva York primero, París años más tarde serán los nuevos centros  del pensamiento psicoanalítico. 

La lengua alemana será suplantada por la inglesa, a la que se le añadirá más tarde la francesa para el estudio y desarrollo de la obra freudiana. En 1936 a partir de una propuesta de Jones, la Internacional psicoanalítica pasará a tener su sigla en inglés dejando de usarse la sigla alemana.

Ahora bien, ¿quién fue este controvertido y apasionado psicoanalista de origen galés que comandó la vida política del psicoanálisis prácticamente desde sus comienzos, culminando su obra con la escritura de los tres tomos de la vida de Sigmund Freud en 1957?

Jones, hombre bajo, vigoroso y de modales abruptos, según Paul Roazen, estuvo en los momentos decisivos y fundantes del psicoanálisis.

Prefirió al principio, según sus propias palabras, “moverse entre bastidores”, pasando a ocupar años más tarde un lugar protagónico siempre en favor de la institucionalización del psicoanálisis y de su constitución como movimiento. Gran diplomático, de pocos amigos, siempre fue mirado de reojo por un Sigmund Freud, que llegó a llamarlo en una carta a Eitingon “ese mentiroso galés” Nunca será discutido por su inteligencia, su erudición y sobre todo por su gran capacidad de trabajo. Además se destacó por ser un gran polemista que advertía rápidamente el punto débil del contrincante.

En 1913, en ocasión del Congreso de Medicina realizado en Londres, polemizó con el psiquiatra Pierre Janet, gran detractor de Freud a comienzos de siglo. La encendida defensa que hizo Jones del psicoanálisis  ante un auditorio con mayoría de médicos y psiquiatras fue reflejada por Freud en “Contribuciones a la historia del movimiento psicoanalítico”; dice Freud en su texto que Janet tuvo que ceder ante las correcciones hechas por Jones.

Paul Roazen sugiere que Ernest Jones tuvo un sentido de la historia extraordinario y actuó siempre en función de ella. Por eso, con virtudes y defectos fue la persona elegida para escribir la biografía oficial de Freud. Para concretar tamaño emprendimiento contó con la colaboración de la familia de Freud, en especial de Anna ya que fue ella quién lo designó para tan magna tarea concediéndole los archivos, cartas y entrevistas de su padre.

Enumeraré ahora algunos momentos decisivos en la trayectoria de Ernest Jones, que coinciden además con momentos constituyentes e instituyentes del psicoanálisis.

Participó en el Primer Congreso psicoanalítico que se realizó en Salzburgo en 1908, allí conoció a Freud en persona. Es Jones quien sugiere a Jung la realización del mismo; en 1909 se unirá a Freud, Jung y Ferenczi en las  conferencias que el primero dictara en la Clark University, ya que se encontraba viviendo en aquellos años  en América del Norte.  Fundó las primeras instituciones psicoanalíticas de habla inglesa en Canadá, en EEUU y luego en Gran Bretaña.

Inspirado en el modelo romántico e iluminista de las sociedades secretas del siglo XIX fue quién llevó a Freud, luego de la disidencia de Jung, la idea de la creación del Comité Secreto;

Paul  Roazen cuenta una graciosa anécdota en el libro “Freud y sus discípulos”, al mencionar a Jones como el único de los miembros del comité que perderá el anillo: lo tenía en la guantera de un auto que le fuera robado. 

También fue presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional durante dos períodos críticos y esenciales, el primero de 1920 a 1924, el segundo de 1932 a 1948, presidiendo todos los congresos que organizó la IPA mientras duró su mandato. Fue el organizador del movimiento y el normalizador (con todas las connotaciones que quieran darle a esa palabra) de las condiciones requeridas para ejercer el psicoanálisis.  Muchas de esas condiciones tienen vigencia en la actualidad en los institutos con filiación a la IPA.

Aún en contra de las ideas de Freud, después de algunas cavilaciones y de largas discusiones, sostuvo que  la práctica del psicoanálisis debía  quedar a cargo de los médicos.

Políticamente neutral y pragmático, ayudó a salir de Alemania a los analistas judíos, gestionando su partida  con jerarcas del nazismo.

Llevó a Melanie Klein a Inglaterra a mediados de la década del 20, ocupando años después un lugar equidistante en las controversias entre Klein y Anna Freud, ubicándose como mediador entre ambas.

Junto a Marie Bonaparte ayudó a Freud y su familia a salir de Viena  partiendo al exilio en Londres.

Siempre activo, compartió con Freud el estilo y gusto por la escritura epistolar, fue un hombre cercano al él, pero no de su círculo íntimo como lo fuera Sandor Ferenczi.

Si bien produjo teoría, creando por ejemplo el concepto de afánisis (desaparición del deseo sexual) y escribiendo  varios libros, pondremos énfasis en el Jones que puso su empeño en sostener políticamente con ímpetu y vehemencia al psicoanálisis aún  en sus  períodos más  difíciles. Fue además defensor acérrimo del psicoanálisis ortodoxo, quizás con más ahínco que su propio creador.

Para indagar el periodo más conflictivo trabajé con varias fuentes, especialmente con las cartas que intercambiara entre 1933-1936 con Freud, con Anna Freud y con Eitingon. Muchas de estas cartas aparecen en el libro ¨De Viena a Londres y Nueva York, emigración de psicoanalistas durante el nazismo”, de Riccardo Steiner. Esta correspondencia refleja el clima de época, la vertiginosidad de los acontecimientos y sobre todo la dramática en torno a la toma de  decisiones por parte de sus protagonistas, ya que se trató de salvar la vida de muchos analistas. Las preocupaciones y los tonos severos se acrecentaron a medida que Hitler se afianzaba en el poder.

Como se temía que la correspondencia entre Jones y Freud o Anna Freud fuera interceptada y leída por el nazismo se cree que algunas cartas fueron escritas en clave para burlar sus censores.

Se desprende de la lectura de algunas misivas, que Jones parecía más interesado en preservar al psicoanálisis que en  confrontar  con analistas cómplices del nazismo. Tampoco tuvo pudor en sentarse a la mesa de negociaciones como presidente de la IPA, con analistas o pseudo analistas que suscribían o simpatizaban con las ideas hitlerianas.                                                                                                                                           

En 1948 se retirará de la vida institucional recibiendo el encargo de la familia  Freud para escribir la biografía de quien fuera uno de los pensadores claves del siglo XX, tarea que le llevó entre 8 y 9 años.

Muere al poco tiempo de terminar de escribir el tercer tomo de la vida y obra de su maestro, en 1958.

 Mucho se ha dicho de esta biografía que -además de meticulosa-, es solemne y parcial por haber estado Jones tan involucrado en la vida de Freud. Aun así, la minuciosidad y la precisión de su relato hacen de esta inmensa obra una apasionante tentación a su lectura para quien se interese en la vida de Sigmund Freud. Esta biografía dará inicio a la historiografía freudiana.

A fines de los 60  comenzará a ser criticada por presentar a un Freud de bronce y por dejar mal paradas a figuras pioneras con las que Jones mismo rivalizó, como  Otto Rank,  Wilhelm Reich y en especial Sandor Ferenczi. También será muy cuestionado por colocarse excesivamente en el centro de los acontecimientos. Había dejado atrás su intento de moverse entre bastidores.

Ya dijimos que Jones no era un hombre del riñón de Freud, pero éste siempre acudió a él por cuestiones relacionadas con el movimiento psicoanalítico y con la  política institucional. En esencia fue el político que el psicoanálisis necesitó para expandirse. Freud en “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” usa un vocabulario propio de un político. Allí nos habla de movimiento separatista consumado en las filas del psicoanálisis (Adler y Jung), también nos habla de partidarios, de secesión. Fue Jones quién mejor supo leer esas palabras.

Según Roudinesco, Jones tenía “la pasión de la causa analítica y la defendía aún si era necesario en contra de las opiniones de Sigmund Freud”.

 Llegó al psicoanálisis a través del Libro de los sueños, estudiando alemán para leerlo en su idioma original. Comenzó su práctica psicoanalítica en 1906. Conocerá personalmente a Freud en 1908, de ahí en adelante trabajará incesantemente para ser su mejor discípulo y mejor defensor de la causa.

Deberá dejar Inglaterra por unos años debido a unos confusos episodios. Había sido denunciado por hablar de sexualidad con palabras impropias a pacientes niños y jóvenes en plena época victoriana. Vivirá primero en Canadá, luego en Estados Unidos, en ambos países fundará, cual evangelizador, las primeras sociedades psicoanalíticas.

 A su regreso, luego de su permanencia en América y a sugerencia de Freud se analizará unos meses con Ferenczi en Budapest, al mismo tiempo que su pareja de entonces Loe Kann lo hacía con el mismísimo Freud, típico embrollo de los análisis de aquella época.

Con los años Jones dirá que su análisis con Ferenczi fue el primer análisis didáctico de la historia del psicoanálisis.

Freud vio en Jones a un trabajador incansable que no quiso superar al padre ni entrar en  conflictos con él como ocurrió con otros de sus discípulos.

Además, al no ser judío, ayudaría al psicoanálisis a no ser visto como una ciencia judía implementada solamente por judíos.

Posibilitó llevar al psicoanálisis más allá de los países de Europa central que lo vieran nacer e impulsó la misión psicoanalítica hacia otras regiones.

A diferencia de la sensibilidad clínica que le adjudicaron a Ferenczi, los historiadores del psicoanálisis consideran que Jones no fue un buen clínico; duro con sus pacientes, no aparentaba preocuparse por el sufrimiento de ellos.

Con el tiempo  rivalizará y tomará distancia de quien fuera su analista y le adjudicará  padecer de psicosis paranoide al final de su vida.

También denostará al freudismo de izquierda que en los años de preguerra tuvo bastante acogida en Frankfurt a partir de Reich y Fenichel. Vale destacar que la revolución soviética antes de la llegada al poder de Stalin había dado buena acogida a las ideas freudianas.

Segunda parte

Volviendo al periodo de preguerra, en el libro antes citado de  Riccardo Steiner, éste  narra con claridad las tensiones que se vivieron dentro del psicoanálisis en los primeros años de ascenso del nazismo, debido a la incertidumbre que padecían por su vida y su futuro decenas de analistas. Las cartas que intercambiaron entre 1933 y 1939, Jones como presidente de la IPA y Anna Freud como representante de su padre, tienen un valor testimonial que documentó la tragedia que se avecinaba.  Muchos analistas lograron salvarse, ese es precisamente  su mérito.

Es imposible pensar el psicoanálisis por fuera de los avatares de la historia, en 1933. Como todos sabemos, fueron quemados en Alemania los libros de Freud por ser considerados pertenecientes a las ciencias judías. Ante ese acontecimiento Freud dirá con sutil ironía, “la civilización ha avanzado, en la Inquisición me hubieran quemado vivo, ahora sólo queman mis libros”.

Pero Freud y su hija Anna tendrán una reacción tardía ante la amenaza que significó el nazismo. Freud decía que un país que había producido un Goethe no podría generar tanta barbarie. Migrarán luego de la anexión de Austria y que se implementen allí las leyes de Nüremberg.

Anna Freud llamará nueva diáspora a la salida de los analistas judíos y no judíos de Alemania y Austria, diáspora que cambiará el mapa del psicoanálisis para siempre. Los analistas migrantes llevarán el modelo ideado por Abraham y Eitingon en el Instituto de Berlín hacia sus lugares de destino.

Recordemos que Hitler llega al poder en 1933 y en el año 1935 dicta las leyes de Nüremberg que fueron leyes de carácter racista y antisemita que despojaban a todos los judíos de sus derechos civiles prohibiéndoles además los casamientos mixtos. En 1938 Hitler anexa Austria entrando en vigencia las leyes de Nüremberg también para los judíos de Austria.

A los pocos meses de la anexión, Freud con su familia dejarán Viena con ayuda de Marie Bonaparte y de Ernest Jones. Así pasará su último año de vida en Londres. Sus cuatro hermanas que no pudieron salir de Viena, morirán años más tarde en campos de concentración.

Jones como presidente de la IPA presidió en 1935 la triste reunión en la que se decidió que los psicoanalistas judíos debían alejarse de la Asociación Psicoanalítica de Berlín y emigrar de Alemania. Contó con el aval de Anna Freud, que se había convertido en interlocutora válida ante esos decisivos acontecimientos.  

Steiner describe la solidaridad que recibieron aquellos psicoanalistas en sus nuevas tierras pero también las dificultades con las que se encontraron ya que no fue una migración sencilla, como no lo es ninguna migración. Dificultades de tipo idiomáticas, culturales y económicas complicaron sus inserciones en los lugares de destino. Cabe destacar que tampoco  había pacientes para todos los migrantes. En EEUU, por ejemplo, se crearon fondos económicos provenientes de donaciones de colegas para cada analista llegado a ese país. Todo este movimiento fue supervisado sigilosamente por Jones.

 En 1933 hace su aparición un grupo de psicoanalistas que ocuparán de aquí en más un lugar nefasto en el mundo psi de la Alemania nazi. Félix Boehm, reemplazará a Eitingon en la presidencia de la Sociedad Psicoanalítica de Berlín y será el encargado junto a Müller Braunschweig de llevar a cabo la política de arianización del psicoanálisis en Alemania. Jones creía que al sostener la neutralidad salvaría al psicoanálisis en ese país y lo alejaría de la contaminación de otras formas de psicoterapia.

Sostenía la idea de que el psicoanálisis se preservaría siempre desde sus instituciones y en lo posible con fuertes liderazgos en ellas, así fue que en su carácter de presidente de la IPA concertó con ambos analistas devenidos aliados del nazismo.

Las cartas que se  escribieron en el seno de la Asociación Psicoanalítica Alemana a partir de 1935 luego de la expulsión de los colegas judíos terminaban con el saludo de “Heil Hitler”.

 En 1938 se disolverá la Sociedad Psicoanalítica de Berlín integrándose al instituto que creará  Mathias  Göring (primo del mariscal), quien era de filiación adleriana, confeso nazi y partidario de desalojar el psicoanálisis de Alemania. Mathias Göring con el tiempo será llamado “el Führer de la Psicoterapia”.

Boehm y Müller Braunschweig se transformaron en cómplices y colaboradores del régimen nazi, contribuyendo a la política de arianización del psicoanálisis al creer erróneamente que sería preservado. Ambos terminarán apoyando activamente al nazismo, en especial Boehm quien al denunciar el peligro de la homosexualidad favoreció y aceptó que los homosexuales fueran enviados a los campos de exterminio.  

Por su parte Müller Braunschweig promediando la guerra padeció una fuerte crisis depresiva como consecuencia de cierto arrepentimiento por su  participación en las políticas implementadas por el nazismo. 

El instituto creado por  Mathias Göring estaba  integrado por junguianos, adlerianos y por analistas freudianos no judíos que aceptaron la continuidad de su práctica, como ya se dijo, en nombre de un supuesto salvataje del psicoanálisis. Contaba con el acuerdo de Jones, quién se convirtió, en palabras de Roudinesco, “en el más vigilante de la línea neutralista” línea que aún con todas sus contradicciones, también fue propiciada al principio por el mismísimo Sigmund Freud.

Boehm viajará a Viena en dos ocasiones a  visitar a Anna Freud y a su padre en función de ponerlos al tanto del estado de situación del psicoanálisis en Alemania. Se sabe que no fue bien recibido por ellos, en uno de esos encuentros Freud se retiró contrariado antes de terminar la reunión.

Roudinesco describe muy bien este contexto: “Jones como buen discípulo pragmático, militante de una concepción médica de la práctica de la terapia psicoanalítica, fue el destructor del freudismo original, y a la vez el salvador de una comunidad que, frente al ascenso del nazismo, no tenía otra alternativa que exiliarse en el mundo angloparlante”.

En nombre de ese pragmatismo Jones  no brindará apoyo a los freudianos de izquierda; Wilhelm Reich será expulsado de la IPA en 1934.

Otro  personaje nefasto de aquel tiempo fue Werner Kemper, su particularidad radicó en que después de la guerra fue enviado a Brasil para extender el movimiento psicoanalítico más allá de Europa.

Luego de la terminación de la guerra, Jones envió a John Rickman para entrevistar a los analistas que siguieron trabajando durante el nazismo en Berlín, con la peculiaridad de que no se los evaluó por su ideología o su colaboración con el nazismo sino por su salud mental, para determinar si estaban en condiciones de continuar como analistas didácticos. Así fue como Werner Kemper, único analista considerado apto para seguir ejerciendo el análisis didáctico, fue enviado por la IPA a Brasil y nunca fue interrogado por sus posturas filo nazis. En 1948 se instaló en Río de Janeiro disimulando su pasado y –victimizándose- proclamaba que fue forzado a trabajar en el instituto Göring. Así pasó de verdugo a víctima.

Werner Kemper analizó a Leao Cabernite quien luego analizará a Amilcar Lobo, torturador de la dictadura brasilera y candidato a analista. Sabemos que la IPA tardó en expulsar a Lobo de su seno y que oportunamente castigó a quien fuera su denunciante. Pasaron años para que todo esto se aclare.  A partir de este último episodio, sacado a la luz por René Major en Francia, se develó el pasado nazi de Werner Kemper.

Luego de la guerra Boehm y Müller Braunschweig siguieron ejerciendo la clínica pero se les quitó su condición de analistas didácticos.

El instituto Göring será destruido en 1945 con la llegada de los aliados. Luego de la guerra ni Alemania, ni Austria ni Hungría volverán al centro de la escena del psicoanálisis mundial.

Según Roudinesco  este período es el más negro de la historia del psicoanálisis, ella ve en Jones a un colaborador indirecto del nazismo.  Considera que la IPA claudicó a partir de su postura de neutralidad y apoliticismo y plantea  que esta  posición será un antecedente que se repetirá posteriormente en dictaduras como las de Brasil, Argentina y otros lugares del mundo (sic).

Freud que al principio apoyó la línea de Jones, comprenderá tardíamente el verdadero peligro del nazismo. En 1934 parecía más preocupado por expulsar a W. Reich del movimiento psicoanalítico que por los efectos devastadores que  traería el nazismo.

Claros y oscuros de una época. Jones intentó llevar un registro de la migración de los colegas que tuvieron que salir de Alemania, Austria y Hungría, preocupado especialmente por que no pierdan su condición de miembros de la IPA. Estas intervenciones también  fueron fuertemente criticadas por haber sido discrecionales. Digitaba los lugares de destino siempre de acuerdo a quien fuera su interlocutor. Así favoreció que algunos psicoanalistas migraran a EEUU, mientras que otros migraran a Inglaterra, en función de su simpatía y orientación.

No fue fácil ni rápida la inserción en sus lugares de exilio. La polémica entre analistas legos y médicos se acrecentó sobre todo en EEUU, donde luego de largas discusiones  se impuso la obligatoriedad de ser médico para ejercer. Muchos de los que migraron no lo eran.

A esto se sumaron dificultades idiomáticas, el dolor por el destierro y las noticias de persecuciones y acerca de los campos de trabajo y exterminio que se iban instalando en Europa con el avance del nazismo en el poder.

Dice Steiner que Jones se concentró en defender y preservar la institución a cualquier precio para así garantizar la supervivencia de todas y cada una de las sociedades psicoanalíticas que atravesaban dificultades, aún por encima de sus miembros.

Conclusiones

Una de las virtudes de Jones radicó en haber sabido leer dónde se estaba   escribiendo la historia del psicoanálisis y acompañar así con lealtad a quien fuera su creador. Supo situarse en el lugar preciso de los acontecimientos.

Se mantuvo cerca de  Freud desde 1908 hasta su muerte, lo despidió en sus exequias, posteriormente escribirá durante 8 años su biografía.

Participó desde un lugar central en casi todos los debates que se produjeron en el seno del psicoanálisis durante sus primeros 50 años.

Hemos enumerado con precisión su pertinaz militancia en favor de la perdurabilidad y expansión del psicoanálisis. Ayudó a la construcción del movimiento como ningún otro, siempre desde una posición ortodoxa que con el tiempo irá perdiendo fuerza. 

Sin embargo esta obstinada militancia le impidió oponerse con determinación y rigor a personajes nefastos  como Boehm, Müller Braunschweig o Kemper.

No pudo anticipar, como sí lo hicieron Eitingon o Reich entre otros, los daños que esos psicoanalistas y el nazismo le inflingirían al psicoanálisis y a la humanidad toda.

Es contra fáctico pensar qué hubiera pasado con el psicoanálisis si no hubiera existido un psicoanalista con las características de Ernest Jones, que le dio el volumen político que se necesitaba para dar cabida a la monumental creación freudiana.

Para que ello ocurriera necesitó de mando y poder para actuar en consecuencia. (Recordemos que su segundo mandato como presidente de la IPA duró 14 años). Su controvertido accionar será severamente cuestionado posteriormente por posturas revisionistas dentro del psicoanálisis.

Freudiano fiel, buscó estar a una distancia óptima de su maestro. Quizás, como suele ocurrir en otros ámbitos, fue más freudiano que Freud.

No debiera entenderse como una casualidad entonces que Freud se haya exiliado en Londres para vivir  su último año y medio de existencia, lugar de residencia de Jones.

Por último, Ernest Jones, el hombre que dedicara su vida entera al psicoanálisis, murió en 1958, sus restos descansan en el cementerio de Golders Green y -como no podría ser de otra manera-, a pocos pasos de donde se encuentran las cenizas de Sigmund Freud. Hasta allí llegó su lealtad.

Bibliografía

Freud, S. (1979). Contribuciones a la historia del movimiento psicoanalítico, en O.C .Tomo XIV [1914]. Ed. Amorrortu.

Jones, E. (1981). Vida y obra de Sigmund Freud.  Tomos I, II y III. Ediciones Hormé.

Plotkin M. y Ruperthuz Honorato M. (2017). Estimado doctor Freud. Una historia cultural del psicoanálisis en América Latina. Edhasa.

Roazen P. (1978).  Freud y sus discípulos. Alianza Editorial.

Roudinesco, E. y Plont, M. (2014), Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Paidós  

Roudinesco, E. (2015). Freud en su tiempo y en el nuestro. Ed. Debate.  

Steiner, R. (2003). De Viena a Londres, emigración de psicoanalistas durante el nazismo. Ed. Nueva Visión.

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