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PSICOANÁLISIS, SOCIEDAD Y POLÍTICA


Publicada el 30/01/2006 por Tema del año 2016





Psicoanálisis, sociedad y política.

 

Entre los psicoanalistas, tan habituados como estamos a reflexionar desde las estrechas paredes del consultorio, el interés por la política y la sociedad suele irrumpir con más vigor en épocas donde las tensiones sociales se exacerban y traspasan esos muros. Y si los conflictos siempre atravesaron todas las épocas, ésta sin duda tiene para muchos de nosotros, psicoanalistas en Argentina y en América latina, una intensidad diferente, aunque nunca nos hayamos sentido ajenos a sus devenires.  Tanta como para que hayamos decidido que el tema de trabajo de este año se agrupe en un título tan vasto como Psicoanálisis, sociedad y política.

En él nos encontramos involucrados como psicoanalistas implicados, ya sea como “científicos” o como trabajadores de la salud, pero también como ciudadanos inmersos en las pasiones de nuestro tiempo. Nuestra implicación podrá ser más o menos comprometida o emocionalmente intensa o indiferente,  pero no puede quedar fuera de nuestra actividad téorico-práctica en nombre de una “neutralidad” ya discutida entre nosotros.

Ya en su época Freud fue atravesado por esa doble dimensión. Si estudió la perspectiva que abre la pulsión de muerte para comprender los malestares de la cultura, lo que hizo que concluyera con filoso escepticismo sus estudios sociales,  no dejó por ello de ubicarse como ciudadano comprometido con una específica ética social. Así, sin dobleces, dice en el Porvenir de una Ilusión: “Huelga decir que una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse de manera duradera, ni lo merece".  En esa frase no prevalece el científico, sino el ciudadano que expresa su anhelo de sociedad.

En esa tensión entre el psicoanalista científico y el psicoanalista ciudadano hemos de trabajar este año, con todas sus consecuencias; -entre otras cosas-, en el campo de la relación llamada transferencia-contratransferencia. Somos conscientes de que deberemos movernos en un territorio donde el problema de las creencias (que ya empezamos a explorar hace un par de años) cobra un lugar central, en tanto cuestión axial de la política y de los modos en que se entiende lo social.

Pues ¿qué son nuestras definiciones políticas y posicionamientos sociales sino modos en que diversas creencias que forman parte de las diversas caras de lo social se inscriben en nosotros, al tiempo que nuestro Yo se apropia de ellas haciéndonos sentir artífices de esas creencias que llamamos las nuestras?

¿Qué relación mantienen las creencias con eso que llamamos la verdad? Cuestión ésta de la verdad, que tanto preocupara a Freud. ¿De qué modo se puede juzgar una creencia política como más verdadera que otra? En caso de tratarse el psicoanálisis (como tanto se insiste al respecto) de una experiencia con el relato del paciente ¿qué lugar tiene la mentira y sus diversos modos de presentación en la construcción de esos relatos, y esas creencias? ¿Qué lugar le atribuimos en el relato a ese territorio huidizo de la verdad? ¿Basta invocar la verdad del inconsciente sin ponerla en cuestión?

¿Cuál es el borde donde las creencias se relacionan con éticas diversas? Punto en el cual la relación entre ética y política no es un problema ajeno ni a la producción de subjetividad ni a la construcción de psiquismo.

¿De qué manera algunos ideales políticos podrían resultar capturados por mecanismos idealizadores, y en ese sentido, tanáticos? En ese punto, confluye el lugar del fanatismo, a veces asimilado al llamado fundamentalismo, que esperamos pueda ser trabajado.

Siendo la política una experiencia que toca los más radicales sentimientos humanos ¿qué lugar tiene lo afectivo en la constitución de nuestras aparentemente racionales opiniones políticas?

Preguntas todas estas que en tanto psicoanalistas nos obligan a pensar desde la clínica, pero a sabiendas de que la clínica es una  de las vías de la exploración analítica que, si a lo largo del tiempo fue demostrando su vitalidad, fue también haciendo evidentes sus límites cuando no encuentra caminos de diálogo con otras disciplinas y otras experiencias con las cuales sus hipótesis se confronten.

Tal vez allí encontremos una vertiente de reflexión en aquello que en las ciencias sociales, a partir de los estudios de género, se dio en llamar el giro afectivo: el estudio del despliegue de un lenguaje emocional  que de un modo incisivo viene comandando la configuración de nuestra subjetividad, trascendiendo el terreno de lo íntimo y la singularidad,  para tomar el espacio del discurso político, y determinando un efecto performativo que valdría la pena revisar.  Es este uno de los puntos en los que las ciencias sociales tal vez se puedan aproximar a nuestro campo,  interrogándolo, desmantelando la tan arraigada idea de que las emociones ocupan exclusivamente el espacio  de la interioridad, para dar lugar a un pensamiento que las ubica en el centro de la escena social y política. Nos proponemos pensar como psicoanalistas problemas que nos involucran como ciudadanos, sabemos que ese es un desafío. Los invitamos a construir juntos, respetuosamente pero sin elusiones, un trabajo responsable de pensamiento.