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¿De qué simbolización hablamos?


Publicada el 01/01/2011 por Cristina Dayeh





Este trabajo intenta, en el intercambio con autores, plantear algunos modos de pensar el plano de lo simbólico y establecer algún lazo con la práctica   que nos concierne.
Desde la mesa inaugural de este año se fueron perfilando dos ejes diferenciados.. Uno plantea la cristalización, univocidad, fijeza y dependencia del símbolo en relación a lo representado; el símbolo alude, en ese contexto, a cierta idea de trascendencia, inmutabilidad y paradigma, dejando de lado la multiplicidad contingente y la diversidad.
Alcanzar la dimensión simbólica de un objeto supone entonces un trabajo de abstracción respecto de las condiciones sensibles del objeto, es decir que los puntos de apoyo sensoriales y contingentes del objeto van acotándose a favor del significado o de la esencia.
Enfrentado a este modelo, tendríamos una simbolización más atravesada por la reconstrucción y transformación, destacándose el aspecto de trabajo que la simbolización implica. Este trabajo de simbolización remodela lo planteado en el plano de la esencia, y suspende las determinaciones definitivas.
 
Traducción y develación de lo inteligible o producción de un sentido no trascendente?.En el concepto de traducciónestá en destacado el objeto y su propia clausura o misterio a develar. En el de producción se enfatiza la actividad de transformación, que puede también ser pensada como   transubjetiva, y afectada por la subjetividad instituída en cada época. No se trata simplemente de afirmaciones diferentes, sino de paradigmas contrapuestos. ( El paradigma subtiende una concepción del mundo y un conjunto de problemas y de prácticas. Por ejemplo, la metafísica de Platón y, en general, del Logos, condiciona no solo el campo de las operaciones intelectuales sino las prácticas de la vida cotidiana).
 
Se pueden establecer relaciones entre simbolización, significación y sentido?. Estas cuestiones atañen a la interpretación en psicoanálisis. La interpretación como donación de sentido tiene una intención normativa y un anclaje teológico (Laplanche), en tanto que el trabajo de articulación de ligazones se inscribe en la "producción de sentido".
 
Es muy interesante la oposición que plantea Benjamín entre el símbolo congelado y unívoco y el trabajo de la alegoresis. La praxis de la alegoresis alude a un concepto de praxis con un sentido más cercano a arte y supone un arqueólogo creativo que parte de las ruinas de un sentido no para recuperar el edificio o reconstruirlo, sino para construir otro habitable por el sujeto. Alegoría alude a "otro discurso" que puede convertirse en "discurso del Otro", "de otra manera"; de este modo queda planteada la alteridad y los significantes remitiendo a otros significados, además de a su sentido propio.
 
 
"Hacer historia (como ciencia) es construir los hechos tal cual relampaguean hoy"[1],
Trabajo del sentido que ahueca y elabora un sentido nuevo que se va constituyendo en alguna dirección sin cierre, al modo de las líneas de fuga (Deleuze) . Las "líneas de fuga" presuponen una dinámica, tal como se observa en la asociación libre y sus efectos, que desestabiliza (deconstruye) la coagulación de un símbolo en un síntoma, aunque la constitución de ese síntoma presuponga transformaciones metafóricas y metonímicas previas."Cuando el simbolismo habla (se refiere al enlace fijo entre símbolo y simbolizado), las asociaciones callan; calla el inconsciente en nombre de la tipicidad y los grandes complejos. "Aplicar" un nuevo codificado sobre un codificado antiguo, lo "relee", redoblando la represión". ( Laplanche :Entre seducción e inspiración: el hombre)
Es interesante cuando el pensamiento es "proceso de subjetivación", la constitución de modos de existencia (Foucault), de posibilidades vitales (Nietzsche). El proceso de subjetivación tendría su equivalente en lo que en psicoanálisis se designa como elaboración y transformación.-
Algunas consecuencias de estas posturas en el campo de la clínica llevan a preguntarnos cómo se desconfigura y se configura el abordaje de la experiencia propia y de otros:
El objeto que abordamos debe tener un cierto carácter contingente, y el pensamiento que lo piensa también, es decir que tiene una "precariedad" y una solvencia que no aspiran a un conocimiento absoluto o definitivo. Por ejemplo: la categoría transicionalidad es un instrumento conceptual simbólico que describe un modo de establecerse un pasaje y da cuenta de una construcción y una encrucijada.
"Winnicott no alude a un objeto en sentido tradicional sino a un soporte transitorio de una serie de operaciones en trámite en la constitución de la subjetividad" ( I. Lewkowicz, Pensar sin Estado )
La actitud "interrogante " da cuenta de la condición simbólica del que pregunta a la vez que prioriza lo singular y la emergencia compleja de lo nuevo. En la práctica del psicoanálisis, abrir a la interrogación, aún de los conceptos utilizados, da cuenta de una condición ética. La pregunta no sólo precede a una respuesta sino que la sucede, brota de su insuficiencia. Heidegger propone una realidad humana interrogante: "Ninguna cuestión puede ser interrogada sin que el interrogador- como tal- esté comprendido a su vez en la pregunta, es decir tomado en esa pregunta. La interrogación pone de manifiesto esa irrupción y revela cierta "discordancia" con la realidad" (Qué es metafísica?). Sartre trabaja sobre ese desentrañamiento de la pregunta para exponer, no tanto su discordancia como su alcance subjetivo . J. Kristeva describe la interpretación analítica como una interrogación, más allá de la gramática explícita que asuma, porque la palabra del analista es un pensamiento en curso. (La revuelta íntima). Esto significa que la interpretación analítica adopta la postura psíquica de la pregunta, no de la definición, no de la verdad fija a revelar, sino de una interrogación indefinida."Yo hago del afecto una interrogación. Al constituir una pregunta para el analista, la sensación o el afecto informulables hacen sentido para el paciente: el Edipo es un enigma porque se constituye al mismo tiempo que la actitud del sujeto para preguntar . La pregunta abre al niño al discurso y le permite tomar la palabra hacia un horizonte infinito"
Para los griegos la dimensión simbólica del objeto está vinculada a su esencia, su eidos o idea que habita en el interior del objeto haciéndole ser eso que es, su definición, su quid es, su razón de ser . lo que connota, las notas de su esencia. La potencialidad simbólica de algo lo hace devenir inteligible. En Platón , esta dimensión inteligible habita en otro lugar, en el mundo de las ideas, siendo éstas eternas, perfectas, paradigmáticas, es decir que la dimensión simbólica de algo está, para Platón, más allá de ese algo. Los objetos contingentes reflejan imperfectamente las esencias; acá aparece la noción un tanto oscura de participación del mundo de los fenómenos en lo inteligible .Predomina la esencia sobre la existencia, no importa el hormigueo de los individuos, esta diversidad sin medida que cae fuera del concepto. El conocimiento en Grecia, implica la adecuación al objeto, la develación y apropiación de su esencia.
Foucault propone invertir el platonismo, y plantea que Deleuze también organiza un platonismo invertido que consiste en desplazarse en la serie platónica hacia lo singular, diverso y contingente. Platón opuso esencia y apariencia, mundo de arriba y mundo de abajo, sol de la verdad y sombras de la caverna. Invertir con Deleuze el platonismo es instaurar otra serie, desatada y divergente, más comprensiva de lo real, del mundo y del tiempo. Un pensamiento fuera del cuadro ordenado de las semejanzas.
 
Búsqueda de sentidos, operaciones simbólicas que implican al decir de Deleuze "una distribución de puntos relevantes, ningún centro, sino siempre descentramientos. Los sentidos se constituyen, pero también se deconstruyen, y las operaciones simbólicas deberán poder cuestionar la univocidad y homogeneidad, el carácter determinista, la apelación a la esencia, a cambio de una mayor libertad en los enunciados".
 
Castoriadis en Hecho y por Hacer plantea que la búsqueda de sentido es búsqueda de la puesta en relación de los elementos que se presenten.. Articulaciones de sentido, "entramado", recomposición de lo desligado. El sentido como "entre" , entre dos momentos, modos de enlace, etc.
 La operación simbólica a la que me refiero concede relevancia a lo singular, cuestión ya muy presente en Aristóteles (lo que lo acercaenormemente al psicoanálisis, paradójica ciencia de lo singular), y a que las conexiones entre los términos de las proposiciones por un lado, y entre el ayer, el hoy y el mañana, por otro, están expuestas a perturbaciones. Tal vez la paradoja sea una herramienta conceptual apta para captar la condición magmática de la vida.
En Lógica del sentido, Deleuze se pregunta si lo que importa en un pensamiento es la verdad o falsedad de sus enunciados o el sentido que es capaz de producir?. Se caracteriza a un pensamiento solo por la solución que da a los problemas o por el modo que determina a los problemas en tanto problemas? Pienso nuevamente en la interpretación y en que su eficacia no depende de su concordancia estricta con la verdad material histórica. Así, quedan legitimadas las interpretaciones "de transición" y un abordaje paradójico de una teoría del sentido. Paradójico porque el sentido es una entidad no existente aún, que tal vez guarda relaciones muy particulares con el sin sentido. En la clínica los sentidos coagulados se de-construyen en las bifurcaciones. Ya la paradoja es la afirmación de dos sentidos a la vez. Se legitiman la multiplicidad de preguntas y problemas, que apuntan a una multiplicidad abierta. Se valida el espacio del pensar y no tanto del "saber". La filosofía y el universo simbólico que aluden a lo original, la primera vez, la semejanza, la imitación, quedan relativizados.
 Todo concepto es complejo: tiene un perímetro irregular, definido por sus componentes (me refiero a las notas que lo conforman). Por lo tanto el concepto articula, reparte, intersecta en relación a sus componentes Forma un todo porque totaliza sus connotancias
 ( subsunción), pero un todo fragmentario. Todo concepto remite a un problema. Conceptos se refieren a mundos posibles, es decir mundos que pueden no ser, o que no son aún, pero no por eso dejan de existir Decir que todo concepto tiene una historia, equivale a sacarlo de la concepción de la lógica y admitirlo remodelable por la experiencia y por un acontecer zigzagueante .Un concepto es una complejidad y una encrucijada de connotancias que condensa.
   Ahora bien, podríamos establecer cierta relación entre esta categorización de concepto en el campo de la filosofía y la noción de representación en el campo del psicoanálisis? [2]
También una representación apta para intervenir en un proceso de simbolizaciòn debe tener una consistencia y complejidad, una polisemia inmanente a desplegar; anudamientos singulares que se sostienen desde el interior de la representación y en relación con otras, no solo en su historia sino en su devenir y en sus conexiones actuales. Cada representación tiene componentes y hay zonas de proximidad o umbrales de indiscernibilidad entre ellos.
 
Se nos plantea la endoconsistencia de la representación, su carácter no plano, sino "bi" o "tridimensional", que torna inseparables a los componentes heterogéneos en su interior. Ese "interior"estaría afectado, también, en la base de las huellas acústicas, por el fonema del idioma (presente en el baño melódico de la voz materna) y su transcripción al lenguaje familiar como basamento de la vivencia singular. Debemos, entonces, consignar la dimensión pictográfica de la representación con la doble presencia de la experiencia corporal y el afecto psíquico tempranos (P. Aulagnier). (Algo de esto tal vez se vehículice en lo contratransferencial).
 
Este atajo nos facilita señalar al afecto y sus transformaciones como ese determinante que talla las facetas de la representación, que así tomada   sería un punto de coincidencia, de condensación u ordenación de sus propios componentes : una heterogénesis [3].
 
Esta "calidad" de la representación "apta" para la transcripción y ordenamiento de la pulsión dependerá en gran parte de sus condiciones de inscripción [4] y de la potencialidad simbolizante de la oferta identificatoria, con su fuerte imbricación entre representación y afecto factores éstos que sumados a otros igualmente importantes, crean la disponibilidad  a la simbolización en un sujeto.
Asimismo, los enlaces transversales y longitudinales entre representaciones (exoconsistencia), sus emplazamientos y trama, dan cuenta del espesor del preconciente y facilitan la simbolización. Cuando estas condiciones "estructurales" son funcionalmente precarias y poco complejas, quedan habilitadas las vías de pasaje al acto y somatizaciones diversas. Es llamativa la escisión entre representación y afecto en la teoría.
 La representación aparece más bien ligada a un contenido mental, por ejemplo cuando se trata de encontrar una representación "faltante". El sistema de representación-cosa es relevado y retomado por el sistema de representación –palabra, en tanto que para el afecto no se reserva una diferenciación similar.
 La metáfora, que el pensamiento operatorio [5] desconoce (Marty y de M´Uzan), es un producto en el que operan imágenes y afectos, y expresa la actividad simbólica de un modo relevante. Tiene un costado de indeterminación que la sitúa en oposición a la literalidad y fijeza de la ecuación simbólica, y un descentramiento que conserva las huellas de las capas de sentido presentes en su construcción; condensaciones que "abren" en más de una dirección, y por lo tanto, un carácter enigmático. Como señala Indart, se sostiene sobre enlaces metonímicos pero los trasciende, es decir que es reacia a los enunciados que intentan doblegarla. El lenguaje poético soporta la densidad de lo metafórico en tanto que lo metonímico se expresa más en el relato.
Y qué lugar tiene lo imaginario en el proceso simbólico? Acaso sólo abona la repetición o también aporta materia prima para el reordenamiento posterior? Lo especular transforma a la pulsión en deseo, a la agresividad en seducción.
Y la insistencia de la repetición, no está afectada por la diferencia?
La diferencia, es el "a través historizante" que, en la andadura de su puesta a prueba, socava productivamente la pretendida "unidad" de un concepto, su supuesta mismidad"(R.Rodulfo: Estudios clínicos) .
El proceso simbólico es un trayecto progrediente en el que se imbrican e implican diversidad de momentos al estar presentes las huellas del predominio de la "relación dual con el semejante, con sus fenómenos de ilusión, captación y señuelo" (Roudinesco), y diversidad de producciones, tal como se observa en el trabajo de simbolización presente en el trabajo del sueño y en el trabajo del duelo.
"Pensamos la vida psíquica como una vida de estratos múltiples y heterogéneos con un aparato psíquico polivalente, hojaldrado: pulsión, representación-cosa , representación-palabra. Freud sugirió una interdependencia y una traducibilidad de todos los niveles de la vida psíquica." (J. Kristeva)
 
Dos palabras acerca de la noción lingüística de signo. Su dimensión "sensible",el significante, y el significado (lo menos tangible) mantienen una relación de equilibrio y simetría (Saussure) designada como significación. A partir de esto hay una cadena de oposiciones binarias: significado/significante; inteligible/sensible; contenido/expresión. Esta concepción del signo en Saussure es solidaria del "ideísmo" platónico  En la actualidad el signo se inclina hacia el significante cuya primacía se subraya. Así Lacan propone la discusión acerca de la significación, no ya en el nivel del signo mismo sino de la cadena significante que engendra un "efecto de sentido"; el significado "se desliza bajo el significante" y al final se puede interpretar retroactivamente el comienzo. Es en la dimensión de la cadena significante donde deben pensarse metáfora y metonimia: aún cuando un significado se presente aislado, su significación dependerá de la relación que mantenga con otros significantes.
 
Vemos aquí un replanteo a la concepción clásica de representación, pero sin resolver la cuestión insoslayable del afecto sino más bien "forcluyendo la dimensión afectiva" (R. Rodulfo; Estudios clínicos). "El concepto de significante está excesivamente cargado por la perspectiva lingüística" y es insuficiente para dar cuenta de toda la materialidad psíquica. Parecería que hereda la problemática del concepto de representación clásico ( y éste la del concepto en el campo de la filosofía ), sin explorar la dimensión afectiva que "funda" la inscripción.
 
 La semiótica (Derrida) formula que todo proceso de significación es un juego formal de diferencias y pone en posición de generador al significante. El texto, como modo de funcionamiento del lenguaje, ha sido objeto de una elaboración conceptual (Barthes, Derrida, Kristeva). Frente a los criterios comunicativos y reproductivos del lenguaje, el texto es definido como productividad, como vector generador, como espacio de polisemia.
 
El texto implica un "campo de transgresión" con respecto a la posición que habla de un desciframiento del sentido previo inmanente al objeto, hecho ese desciframiento, por un sujeto. No hay un significado original a descifrar sino un texto a producir, y esto no es ajeno a nuestra práctica.
 
El texto "hace de la lengua un trabajo" (Kristeva), remontándose a lo que la precede y abriendo una distancia entre la lengua de uso y el volumen subyacente de prácticas significantes, donde las significaciones germinan. Trabajar la lengua es trabajar la diferencia entre lo que, en la superficie habla el sentido y lo que, en el espesor, lo opera.
Esta perspectiva parece cercana a la simbolización como trabajo abierto a la temporalidad, como construcción inacabable.
 
 
 

[1] Con la disolución del objeto unificado, lo que emerge como ámbito pertinente para la práctica histórica es el campo de intervención. Pero la delimitación del campo depende de la estrategia de cada intervención y no ya del principio de unidad del objeto". (Lewkowicz-Campagno: La historia sin objeto)
 
[2] "Toda reflexión sobre la representación debe partir de la idea de que la obra freudiana es nuestra representación..." Andrée Green. La metapsicología revisitada. Pág. 114
[3] Creo que a esto alude Alfredo Tagle cuando, en su presentación, se propone "indagar al zar". Creo que se trata de situar no sólo la línea asociativa (el "haz de remisiones") sino de interrogar al "interior" de la representación.
[4] Los signos de percepción "conservan fragmentos de objeto que no se sueldan" a un representante pulsional, debido a la condición traumática de la vivencia.
 
[5] Duplica la acción y carece de "índice de verdad" (Bion)