• Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Linkedin

Imagen y exigencia de figurabilidad: una posibilidad del Rorschach en la investigación de los primeros vínculos


Publicada el 19/09/2013 por Hilda Alonso





      

Imagen y exigencia de figurabilidad: una posibilidad del Rorschach en la investigación de los primeros  vínculos  [1]

                                                                                                    Hilda Alonso

                                                                                        

                                                      

                                                         “Lo que no se deja calcular, se deja sin 

         embargo pensar”

 

          C. Castoriadis (La institución imaginaria de la

            sociedad)

 

 

 

  Investigar supone siempre un trabajo a partir de huellas[2]. En nuestro campo, este término adquiere una doble dimensión: aquí las huellas constituyen, además, el material original.

Ellas se instalan, sabemos,  a partir de un encuentro: encuentro  fundante, en el origen de los vínculos, origen y condición de lo psíquico que será re-inscripto/ tramitado/ reactivado/ modificado, en las sucesivas experiencias que implica la intersubjetividad.

 

 La clínica psicoanalítica  pone en juego, en la situación transferencial,  los modos y dificultades en el establecimiento del vínculo, permitiendo inferir algo de las  experiencias primeras, aunque  el “conocimiento” de material inconciente será siempre fragmentario.

Fragmentos, indicios, develamiento parcial... términos que apuntan a la vez a la posibilidad y a la limitación del conocimiento del psiquismo, y a la posibilidad,  limitación -y desafío- que implica su indagación.

Algo que el legado freudiano hace posible en el análisis en transferencia, sin la pretensión ilusoria de “recuperar” lo vivido sino, en el mejor de los casos, en la búsqueda de construcción de sentido. Si ello se logra, será posible la apertura a nuevas posibilidades en el contacto con el mundo y los otros. 

Análisis, transferencia…  si en los primeros tiempos se lo empezó a conocer como “cura por la palabra”, esta no sería posible sin el marco que genera dichas condiciones de posibilidad, que es, también, el marco de un encuentro. 

 

En este contexto ¿qué  posibilidad  ofrecería  el Rorschach para inferir  algo más  acerca  de aquellas experiencias primeras? ¿cuál es su valor como herramienta en dicha indagación? ¿se juega aquí también lo  dicho  de “en  el marco de un encuentro?”

 

Hace un tiempo tuvimos la oportunidad de ver, en Buenos Aires, dos documentales extraordinarios: uno de ellos es “La cueva de los sueños olvidados”, de  Werner Herzog, quien por primera vez logra introducir una cámara en las cuevas de Chauvet-Pont dárc, al sur de Francia para permitirnos conocer pinturas rupestres que, desde su descubrimiento en 1994 están vedadas al público por cuestiones de preservación.  Allí, bajo la mirada creativa/recreativa  de su  cámara, el realizador nos permitió entrever una obra artística maravillosa, llevada a cabo hace 32.000  años, a la vez que acercarnos -en cierta medida- a los seres humanos que las produjeron.

 

Tal vez resulte  interesante conocer algunos de los múltiples comentarios que ha suscitado esta realización increíble: “una incursión en una cueva que termina siendo una exploración –no exenta de lirismo- del alma humana y de un tiempo que parecía perdido” O este otro: “el reto más importante consiste en sostener el límite que separa el conocimiento al alcance del ser humano de ese otro saber que resulta inaccesible. Y ante lo inaccesible, el cine ocupa su lugar… (yo añado aquí  “la proyección sobre una pantalla”) ….ese pulso infinito entre lo que se  sabe y lo que se imagina, entre la mirada y la ciencia”

 

 El segundo de los documentales aludidos, obra de Fernando Dominguez, un director argentino  es  “75 habitantes. 20 casas y 300 vacas”;  narra allí  la búsqueda en sus recuerdos, de la casa de su infancia, para poder pintarla, de  Nicolas Rubio.  El film lo muestra al pintor,  una y otra vez comenzar con bosquejos, intentando recrear aquella imagen  inasible como sus recuerdos, del tiempo perdido del mundo de la infancia, transcurrida en Vieilles, pueblo de la zona francesa del Auvergne, al que su familia debió huir por la guerra civil española, para  luego venir a la Argentina.  La primera imagen es esa mano, haciendo débiles trazos y su voz en off diciendo: “Los mayores decidieron que los niños no podíamos llevarnos nada…dejamos nuestros tesoros, la patria, la familia, una casa y un jardín de fantasía…”

 

Leo un comentario del director acerca de su obra: “Es, entre otras cosas, una indagación sobre la mente y la memoria de un artista, de un hombre. La imposible reconstrucción de un tiempo y un lugar que ya no existen. Aparece como tema la niñez, la soledad, el exilio e, inevitablemente, la muerte. También es una reflexión sobre la naturaleza de las imágenes, un retrato y un homenaje”.

 

A siglos de distancia entre los  objetos recreados  en la pantalla, en ambos encontramos la referencia a la imagen (y su relación, en ambos casos, con la  historia, colectiva o individual, respectivamente), ante la tarea imposible de recuperar lo irrecuperable.

Si toda experiencia lo es (en el sentido de un tiempo y un espacio que “fueron”. “Ya fue” dicen los chicos ligeramente para referirse a algo supuestamente superador de lo anterior) ¿qué decir de aquello que, perteneciendo a los orígenes sólo puede ser

 ¿ inferido? ¿ construido? ¿asido?  a  través de indicios, en la experiencia actual?

 

 

Vuelvo entonces a la pregunta anterior: ¿cuál es la posibilidad del Rorschach como herramienta de indagación acerca de los vínculos primeros?  ¿ qué puede suscitar este “encuentro?” (implicando éste procesos de transferencia/contratransferencia con el psicólogo,  pero también encuentro con un material que ofrece un espacio entre ambos)

Su relación con la imagen (visual, en este caso) parece  fundamental. No se trata por supuesto de un proceso idéntico al  de los documentales a que referí; mi analogía llega sólo (no es poco) al valor de la imagen, y su función en la dinámica psíquica.

 

 

En el origen, tanto la instalación de la pulsión como sus primeras posibilidades de circulación tuvieron lugar en el (los) encuentro (s)  fundante(s)[3] . Esas inscripciones primeras, que al pasar al orden psíquico se articularon en fantasmas,  se reactivarán   en  el encuentro con los objetos del mundo, aunque sólo podrán acceder a la conciencia atravesados por el poder organizador del lenguaje (S. Bleichmar).

El encuentro con el objeto queda inscripto en el Icc, dice Freud, como huella; no es  la representación del objeto sino la huella del  encuentro con aquel, inaccesible como tal, a la conciencia: incognoscible en sí, sólo inferible en sus efectos o, en un aparato constituido, a través de su pasaje por el preconciente. [4]

   En este sentido, es importante recordar que lo Icc es alcanzado también por vivencias provenientes de la percepción; es decir, algo de lo percibido puede agitar representaciones inconcientes. En ese caso, sólo alcanzará alguna vía de expresión y/o tramitación, en su asociación con representaciones visuales, auditivas, táctiles…

 

   Al ubicar al Rorschach como herramienta que puede ser incluida para la indagación  de los primeros vínculos, no para  recuperar un testimonio escondido (como el de las cuevas) o parcialmente olvidado (como la casa de la infancia del pintor), me refiero a cierta posibilidad de inferir algo de aquello que, inscripto tempranamente, sólo aparece como tendencia a la repetición en transferencia, o como indicios en el material proyectivo.

El año pasado, en el Congreso de ADEIP en Tucumán, me referí al Rorschach y su valor como soporte perceptual ante la exigencia de figurabilidad de los contenidos de lo inconsciente:  

“La presentación de las manchas, que permite la proyección o expresión de fantasías acerca de lo temido, excitante y/o persecutorio, ofrece también muchas veces la posibilidad de darle figuración a sensaciones afectivas difusas, al afecto que busca ligarse a una representación, y que se expresaría en respuestas menos elaboradas”…. Es decir, el Rorschach “como  soporte perceptual, algo que desde su “materialidad exterior” ofrece la oportunidad de darle forma a cierta “materialidad interior” que pugna por encontrar figuración”[5]  ( es en este sentido lo de  “encuentro”)

 

 Hoy,  al hacer foco en la posibilidad de investigación de los vínculos, añadiré a esa propuesta  dos posibles líneas de indagación  (por supuesto habrá otras, dependiendo de la teoría del que la piense).

 

Es, desde ya, un trabajo basado en el análisis cualitativo del material[6], ceñido a lo singular del  sujeto, que permite abordar la indagación  -en algunos casos- de lo vincular de los orígenes.  Propongo tener en cuenta:

 

-           por un lado, las posibilidades de perrmeabilidad  de “la membrana de intercambios”

-           por otra, las vicisitudes de instalación de un espacio “entre”, es decir,  de posibilidades de mediatización que podrá dar lugar, de ser exitosa, a procesos de elaboración  y tramitación psíquica.

 

 

Tal vez ambos aspectos puedan considerarse como “caras de una misma moneda” pero también es cierto que en ciertos casos puede predominar (o ser más claro) uno de ellos.

 

Con respecto al primero -permeabilidad de la membrana- inferimos que, cuando ciertas características de los vínculos afectó su construcción en los orígenes,  aparecen déficits o alteraciones en los intercambios, en un amplio espectro que abarca desde la imposibilidad de filtrado y, en ese sentido todo encuentro con el mundo deviene traumático o - como defensa frente a ello-   una  rigidización  empobrecedora.

 

 Algunos materiales, extraidos de protocolos Rorschach (recorte artificial, en cuanto el material debe ser considerado en contexto), expresan tales alteraciones:  

 

Estas alteraciones, reveladoras del déficit en los límites del yo, se expresan a veces en los límites del cuerpo:

 

Sandra, 18 años[7]  LI : “Parece una cara de zorro, raro. O el cráneo. Ojos que están en el centro, ojos malos, colmillos” (Es una sola respuesta, mitad para arriba cráneo, sin piel; mitad de abajo, con piel. “Porque no me imagino…un cráneo no va a tener colmillos..si le saco el cuero, necesita tener piel”). A partir de esta primera respuesta, aparece en las láminas siguientes, especialmente las de color, un material profuso y por momentos contradictorio, que alude a un aparato mental sobrecargado y fallas en la estructuración yoica.  (Sandra había consultado por cortes en la muñeca y brazos, no profundos, que no requirieron intervención médica, pero reiterados, encontrando “cierto placer y descarga” según sus dichos).

 

Se podría decir que su  sufrimiento era expresión  del déficit en los límites del yo. En palabras de Anzieu, de fallas del envoltorio psíquico que denunciaba bruscas fluctuaciones en las fronteras entre Yo psíquico y Yo corporal.[8]

 Algo o mucho de esto es posible comprenderlo en su  producción, aunque (como ocurre en la mayoría de los casos), no estaba todavía disponible para sí misma. De allí que, aunque con cierta posibilidad de representación psíquica, operaran, en cierta forma, a la manera de indicios.

 

 

Andrea, 26 años: L IX  “Es medio raro lo que veo, es una especie de persona que está tirando humo por la boca, y de los ojos le salen dos llamas de fuego…sí ” (Interrogatorio: el humo como saliendo con cierta forma (niega el claroscuro) y tiene una  mirada de loca… porque me la imagino mujer. Se ve también el cuello y los hombros; en rosa, como sin piel, la carne sin la piel, como en los libros que muestran los músculos. Me impresiona lo claro que están los ojos, yo lo veo muy claro” En Prueba de límites, la elige dentro de las que le agradaron, comentando “esta no sé por qué me gusta.., me impresionó pero me llamó la atención. Y la elige también para asociar “Puede, no se… que me haga acordar a mi mamá y a mí…porque está enojada, con bronca (P) siempre estaba muy nerviosa, ansiosa, dormía con la luz prendida, tomó medicación psiquiátrica pero le cayó mal y la dejó” (Consulta por ansiedad, miedo a separarse de su hermana gemela, sin haber podido duelar la muerte de su madre, hace un año, y, sobre todo, por  temor  “a estar muy mal”)

 

A diferencia de la paciente anterior,  puede asociar respecto a su producción pero, en la medida  que toca su conflictiva fundamental, demasiado  “ a flor de piel” , los montos de angustia le resultan intolerables y aparece el contenido de manera cruda Como retomaremos luego “una metáfora no del todo lograda”, que denunciaba también permeabilidad excesiva frente a estímulos afectivos.

 

 

 Ruth, 50 años: Adic. L I: “Como  un perro espantoso, enojado, feo, como mostrando los dientes, medio tiñoso”........    “con muchos cabos sueltos, se le sale el pellejo”.[9]

 

 En crisis por problema de pareja, su protocolo mostraba una  impronta excesiva de la  fantasía, con exuberancia de contenidos, pareciendo mostrar también, a través de un activo mundo fantasmático, un aparato psíquico sobrecargado y  la vulnerabilidad del yo frente al mismo. Se trata aquí de las envolturas psíquicas, que podríamos describir en términos freudianos como cierta labilidad de la membrana paraexcitación.

 

Tal vez de un modo menos dramático, pero sin duda elocuente, podríamos citar algunas respuestas de un grupo de pacientes con trastornos de la conducta alimentaria [10]

 En ellos  encontramos  ciertas características respecto a dificultades en los procesos de consolidación de la identidad y el establecimiento de vínculos, que podríamos considerar, desde la óptica hoy propuesta, consecuencia de dificultades  en la constitución de la membrana de intercambios:

( L III)

 -  “ Personas juntas pero separadas, comparten el mismo corazón”

 - “Dos personas unidas por el tórax, y los corazones están unidos pero fuera de los cuerpos de ellos”

(L VII)

-           “Seis caras, todas unidas y todas distintas”

-           “Dos personas gemelas, iguales, que están de acuerdo en todo lo que opinan”; “Personas gemelas mirándose extrañadas”.

-           “Islas, semi-islas conectadas a la tierra”.

 

Lo interesante es que, en este grupo de pacientes habíamos observado, como dato recurrente en sus historias clínicas, una situación de ruptura vincular al momento de la aparición del síndrome,  descrita incluso en algunos casos literalmente como “corte”.  Sobre este corte vincular actual, entonces,  se transferían las vicisitudes de un “corte” previo no suficientemente tramitado, afectando también aquí los límites del yo. En  pacientes más graves que presentaban este síndrome, el Rorschach sólo mostraba, en cambio,  una coraza defensiva a ultranza, expresión de la rigidización de la membrana.  En esos casos extremos, la fuerza de la defensa, exacerbada, funcionaba como verdadera coraza, obturando los intercambios con el afuera, e impidiendo cualquier posibilidad de circulación fantasmática.

 

Para  pensar  los vínculos en el origen, algunos autores han puesto el acento no tanto en   “la falta” sino  en “el exceso”, esquemas teóricos que me ayudan a pensar la clínica y fundamentar la elección de las líneas de indagación antes señaladas.

Así, cuando Piera Auglanier  plantea el exceso de información: este exceso define las primeras experiencias de encuentro con el objeto, que proviene de aquel que tiene a su cargo los cuidados del niño: “Exceso de sentido, exceso de excitación, exceso de frustración, pero también exceso de gratificación o exceso de protección”[11]

Este efecto de anticipación de la madre – de su discurso-  definido por la autora como violencia primaria, efecto necesario y fundante,   deberá luego dejar paso a  que “el yo del niño pueda advenir”, es decir, no permitiendo la permanencia  del statu quo de  esta fase más allá de lo necesario, evitando así el riesgo de exceso o “deseo de no cambio”

Más próxima a nosotros, Silvia Bleichmar, al referirse a los orígenes del sujeto psíquico plantea dos aspectos interactuantes en la función de la madre sobre el cachorro humano: en tanto sus aspectos inconcientes producen la inscripción pulsional, son los aspectos preconcientes-concientes a través del cuidado tierno, los que producen lo que ella denomina narcisismo trasvasante; esto es, aquello que propicia procesos de integración y ligadura.

Tomando esta línea del exceso, podríamos conjeturar, frente a materiales Rorschach como los presentados, que ha sido la falla  en estos procesos lo que determinó el déficit en la construcción de la membrana: por  inermidad   o abroquelamiento defensivo frente al objeto que ejerció violencia secundaria (en términos de  Piera Aulagnier)  o exceso de de intromisión (en conceptos de S. Bleichmar)

 

 

En cuanto al segundo aspecto a considerar en relación  a la cualidad del vínculo, señalé  la construcción del “espacio entre”, como  expresión de la  posibilidad de mediatización y tramitación simbólica.

En ese sentido, el material proyectivo ofrece la posibilidad de conocerlo,  no sólo o no tanto por los contenidos sino por los  modos de producción. Me refiero a la posibilidad o no de veladura,  revelando pero sin perder la distancia óptima para que algo pueda ser procesado con niveles tolerables de angustia. Algo comparable al  juego del niño, más o menos alejado de los fantasmas de origen.

 

 

Al presentar  anteriormente el material de Andrea, 26 años, frente a la lámina IX, lo describí  como  metáfora no del todo lograda.

“Es medio raro lo que veo –dice Andrea-  es una especie de persona que está tirando humo por la boca, y de los ojos le salen dos llamas de fuego…sí ” (el humo como saliendo con cierta forma, y tiene una  mirada de loca… porque me la imagino mujer. Se ve también el cuello y los hombros; en rosa, como sin piel, la carne sin la piel, como en los libros que muestran los músculos. Me impresiona lo claro que están los ojos, yo lo veo muy claro”).

 

Quiero subrayar  aquí  la presencia de un material que tiene que ver con contenidos psíquicos escasamente velados, y por ello con una fuerte carga de angustia, que marca la dificultad de procesamiento psíquico; es decir,  sin alcanzar del todo el  doble juego de velar-revelar atinente a la propiedad metafórica del simbolizar[12]

Algo que volvemos a observar en otros materiales:

 

 Ruth, 50 años  (ya citada)

 L IV  “Es sólo un ser, no sé si una persona, no estoy muy segura. Medio como abatido, pataleando en el suelo, de espalda. No es agradable, no tiene cabeza, no tiene cara. Las patas son lo más relevante, están en el aire, pero como caído. Pero agresivo, está enojado, porque está en el suelo”  (Aclara en el Interrogatorio: “es un monstruo, no es una persona...me da la impresión que se oculta, que intenta pasar oculto, que no lo identifiquen, se disfraza, se camufla”)

 

 Con pérdida del “como sí de la interpretación” Ruth parece proyectar aquí fantasmas irreductibles a un adecuado procesamiento simbólico: lo que ve es algo presente en el aquí y ahora, que insiste sin resolución, y  que parece remitir  a lo inscripto traumático que no encuentra, todavía,  modos de ser procesado.

 

 

Emilia, 20 años

LII  “Veo sangre” (agrega en el Interrogatorio: “me acuerdo de una película, una mujer veía rojo sangre, y creo que la internaban. Y también  veo fuego. Me resultan imágenes tétricas, porque no son definidas)

 

LIX  “Esto parece el diablo… Sí, es eso (Agrega en el Interrogatorio: “rodeado de llamas en movimiento”).

 

En Emilia[13], la fantasía de descontrol estaba asociada a la locura y  a la muerte (temor de dañar  era uno de sus motivos de consulta). Coexistían en ella aspectos primarios y otros más neuróticos, prevaleciendo en el material, al expresarse los primeros, un componente angustioso que, por exceso, impedía ser procesado. Todavía vacilante el “como sí”, no accedía al placer de producción, más cercano a lo lúdico, que pudo ir  logrando a lo largo del análisis.

 

 

La posibilidad de mediatización, de tramitación psíquica de lo pulsional, de elaboración simbólica, parece estar en relación con el logro más o menos exitoso, en la  construcción  del psiquismo, de las experiencias primeras.

La lectura del Rorschach permitiría inferir, a través de las posibilidades o no de mediatización reveladas en el material,  la cualidad del vínculo que la  hizo posible o  que dificultó su construcción.

El recorte de  materiales aquí presentado intenta señalar estas  posibilidades del Rorschach (y probablemente de otros  materiales proyectivos) para  la indagación   de los vínculos, dentro de  un campo hecho posible por  el pasaje de la contigüidad a la transicionalidad.  Es en relación a ello que podemos hablar de “un espacio entre” con efectos  intra e intersubjetivos.

 

 

La pantalla del Rorschach, como las paredes de las cuevas de Chauvet o los esbozos en la  tela de Nicolás Rubio, permitiría  evocar algo que el lenguaje por sí sólo parece incapaz de asir (aunque sólo por él pueda otorgársele sentido). Es aquí cuando la impronta de huellas e indicios   readquiere valor para nuestra tarea de indagación. 

Ofrece el valor de la imagen, pero además  enmarcada dentro de ese campo fundamental del devenir humano, inaugurado en la infancia y con consecuencias para la vida, al  que “el como si” del Rorschach invita.  Campo de la transicionalidad, pasaje propiciado por la madre,  creado en los inicios por el juego y que se ensancha en el vivir creador y en toda la vida cultural del hombre [14]   

                        

Finalmente: ni el tesoro de las cuevas ni las vicisitudes del pintor hubieran llegado a nosotros para dar cuenta de cierta historia vivida, de no existir  –en la interpretación de vestigios- el trabajo  de reconstrucción del  cineasta (y  en el caso de las cuevas, la búsqueda de sentido por parte de los antropólogos ). Algo a que nos convoca, desde otro lugar, el material proyectivo de nuestros pacientes.

Ese material, de todos modos, se presenta sólo como el posible primer paso de una indagación que supone,  a posteriori, el ineludible trabajo del análisis en transferencia.

 

 

 



[1] Presentación en el XVI Congreso Nacional de Adeip, Rosario, Octubre de 2012 Mesa: El vínculo en el origen

[2] Etimológicamente proviene de la voz latina investigare: seguir la pista o las huellas

 

[3]  Fundante de lo psíquico pero que implica retranscripciones/reactivaciones/ modificaciones e incluso procesos de neogénesis. ( concepto de S. Bleichmar)

[4]  “El Icc …mantiene con el Precc. toda una serie de relaciones, entre otras las de cooperación…es asequible a las vicitudes de la vida, influye sobre el Precc. Y a su vez está sometido a las influencias por parte de éste” ( S. Freud  Lo Inconciente)

[5]  Simposio Rorschach y Psicoanálisis. La búsqueda de figurabilidad: una articulación posible

[6]  No se trata de sustituir los aspectos cualitativos de la interpretación del Psicograma, tales como: tipos de M, texturas, tipos de color, relación M/C, características de los H, y sus relaciones, o ciertos FE como Resp. de uno, de par, de reflejo, siniestro en  H, Mor. En todo caso este tipo de análisis se integra como un plus a las posibilidades, de suyo amplias, de interpretación de un material dado

[7]   Material  presentado en  “El cuerpo y su representación. Un aporte desde el Rorschach” PSICODIAGNOSTICAR, Volumen 20, 2010

[8]    Anzieu, D. El Yo piel. Madrid, Biblioteca Nueva, 1987

[9]   “Inferencias acerca de la constitución del aparato psíquico a través del Rorschach”

Alonso, Codarini, Passalacqua.  Revista de AAPRO, Número 27 y 28, Diciembre de 2006

[10]  “El Psicodiagnóstico de Rorschach en pacientes hospitalizados y ambulatorios con trastornos de la conducta alimentaria”  Revista de AAPRO, Año 23, diciembre de 2002

[11]  P. Aulagnier, La violencia de la interpretación

[12]  Tesis doctoral:  Niveles de simbolización. Su abordaje en la clínica psicoanalítica con Rorschach. USAL, 2009

[13]   Uno de los casos  presentados  en la  Tesis de Doctorado, 2009

[14]   Winncott, Realidad y juego