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La nocion de realidad en Freud


Publicada el 28/04/2011 por Juan Carlos Perone





Juan Carlos Perone – COPSI – 28/4/2011

(Lo que figura entre corchetes, subrayado o en negritas es mío)

 

LA NOCION DE REALIDAD EN FREUD

Para continuar explorando la noción de realidad en la obra freudiana, voy a hacer mención a cuatro artículos que forman parte de la misma, que se corresponden de a pares a épocas bien distintas,  pero que creo que guardan entre sí y respecto al problema que nos ocupa un hilo en común que justifica se los considere en conjunto. Me refiero a “Las neuropsicosis de defensa”, texto este que Freud termina de escribir en enero de 1894.

El otro artículo, que retoma el anteriormente mencionado, lleva por título “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”, y vió la luz en marzo de 1896.

Veintiocho años más tarde -después de los trabajos metapsicológicos, del llamado viraje de 1920, ligado a lo desarrollado en “Más allá del principio del placer”, ya habiendo publicado “El yo y el ello”, en el cual toma forma la segunda tópica-  Freud da a conocer dos textos, uno a finales de 1923 y el otro a mediados de 1924: “Neurosis y psicosis” y “La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis” respectivamente.

También quiero retomar un aspecto del intercambio que suscitó el excelente trabajo que presentó Oscar y precisar un poco más, creo que hace a la cuestión, mi manera de entender la triple perspectiva que adopta Freud en “Moisés y la religión monoteísta” sobre la verdad histórica.  

En el primero de los trabajos que cité –me refiero al de 1894, “Las neuropsicosis de defensa”- Freud, luego de ocuparse de describir las tres formas de histeria que allí tipifica, las obsesiones y fobias, y las diversas operaciones psíquicas que les están asociadas, introduciendo para esto una serie de nociones promisorias que con pocas modificaciones perdurarán en lo que resta de su obra, pasa, en el punto III del texto, a considerar el modo de estructuración de otra formación psíquica y desarrolla algunas ideas que creo conviene seguir más de cerca.

Dice Freud: “en los casos considerados hasta ahora –neuróticos- la defensa frente a la representación inconciliable (Unvertraglich) acontecía mediante el divorcio entre ella y su afecto. Pero la representación, si bien debilitada y aislada, permanecía dentro de la conciencia” [hay que tener en cuenta que todavía Freud no ha producido el concepto de sistema Icc.  Producido este, “debilitada y aislada” querrá decir reprimida].

Ahora bien, sigue Freud, existe una modalidad defensiva mucho más enérgica y exitosa, que consiste en que el yo desestima (verwerfen) la representación insoportable (Unertraglich) [antes había dicho Unvertraglich, inconciliable], junto con su afecto  [Vemos que de “inconciliable” se pasó a “insoportable”, el psiquismo no la puede portar] y se comporta como si la representación nunca hubiera comparecido [nunca se hubiera presentado]. Sólo que en el momento en que se ha conseguido esto, la persona se encuentra en una psicosis que no admite otra clasificación que confusión alucinatoria”.

Para ilustrar lo explicitado cuenta la siguiente viñeta: “Una joven ha regalado a cierto hombre una primera inclinación impulsiva, y cree firmemente [con plena convicción, digamos] ser correspondida. Está, de hecho, en un error; el joven tiene otro motivo para frecuentar la casa familiar. Los desengaños no tardan en llegar [sin embargo se las arregla para conservar su creencia]. Por fin, con la máxima tensión, lo espera para un día prefijado, el día de un festejo familiar. [….] Pasados ya todos los trenes en que podía haber llegado, ella se vuelca de pronto a una confusión alucinatoria. El ha llegado, oye su voz en el jardín, se apresura a bajar, con su vestido de noche, para recibirlo. Desde entonces, y por dos meses, vive un dichoso ensueño, cuyo contenido es: él está ahí, anda en derredor de ella, todo está como antes de los desengaños, de los que laboriosamente se defendía. […..]

[…..] el contenido de una psicosis alucinatoria como esta consiste justamente en realzar [ realizar, podríamos decir nosotros, lo que sólo fue mera creencia?] aquella representación que estuvo amenazada por la ocasión [real o del orden de la realidad] a raíz de la cual sobrevino la enfermedad. Así, es lícito decir que el yo se ha defendido de la representación insoportable mediante el refugio en la psicosis”.

Freud dirá que en este caso está en juego una predisposición patológica de grado más alto que acaso se la pueda circunscribir de la siguiente manera:

“El yo se arranca de la representación insoportable [El no corresponde para nada su amor] pero esta se entrama, de manera inseparable, con un fragmento de la realidad objetiva” [ No ha venido a pedir su mano]. “Esta última es a mi juicio, [dirá Freud],  la condición bajo la cual se imparte a las representaciones propias una vividez alucinatoria, y de esta suerte, tras una defensa exitosamente lograda, la persona cae en confusión alucinatoria”.

En el segundo artículo –“Nuevas puntualizaciones a las neuropsicosis de defensa”- de 1896,  Freud profundiza el análisis de la naturaleza y los mecanismos intervinientes en la producción de la histeria y la neurosis obsesiva, en particular la idea de que lo traumático es la reanimación inconsciente del recuerdo del trauma infantil y la consideración de la especificidad de la operación defensiva, en cada caso, como el elemento decisivo para la caracterización del proceso psíquico en las neurosis mencionadas.

En el apartado III presenta el caso de una mujer de 32 años aquejada de paranoia crónica. Luego de describir una serie de síntomas que se fueron dando a conocer en el trabajo de análisis Freud agrega: “También la paciente, que vivía en una pequeña localidad, no se trataba con nadie y se creía despreciada por los vecinos”. Ahora bien, dice Freud seguidamente, “esta desconfianza hacia sus vecinos tenía un fundamento real: al comienzo se vio constreñida a conformarse con una vivienda muy pequeña que compartía con su marido, la pared de cuyo dormitorio, a la cual estaba arrimada la cama matrimonial, era contigua a una habitación de la casa vecina. En los comienzos de su vida conyugal esto despertó en ella […..] una gran aversión sexual. Estaba siempre temerosa de que los vecinos pudieran oir palabras y ruidos a través de la pared medianera y esta vergüenza se mudó en un sentimiento de enojo hacia los vecinos (proyección mediante)”. Esto a su vez pudo ser reconducido a escenas  de desnudez compartida con su hermano varón, reiteradas  durante algunos años de su infancia.

Si vamos ahora al artículo titulado “Neurosis y psicosis” escrito a finales de 1923 y publicado a comienzos de 1924,  encontramos al yo, en posición intermedia, entre el mundo exterior y el ello, intentando acatar simultáneamente la voluntad de todos sus amos.

Freud va a plantear que hay un distinto proceso psíquico de génesis entre neurosis y psicosis. La neurosis es el resultado de un conflicto entre el yo y su ello, en tanto que la psicosis es el desenlace análogo de una similar perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior.

El su de “su ello” parece hacerle lugar a lo teorizado en “El yo y el ello” donde Freud enraiza al yo en el ello del cual procedería por diferenciación, que estaría comandada por esa más neta exterioridad que constituyen las exigencias del mundo exterior o su traducción al interior del aparato.

Como seguidamente dirá que neurosis y psicosis son generadas por los conflictos del yo con las distintas instancias que lo gobiernan, podemos inferir que incluye como una instancia al mundo exterior.

Las neurosis de transferencia se generan porque el yo no quiere acoger ni dar trámite motor a una moción pulsional pujante en el ello, o le impugna el objeto que tiene por meta.  El yo se defiende de tal moción mediante represión.

Pero en la neurosis lo reprimido, cursando por otros caminos, que quedan fuera de la influencia del yo, consigue una subrogación sustitutiva, que impone al yo, por la vía del compromiso, el síntoma. Este intruso (el síntoma) amenaza  y menoscaba la unicidad del yo. Proseguirá, entonces, la lucha defensiva con el síntoma, tal como antes se había defendido de la moción pulsional originaria, dando de este modo lugar al cuadro de la neurosis. Se puede decir que el yo, al emprender la represión, obedece a su superyó, que tiene su origen en las influencias del mundo exterior real, que encontró subrogación en el superyó. Las demandas de estos poderes se muestran más fuertes en el yo que las exigencias pulsionales del ello. Es el yo el que ejecuta la represión de ese fragmento del ello y la asegura a través de la contrainvestidura de la resistencia. Por lo tanto el yo entró en conflicto con el ello al servicio del superyó y de la realidad: esto vale para toda neurosis de transferencia.

Distinguiendo de estas a la psicosis , Freud vuelve a considerar a  la amentia de Meynert (confusión alucinatoria aguda), que nuevamente aparece como modelo de la reacción psicótica, en la cual el mundo  exterior no es percibido de ningún modo, o bien su percepción carece de toda eficacia.

Normalmente, dirá, el mundo exterior gobierna al ello por dos caminos: por las percepciones actuales, de las que siempre se pueden obtener otras nuevas. También por el tesoro mnémico de percepciones anteriores que forman un patrimonio  componente del yo. En la amentia se rehusa admitir nuevas percepciones. También se resta valor psíquico (investidura) al mundo interior que subrogaba al mundo exterior como su representación.

De tal forma que el yo se crea soberanamente un nuevo mundo exterior e interior.

Este nuevo mundo se edifica en el sentido de las mociones del ello, y el motivo de esta ruptura con el mundo exterior fue un grave rehusamiento de un deseo por parte de la realidad, una frustración (Versagung) que pareció insoportable.

Habría un estrecho parentesco entre esta psicosis y el sueño normal. Dado que la condición del soñar es el estado del dormir que presupone el pleno extrañamiento entre percepción y mundo exterior.

[La comparación con el sueño permite pensar que la función de la percepción que opera como el registro de los real, es puesta al servicio de la marcha regrediente del aparato que se orienta hacia el polo alucinatorio, a contrario de la marcha progrediente que se regula por el principio de realidad].

En la Esquizofrenia tenemos una apatía afectiva con pérdida de toda participación en el mundo exterior. El delirio se presenta como parche colocado en el lugar donde originariamente se produjo una desgarradura en el vínculo del yo con el mundo exterior.

Freud dirá que la etiología común para el estallido de neurosis y psicosis es la frustración, el no cumplimiento de un deseo de la infancia. La frustración siempre es, en último fundamento, una frustración exterior [Un rehusamiento por parte del mundo exterior]. En el caso individual puede partir de aquella instancia dentro del superyó que ha asumido la subrogación del reclamo de la realidad.

El efecto patógeno depende de lo que haga el yo cuando está tomado por el conflicto: si permanece fiel a su vasallaje hacia el MUNDO EXTERIOR y procura sujetar al ello, o si es avasallado por el ello y se deja arrancar de la realidad.

Todo esto, sin embargo,  se complica, apuntará Freud, porque el superyó reune en sí influjos del mundo exterior y del ello. Por otra parte hay afecciones en cuya base se encuentra el conflicto entre yo y superyó.  Cuyo ejemplo paradigmático sería la melancolía.

Por último tenemos el artículo “La perdida de la realidad en la neurosis y la psicosis” (1924)

Freud mencionará [refiriéndose al artículo que comenté anteriormente] que hace poco indicó que: en la neurosis el yo, en vasallaje a la realidad, sofoca un fragmento del ello (de la vida pulsional). En la psicosis, el yo, al servicio del ello, se retira de un fragmento de la realidad (realitat: contenido objetivo). Lo decisivo para la neurosis, entonces: la hiperpotencia del influjo objetivo (Real influsses). Para la psicosis la hiperpotencia del ello.

Sin embargo, agregará Freud, cada neurosis perturba de algún modo el nexo del neurótico con la realidad. Es también un modo de retirarse de esta. En un primer momento el yo emprende la represión de una moción pulsional. Esta no es todavía la neurosis misma. La neurosis asienta en el segundo momento, es decir la reacción contra el fracaso  de la represión, el retorno de lo reprimido y la formación de síntoma.

De este segundo paso depende la perturbación en el nexo con la realidad.

Y que es esa perturbación  en el nexo con la realidad?  Lo que ocurre es que acontece una  perdida de realidad que atañe al fragmento de ésta a causa de cuya demanda  o exigencia se produjo la represión.

Para ejemplificar recurre al caso –presente en su propia clínica-  de la muchacha enamorada de su cuñado, que frente al lecho de muerte de su hermana fue conmovida por la siguiente idea: “Ahora el queda libre y puede casarse contigo”.

[Es interesante que diga “contigo”, como si la idea fuera de un tercero y no de ella misma, dado que en ese caso debiera decir “conmigo”. Así que la idea irrumpe pero ya ahí está operando la defensa, al menos parcialmente, y nos permite decir, creo, siguiendo en esto también a Freud, que ahí la muerte de la hermana produjo  un levantamiento parcial de lo reprimido sin que se produzca su aceptación. En ese lugar no puede decir yo.  En “Estudios sobre la histeria”, donde se ocupa extensamente de este caso, dice  que se produjo el surgimiento de un “pensamiento otro”]

La escena se olvidó en el acto, y se inició el  proceso de regresión que llevó a los dolores histéricos.

La neurosis desvaloriza , dice Freud,  la alteración objetiva [ la realidad se volvió otra de lo que era] reprimiendo [o manteniendo en la represión?]  la exigencia pulsional en cuestión (amor por el cuñado). [La escena olvidada, represión mediante, es toda la situación: ella frente a su hermana muerta y visitada por el pensamiento mencionado. La alteración objetiva es la muerte de la hermana, y el cambio en el estatuto civil del cuñado que lo habilita para volver a casarse. Desvalorizar la alteración objetiva quiere decir que queda despojada del sentido que podría tener para ella esa alteración en relación al reprimido amor por el cuñado].

Se puede decir que en ese pensamiento que sobreviene a la paciente frente al cadáver de su hermana convergen dos niveles de realidad irreductibles entre sí. Ese pensamiento refiere a una consecuencia efectiva que se deduce de la realidad de la muerte de su hermana. Pero al mismo tiempo ese pensamiento constituye un retoño del inconsciente reprimido y como tal alude a la singularidad de la realidad psíquica ahí en juego. Dicho de otro modo, es un representante del mundo y de la realidad psíquica. Dos dimensiones de la exterioridad respecto al yo.

Ahí mismo Freud dirá que la reacción psicótica habría sido desmentir el hecho de la muerte de la hermana.

Por lo tanto habría que diferenciar entre la actitud neurótica que da acogimiento al hecho pero elude sacar las consecuencias que se derivan del mismo y que se articulan con el deseo Icc.  Y la actitud psicótica que intenta anular el acontecimiento como si la muerte misma no hubiera ocurrido. Dos maneras bien diferentes de lidiar con la realidad. La neurosis limitaba al ello a expensas del vínculo con lo real. La psicosis en su segundo paso quiere compensar la pérdida de realidad, pero no a expensas de una limitación del ello; lo hace creando una realidad nueva, que ya no ofrece el mismo motivo de escándalo que la abandonada.

En la neurosis se evita (huida) un fragmento de la realidad. En la psicosis se lo reconstruye. Es decir, a la huida inicial sigue una fase activa de reconstrucción.

En la neurosis, la obediencia inicial es seguida por el posterior intento de huida. En la psicosis el remodelamiento de la realidad tiene lugar en los sedimentos psíquicos de los vínculos con ella (huellas anémicas). Es decir las representaciones y los juicios que se habían obtenido de ella hasta ese momento y por los cuales era subrogada en el interior de la vida anímica.

En la psicosis el fragmento de realidad rechazado se va imponiendo cada vez más a la vida anímica, como en la neurosis la moción reprimida. [Esto quiere decir que no hay desmentido que anule efectivamente la realidad (la hermana seguirá muerta) aún cuando el sujeto se comporte como si el acontecimiento no hubiera ocurrido y esa será su manera extrema de defenderse de la radical afectación que su efectiva ocurrencia tiene para su economía psíquica].

“La neurosis se conforma con evitar el fragmento de realidad correspondiente y protegerse del encuentro con él. Pero se las arregla para sustituirlo por uno acorde a deseo a través del mundo de la fantasía, ámbito segregado del mundo exterior real por la instauración del principio de realidad, y que de ese modo quedó liberado, a la manera de una reserva, de los reclamos de la necesidad de la vida. [Si fue segregado es porque originariamente lo que después se llamará mundo exterior real y mundo de fantasía estaban entremezclados y ocupaban el mismo locus] De este mundo de fantasía toma la neurosis el material para sus neoformaciones de deseo, y comúnmente lo halla, por el camino de la regresión [marcha regrediente del aparato], en una prehistoria real más satisfactoria”.

“El mundo de la fantasía también constituye en la psicosis la cámara del tesoro donde se recoge el material o el modelo para edificar la nueva realidad. Pero el nuevo mundo exterior fantástico de la psicosis quiere reemplazar a la realidad exterior. El de la neurosis gusta apuntalarse-como el juego de los niños- en un fragmento de  la realidad –diverso de aquel del cual fue preciso defenderse- al que le presta un significado particular y un sentido secreto, que, de manera no siempre del todo acertada, llamamos simbólico”

Así, para ambas –neurosis y psicosis-, no sólo cuenta el problema de la pérdida de realidad, sino el de un sustituto de realidad.

Si atendemos lo anterior vemos que tenemos tres dimensiones o tres términos en juego: la realidad psíquica (deseo Icc), el mundo fantasmático y la realidad llamada por Freud realidad material. Concluyendo, provisionalmente, se puede decir que, para Freud la realidad siempre se hace presente de alguna manera. Claro está que a los fines de nuestra práctica clínica nos importan todas esas presencias de  la realidad en su intervención respecto al funcionamiento del aparato psíquico, lo que significa atender a la singularidad de la  realidad psíquica y a la constitución fantasmática que se articula en la misma.

Incluyo algunas consideraciones sobre la triple perspectiva sobre lo histórico desarrollada por Freud en “Moisés y la religión monoteísta”:

En la edición de Amorrortu encontramos que Etcheverry traduce GESCHICHTE por acontecer histórico: es la historia real y objetiva. Creo que quiere decir que ese acontecer histórico es lo  que efectivamente ocurrió, independientemente de la voluntad, de la representación y de la valoración que, los hombres involucrados en ese proceso, hicieron del mismo.

 A HISTORIE lo traduce por historia conjetural, la historia reconstruida llenando las lagunas de nuestras noticias mediante razonamientos analógicos fundados en la experiencia.  Me parece que esta historia conjetural puede aludir a distintas vertientes del relato histórico. La llamada historiografía y su investigación metódica basada en lo que considera como documentos, También la historia oral que suele privilegiar la recolección de relatos de esta índole pero los somete a un trabajo de recomposición, interrelación y comparación, para finalmente armar su propia versión histórica sobre esa base.  La tradición oral que puede ir pasando de generación en generación, con todas las alteraciones y dislocaciones que esto suele implicar, en función de las constricciones  socioculturales que operan diferencialmente para cada posición social y en cada época.. Podríamos suponer que hay otras modalidades que pueden quedar subsumidas en las noción de Historie o historia conjetural.

HISTORISCH: sería lo histórico vivencial, la historia como ocurrió para los hombres en cada caso.

Implica diferenciar la historia como nexo causal objetivo de la historia vivída. Es el acontecer histórico tal como este fue recepcionado, interpretado, representado, padecido, por quienes fueron contemporáneos de ese proceso y por ende estuvieron implicados, más o menos directamente, de diversas maneras en el mismo.

En el “Moisés……” la reconstrucción que Freud se propone intenta sacar a luz el núcleo de verdad histórico-vivencial (HISTORISH) que  habría tras las sagas que refieren a la figura del héroe y su relación con el pueblo judío.

El equivalente en el plano individual “sería pesquisar tras la novela familiar del neurótico las situaciones de rivalidad y desengaño efectivamente vividas por el niño y que se trasponen desfiguradamente en el sueño y en el cuento tradicional constituyendo la llamada novela familiar”.

Cito dos fragmentos del texto donde, entre otros, creo que se puede apuntalar la perspectiva que suscribo:

En la pág. 32 refiriéndose al relato bíblico sobre Moisés y el éxodo lo califica como una pieza de ficción en la cual ha sido refundida una tradición remota al servicio de ciertas tendencias. Dice que desconocemos la letra originaria de esa tradición y que sería bueno colegir las tendencias desfiguradotas pero la ignorancia de los procesos históricos vividos (HISTORISCH) nos deja a oscuras. Infiero que quiere decir que aquellas personas o grupos que operaron las sucesivas desfiguraciones estaban condicionados en el ejercicio de las mismas por su inmersión vivencial en el proceso histórico y desde esa localización obraron tendenciosamente.

Más adelante, en la pág. 37,  refiriéndose a las diversas estirpes que confluyeron para formar el pueblo judío, plantea que la mayor diferencia en el seno de ese agrupamiento es entre quienes hubieron vivenciado o no la estadía en Egipto. “Visto así la nación procedía de la reunión entre dos elementos y en consonancia con ese hecho se sitúa su separación, tras un breve período de unidad política, en dos fragmentos: el reino de Israel y el de Judea”. Y agrega: “el acontecer histórico (GESCHICHTE) ama tales restauraciones en que se deshacen fusiones tardías y anteriores divorcios salen de nuevo a la luz. […..] la posterior separación no puede haber dejado de entramarse con la soldadura anterior”.

Por último, me parece muy interesante considerar la posición que Freud asume respecto a lo verosímil, noción sobre la que intercambiamos en una reunión anterior.

Dice: “ninguna verosimilitud por seductora que sea resguarda del error. Aunque todas las partes de un problema parezcan ordenarse como las piezas de un rompecabezas, debiera tenerse en cuenta que lo verosímil no necesariamente es lo verdadero y la verdad no siempre es verosímil.

No habría que regodearse en el juego de la propia agudeza sin importar cuán ajena a la realidad efectiva puede ser nuestra tesis”

 

Bibliografía

S. Freud, “Estudios sobre la Histeria (Breuer y Freud), cap. 2 , Obras Completas, V. II,

Amorrortu Editores.

S. Freud, “Las neuropsicosis de defensa”, O. C., V III, Amorrortu Editores.

S. Freud, “Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”, O. C., V III,

Amorrortu Editores.

S. Freud, “Neurosis y Psicosis”, O. C., V XIX, Amorrortu Editores.

S. Freud, “La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis”, O. C., V XIX, Amorrortu Editores.

S. Freud, “Moisés y la religión monoteísta”, O. C., V XXIII, Amorrortu Editores.