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La simbolización como proceso. Implicancias para la clínica


Publicada el 01/01/2010 por Hilda Alonso





En la Mesa Inaugural al trabajo del año, al hablar de simbolización, se coincidió ante todo en la complejidad que el término implica, señalándose también la amplitud del mismo en cuanto a su incumbencia en distintas áreas del saber humano.

 Si bien la idea es – creo- más allá de la riqueza que supone el intercambio con distintos "saberes" marcar en éste, como en otros temas, su especificidad desde el punto de vista psicoanalítico, algunas cuestiones básicas decantaron en torno a su conceptualización en ese primer acercamiento, compartido por la literatura, la antropología, la sociología, el psicoanálisis:
 
-         por un lado, la posibilidad de encararlo poniendo el acento en "producciones" ya conformadas y, en cierto modo, compartidas: los símbolos, que en tanto ya dados aparecen como coagulados. Aquellos que podríamos encontrar incluso en "Diccionarios de símbolos" y que en el campo psicoanalítico aparece ligado a uno de los aspectos más cuestionados de la obra freudiana: la simbólica, que convertiría la interpretación en develamiento de un sentido preexistente.
 
-         por otro, la simbolización como posibilidad de producción: como sustantivo proveniente de un verbo que al decir de Noé Jitrik es performativo, designando la capacidad del ser humano que es en realidad la que lo define como tal. Conceptualización que, en el quehacer psicoanalítico permitirá concebir la interpretación como construcción de sentido.
 
 
De modo que, ya sea en el campo más amplio de la cultura como en el específico del psicoanálisis, se plantea esta primera diferenciación entre simbolo (simbólica) y simbolización. En el segundo sentido y dentro nuestro campo, se ubica la simbolización como proceso.
En los encuentros anteriores se marcó el origen etimológico de los términos, en apoyo de tal diferenciación, aspecto en el que no redundaré. Una sola mención, del Diccionario de Psicoanálisis de Roudinesco: al definir lo Simbólico (dentro de la conceptualización lacaniana de los tres registros), concluye: "el sujeto puede referirse a ese sistema, consciente e inconscientemente, cuando ejerce su facultad de simbolización".
 La simbolización, como proceso característico del pensamie,nto del pensamiento humano, diferente de la simbólica y diferente también del concepto de simbólico en Lacan, .
       Aún realizando cierto forzamiento creo que se puede tomar incluso, del artículo de Jones donde expone su teoría del simbolismo, y que fue motivo de otra de nuestras reuniones recientes, una idea en relación con esto: la posibilidad de progresión. Cuando en el punto introductorio se refiere "a dos procesos en el progreso de la mente humana", si bien él la ubica dentro del contexto filogenético, podría aplicarse al individuo: uno de esos procesos "la transferencia del interés, de las ideas primeras, más simples y primitivas, hacia otras, más difíciles y complejas, las que en cierto modo son continuaciones de la anterior y la simbolizan" .
 
 
 
LA SIMBOLIZACIÓN COMO PROCESO:
 
 
 Comenzado a definir el campo, la consideración de la simbolización  en Psicoanálisis presenta problemas múltiples: como dijimos, por la amplitud del tema – abordado desde distintas conceptualizaciones- y porque aún después de ubicarlo dentro de un marco referencial, nos enfrentamos a su complejidad: la simbolización no constituye un proceso de correspondencia biunívoco, sino que supone la existencia de cadenas múltiples entre símbolo y simbolizado.
 Si tratamos de sesgarlo , de acercarnos desde cierto ángulo, puede resultar    fecunda la propuesta de trabajo. De lo contrario corremos el riesgo de perder su operatividad como concepto. Como dijo Silvia Bleichmar en la Mesa inaugural: "hay un exceso de la palabra simbolización en Psicoanálisis" .
 
Elijo entonces un sesgo: el de tomar   conceptos de autores que me sirven para pensar el trabajo con el paciente, tanto en la apreciación diagnóstica -para el establecimiento de estrategias de intervención- como en   el devenir mismo del proceso de análisis.
 
 Y en tanto la clínica ofrece un interés doble, como alivio del sufrimiento - ya sea por levantamiento de represión, o por producción de algo nuevo- o como campo de investigación a partir de aquello que se plantea como interrogante, en ambos campos podemos ocuparnos de la simbolización: destrabando o facilitando condiciones para su puesta en marcha en el primero, profundizando las posibilidades de desarrollo teórico en el segundo. En ambos campos ubico la simbolización como proceso o trabajo psíquico.
 
 Laplanche (1980), al diferenciar el concepto de simbólica como "sistema de símbolos fijos, transindividuales, incluso trasculturales, especie de léxico universal", del de  símbolo, como aquello que representa "no sólo algo ausente, sino algo reprimido", a través de conexiones múltiples con lo simbolizado, y del de simbolización , se refiere a ésta   como un "proceso que implica una dimensión, una discordancia temporal".
 Se subraya así – al retomar una primera formulación freudiana del síntoma como símbolo- una diferencia que parece útil, ya que permite proponer el proceso de simbolización como apertura, que implica siempre cierta relación de ambigüedad, frente al carácter coagulado del síntoma, plurideterminado pero enclavado, fijado, sin posibilidad de circulación: "monumento aislado, de cierto acontecimiento traumático que perpetúa, pero que al mismo tiempo esclerosa y aisla del conjunto de la vida psíquica", según la definición freudiana en sus trabajos sobre la histeria.
 En el caso de la simbolización, en cambio, parece abrirse la posibilidad de elaboración y tramitación de lo traumático, porque se pone en marcha un proceso dinámico.
Cito: "Sospechamos que hay en la discordancia temporal, o, a la inversa, en la proximidad excesiva en el tiempo y en el sentido entre lo que es simbolizado y su símbolo, incluso en la coincidencia del fantasma y del símbolo, un elemento determinante para el resultado del proceso, que hace que en un caso tengamos progreso, simbolización, incluso sublimación, y síntoma en el otro caso".
 
La simbolización, entonces, como proceso a construir en la clínica, y como proceso en sí , inherente al nacimiento y desarrollo del pensamiento (pensamiento en el sentido amplio de funcionamiento psíquico) que se desvirtúa en el terreno de la patología llevando a la producción de un símbolo coagulado, que obtura, y que fuera de ella es condición de motor y desarrollo, con nuevas posibilidades en la trama simbolizante.
 En relación a este proceso, Laplanche propone diferenciar, en las fobias infantiles, aquellas que expresan una patología neurótica, de otras que debieran ser consideradas como hitos del desarrollo simbólico, como intentos de ligar la angustia que, mas que al plano psicopatológico, corresponderían a momentos de estructuración del aparato. Ligazón de la angustia pero también desplazamiento de contenidos psíquicos,   lo cual permite pensar en la posibilidad de acercarnos al conocimiento de los distintos niveles de simbolización en la tramitación de un conflicto nuclear, justamente a través de "productos simbólicos".
 
 Porque ¿ cómo podemos conocer algo de la simbolización como proceso? Sólo es posible establecer inferencias a partir de aquello que es expresión o producción simbólica. Producción simbólica, entonces, distinta del símbolo en el sentido aludido ( de fijación, de síntoma)
 En cuanto proceso, se establece cierta relación entre posibilidad de simbolización y temporalidad: repetición en el caso del síntoma ( como simbolización que se coagula) y apertura en el caso de procesos de simbolización , como posibilidad de simbolizaciones sucesivas. A éstas últimas Laplanche las denomina "simbolizaciones abiertas, o de pasaje". Creo que podemos   establecer aquí una relación con lo que Silvia Bleichmar denomina "simbolizaciones de transición" en el trabajo con el paciente ( si bien en ese caso las ofrece el analista), considerando la simbolización como la posibilidad de ligadura.
 
 
   La diferenciación anterior permite pensar que si el retorno de lo reprimido en el síntoma tiene que ver con un fracaso de la represión y algo se expresa rígidamente en él, la existencia de simbolizaciones abiertas (diferentes, " más cerca o más lejos" de la barrera de la represión), hablará en cambio de otro tipo de movilidad psíquica: la posibilidad de encontrar distintas vías o caminos para aquello que, originariamente y secundariamente reprimido, pueda enriquecer y nutrir, todo proceso de apertura a lo nuevo, en un contínuo juego de retranscripciones y resignificaciones, que expresan que algo se modifica. Esto es lo que a veces se puede ver en la clínica, en ciertos materiales de pacientes a lo largo del tratamiento, movimiento que opino se acerca a las nociones winicottianas de espacio lúdico, y que hasta suele implicar cierto goce estético.
A la plurivalencia del contenido y a la posibilidad de asunción subjetiva se agrega la posibilidad de modificación .
 
 Cuando, por otra parte, en la patología, el problema consiste no tanto en el retorno de lo que fue reprimido, sino en las fallas en la instalación de dicho proceso, el material muestra mayor aproximación a los contenidos originarios, más cercano a la pulsión: más transparente en su contenido y con ciertas características del afecto concomitante, más cercano a la angustia.
 
 En una estructura psíquica donde la función estructurante de la represión resulta exitosa, la posibilidad de conexiones asociativas, de trama simbólica "asegura" una distancia "suficiente" de los contenidos originales.
Esto da lugar -lejos de empobrecer con una tabicación rígida- a una producción más fluida, permitiendo observar además tanto   en el caso de las asociaciones en el análisis de los sueños, o de los hechos de la vigilia, como de las secuencias de juego o ( cito diferentes órdenes de producción)en las técnicas proyectivas, cierta tonalidad afectiva placentera en el proceso mismo de producción.
   Al funcionar los diques -que separan pero con cierta permeabilidad, dado que el desarrollo de la trama simbólica-simbolizante asegura dicha distancia- el aparato psíquico puede tolerar, con menor nivel de excitación y angustia, la emergencia de ciertas representaciones. Y estas representaciones coexistirían, sin suprimirlos, con los contenidos originales, puesto que se trata de distintos niveles. Aunque lo dice al referirse a la angustia de castración, yo tomaría acá la idea de Laplanche de "sucesión de niveles, tentativas de simbolización de una angustia que seguiría siendo la misma"
 
Se trata de la posibilidad de pasaje a través de simbolizaciones sucesivas, como "un recorrido" inherente a la constitución de la tópica. No obstante, nunca podríamos hablar de simbolización como algo definitiva y totalmente logrado, sino con las fallas inevitables que tienen que ver con la estructuración de lo humano como ser deseante.
 
 
 Cuando hace un tiempo presenté en el espacio de los Jueves clínicos un material, recuerdo que lo elegí porque pensé que podía verse en él, de modo privilegiado – en un proceso- la expresión "reiterada pero distinta" de la problemática fundamental (en ese sentido lo de reiterada), que se iba expresando en diferente nivel: insistencia ya no como repetición sino como exigencia de trabajo psíquico, lo que permitía pensar también – y tal vez por eso- lo traumático y la posibilidad -necesidad de condiciones  para simbolizarlo.
 Coincidiría con lo que expresa Laplanche ( 1980) al referirse a sueños de contenidos en estado crudo: "queda abierta la posibilidad de considerar la simbolización como un proceso que incluye niveles, siendo el problema, dentro de la sucesión de estos niveles, ver lo que se repite, lo que se traspone, o hasta se importa, incluso se innova." .
 
 
 Considerada de este modo, la simbolización se relaciona con el campo más amplio de la representación, e implica los conceptos de inscripción y retranscripción:
 
 La simbolización se ubica en el campo más amplio de la representación.
 Al referirse al origen de la representación, Silvia Bleichmar (1998) la describe como el residuo de un encuentro con un objeto: inscripción entonces, no del objeto, sino de una experiencia.
Esta propuesta apunta a la complejidad de los contenidos psíquicos, a la vez que pone el acento en la especificidad de la realidad psíquica: lo inscripto pertenece ya a otro orden: "proviene de la cosa del mundo pero no da cuenta de ella, sino de su procesamiento".    Procesamiento que implica la noción de metábola, de recomposición. No es todavía una simbolización – subraya-   pero es condición para que pueda darse.
Podríamos decir que inaugura el proceso. Pero también marca una característica del inconciente : "lo que está inscripto es en sí; cuando se encuentra con el objeto del mundo, avanza y entra en contacto"... ......sólo el discurso puede significarlo, sin lograr capturarlo del todo.   "Siempre algo va a estar escapando, a devenir angustia....De todos modos, a mayor posibilidad de recuperación y transcripción, mayor posibilidad de dominio de la angustia y del sufrimiento".
Ahora bien, ese encuentro con el objeto sexuado que genera un exceso ( lo que se inscribe es del orden de lo no resoluble, lo no apaciguable) marcaría desde el origen la relación entre deseo y producción psíquica. La simbolización como tramitación de algo que tiene que ver con el orden del deseo.
 
 Con respecto a la representación, dice Castoriadis (1975): "Para la psique nada puede existir si no es en el modo de la representación".
 Al proponer su conceptualización del modo de ser del inconciente, afirma: " las representaciones 'separadas' que necesariamente distinguen la lógica de la vigilia están formadas , con toda seguridad, a partir de y en relación, con una cantidad ínfima de representaciones arcaicas que eran para la psique, el mundo, y cuyo largo trabajo de formación del individuo las ha separado a los fines de la existencia despierta" .Ellas nos remiten a su vez al enigma de un representar-representación originario.
 
 Distintos sistemas, distintas legalidades, representaciones concientes y representaciones inconcientes. El inconciente no como caos , pero irreductible a la lógica del proceso secundario. Dice: "Del material esencial del inconciente – la representación- siempre que nos mantengamos en nuestra lógica habitual, nada podemos decir". Pero más adelante agrega: "Es verdad que hablamos de la representación ¿ cómo podríamos no hablar? Y lo que de ella decimos no es totalmente inútil . Pero para hacerlo nos valemos de fragmentos de la representación , a los cuales adherimos términos del lenguaje.......".
   Destaco estas formulaciones - dadas por el autor en el contexto de la polémica con la concepción lacaniana-   porque apuntan a un aspecto que incumbe,   a nuestro tema: la riqueza y exuberancia de lo inconciente (del que sólo conocemos fragmentos a través de producciones), que lo llevarán a priorizar -al referirse al trabajo de asociación- el término de transformación sobre el de revelación y a subrayar la noción freudiana de inacabamiento de la interpretación de sentido ( referido a los sueños pero que se puede extender a todo trabajo de interpretación). Asimismo, el hecho que en tanto no hay en el inconciente, ni índice de realidad ni representación de palabras en tanto tales, tampoco puede haber simbolismo o algo simbólico.
 
Hay otros aspectos que quisiera destacar de sus formulaciones:
 - la diferencia entre producciones ligadas a lo que él llama actividad fantasmática segunda
 (inconciente o conciente, como el ensueño diurno), y la imaginación radical ( actividad de la psique como modo originario de ser).
 - el concepto de remisión: al referirse a la representación en general ( conciente o   inconciente) señala que entre las representaciones existen distintas clases de relaciones pero la que siempre está presente es la de remisión : "toda representación remite a otras representaciones" en el sentido que "las engendra o las hace surgir..."
 - lo imaginario como condición de pensamiento : lo imaginario dando origen a los esquemas y figuras , pero que sólo se estabilizan ( estabilización sin la cual no habría pensamiento) cuando se organizan en los signos del lenguaje("permitiendo aprehender cosas como no-cosas") .
 
 Podríamos formular que nuestro trabajo con producciones simbólicas - que tienen relación con la fantasmática segunda- apuntará, en la neurosis, a acompañar un proceso que, más que a puntos de llegada, dé posibilidad a nuevos puntos de partida. Es decir, que la deconstrucción dé paso a construcciones distintas.
 Cuando en cambio se trata de pacientes más graves o de aspectos que no alcanzaron el estatuto de la represión en pacientes neuróticos, se tratará de establecer condiciones para el establecimiento del proceso: aquello que podríamos denominar como posibilidad de estabilización en términos de Castoriadis, o de ligadura.
 
 
 Como dijimos, la consideración de la simbolización como proceso, implica también el concepto freudiano de retranscripción:
 
En una reunión anterior se realizó un recorrido teórico que incluyó nociones del Proyecto: las neuronas como "lugares" ( de percepción, de pasaje, de ligazón) por las que circula la energía. Como se dijo, esos topos del Proyecto pueden ser asimilables a la representación, y la cantidad al quantum de afecto.
 
En la Carta 52 (1896), a la noción de pasaje se aúna la de retranscripción , como "estratificación sucesiva...reordenamiento según nuevos nexos" sobre el material de huellas mnémicas preexistentes, donde "cada reescritura   posterior inhibe a la anterior y desvía de ella el proceso excitatorio". De las vicisitudes de este proceso, devendrá una defensa normal, una defensa patológica o una compulsión.
 Desde el signo de percepción entonces - tipo de representación que pertenece a lo arcaico ( en el sentido de lo no ligado ni ligable) – a la posibilidad de recomposiciones sucesivas, metabólicas, en el sentido de metábola trabajado por S. Bleichmar : desde aquello que todavía no es   simbolización pero marca su posibilidad, como punto inaugural de un proceso, hasta alcanzar su especificidad con la significación otorgada por el lenguaje.
 
 
A partir de esta concepción, que implica ciertas condiciones en el proceso de retranscripción, en el pasaje de un sistema a otro ¿podríamos hablar de simbolizaciones "primitivas" (no del todo logradas pero distintas del síntoma) diferentes de la simbolización más lograda, o simbolización en sentido estricto? ¿ podríamos pensar las primeras más ligadas a la metonimia, y las segundas a lo metafórico,   y que en la clínica podría relacionarse con la llamada capacidad o posibilidad de insigh?
 Queda enfocado así el tema desde la tópica: desde los primeros niveles de inscripción y metabolización, hasta el pasaje al Preconciente. como condición para hacerse consciente, y que supone niveles de simbolización logrados.
 
 
En un texto llamado "En el camino de la simbolización" ( Casas de Pereda, 1999), la autora llama" llama la atención acerca del Apéndice C de "Lo inconciente", como un punto donde es posible hallar un sentido de articulación en Freud , que estaría más cercano al sentido de la simbolización como proceso.
               Freud ( apéndice referido al problema de las afasias) señala: "La relación que media entre            
               palabra y representación- objeto [1] me parece más merecedora del nombre simbólica que la   
              que media entre objeto y representación –objeto".
               Relación simbólica que difiere del sentido más empobrecedor que aparece en la   
               Simbólica de la Interpretación de los sueños, en tanto no ofrece un sentido ya dado para
               cada símbolo sino que deja abierta la posibilidad de nuevos efectos de sentido. Aunque
               pensado desde un contexto teórico diferente del planteado aquí , creo que resulta
               interesante en tanto pone el acento en el "despegue" con respecto a la cosa propio del  
               trabajo de    simbolización.
 
 
 
 
En Problemáticas III, al inicio del Seminario de la Sublimación, Laplanche (1980) hace el siguiente comentario " en la simbolización lo que es verdaderamente interesante, más que la relación terminal entre la representación de partida y la de llegada es el proceso mismo , el momento de trabajo de la simbolización".
 Proceso a reconstruir o a instalar en la clínica, que implicará momentos de desimbolización, con emergencia de angustia, para abrir otras posibilidades de circulación en el campo de la neurosis, o de recomposición de lo desligado en otro tipo de patologías.

 
 
Bibliografía                                                     
 
Bleichmar, Silvia     Seminario:Pensamiento,Inteligencia, Simbolización ( en prensa) 1998
 
                                 Seminario:Traumatismo y Simbolización( no publicado). Bs As 2000
 
Casas de Pereda, M. En el camino de la simbolización.Paidos, 1999
 
Castoriadis,C.         "La institución imaginaria de la sociedad"T II Cap.VI "El individuo y
                                  Cosa" TusQuets Editores. Bs As,1999
                                 "
Freud, Sigmund     "Fragmentos de la correspondencia con Fliess" Cartas 52
                              "Lo inconciente" Apéndice C
             
Laplanche, Jean      Problemáticas II "Castración. Simbolizaciones". Amorrortu 1988
                                Problemáticas III "La Sublimación" Amorrortu 1983

[1] Según la aclaración de Strachey "representación – objeto" en este texto ( muy anterior al de Lo Inconciente) equivale a "representación-cosa").