• Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Linkedin

El cuerpo erótico y su envoltura. Demarcaciones


Publicada el 19/03/2009 por Alberto Marani





Spinoza decía "No sabemos lo que puede un cuerpo". Esta conocida frase es para Deleuze una provocación, porque los filósofos hablaban de la conciencia, de la voluntad y de las mil maneras de dominar el cuerpo y las pasiones, cuando no sabemos lo que puede un cuerpo. Luego vinieron Nietzche y Freud que se dedicaron con pasión a poner al cuerpo en el centro de sus teorías.

El cuerpo erótico y su envoltura. Demarcaciones. Alberto Marani. Colegio de Psicoanalistas, 19 de marzo de 2009. Spinoza decía "No sabemos lo que puede un cuerpo". Esta conocida frase es para Deleuze una provocación, porque los filósofos hablaban de la conciencia, de la voluntad y de las mil maneras de dominar el cuerpo y las pasiones, cuando no sabemos lo que puede un cuerpo. Luego vinieron Nietzche y Freud que se dedicaron con pasión a poner al cuerpo en el centro de sus teorías. Aquí y ahora me parece innecesario volver a plantear obviedades como la de que el cuerpo no nace erógeno. Sin embargo quiero partir de tres puntualizaciones: 1.    Cuerpo no es soma, desde la perspectiva psicoanalítica. 2.     Sexo no es erotismo. Los animales tienen y actúan el sexo (¡pregúntenle a los conejos!). 3.    El sexo es instintivo; el erotismo es pulsional. El erotismo aloja el sexo. Las llamadas zonas de intercambio son casi inevitablemente erógenas. Concurren en su determinación, por un lado, su rica inervación sensible, prácticamente sin pantallas (semimucosas, a lo sumo), y por otro, las intervenciones de la madre con sus procedimientos higiénicos y con su cariño. Leclaire hablaba por esta razón del "dedo inscriptor de la madre". Como todos saben bien, fue mérito de J. Laplanche exhumar, poner sobre sus pies y actualizar la teoría de la seducción y generalizarla. Para resumirlo con un chiste de Ionesco: "Si tomamos un círculo y lo acariciamos, se transforma en un círculo vicioso". El cuerpo como erógeno, es un shibbolet del Psicoanálisis. Incidentalmente, en él se puede situar la diferencia clave entre Psicoanálisis y Cognitivismo. Esta última teoría no incluye la categoría /cuerpo erógeno/, el cuerpo como fuente productora de síntomas. Por otro lado, es este cuerpo el que determina la emergencia del inconsciente. Porque el inconsciente no existiría sin la erogenización del cuerpo y su consecuencia, la represión. Como le decía Freud a Groddeck en una carta, en 1917: "El Inconsciente es sin duda el verdadero intermediario entre lo somático y lo psíquico, quizás sea el missing link tan buscado" (Correspondencia, p. 39). Inversamente, para el Psicoanálisis, el cuerpo es un medio de conocimiento. Dice Freud en La conquista del fuego: "el hombre primordial, obligado a conocer el mundo exterior con la ayuda de sus propias sensaciones y circunstancias corporales." Como bien muestran ciertas patologías, en condiciones de integridad neurofisiológica y estructural, sin erogenización no hay contacto con el mundo, particularmente el constituido por los semejantes, que permita recoger la información para su procesamiento significativo (es decir, para transformar la información en significación). Por otro lado, las elaboradas disquisiciones de Freud en el Proyecto de psicología respecto del juicio nos sitúan sobre esta perspectiva. Sólo para dar unas pocas indicaciones, en su artículo de 1930 sobre "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo", Melanie Klein se apuntalaba en el trabajo de Ferenczi [supongo que en El desarrollo del sentido de realidad y sus estadios, AM], donde sostiene que la identificación precursora del simbolismo surge de las tentativas del niño por reencontrar en todos los objetos sus propios órganos y las funciones de esto." (M. Klein, 1964) Más aun: la elaboración de metáforas de las que nos valemos habitualmente (estudiadas por Lakoff y Johnson en Las metáforas en la vida cotidiana) para representar, conocer e intervenir, derivan casi protagóricamente del cuerpo. Por ejemplo, las llamadas metáforas estructurales, que se refieren a los cambios del humor, toman en consideración un conjunto de informaciones sensoriomotrices, como las variaciones posturales, de la tonicidad muscular y viscerales. Pero antes quiero hablar de otro tema. Las envolturas psíquicas. Quiero incluir en esta presentación lo que considero una dimensión del desarrollo del sujeto de su sexualidad; de los primeros estadios del desarrollo del yo. Me refiero a las llamadas envolturas psíquicas. La investigación original de Didier Anzieu sistematizó descripciones dispersas sobre la piel. Anzieu se niega a tomar partido entre las dos clásicas orientaciones o métodos que inciden en las diferentes corrientes psicoanalíticas. Por un lado, la empirista, pragmática y psicogenética y por el otro la estructuralista. Las toma sin recusar ninguna y las ve como complementarias y en un que puede resultar productivo para la investigación en Psicoanálisis. Ya Winnicott, recuerda Anzieu, lo dicho en 1962, respecto del hadling (no el holding): que, las manos de los cuidados maternos son decisivos en la construcción del yo. "El yo se basa en un Yo corporal, pero solamente cuando todo se realiza adecuadamente la persona del lactante empieza a incorporarse al cuerpo y a las funciones corporales, constituyendo la piel la membrana-frontera" [del yo, agregado mío]; más aun, Winnicott aporta una contraprueba: la despersonalización, que ilustra 'la pérdida de una unión sólida entre el yo y el cuerpo" (La integración del yo en el curso del desarrollo del niño, citado por Anzieu, 2003, p. 42) El antecedente freudiano de las envolturas es el de la vesícula de Más allá del principio del placer. Allí en el nuevo modelo, el aparato psíquico aparece como una envoltura cerrada. Es la primera forma cerrada que retoma en los dos gráficos de Freud: el de El yo y el ello del '23 y en el de La división de la personalidad psíquica, en Nuevas conferencias de introducción (19_), Con una interesante diferencia entre ambos. Freud decía en El Yo y el Ello que el yo es la superficie del aparato y que es proyección de la superficie del cuerpo. Este carácter de envoltura tiene su complejidad, como en general ocurre con las superficies. Piel y cerebro, como estructuras privilegiadas, son dos órganos de superficie (por lo demás, derivados embriológicamente de la misma estructura, el ectodermo). La importancia fisiológica de los límites y las membranas las traslada al aparato psíquico. Y así como toda membrana tiene dos capas, lo mismo ocurre, dice Anzieu, con el aparato psíquico. Dos capas, entonces, una exterior, protectora, y una interna que recoge la información y filtra los intercambios. El yo-piel, dice Anzieu, no es un concepto, sino más bien una "vasta metáfora." Uds. ya habrán reconocido otro importante antecedente freudianos de este modelo: el que describió en La pizarra mágica. La teoría del yo-pie naturalmente tiene antecedentes: Ferenczi, y el psicoanálisis húngaro, que incluye especialmente a Balint,; Paul Federn, y su teoría de las fronteras (variables) del yo; Margaret Mahler (que tiene un continuador derivado de la escuela, muy interesante, Daniel Stern); Frances Tustin; Esther Bick, discípula de Bion y el propio Bion, por supuesto; Piera Aulagnier y su teoría de las inscripciones (el pictograma). ¿Es necesario decir etcétera detesto? Este modelo implica un cambio: pasar del Psicoanálisis atento a los contenidos, al Psicoanálisis atento también a los continentes. Esto implica una serie de reajustes: -    la toma en consideración de las fantasías que se refieren a los continentes, -    la consideración de la llamada pulsión de apego como hipótesis de trabajo. Importada de la etología y especialmente de la observación de bebés, la pulsión de apego complementa a la de apoderamiento (futuro componente de la epistemofílica). Como la de apoderamiento es pulsión de auto-conservación: no es anobjetal, no se satisface nunca de manera autoerótica, busca el apaciguamiento; mientras que las pulsiones sexuales, son perturbadoras y desadaptativas, o más aun, antiadaptativas y antihomeostáticas. Una serie de comprobaciones fundamentan la importancia del contacto: la vital necesidad del contacto más allá de la alimentación y de los cuidados (su contraparte más extrema es el fenómeno del hospitalismo, descripto por Spitz); evidencias que surgen se los tests proyectivos (Rorschach); evidencias de las investigaciones de la etología especialmente con los monitos; (se puede ver algunas de las experiencias de Harlow, en http://www.youtube.com/watch?v=fLrBrk9DXVk. Gracias, Alicia Leone por la información) de la observaciones en los grupos humanos y su ubicación en el espacio; datos que provee la dermatología. El contacto del bebé con el cuerpo de la madre, más las palabras y canciones que ésta le destina, van configurando la posibilidad de construir una envoltura que en primera instancia incluye a la díada, para después diferenciarse. Anzieu define así al yo-piel: "[…]una figuración de la que el niño se sirve, en las fases precoces de su desarrollo, para representarse a sí mismo como Yo que contiene los contenidos psíquicos a partir de su experiencia de superficie del cuerpo. Esto corresponde al momento en que el yo psíquico se diferencia del yo corporal en el plano operativo y permanece confundido con él en el plano figurativo". [El yo-piel, pp. 50 – 51.] Esto se puede ver en el trabajo de Tausk sobre el aparato de influencia, en el que el paciente se reconocía como un yo psíquico, pero no reconocía su yo corporal, al que veía como un aparato destinado a influirlo mediante seducciones y persecuciones. La piel, en los sucesivos trabajos del '74, '84 y 85, va a asumir diferentes funciones. Las primeras tres funciones descriptas son las que cumple: -    Como continente, como saco que contiene y retiene en su interior lo bueno y lo malo que los cuidados y la lactancia y el baño de palabras han acumulado en él; a lo que yo le añadiría todo lo que surge con las pulsiones sexuales y su consecuencia, los fantasmas inconscientes; -    Como deslinde entre adentro y afuera, como interfaz; -    La piel, tan importante como la boca, es un medio primario de comunicación y al mismo tiempo una superficie de inscripción de las huellas que los otros dejan. Posteriormente incluirá otras seis funciones: -    Pantalla de protección anti-estímulos (como en el Proyecto y sobre todo en Más allá; y en El block maravilloso); -     De individuación, por la producción del sentimiento de sentirse único; -    La inter-sensorialidad (la piel permite que se conecten entre sí las sensaciones diversas, que resaltan sobre un fondo sensible táctil); - De sostén de la excitación sexual porque sobre la superficie se distribuyen las zonas erógenas; -    De recarga libidinal por el efecto de las huellas sensoriales táctiles; -    Una función de autodestrucción, al servicio de la pulsión de muerte, en las patologías más graves. Por su origen epidérmico y propioceptivo, el yo podrá establecer barreras y de filtrar los intercambios con el ello, el superyó y el mundo exterior, es decir, también con los otros (ulteriormente serán los mecanismos de defensa). El tacto y el oído son los primeros sentidos que se desarrollan. El tacto es el único órgano que recubre todo el cuerpo y que contiene diferentes receptores (calo, frío, presión, dolor); es el único sentido reflexivo. La superficie de la piel es de 35.000 cm2 en el adulto, y de 18.000 cm 2 en los bebés!; es el órgano más grande y de más peso. Uds. podrán ver cuánta verdad hay en lo que decía P. Valéry, "Lo más profundo del hombre es la piel." Con esta manera de pensar el desarrollo, desde los antecedentes rudimentarios hasta la plenitud tengo una viva afinidad, porque permiten la consideración de las inscripciones materiales producidas en los estadios precoces de los que venimos hablando, con toda la importancia de lo originario, respecto de adquisiciones fundamentales, como -    el desarrollo del lenguaje, el sistema semiótico más complejo hasta ahora; -    el desarrollo de las instancias del aparato, delimitación yo/ello; -    y del sentimiento de ser, que incluye los de ser una unidad y tener un contenido; o, si quieren, de ser un continente con contenidos, con lugares de intercambio discretos y permanentes (con el exterior y con los otros). La importancia del las envolturas se pone de manifiesto en las patologías, en las que pasan a un primer plano las consecuencias de sus alteraciones (señaladamente en el masoquismo, los estados límite, los trastornos narcisistas no psicóticos y por supuesto, las psicosis). Si no las tomamos en consideración, corremos el riesgo de adjudicar a razones exclusivamente libidinales ciertas perturbaciones en las envolturas, con consecuencias en las líneas interpretativas así como en la adecuación del dispositivo analítico. Por ejemplo, dice Anzieu respecto del masoquismo: "El sufrimiento masoquista, antes de ser secundariamente erotizado y de conducir al masoquismo sexual o moral se explica, ante todo, por alteraciones bruscas, repetidas y casi traumáticas, antes de andar, del estadio del espejo y de la palabra, por sobre-estimulaciones y por privaciones del contacto físico con la madre o sus sustitutos y así, también, por satisfacciones y frustraciones de la necesidad de apego" (2003, pp. 51 – 51). Los episodios de injuria sobre la piel también pueden deberse a intervenciones (quirúrgicas o no), que dan origen posteriormente a las formaciones fantasmáticas y a las "patoneurosis" (Ferenczi, 1982). Anzieu tiende a pensar, por ejemplo, que la fantasía subyacente al masoquismo perverso es la del cuerpo desollado, mientras que la fantasía de cuerpo fragmentado se reanima en las psicosis. Uds. recuerdan las dos características decisivas que Freud consideraba específicas del ser humano: la prematuración y el desarrollo de la sexualidad en dos tiempos. Ahora podemos decir, con respecto a ésta última, que incluye: -    un tiempo cero: el de la construcción de las envolturas y el yo ligado a ellas y de la ternura o apego que precede y prepara... -    un primer tiempo: el de la erogenización, -    y un segundo tiempo: el de la irrupción sexual en la pubertad. Tenemos, entonces, al sujeto que convive con tres fuerzas que habitan su cuerpo y su aparato psíquico: 1.    el apego autoconservativo y sus vicisitudes, que le dan contenido y forma (envoltura) al yo por un lado, y por el otro, contenido al inconsciente . 2.    la sexualidad infantil, que será contenido del inconsciente; 3.    la sexualidad instintiva puberal; la sexualidad hormonal. Todo se inicia con la pulsión. La pulsión es desviante; es la madre de todos los infortunios y felicidades que en la vida han de ser. Como bien dice Laplanche, la pulsión desvía el instinto, metaforiza su fin, desplaza e interioriza su objeto, y concentra su fuente en la zona erógena (1973, p. 36). En el autoerotismo rige el placer de órgano; éstos buscan la satisfacción en forma anárquica o autárquica con independencia del todo-cuerpo, o cuerpo totalizado. Los órganos y las zonas erógenas (fuentes), verdaderas provincias autoeróticas, se unifican como nación por el "nuevo acto psíquico", es decir, la totalización como yo. Por inscripción en el entramado naciente de representaciones del objeto primario éste se inscribe en el momento en que se pierde el objeto real y se liga su representación en la fantasía (pecho + fantasías orales) y al mismo tiempo se fija por la represión originaria. Es lo que dice Freud en Tres ensayos: " Cando la primerísima satisfacción sexual estaba todavía conectada con la nutrición, la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio: el pecho materno. Lo perdió sólo más tarde, quizás justo en la época en que el niño pudo formarse la representación global de la persona a quien pertenecía el órgano que le dispensaba satisfacción. Después la pulsión pasa a ser, regularmente, autoerótica, y sólo luego de superado el período de latencia se restablece la relación originaria. No sin buen fundamento el hecho de mamar del niño se vuelve paradigmático para todo vínculo de amor. El hallazgo {encuentro} de objeto es propiamente un reencuentro" (Tres ensayos, pp. 202 -203). Es decir, por un lado, que autoerotismo es placer de órgano, y, por otro, en el autoerotismo hay un repliegue que incluye un fragmento del objeto que será el objeto de la fantasía inconsciente o fantasma. El fantasma es lo que fija a la pulsión en el paso entre autoerotismo y narcisismo. De ahí en más, los fantasmas serán los que le indiquen los caminos del placer sobre el cuerpo del otro y el propio. Sólo quiero dejar indicado que las identificaciones que orientarán la sexualidad –en el sentido, por ejemplo, de hétero u homosexual o ambas- se irán articulando sobre estos fantasmas. Pero el objeto fantasmático introyectado sigue un cierto desarrollo. De la relación exclusiva con el objeto - necesariamente parcial en ese momento-, a un momento ulterior, la secuencia se complejiza. No es lo mismo el pecho introyectado en el momento en que el bebé se desprende del objeto satisfaciente (en el destete, por ejemplo), que el mismo pecho como parte de un guión fantasmático en que se anuda con otras pulsiones: por ej., la pulsión de apego, y la escópica y la sádica entrelazadas . El conflicto psíquico se desarrolla entre el cuerpo pulsional y el yo. El conflicto también se produce entre las instancias. Pero mucho se ha hecho en el sentido de vaciar de contenido corporal concreto al polo productor del conflicto, el que funciona como incitador de esa lucha que, en general en los neuróticos, da lugar a formaciones transaccionales. Ese vaciamiento no era el que dominaba en las primeras generaciones de psicoanalistas. Este movimiento, que produce como resultado marginal el vaciamiento, no es sólo un efecto de la moda, sino el cambio epocal en que los psicoanalistas atendemos a los conflictos vinculados a los problemas del yo con las instancias ideales. Personalmente en el trabajo analítico tomo muy en consideración las manifestaciones expresivas del cuerpo, a las diversas sensaciones de prurito o contractura anal, urgencia de micción, erecciones, movimientos bruscos e involuntarios, humedecimientos y mariposas, sensaciones orales de diferente índole, que son la vía regia a las fantasías actualizadas en transferencia. No es LA meta del trabajo analítico, pero sí una muy importante. El modelo está en los cinco psicoanálisis mayores de Freud, también en los ejemplos clínicos y los sueños, y en el de las primeras generaciones de psicoanalistas por los que (muchos de Uds. lo saben) tengo enorme afinidad. Las fuentes de la satisfacción, también descriptas por Freud dependen: del cumplimiento de las metas ideales, del remanente de de la omnipotencia infantil, de de los vínculos. Observen que la autoestima no depende, en ninguna de estas instancias, aparentemente, de la satisfacción corporal. Aunque, no se si es rebuscado pensar que en la satisfacción producida por los vínculos, el placer del cuerpo está alojado como componente de la búsqueda de la satisfacción pulsional directa, y también en la de de meta inhibida, con los objetos de amor. El cuerpo es también la fuente de pulsiones que por inhibición de la meta, (algo cercano a la sublimación) puede tener un destacado papel en el proceso creativo, tal como describía Freud. Vinculado con el misterioso proceso creador, en los sueños, sus incitaciones se encuentran de manera privilegiada en el cuerpo erógeno y el soma. El cuerpo erógeno es en parte consciente y en parte inconsciente. Y esa inconsciencia se debe a que el sujeto neurótico no quiere saber la verdad de lo que lo excita (por eso Lacan hablaba de la "pasión de la ignorancia"). Tenemos que dar otro paso. En el camino entre el auto al aloerotismo hay una inclusión del Otro: sus prohibiciones, sus actos inconscientes mal reprimidos, sus retornos, que transforman el placer en goce. En el giro que Freud produce en la década del '20 en la teoría pulsional, toma a su cargo bajo la forma de la paradoja, un nuevo conjunto de hipótesis que le permiten iluminar experiencias humanas normales y patológicas, inexplicables hasta ese momento. En la primera teoría pulsional, cuando el Principio de Placer resultaba puesto en jaque por el incremento de la tensión, generaba una repulsa. A partir de la segunda doctrina, puede ocurrir inversamente: que el Principio de Placer, resulte suspendido, y que la meta pase a ser, entonces, no sólo tolerar el incremento de la tensión, sino que éste sea activamente buscado. No estaría mal reencauzar la significación dis-placer; es un placer, sí, pero dis. Aquí el prefijo no marca lo contrario del placer necesariamente, sino un placer dis-tinto, teñido diferentemente (como una discapacidad no es una in-capacidad). ¿Qué es lo contrario del placer? El dis-placer, podemos responder. Un placer con otro signo. "Ni sí, ni no, sino todo lo contrario". No hay un antónimo directo y unívoco del placer, entonces. Porque se da sobre el eje de las intensidades de la sensación. Sobre ese eje, de la ligera excitación placentera, que en el otro extremo de la escala llega al dolor, hay una serie de grados intermedios absolutamente ambiguos, que pueden ser buscados con el propósito de alcanzar mayores intensidades. Una cita de Lacan en que aparece de manera clarísima una categoría central para la segunda teoría pulsional: "¿Qué se nos dice del placer? Que es la menor excitación, lo que hace desaparecer la tensión, la tempera más, por lo tanto aquello que nos detiene necesariamente en un punto de alejamiento, de distancia muy respetuosa del goce. Pues lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta, es siempre del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto [referencia a Bataille, AM], incluso de la hazaña. Incontestablemente, hay goce en el nivel donde comienza a aparecer el dolor , y sabemos que es sólo a ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una dimensión del organismo que de otro modo aparece velada". [...] "¿qué es el deseo? El deseo es de algún modo el punto de compromiso, la escala de la dimensión del goce, en la medida en que en cierto modo permite llevar más lejos el nivel de la barrera del placer." (Lacan, 1966) [cursivas mías]. Deslindar otro campo adyacente nos puede resultar útil para, por contraste, destacar más claramente qué es lo erógeno. Vamos a decir algo respecto de los trastornos llamados psicosomáticos. Psicosomática. Hago una afirmación a modo de hipótesis (que eventualmente abra una línea de investigación): la somatización es lo contrario de la erogenización; el llamado síntoma somático no es propiamente un síntoma, no es una formación transaccional. Es, como diría Silvia Bleichmar, un trastorno. El cuerpo erógeno en coalescencia con el inconsciente, se presta a ser tomado como representante de la pulsión, en las llamadas (por Freud) "formaciones sustitutivas", en que "la carne o la función", como dice Lacan, "es tomada como significante". La carne, en el caso del trastorno somático no es significante, ni símbolo, ni nada de eso. Hay, precisamente un déficit en el montaje pulsional. Por lo tanto, no se pueden conjeturar eslabonamientos causales que contengan una significación reprimida. Eso es lo que hace delirantes (rigurosamente hablando) las interpretaciones de Groddeck o Chiozza) Ejemplos hay muchísimos, algunos de ellos graciosos (efecto explicable con la teoría freudiana del chiste). En la perturbación psicosomática, hay una degradación de la pulsión en algún punto del camino que llevaría a la significación; las significaciones que no llegan a serlo o que no pudieron ser, yacen en el órgano afectado. Es posible que la elección del órgano se produzca por una solicitación o complacencia somática debida a una susceptibilidad o diátesis localizada. El avance del movimiento que debería producir la pulsión en el lugar de deslinde (ver el esquema del Manuscrito "G", Melancolía), no alcanza a la trama o red representacional (el "grupo psíquico" en el Manuscrito) y cae en el cuerpo donde el sufrimiento queda apresado. Se produce una de-subjetivación o mejor dicho, no llega a producirse la subjetivación: no le está permitido ese proceso. Se ahorra el trabajo de inscripción, pero a un costo altíusimo. La pulsión no llega a completarse. No se produce inconsciente. Se ha producido un cortocircuito, y la "ex futura" pulsión desfallece, no llega a su meta ni a su objeto. Se produce una descarga a órgano o en el órgano que queda así afectado. No se no produce la intrincación pulsional (recuerden que el avance del proceso de transformación y ascenso hacia la pulsión desde el interior del cuerpo, a lo largo de las fases -oral, anal y fálica-, implica un creciente enriquecimiento erótico (Freud en Más allá del principio de placer). El sujeto padece el órgano y la relación, metafóricamente hablando, entre el sujeto y su órgano es, en el mejor de los caso, masoquista. Esto puede dar lugar también a lo que Ferenczi llamaba patoneurosis, la neurosis producida a partir de un padecimiento en el órgano, que va a incluir el sufrimiento en una nueva trama de sentido que lo aloja. Erotismo. Quiero dedicar los últimos minutos a algunas puntualizaciones acerca de del erotismo, derivadas de quien quizás sea la figura capital de referencia: Georges Bataille. Georges Bataille (1897 – 1962) está ligado a Lacan no sólo por afinidades teóricas sino también por la circulación de las ideas. Pero también de mujeres. Por lo menos de una. Para Bataille, sólo hay erotismo en el hombre en la medida en que no busca –a diferencia de los animales- la procreación. Hay en el erotismo una búsqueda de fusión. Por esta razón, Bataille dice que hay tres erotismos: el de los cuerpos, el de los corazones y el religioso: en los tres se pretende suturar la discontinuidad. El erotismo es transgresivo. Desafía una interdicción, porque una prohibición no es una imposibilidad: se puede transgredir. Las prohibiciones vinculadas al erotismo son las que apuntan al sexo y a la muerte; ¿se acuerdan de Signorelli? La interdicción recae sobre la libertad sexual. Pero la trasgresión no es libertad, al contrario. Las transgresiones suelen estar bien regladas. Y esas reglas se cumplen escrupulosamente, o por lo menos se pone bastante empeño en respetarlas. La vergüenza y el pudor (la contracara de la obscenidad) son inherentes al erotismo. Y por partida doble y opuesta: tanto generan la inhibición como la exaltación de los impulsos. En el erotismo hay un retorno gozoso a la exploración infantil de los cuerpos. En cada encuentro erótico se reproduce la exaltación, la avidez y la intensidad como eran experimentadas en la infancia. El erotismo, como se puede percibir, es el reino de la paradoja. Su vivencia extrema se produce en la relación pasional, con su característico desenfreno y violencia; en pleno desujetamiento erótico la medalla que en una de sus caras lleva inscripta la vida y en la otra la muerte, es arrojada al aire. Su giro induce en el yo desfalleciente el vértigo de no saber de qué lado caerá, pero deseando que sea del de la vida. Por todo esto, como Uds. pueden ver, tenemos que darle la razón a Bataille: "La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica." BIBLIOGRAFÍA. Anzieu, D.: El yo-piel, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003. Assoun, J-L.: Lecciones psicoanalíticas sobre Cuerpo y síntoma, Ed. Nueva Visión, Bs. As., 1998. Bataille, G.: El erotismo. Tusquets, Barcelona, 1997. Ferenczi, S.: Patoneurosis (1917), Obras Completas, T. II, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1982. Ferenczi, S: El desarrollo del sentido de realidad y sus estadios, OC, IT. , Ed. Espasa- Calpe, Madrid, 1982. Freud, S: Proyecto de psicología para neurólogos, Vol. I Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. Tres ensayos de teoría sexual, Vol. V Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. El creador literario y el fantaseo, Vol. Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. Más allá del principio de placer, Vol. XVIII Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. El yo y el ello, Vol. XIX, Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. La descomposición de la personalidad psíquica, Nuevas conferencias de introducción 31a Conferencia de Introducción al PsicoanálisisVol. XXII. Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. La pizarra mágica, Vol. Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. Sobre la conquista del fuego, Vol. XXII. Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. El problema económico del masoquismo, Vol. XIX, Obras completas, Ed. Amorrortu, Bs. As. Freud/Groddeck: Correspondencia. Ed. Anagrama, Barcelona, 1977 Klein, M.: Contribuciones al Psicoanálisis, Ed . Hormé, Bs. As., 1964) Lacan, J.: Psicoanálisis y medicina (1966), Intervenciones y textos, Ed. Manantial, Bs. As 1985. Laplanche, Jean: Vida y muerte en Psicoanálisis, Ed. Amorrortu, Bs. As.,1973. Laplanche, Jean: Nuevos fundamentos para el psicoanálisis. Ed. Amorrortu, Bs. As.1989.