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El proceso de simbolización en el juego


Publicada el 01/01/2010 por Alfredo Tagle





Las primeras referencias que nos da Freud acerca de la especial atención que presta Juanito a los caballos están relacionadas al tamaño de su hace-pipí y en sintonía a su vez con su curiosidad (anhelo) hacia el cuerpo de la mamá. También compara su propio hace-pipí con el del caballo y éste con el que supone a su mamá.
En los días en que comienza a tomar cuerpo su miedo a los caballos el yo de Juanito esta siendo agitado por el oleaje de un intenso apego a su mamá que lo lleva a ensayar seducciones, pegoteos e intentos de control hacia ella, siendo atacado por ello por el temor y la culpa en relación a su papá. También soplan vientos debajo de sus cobijas donde deseos, fantasías y placeres se las tienen que ver con miedos y amenazas. Para colmo la brújula que les pide a sus papis para orientarse funciona mal, apunta para cualquier lado y el ya lo sabe, pero igual pregunta a la pesca de algún gesto, una duda, una contradicción, algún indicio que lo oriente en la confusión.
En la oscuridad de la tormenta comienza a delinearse algo, una forma, el caballo. Pero no el mamifero domestico de la familia de los equidos del que habla el diccionario, no. El caballo de Juanito. Espécimen que a modo de los monstruos marinos medievales que sacaban a otros intrépidos exploradores de la angustia ante lo desconocido, ante la nada, rescatándolos al miedo y ocupando sus mentes en estar atentos frente a la aparición de algo más o menos imaginable, concediendo a cambio lo terrorífico, rescata a Juanito, que ahora se organiza en torno a su caballo.
¿Qué es este caballo? No es un objeto del mundo externo aunque se presentifica en algunos objetos del mundo externo, que son algunos caballos del diccionario en ciertas circunstancias. Y este es un elemento central, la trama dramática en que aparece y el lugar que ocupa en ella. Así surge el percherón intentando afirmar sus cascos en los adoquines sobre los que resbalan hasta poner en movimiento la pesada carga. El ágil trotador que desboca sus bríos intentando huir del látigo. El exhausto animal que derrumbado bufa y patalea luchando con la muerte. El traicionero comedor de dedos que intentan acariciarlo... Imágenes. Imágenes que condensan y expresan diferentes experiencias emocionales vividas por Juanito, no necesariamente la que corresponde al momento del hecho real del que se obtiene la imagen. Experiencias emocionales que implican, por ponerles algún nombre que nos oriente como el caballo a Juanito: el brío; lo animal; la potencia; la impotencia; el tener pito grande; el tener pito chico; el dominio; el sometimiento; el ser castrado o mordido; el impulso a morder o a castrar.
"Al liberarse de la percepción, la imagen se generaliza, y tan pronto como puede representar algo más que su propio estímulo inicial se convierte en símbolo."
"Las analogías esquemáticas de imágenes que, en lo demás son distintas, hace que quepa evocar un objeto mediante la imagen de otro."
"Dentro del conjunto de imágenes la más cargada de emoción se convierte en la imagen dominante, que las demás repiten, refuerzan y representan dentro del propio cerebro."[1]
Estas imágenes que se liberan de la percepción no son solo visuales, son también táctiles, auditivas, olfativas, gustativas, propioceptivas y las combinaciones posibles.
Las imágenes simbólicas no representan a otro objeto en sí, en su realidad objetiva, lo representan para el sujeto y en un aspecto en relación a él. Contiene la carga emocional de la dramática que implica ese particular aspecto del vínculo y su dinámica. Pero además lo representa en el contexto de la forma expresiva que reproduce esta dinámica.
El caballo ha emergido ante Juanito como el símbolo que condensa una multiplicidad de imágenes que a su vez expresan diferentes vivencias con las que su yo trabaja por convertir en experiencias emocionales, es decir dotarlas de un sentido aprehensible, apropiable para él. Intenta comprender, aunque no en forma necesariamente discursiva.
Y digo que ha emergido, parafraseando a Lacan cuando en sus seminarios, discrepando con Jones en relación a la metáfora, plantea que "la comparación no es más que un desarrollo secundario de la primera emergencia al ser de la relación metafórica, que es infinitamente más rica que todo lo que pueda por el momento elucidar." Creo ver en esto una impregnación con las ideas de Hegel, para quien el espíritu emerge y se realiza en la historia como camino a la autoconciencia.
Entro con esto en el terreno de un aspecto del símbolo que me interesa indagar y es el de la doble dimensión que contiene si lo miramos desde uno de los tantos vértices posibles. Me refiero a que por un lado da forma, figurabilidad a algo ya dado y presente en el sujeto pero por el otro abre hacia lo múltiple, lo posible, hacia la complejidad y lo nuevo.
Como dice Paul Ricoeur en su "Introducción a la simbólica del mal" el inconciente es el orden de lo primordial y el espíritu es el orden de lo último. El juego de los símbolos permite estas dos clases de interpretación: una de ellas se dirige hacia el resurgimiento de figuras que siempre están "detrás"; la otra hacia la emergencia de figuras que siempre están "delante".
La tensión entre estas dos dimensiones esta siempre presente en el historial que nos ocupa, haciéndose patética en algunos pasajes. Luego de que ambos padres le informan donde crecen los bebés y como salen al mundo, su padre nota en Juanito un visible alivio que expresa corriendo tras los carruajes. Al día siguiente Juanito hunde su cabeza en el vientre del papá, cosa que ya había hecho otra vez obteniendo como respuesta una acción refleja del padre que él vivió como que le había pegado en rechazo a su juego. Esta vez el papá pregunta si es un chivo. Juanito responde que si que es un carnero. El papa pregunta sobre donde vio un cordero y que hacía. Juanito relata que topa, que tiene cuernos.
Padre:   "¿Te topó el corderito?"
Juanito: "Ha saltado sobre mí, Fritzl me ha entregado una vez...yo una vez me he acercado y no sabía, y de pronto él ha saltado sobre mí. Fue muy divertido. _No me asusté."
Por cierto que eso no es verdad.(aclara a Freud)
Padre: "¿Quieres a papi?"
J.: "Oh, sí".
P.: "¿Quizá también no?".
El papá trata de denunciar la agresión y la ambivalencia como la materia prima que alimenta aquellos intentos de juego, uno a través de la acción, del fantaseo y la fabulación el otro. Muy probablemente tenga razón y esos sean algunas de las mociones que pulsan detrás de estos juegos. Pero también es cierto que Juanito intenta desplegar algo que todavía no esta, tampoco como moción inconciente, y que nadie sabe que formas tomara. Solo irá adquiriendo sentidos en el transcurso de su desarrollo.
Juanito vuelve a intentarlo jugando con un caballito. En ese momento el caballito se tumba. El grita: "¡ El caballito se ha tumbado! ¿Ves como hace barullo?"
Invitando al padre a acompañar el despliegue del juego.
P.: "Una cosa te enoja de papi: que mami lo quiera".
J.: "No"
Juanito sede ya en sus intentos y se aviene al dialogo que su padre propone.
 
 
 
 
 
 
Una pregunta se impone: ¿Qué es lo que hace que en Juanito se haya armado la fobia a los caballos?
Todo lo condensado en el símbolo permanece en él contenido, agazapado. Amenazante en su misterio y su potencia, en su posible poder de destrucción.
La fantasía es más primitiva que la realidad dice Winnicott, y su poder terrorífico va encontrando en ésta, la realidad, figuraciones que le ofrecen límites, contención y regulación para las distintas mociones en conflicto. Pero para que esa mixtura se dé es necesario un espacio en el que el yo tenga un lugar de privilegio desde el que poder manipular lo que allí emerja. Manteniendo para sí la prerrogativa de dar cabida o no, de relegar o destacar, de poner en sí o afuera, lejos o cerca, grande o chico. Un espacio para jugar. Espacio virtual sostenido por otro, a veces interno, pero que en tramos significativos necesita de un objeto externo disponible.
Juanito, que me parece un chico sano y muy inteligente, intenta denodadamente abrir este espacio con diferente suerte. Con la niñera, primer juego relatado por el padre, le fue bien. La monta como a un caballo, la arrea con el vestido como si fueran riendas. Pero si bien Juanito hace esfuerzos por dejar las cosas en el terreno del "como sí" cuando le dice que "desnudarse sería una chanchada, uno ve el hace-pipi", también es muy probable que en muchos momentos la chica no represente a nada más que a sí misma, aunque sucedánea de su madre, y Juanito se excite concretamente con su presencia y sus misterios como le sucede con aquella. Con la diferencia de que la actitud más plástica de la muchacha le permitió desplegar su pulsión sádica y de dominio.
Con el segundo intento de juego relatado le fue mal. El choque con la cabeza en el vientre de su padre termina con un golpe reflejo de éste que da por tierra con el intento. Me parece que es posible que algo le pase al padre con la agresión, o por lo menos con la de Juanito hacia él, para responder tan torpemente al juego retozón y algo agresivo de un cachorro.
El tercer intento de juego relatado es cuando le dice al papá: "¡Papi no te trotes de mí!" para decirle que no se aleje. El padre no accede a tomar el lugar de caballo asignado ni tampoco toma el juego de palabras presente.
Luego de la interpretación de Freud: "en la que le revelé que tenía miedo a su padre justamente por querer él tanto a su madre. El no podía menos que creer, le dije, que el padre le tenía rabia, pero eso no era cierto: el padre le tenia cariño, y podía confesarle todo sin miedo..." Juanito revela su interpretación de haber sido golpeado en el intento de juego frustrado en el que embiste al papá con la cabeza. El padre da también su versión del episodio al que entiende como una "expresión de la predisposición hostil del pequeño hacia él, quizá también como exteriorización de la necesidad de recibir a cambio un castigo".
Algo parece destrabarse a partir de ese momento, el padre declara que "es inequívoco el progreso realizado(se refiere a la remisión de la fobia) desde el esclarecimiento." Pero también aclara unas páginas más adelante que desde "hace algún tiempo"(lo dice 5 días después, o sea que puede ser también desde el esclarecimiento) han empezado a jugar al caballo: "Juanito trota en torno a la habitación, cae al suelo, patalea, relincha. En cierto momento se ata una bolsita a modo de morral. Repetidas veces se abalanza sobre mí, y me muerde." Algo parece haber destrabado la interpretación en Juanito, o en el papá, o en ambos para que ahora pueda jugar al caballo con su papá.
Freud se limita a ver el cambio en Juanito del que dice que: "acepta, pues, las últimas interpretaciones más decididamente de lo que podía hacerlo con palabras, paro, desde luego, permutando roles, puesto que el juego está al servicio de una fantasía de deseo. En consecuencia, él es el caballo, él muerde al padre; por lo demás, así se identifica con el padre." 
Acuerdo con Freud en que el efecto de la interpretación haya permitido a Juanito iniciar esta vez el juego de una manera más aceptable para su padre. Pero también es cierto que él hace rato viene intentando distintos juegos con el caballo y que era su padre quien no los seguía. Incluso el verano anterior en Gmunden, hacía varios meses, ya jugaba al caballo con otros chicos haciendo él de caballo y Berta lo arriaba.
También en la relación real de Juanito con él percibe el padre cambios: "Desde hace dos días noto que Juanito se revela contra mí de la manera más decidida, no insolente, sino con espíritu alegre. ¿Será porque ya no tiene miedo de mí, el caballo?"
Algo de la agresión entre padre e hijo parece circular mejor luego de la interpretación que al destrabarla les permite ponerla en juego. El caballo comienza a desdoblarse en la infinidad de imágenes que contiene, a desplegarlas. El yo de Juanito se expande en el trote que expresa sus bríos corporales. En la caída, el pataleo y el relincho algo asoma, algo de lo mencionado por Freud, que proviene del inconciente, figuras que vienen de "atrás", que pulsan por tomar formas, por entramarse con otras, de afuera y de adentro. Creando nuevas figuras que van hacia "adelante" abriendo causes, morigerando arranques, rescatando posibilidades dormidas, enlazando opuestos. Algo de lo ya vivido trae Juanito en la bolsita que ata al caballo, sus sentidos sólo lograrán ser tales luego, a posteriori, si es que los caminos del juego lo llevan a abrir el morral y crear su contenido.
En este precioso instante el caballo ya no funciona como un símbolo, es un animal vivo, palpitante, que respira encarnado en éste Juanito que busca en los restos de plasticidad que el mundo le ofrece las formas que mejor expresen su naturaleza.
Volverá a su pedestal de símbolo cuando los reflectores se apaguen, pero ya no será el mismo. Contendrá las modificaciones y enriquecimientos logrados con el trabajo en la arena.

[1] Tres citas diferentes de: "Esquemas filosóficos" Susanne Langer