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El lugar de la hermenéutica en la práctica clínica psicoanalítica


Publicada el 01/06/2003 por Alberto Marani





0.  Propósito:

La interpretación, ligada a una pluralidad de disciplinas y de actividades, se asociacia al Psicoanálisis de manera inmediata, porque se reconoce a ésta como una de las herammientas fundamentales de esta doctrina.

La Hermenéutica es definida como [...] “la teoría de las operaciones de  la comprensión relacionadas con la interpretación de los textos [...]” (2001, p. 71).

La Hermenútica, como teoría general de la interpretación tiene una largúisima historia anterior al Psicoanálisis, lo incluye como un particular regimen de interpretación. El Psicoanálisis, por su parte, ha contribuido de manera directa con la Hermenéutica; se podría hablar con justicia, inclusive, sobre el interés que el psicoanálisis tiene para la Hermeneútica.  Muchos filósofos han dado cuenta de este interés, pero posiblemente Paul Ricoeur sea quien lo ha hecho de la manera más prolongada sistemática y profunda, porque lo concibe como una de las grandes hermenéuticas particulares.

Además de las referencias que este autor hace en casi todas sus obras  respecto del  psicoanálisis, en dos de sus libros se dedica a estudiar las relaciones entre ambas teorías y sus interpenetraciones. Me refiero a Freud: una interpretaqción de la cultura (1965) -corolario de sus conferencias de 1961 en Yale y en 1962 en Lovaina-,  y al primer tomo de  El conflicto de las interpretaciones,  Hermeneútica y psicoanálisis (1969).

Ahora bien, Ricoeur toma como objeto de estudio las interpretaciones psicoanálíticas sobre la cultura y sus objetos: instituciones, obras, monumentos, textos. Es que para Ricoeur la reflexión del hombre está mediada por estos objetos; es a través de esta mediación que el hombre puede conocerse. El hombre es trabajado por por esas producciones de la cultura, de modo que naturalmente también emergen, de manera inevitable, en las formaciones del Icc. y en los sueños que la contienen sedimentada. Los productos anímicos son también cristalizaciones culturales, singularmente reelaborados y tensados por los diferentes sistemas que conforman el aparato psíquico.

Si bien Ricoeur  toma ejemplos de las interpretaciones del Psicoanálisis aplicado a las producciones culturales, excepcionalmente utiliza los historiales freudianos;  la referencia de P. Ricoeur no es la clínica Psicoanálisis. De este enfoque podría decirse que tiene limitaciones, y tal vez resulte presuntuoso decirlo; pero es que no está en los objetivos de Ricoeur referencia a la clínica. Ahora bien, la clínica es una actividad extraordinariamente importante, que inclusive ha marcado el camino para la aplicación a otros campos, y creo que puede resultar de interés situarme en ella para, desde allí, examinar el modo de funcionamiento de la itp. Este modo de abordaje, por otro lado, me permite hablar con más conocimiento de causa, en la medida que permanezco dentro del campo de mi actividad profesional.

En este trabajo me propongo revisar la idea de si la interpretación, tal como es entendida por la Hermenéutica ricoeuriana vale más allá del análisis aplicado, para la práctica clínica psicoanalítica.

Veamos algunas diferencias respecto de los campos que quedan así delimitados y perimetrar el campo de problemas del que me voy a ocupar:el método psicoanallítico en la clínica y su particular empleo de la interpretación , sus funciones y sus objetivos.

En primer lugar, existen diferencias enormes entre el discurso oral y cualquier otro discurso fijado. La interpetación en la clínica tiene a su vez, otras sus particularidades: además de que no toma por objeto una producción textual , su objeto está incluido en un proceso en incesante movimiento y ésto en varios planos: en el lenguaje verbal (que a su vez tiene varios estratos) y también en el paraverbal y el extralingüístico. La interacción entre los interlocutores es permanenete y sus producciones se dan hic et nunc, de modo que el campo de inmanencia es más abarcativo al mismo tiempo que su decurso es irreversible.


 1  Psicoanálisis y Hermenéutica

La interpretación se hizo necesaria desde el momento en que hay una significación excedente en la presentación literal de un fenómenpo o de un texto. El análisis de los signos y los síntomas de las enferemedades (una variedad de aquéllos) fue una actividad constante desde los orígenes de las diversas teorías médicas .

Los descubrimientos freudianos y sus consecuencias, los postulados sobre las causas de los fenómenos patológicos en pacientes con perturbaciones psíquicas, se inscriben en esta tradición. Desde los primeros escritos de Freud la inrterpretación constituia el camino inverso de la conversión histérica que estudiaba (Freud Obras Completas, tomo II, p. 193).

Esa época, llamada de “la psicopatología primitiva”,  es la que ve surgir los primeros postulados sobre el Icc.  Aparecen en los Manuscritos la correspondencia con W. Fliess (especialmente la Carta 52) y en los citados Estudios. Contemporáneamente desarrolla  una hipótesis de la etiopatogenia de las neurosis. Atribuia su origen fundamentalmente a la seducción del niño por parte del adulto. Estas escenas originarias de seducción precoz -y por lo tanto, traumática-, las recogía de los relatos de sus pacientes. Los síntomas que padecían eran, según Freud,  el producto de la reactivación, por diferentes causas, de las huellas dejadas por aquel acontecimiento.

Esta concepción acerca del origen de las neurosis era simultánemente la del origen del Icc. La llamada teoría de la seducción  atraviesa la historia del psicoanálisis desde sus comienzos hasta el final de la producción freudiana, aunque, naturalmente, fue variando en correlación con los cambios producidos en otros ejes de la doctrina.

Tres momentos  jalonaron la evolución de esta teoría: su aparición, su abandono, y su tardía recuperación (Freud, O. C. tomo XXII, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, Conferencia 33a ). Estos cambios fueron a su vez transformando el objeto de la interpretación  y las metas de la cura. El objeto se desplazó desde el síntoma somático a  las manifestaciones discursivas;  desde el método hipnótico, hasta el análisis del discurso espontáneo del paciente, la“asociación libre”, dentro de la que también cabían al relato de los sueños y posteriormente los actos fallidos, los lapsus y las manifestaciones transferenciales.

Así, en la emergencia de un más allá del sentido que el paciente pretende dar a sus dichos, Freud encontraba indicios que permitían acceder a las causas eficaces ocultas de los efectos sintomáticos manifiestos. Las causas eran resultado de conflictos originarios, y su reconstrucción permitía un avance en la inteligibilidad de los síntomas. De la contradicción y la exclusión entre lo manifiesto y lo latente emerge la práctica que asocia a Freud con Nietzche y Marx en el  ejercicio de lo que se denominó “filosofías de la sospecha”.

 

2. Dos Hermenéuticas:

Paul Ricoeur describe dos vertientes dentro de la Hermenéutica. En sus palabras:

[...] “no hay una hermenéutica general, ni un canon universal para la exégesis, sino teorías separadas y opuestas, que atañen a las reglas de la interpretación. [...] Me ha parecido más ilustrativo partir de la oposición más extrema, de la que crea la máxima tensión en el origen de nuestra investigación. Por un lado, la hermenéutica se concibe como manifestación y restauración de un sentido que se me ha dirigido como un mensaje , una proclama o como suele decirse, un kerygma; por otro, se concibe como desmitificación, como una reducción de ilusiones. De este lado de la lucha se sitúa el psicoanálisis, por lo menos en una primera lectura.” (Ricoeur 1978, p. 28. La cursiva es mía.)

 “ A la interpretación como restauración del sentido opondremos globalmente la interpretación según lo que llamaré colectivamente la ‘escuela de la sospecha’, dominada por tres autores: Marx, Nietzsche y Freud (Ricoeur 1978, p. 32).”  [...] “ la fórmula negativa bajo la cual se podría colocar a estos tres ejercicios de la sospecha sería ‘de la verdad como mentira’ “. (ídem, p. 33)

Un ejemplo será de utilidad para mostrar cómo juegan las diferencias entre los planteos de Ricoeur respecto del Psicoanálisis aplicado y el Psicoanálisis clínico. Ricoeur asimila en un solo campo homogéneo ambas prácticas y designa las producciones discursivas como mentiras.  Podemos encontrar ya en el primer F., en sus primeros pasos, el problema que menciona Ricoeur, el de la falsedad de la versión conciente respecto de los síntomas y el recubrimiento “explicativo” de la represión. En ese caso, Freud no habla de mentira  o engaño .  El tipo de “mentira” que el sujeto produce como efecto de la represión y las defensas debe ser definido. Tenemos en F. la referencia precisa en la segunda parte del Proyecto de psicología para neurólogos (Freud, O. C., tomo I). Allí la llama protón pseudos (que toma de Aristóteles); es un tipo particular de falacia producida por el hecho de que la sexualidad humana se desarrolla en dos tiempos, en la primera infancia y a partir de la pubertad. Pero se trata de una falacia de la que el propio sujeto es víctima, debido a las particulares características del aparato  psíquico;  es decir,  su división en sistemas (Icc, por un lado, y Prcc. y Cc.), los diferentes regímenes de funcionamiento respectivos y los tiempos de su estructuración. No se trata de mala fe .
Entonces, después de los tres grandes maestros de la sospecha  hay dos formas  de entender la interpretación: como “restauración del sentido” y como “reducción de la ilusión” (Ricoeur 1978, p. 52).
 
Quiero puntualizar dos frases de Ricoeur:

• la interpretación es ante todo interpretación de  textos; y texto es “todo discurso fijado por la escritura” (Ricoeur 2001, p. 127);

• por otro lado, para Ricoeur la itp. Psicoanálisis está del lado de la comprensión; asimismo, para este autor, F. se puso del lado de la historia y no del de la psicología  (Ricoeur 1978 p. 301)

P. Ricoeur incluye al Psicoanálisis como un región de la hermenéutica, con muchas similitudes respecto de las interpretaciones producidas en otras disciplinas .
Esta dimensión es  la característica extensamente asociada al psicoanálisis como tal, la necesidad de interpretar como instrumento para salvar las rupturas (sintomáticas, por ejemplo)de la continuidad vivencial tal como la concibe la razón convencional. Esas rupturas se producen por la irrupción de impulsos que dan lugar a síntomas, rasgos de carácter y otras manifestaciones, desde los sueños a la “psicopatología de la vida cotidiana”. Esto se debe al funcionamiento de la represión, que tiene como objetivo sustraer de la Cc determinadas representaciones y, en última instancia, como dice Freud, modular el afecto displacentero ligado a ella.  Esa operación puede ser descripta como de ciframiento o de ocultación, por la sustitución de representaciones; es decir, reemplazar las “originales” por otras que, puestas en el lugar de las primeras,  las oculten; si fueran restituidas a ese lugar, por el levantamiento de la represión, podría establecerse un encadenamiento secuencial entre las representaciones-palabra, con ganancia de inteligilibilidad  sobre el acaecer de las acciones y del pensamiento (aun de la fantasía) de acuerdo a los valores (libidinales ). Ahora bien, esta forma de instituir inteligibilidad aproxima la interpretación freudiana (Deutung) a la explicación.

Pero ¿qué significa Deutung para Freud?; démosle la palabra:

[...] “ ‘interpretar un sueño’ significa indicar su ‘sentido’, sustituirlo por algo que se inserte como eslabón de pleno derecho, con igual título que los demás, en el encadenamiento de nuestras acciones anímicas.”  (OC, tomo 4, 1979, p.118)

Es un avance en la inteligibilidad, una ganancia del discernimiento y el esclarecimiento de los eslabones (causales) ausentes, que permiten descubrir en el revés de la trama manifiesta, las causas traumáticas de los fenómenos patológicos que la represión secuestró.

La itp, para Feud,  es entonces una explicación. De hecho el término que utiliza Freud es Deutung (Cf. Asssoun 1987, pp. 44 – 45; Laplanche 1996, p.163) .

Según Ricoeur, explicar es  “[...]  extraer la estructura, es decir, las relaciones internas de dependencia que constituyen la estática del texto; interpretar es tomar el camino del pensamiento abierto por el texto, ponerse en ruta hacia el oriente del texto.” (2001, p. 144)

Y bien, el objetivo del trabajo psicoanalítico, en este renglón, busca justamente, establecer la conexión entre las representaciones, establecer las “relaciones internas de dependencia” entre las representaciones conscientes, intercalando aquellas inconscientes que permitan comprender la causación de los síntomas , esto es, la restitución del sentido (perdido).


3. Concepciones del Icc : ingles vs. franceses

Jean Laplanche, posiblemente el mejor lector contemporáneo de Freud, ha polemizado con Paul Ricoeur. En varios artículos ha sostenido que el Psicoanálisis no es una hermenéutica especial o parte de una hermenéutica general; e inclusive que la tarea del clínico se opone a la del hermeneuta.

La itp. recae sobre contenidos inconscientes que se manifiestan como derivados o “retoños” de lo reprimido. Pero si la interpretación psicoanalítica es uno de los polos de esta operación, el otro polo a considerar es el del Icc. Ahora bien, el propio campo Psicoanálisis está, como decía P. Ricoeur de la hermenéutica, partido. Debo dar un rodeo entonces para describir dos diferentes concepciones del Icc. cuyas manifestaciones son el objeto de la itp. La importancia práctica de esta discriminación es que existe una correlatividad entre la concepción del Icc y el tipo de interpretación en juego.

Para tomar solamente a F. leido por Laplanche contemporáneamente , existen en aquél concepciones diferentes y contradictorias entre acerca del Icc .

Según una de ellas, el Icc. se constituye por la llamada represión primordial (Ürverdrangung); es decir, como resultado de un movimiento defensivo respecto de las  pulsiones que, a su vez, se producen al calor de la relación con los semejantes, y en primer lugar con las figuras primarias.

Por otro lado, existe -y coexiste con ésta- una concepción endogenista, vitalista, que propone como motor del aparato al ello primordial, un fondo instintivo que pulsa con independencia del vínculo sexualizante con los otros primordiales.

La segunda concepción, endogenista, sostiene la existencia de dos corrientes paralelas y correlativas, la precionciente-conciente y la inconciente. Existe, para esta concepción, un contrapunto entre lo  manifesto y lo latente, como si a cada acto y a cada enunciado le correspondiera una fantasía inconciente. De manera que todo acto  manifiesto –especialmente jugados en la transferencia con el psicoanalista- sería interpretable según ciertas “reglas de correspondencia” (Klimovsky, en Echegoyen 1993, pp. 436 -437). En cierto sentido, se puede decir que funciona hermenéuticamente; e inclusive al modo del simbolismo medieval,  como dice T. Todorov (1992, p. 36), para la que “no (se) exige  ningún indicio particular para desencadenar la itp.”

Para la corriente psicoanlítica que adscribe a la fundación del Icc. como efecto de la defensa primaria, la represión primordial u originaria, el material interpretable surge en las pulsaciones inconcientes que producen los síntomas, lapsus, actos fallidos, los  rasgos de carácter (y también a los delirios y las  alucinaciones, que pertenecen a otro orden de fenómenos no- neuróticos, casos en que la estructura misma del aparato psíquico está perturbado en grados variables de gravedad).


4. Estructura del Icc

Laplanche opone “un” Freud contra “otro” Freud , y retoma su teoría de la seducción original para ampliarla y sutilizarla hasta elevarla hasta una teoría de la seducción generalizada . Según esta última, el motor del desarrollo del aparato psíquico no es el ello instintivo sino el ataque pulsional interno; inclusive más que la amenaza exterior, porque del primero no se puede huir; a su vez, la angustia es considerada el producto de aquel ataque, más que el efecto de la amenaza externa.

Consistente con su teoría de la seducción generalizada, Laplanche habla de la transmisión de mensajes del adulto  al niño; esos mensajes ponen al niño, y especialmente al niño pequeño, en la necesidad de traducirlos, interpretarlos y “teorizar”. Así, el ser humano es espontáneamente un hermeneuta (Laplanche, 2001, p. 92).“Esta, heideggerianamente en posición de protocomprensión y pototraducción de los mensajes enigmáticos para él”. El bebé es sin inconsciente aun, el  inconsciente se irá construyendo de este modo.

Esos  mensajes tienen las siguiente características: parten de un adulto con el inconsciente constituido, es decir que que vehiculizan contenidos inconscientes aun para el propio adulto; esos mensajes frecuentemente no son verbales, aunque pueden serlo también; y son enigmáticos, tanto para el receptor como para el emisor.

El niño debe realizar una traducción que de los mensajes recibidos y para ello
utiliza códigos, pero no necesariamente verbales; se trata de la traducción que Jakobson llamó intersemiótica  entre diferentes sistemas de signos.

Ahora bien, esa traducción, que simultáneamente es un avance entre los sistemas que componen la tópica psíquica, puede producirse o no. A este fracaso en la traducción y el avance hacia la conciencia, Freud lo llama represión. Es decir que la represión es el fracaso de la traducción, tal como fue descripto en la carta 52 (Laplanche 2001, p. 70 y ss.).

Freud postuló que la etiología traumática de las neurosis. Ésta se originaba en escenas concretas de seducción del niño por parte de un adulto en la mayoría de los casos, y en otros por la seducción de niños por otros niños o adolescentes previamente seducidos. Pero con el abandono de esta hipótesis causal, en la carta 69 del 21 de septiembre de 1896 (Freud, O. C., tomo I) las escenas de seducción recuperadas del olvido como resultado del arduo trabajo en que consisitía al mismo tiempo el tratamiento, pasan a ser fantasías de esos pacientes, sin que se hubieran producido materialmente en los hechos. Y las fantasías pasaron a ser desde ese momento el resultado de la transcripción de impulsos sexuales causa sui.

Pero, tardíamamente, en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis  Freud, O. C. Tomo XVI), recupera de manera refinada aquella teoría. Llama a la madre “primera seductora” porque que a través de los cuidados del bebé erogeniza su cuerpo que por transforma, literalmente, el soma en cuerpo pulsional.

Unas ideas novedosas y sumamente fecundas surgieron con la hipótesis traumática sexual sobre el origen de las neurosis. Especialmente la de la nachträglichkeit, del a posteriori, del traumatismo en dos tiempos: un tiempo de inscripoción y otro de activación mediados por un cambio en la configuración libidinal y de las teorías sexuales que va constituyendo el sujeto .

Como la búsqueda del traumatismo es la búsqueda de la causa, las intervenciones del clínico apuntan a despejarla, es decir, a explicarla porque causa y determinismo están en línea con la explicación. La teoría de la seducción fundamenta esta secuencia.

En la época en que Freud imputaba a las fantasías como determinantes de las neurosis, la búsqueda analítica apuntaba a la desocultación y la deconstrución de los disfraces del discurso consciente. El analista comprendía, se podría decir, por su propia experiencia como paciente, que le permitía ampliar el campo de lo experimentable una vez que fueron desactivadas sus represiones. Podía comprender por un trabajo que tenía como fondo su experiencia como paciente. Interpreta porque comprende y  comprende una vez que pasó por la experiencia de la desocultación y la revelación de sus verdaderos impulsos, ocultos por los disfraces.

Diferente, aunque no excluyente, es la función del analista que opera con la teoría de la seducción generalizada. El trabajo consiste no sólo en la desocultación sino que la pieza más valiosa de su trabajo es, esencialmente, la búsqueda de los mensajes enigmáticos que emergen desde el Icc. del paciente, por las fallas en su traducción.

Pero esta búsqueda de la explicación de las causas no es la de las ciencias naturales, tampoco. La pulsión, el concepto de pulsión, es un concepto límite, o, mejor aun, de deslinde; cabalga entre lo somático y lo representacional, entre el cuerpo y la significación.  Este pasaje es el que contiene las claves de la transformación de lo natural en simbólico, y a su vez separa este campo de aquéllos en los que la significación  ya está constituida.

El estímulo pulsional se constituye de manera traumática; es decir, ataca al yo desde  su exterior, y este impacto de la pulsión sobre el yo constituye el llamado ”conflicto pulsional”, que puede ser tramitado de diferentes maneras de acuerdo con su conciabilidad, determinada ulteriormente por los ideales.

Pero es necesario decir también que hay en la pulsión algo irreductible a la significación, algo que escapa permanentemente a su captura por la trama simbólica de los sistemas articulados de representaciones, a la trama representacional inconscientes –y a fortiori de la preconciente-.

No todo lo que es inconciente fue alguna vez conciente. Para entender esto hay que recurrir al a posteriori. El ejemplo paradigmático es el de El hombre de los lobos (1979c). En ese estudio, Freud verifica que la escena primaria, la contemplación del coito de los padres a la edad de 18 meses, no actúa de modo traumático en el momento en que es presenciada, sino un considerable tiempo después, a los 4 años, y durante un sueño. Lo que ocurrió entre esos dos momentos fue una transformación de las teorías sexuales infantiles, de modo que dentro de las nueva teoría, esa escena percibida a los 18 meses produjo un efecto absolutamente disrruptivo dos años y medio después.


5. El problema de la referencia.

Sin embargo, el psicoanálisis no busca tanto el referente concreto de la situación traumática, sino la forma concreta en que un hecho resultó traumático por el encuentro, a posteriori, con una trama imaginaria-simbólica de representaciones que no la pueden alojar sin producir efectos disrruptivos.

Es que esos significantes han perdido la referencia y el significado. Esto es lo que explica Laplache y denomina a estos signos “significantes designificados”. Estos significantes, para ser vertidos en una nueva trama (significante) exigen un trabajo psíquico (que naturalmente, puede trabarse y producir displacer).

Dice Laplanche: “el elmento inconsciente  no es una representación que se deba referir a una cosa exterior de la que dicha representación sería la huella, sino que el paso al estatuto de inconsciente es correlativo de una pérdida de la referencia. La representación (o, en lenguaje más moderno y preciso: el significante), al tornarse inconsciente, pierde su condición de representación (de significante) y se transforma en una cosa que no representa (no significa) más que a sí misma” (Laplanche 2001, p. 68).

En esta concepción del Icc., lo que resulta de pérdida de la  referencia del significante es asimilable a la pérdida del “valor” en  terminos de Saussure, es decir, de aquéllo que permite la diferenciación y la articulación -de acuerdo a leyes-, de los significantes entre sí.

Por lo tanto, para la comprensión de la rearticulación de lazos entre las representaciones (eventualmente productoras de perturbación), se debe recurrir a las categorías estudiadas por la Semiótica, más que a las de la Hermenéutica, en la medida en que, tal como dice Ricoeur, ésta opera sobre textos; en cambio, en el Icc. está constituido por pre-textos, o de textos que eventualmente nunca se constituyeron como tales. La diferencia está en que el inconsciente, comparado con un texto, aparece como un conjunto de elementos (significantes designificados, desgarrados, fragmentados  y dispersos), que están radicalmente excluidos de un texto comme il faut.

En definitiva, para esta concepción psicoanalítica, la Itp. o la traducción, o la reconstrucción de los significantes designificados en el Icc. no es tanto el ejercicio de la sospecha sino una posibilidad de textualización; y sólo a partir de ahí, en un segundo tiempo, es aplicable la itp. tal como es entendida por Ricoeur, como “tomar el camino del pensamiento abierto por el texto”.


6. La Hermenéutica, llave que cierra en el psicoanálisis.

La hermenéutica fue metaforizada como la clave para la emergencia de sentidos, de significados. Clave que traduce Laplanche por “llave”: la llave de la hermenéutica (J. Laplanche 2001, p. 211); pero ésta llave “sirve para abrir pero sobre todo para cerrar”; ¿por qué? Porque al restituir un sentido colabora indirectamente (o directamente) con la represión, con la elaboración secundaria .

Laplanche la opone esta llave al destornillador psicoanalítico, que “desmonta cerraduras, no las abre” durante su proceso de acceso a las representaciones inconscientes. Porque “La reducción del incosnciente a un sentido oculto es a mi juicio la tentación constante que lleva al descubrimiento freudiano para atrás, hacia la hermenéutica milenaria.” (Laplanche 2001, p. 64)

En ese párrafo Laplanche recusa la concepción del inconsciente como idea de una meramente polisémico. Es que la irrupción de las representaciones Icc., si son rechazadas por las defensas del yo, lleva  a una serie de procesos que conducen a  formaciones de compromiso que ulteriormente mostrarán una amarcada resistencia a su descomposición.

En cuanto a los símbolos, trabajo a cuya elucidación procede la Hermenéutica, son significantes con significado; es decir que corresponden a estratos “menos profundos” que el de los significantes designificados. Podemos pensar que el aparato psíquico está todo el tiempo tratando esforzadamente de hacer estas traducciones o figurativizaciones (en términos de A. Greimas).

Laplance pone como ejemplo un simple enunciado: ‘hacer hervir la sopa’: “el síntoma, la irrupción del Icc., no se produce sino cuando se me vuelca la cacerola [...]” (Laplanche, 2001, p 65). Es decir que son secundarias las diversas asociaciones que pudieran hacerse con esa frase, es decir “tomar el camino del pensamiento abierto por el texto”.

Es que, tal como explicó Freud en las Conferencias de Introducción  al Psicoanálisis (Freud, O. C., tomo XVI), los síntomas tienen  significado pero también –y fundamentalmente- sentido.

Es precisamente en el sentido (o propósito) del síntoma o de la formación del Icc. de la que se tratare, donde está contenido y vehiculizado el deseo Icc.; el significado puede ser Prcc.

“En síntesis, las nociones de defensa, conflicto, condensación, etc., pierden todo su impacto cuando se reduce el psicoanálisis a una nueva versión de la hermenéutica: una hermenéutica donde el ‘sentido sexual’ vendría a superponerse a la infinidad de los demás sentidos posibles.” [p. 65]

Paul Ricoeur dice que la teoría psicoanalítica “limita sus reglas del desciframiento a aquello que podría llamarse una semántica del deseo; el psicoanálisis no puede encontrar más que aquello que busca; lo que él busca es la significación ‘económica’ de las  representaciones y de los afectos puestos en juego en el sueño, en las neurosis, el arte, la moral, la religión; no sabría por lo tanto, encontrar otra cosa que expresiones disfrazadas de representaciones y de afectos pertenecientes a los deseos más arcaicos del hombre [...]”. “No se puede reprochar al psicoanálisis esta estrechez: es su razón de ser.” (Ricoeur 1975, p. 19). Efectivamente, creo que se puede decir que el psicoanálisis es una semántica del deseo; pero también su arqueología,  arqueología en el sentido que le da M. Focault: la penetración hasta la captación de las condiciones de posibilidad de un sujeto en su historia; es decir que intenta captar la constitución del deseo; lo arcaico del hombre es su prehistoria individual, la inscripción de mensajes que, reprimidos, dan origen a derivados contra los que se erigen defensas que intentan deformarlo o inhibirlo.

Desde luego, la explicación no agota la actividad analítica; su propósito consiste (sólo) en el develamiento de una trama preexistente oculta que subyace a los síntomasos. Asimismo, para Laplanche la “puesta en relato”, si bien desde el punto de vista metapsicológico es defensiva y está al servicio de la represión, es inherente al componente psicoterapéutico de todo análisis.


7. Interpretación, Deutung, traducción intersemiótica.  El método psicoanalítico.

Para la  hermenéutica, en sus desarrollos recientes, “no hay itp. sin código o sin clave de traducción. La hermenéutica se define como una acogida, una transposición o una lectura, de un texto, de un destino, de un Dasein; lectura fundada, evidentemente, en una precomprensión o protocomprensión previa. El Psicoanálisis sería por su lado homologable [como hermenéutica local pero hermenéutica al fin] a una lectura, lo que supone que propondría de entrada uno o varios códigos.”  (Laplanche 2001, p. 200)

Leer  presupone un texto; pero ese texto hay que producirlo porque no existe como tal en el conjunto de síntomas o rasgos de carácter del analizante. Por lo tanto la tarea psicoanalítica consiste en traducir entre sistemas semióticos  y en la transformación de niveles pre-semióticos a niveles semióticos. Para Laplanche, la teoría de la seducción generalizada es en realidad una anti-hermenéutica.

Así que tenemos que introducirnos en el método de Freud y en su teoría del símbolo.

Y bien, el método analítico es lo contrario del proceso de simbolización, es sym-bolon, en oposición a ana-lysis, el método separa, disocia; es lo contrario a toda psicosíntesis . El método Psicoanálisis, tal como dijo Freud en 1904 (Sobre psicoterapia, O. C., tomo VII), procede per via di levare, como descibió Leonardo el procedimiento de la escultura; es decir, por sustracción, quitando lo que sobra.

Freud utiliza el término Deutung  (indicar, señalar un término separado). Los hermeneutas, en cambio, utilizan el término Auslesung o Interpretation . Deutung, a diferencia de Interpretation, es “indicar con el dedo o con los ojos” (o con la palabra, diría yo, de modo que indicar con el dedo o los ojos serían una metáfora) (Laplanche 1996, p. 163-164).

Para Laplanche, el camino hermenéutico surge como una desviación respecto del método propuesto en los Estudios sobre la histeria y la primera edición de La Interpretación de los sueños, y se profundiza a partir de 1900, con la emergencia de los “símbolos típicos” (con su característico significado constituido), en los añadidos posteriores a esa edición de La interpretación de los sueños (Traum-deutung).

El método de sustitución de elementos del sueño manifiesto por símbolos establecidos de antemano es esencialmente anti-analítico; es un modo de hacer enmudecer las asociaciones. Un método va en contra del otro; es una recaída en la oniromancia, históricamente opuesta a la tradición onirocrítica que comienza Artemidoro daldiano de cuya tradición Freud cree que su método es tributario.

La existencia de claves preexistentes (necesarias para la lectura) desorienta: inclusive las clásicas y conspicuas, organizadas y organizadoras de los complejos. Cuando existe la tentación de aplicar un elemento del código a un elemento del sueño manifiesto se produce un rechazo de las asociaciones y una sustitución de éstas por luna especie de “simbólica psicoanalítica”, que jamás debe ser puesta en juego o prestarla al paciente, porque sólo conduce a la producción de síntesis engañosas

Por lo tanto, el camino interpretativo, en el sentido de sustitución de sentidos y significados, no está ausente del trabajo Psicoanálisis, pero de ningún modo es el trabajo de fondo, el trabajo principal; es, si se quiere un trabajo preparatorio, que en el mejor de los casos nos lleva a las puertas de los enigmas esenciales del sujeto, el de su constitución deseante y sus modos de defensa.


BIBLIOGRAFÍA:

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Freud, Sigmund: Breve informe sobre psicoanálisis. OC, tomo XIX. Amorrortu, Bs. As., 1979.
Freud, Sigmund: Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, OC, tomo XXII. Amorrortu, Bs. As., 1979.

von Wright, Georg Henrik: Explicación y comprensión. Ed. Alianza, Madrid, 1979.

Todorov, T: Simbolismo e interpretación, Monte Avila, Caracas, 1992.