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La escisión del yo en el "trabajo" del juego


Publicada el 01/01/2010 por Alfredo Tagle





La escisión del yo en su sentido específico aparece sobre el final de la obra de Freud al estudiar el problema de la relación con la realidad en la psicosis y el fetichismo. Plantea la presencia de un mecanismo análogo a la represión en el que lo rechazado sería la realidad. Pero el yo no puede desprenderse totalmente de la realidad, más claramente en el fetichismo, y termina alojando dos actitudes contrapuestas frente a la misma, que no derivan hacia un compromiso transaccional sino que coexisten en su seno sin que se establezca entre ellas una relación dialéctica.
Si bien encuentra en el fetichismo un lugar privilegiado para el estudio de este particular tratamiento de la realidad, Freud no lo limita al ámbito de las perversiones. Prueba elocuente de ello, además de su mención explícita, es que dos de los casos clínicos en los que considera la desmentida y su consecuente escisión del yo no se encuadran dentro de las perversiones ni de la psicosis.
También en otros trabajos previos Freud se había preguntado sobre la naturaleza de ciertas formas particulares de funcionamiento del yo en las que suspende su función de síntesis, oscilando entre considerarla como una deficiencia en su funcionamiento que lleva a la patología, o verla, en ciertas condiciones no aclaradas, como una capacidad del yo para vérselas con el conflicto sin enfermar. En "Neurosis y psicosis"(1924), al estudiar los fracasos del yo al administrar los conflictos, Freud se pregunta ". en que circunstancias y por que medios consigue el yo escapar, sin enfermar, a tales conflictos, constantemente dados". Y al considerar los diversos factores en juego propone por un lado el económico, es decir las magnitudes en pugna, y por otro ciertas particularidades, no estudiadas, en el funcionamiento yoico: "El yo podría evitar un desenlace perjudicial en cualquier sentido, deformándose espontáneamente, tolerando daños en su unidad o incluso disociándose en algún caso. De este modo, las inconsecuencias, chifladuras y excentricidades de los hombres resultarían análogas a sus perversiones sexuales en el sentido de ahorrarles represiones".
Freud deja acá una incógnita con relación a este "nuevo campo de investigación" ya que parece vislumbrar un camino diferente para el yo al de la lucha por su síntesis, ya sea recostado en la realidad o jugado a favor del ello. Un camino emparentado con la perversión en cuanto a la resignación de su síntesis pero dentro de la salud. En distintos lugares muestra su inquietud frente a la "ingeniosa" solución que encuentra el perverso para no resignar su moción pulsional manteniendo a su vez el contacto con la realidad. Al abordar específicamente el tema en su artículo de 1938 muestra su desconcierto al no saber ". si lo que voy a comunicar ha de apreciarse como algo hace tiempo consabido y evidente, o como nuevo por completo y sorprendente."
Otra punta para el rastreo del tema es la desmentida, como condición previa a la escisión, a la que Freud no considera ni rara ni peligrosa en la infancia pero que en el adulto llevaría a la psicosis.[1] Dando lugar a todo un espectro de posibilidades en cuanto a los destinos de éste particular tratamiento de la realidad al que Octave Mannoni ubica en la base de toda creencia en su artículo de 1963, cuyo título, "Ya lo sé, pero aún así...", es bastante elocuente.
Podríamos centrar el problema en los destinos de la realidad en su procesamiento psíquico ya que "... La etiología común a la explosión de una psiconeurosis o una psicosis es siempre la privación... Esta privación tiene siempre, en el fondo, un origen exterior, aunque en el caso individual parezca partir de aquella instancia interior (en el superyó) que se ha atribuido la representación de las exigencias de la realidad." (Freud, 1924) Es en este trabajo de asimilación de la realidad en el que el yo se encuentra presionado a conciliar exigencias contrapuestas bajo el mandato de síntesis de su ideal. Y es éste mandato al que ponemos "entre paréntesis", proponiendo su instrumental suspención, junto con la prueba de realidad, como un camino no solo habitual sino también inevitable para el procesamiento y apropiación individual de la realidad como construcción social.
Ya en 1911 en "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" aparece el camino de la escisión del yo planteándonos interrogantes:   "Al establecerse el principio de realidad, una clase de actividad del pensar se escindió; ella se mantuvo apartada del examen de realidad y permaneció sometida únicamente al principio de placer. Es el fantasear, que empieza ya con el juego de los niños y más tarde, proseguido como sueños diurnos, abandona el apuntalamiento en objetos reales." (La cursiva es mía) ¿Cuál es la naturaleza y la importancia de esta actividad escindida? Podíamos considerarla una actividad lateral que representa un alivio momentáneo, un ejercicio de descarga que descomprime el aparato sin mayores consecuencias para el funcionamiento psíquico en su conjunto. En este caso nada se modifica a través de ella, es simplemente un recreo en el que damos curso a nuestros deseos, para luego, ya restablecido el principio de realidad, volver a lidiar con los conflictos que la vida real nos impone.
Este parece ser el sentido que da Freud a la fantasía, sueños diurnos, al juego de los niños, y a la creación poética como uno de sus derivados. En "El poeta y la fantasía" (1908) los toma como productos de la insatisfacción, "el hombre satisfecho jamás fantasea", rectificación de la realidad para amoldarla a los deseos eróticos y ambiciosos, más profundamente también eróticos. "El placer estético que el poeta nos procura entraña este carácter del placer preliminar, y el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma." Realización de deseos como los sueños, cuya función es la descarga momentánea para preservar el dormir, al margen del procesamiento oficial de los conflictos, cuando el yo retorna a sus cabales.
Esta interpretación básicamente cuantitativa que ciñe el mundo creado por el poeta con el molde de los deseos, tomando el alivio de cantidad como su columna vertebral, descuida, según nos parece, toda su dimensión significante. Su intento de dar formas expresivas a la experiencia emocional, a lo que ella tiene de inefable, esfuerzo por figurar lo inaprensible por los códigos convencionales, capturándolo en una trama de sentidos. Toda esta dimensión de la obra poética, o del juego, encuentra un cause más fértil en otra línea epistemológica presente también en Freud, cuando en algunos pasajes de su obra trasciende la lógica de cantidades, que como causa, dan cuenta de efectos entendidos como descarga. En la carta 52, si bien, por su adscripción a la concepción causalísta de las ciencias naturales de su época, intenta referir sus hipótesis a un substrato orgánico neuronal, esto no nos impide rescatar una lógica más cercana a lo cualitativo, en la que concibe lo psíquico como una red de representaciones donde cada elemento adquiere significado en la dinámica del conjunto, y no en relación unívoca a un elemento ajeno a esta dinámica significante. En el paso a otra "época de la vida" estos elementos serán reordenados y traducidos a la lógica de la nueva organización.
Desde esta perspectiva podemos ver a la obra poética, o al juego, como un reordenamiento de los elementos y sus relaciones en una nueva configuración representativa propiciadora de otras "formas de ver". Este cambio en la "forma de ver", a partir de la cuál ahora podemos ver algo que antes no veíamos, o vemos las cosas en forma diferente a como las veíamos antes, es lo que Wittgenstein llama el "efecto estético".[2] Proceso maravillosamente ejemplificado por D. Meltzer en su libro "Vida onírica", donde describe la sesión de un chico con características autistas, que a partir de un juego propuesto por su analista, de estar fuera o dentro de un aro, los objetos y situaciones de la sesión adquieren una nueva significación. Ahora "ve" en la alfombra, por la que antes transitaba descuidadamente, la posibilidad de estar dentro o fuera de ella, con todas las fantasías y connotaciones emocionales que se despliegan a partir de esta nueva "forma de ver".
   Estas "otras realidades" que germinan en la literatura, o en el juego, no cuentan solo con mociones de deseo, también están amasadas con temores, desbordes, pérdidas, frustraciones y conflictos, si bien en proporciones y con destinos diferentes a los que la realidad nos impone. Amalgama de lo transicional winnicottiano, ni interno, ni externo, tampoco una transacción congelada, algo de otro orden, que va creando una realidad alternativa donde toma formas representativas la realidad interior, jugando con las posibilidades y limitaciones que los materiales del mundo externo ofrecen. Con relación a dicho proceso me parece clarificadora la diferenciación que hace Winnicott, sutil en lo descriptivo pero cualitativamente profunda en su naturaleza, entre el fantaseo activamente negador de las vicisitudes depresivas del mundo interno, que utiliza la realidad defensivamente, y los sueños, o el juego como una dialéctica de entramado del mundo interno a través de la urdimbre que la realidad intersubjetiva propone. En este sentido existe un fantasear, una literatura o un cine que sigue la línea de la conducta maníaca, privilegiando la acción omnipotente sobre el mundo externo para negar o controlar a la realidad interior. Esto corresponde a una disociación más profunda que la que en este trabajo nos ocupa "... en el sentido de que nunca hay ahí una persona íntegra para tomar conciencia de dos o más estados disociados que surgen en un momento determinado." [3]
El niño, como el poeta, crea un mundo propio gracias a que su yo suspende la exigencia de síntesis, permitiéndose una actividad del pensar al margen del examen de realidad. Si bien este mundo creado permanece diferenciado del mundo externo real, se mantienen en el yo dos corrientes de la vida psíquica con actitudes contrapuestas respecto a la realidad externa. Al "tomar en serio", como dice Freud, este mundo creado, se compromete emocionalmente con él desarrollando su actividad de juego o creación poética al margen de la corriente que mantiene su consideración por la realidad convencional. Podríamos pensar la diferencia entre esta escisión y la patológica, siguiendo el planteo de Winnicott, entendiendo que aquí sí hay una persona íntegra para tomar conciencia, o por lo menos poner en relación preconciente, estas corrientes paralelas del acaecer psíquico.
Creo que la capacidad de hacer consciente esta puesta en relación, sin interrumpir el trabajo elaborativo, es ampliamente variable según los casos y los momentos de cada proceso en particular. Lo que intento cuestionar en este trabajo es la conveniencia de hacerlo desde afuera, sin considerar la capacidad o disponibilidad para hacerlo por parte del paciente. Para decirlo con más claridad, lo que propongo es la necesidad de sostener, como objeto significativo parental o terapéutico, esta escisión, a mi gusto operativa, para acompañar el trabajo elaborativo y de apropiación en curso. Sí me parece esencial que el analista vaya trabajando internamente esta relación, lo que le permitirá comprender los sentidos de la producción que se despliega y el papel que se le asigna en la dramática intersubjetiva puesta en juego. Pero interpretar en el sentido de denunciar la escisión, intentando forzar una integración prematura, es como sacar el encofrado a la estructura de un edificio antes de que el cemento haya fraguado lo suficiente como para sostenerse en pie sin aditamentos. El posible derrumbe de la construcción elaborativa produciría angustia, que tomará la forma de transferencia negativa, sometimiento, o, en el peor de los casos, desorganización.
En 1920, en el contexto de la búsqueda de principios de funcionamiento psíquico que trasciendan la prosecución de placer, Freud se vuelve a preguntar por los motivos que llevan a un niño a jugar. En este caso, considerando otras teorías del juego que no dan prioridad al punto de vista económico[4], Freud da lugar a la posibilidad de la presencia de una "pulsión de apoderamiento" que llevaría al niño a repetir en el juego lo que le ha producido gran impresión en la vida, en un esfuerzo por procesarlo psíquicamente, de apoderarse enteramente del mismo, independientemente de que su recuerdo fuese placentero o no. Pero inmediatamente resigna la posibilidad de considerarlo un impulso primario y lo enmarca dentro del deseo, dominante a esa edad, de poder ser grande y obrar como los mayores. Agregando luego la satisfacción de un impulso vengativo como fuente del repetir activamente en el juego algo displacentero vivido pasivamente en la realidad.
Me parece interesante revisar las observaciones del juego de un niño de un año y medio relatadas por Freud, en "Más allá del principio del placer.", a la luz de las hipótesis y consideraciones del presente trabajo.
 En la descripción que Freud hace del juego parece entender que éste esta completo desde el comienzo y que es él, Freud, quien va agregando observaciones que lo completan y lo ayudan a ir comprendiendo el sentido del mismo. A mí me parece muy probable que los elementos que se agregan en estas sucesivas observaciones correspondan en realidad a la evolución y enriquecimiento que el juego va teniendo para el niño mismo, al desplegarse las vicisitudes de la experiencia emocional que intenta figurar dándole formas dramáticas que la representan y la expresan. Apoyo ésta suposición en el hecho de que la sucesión de observaciones descriptas es similar a la secuencia que observamos habitualmente en los juegos de chicos en sesión, donde el "trabajo del juego" va generando nuevas tramas y significaciones.
Con el juego, el niño inaugura una realidad alternativa que reproduce los elementos y las relaciones de la situación original que contiene un conflicto emocional resistente al procesamiento y la apropiación por parte del chico. Esta otra realidad adquiere una "forma expresiva"[5] que es congruente, en sus términos y relaciones, con la que representa pero adquiere una dinámica propia en la que el sujeto va variando su posición y la de los otros términos de acuerdo a sus necesidades expresivas y de elaboración de conflictos.
En la primera observación del juego por parte de Freud, "..el niño exhibía el hábito, molesto en ocasiones, de arrojar lejos de sí, a un rincón o debajo de la cama, etc., todos los pequeños objetos que hallaba a su alcance, de modo que no solía ser tarea fácil juntar sus juguetes. Y al hacerlo profería, con expresión de interés y satisfacción, un fuerte y prolongado "o-o-o-o", que, según el juicio coincidente de la madre y de este observador, no era una interjección, sino que significaba "fort" (se fue)." Recrea la situación en la que algo significativo para él desaparece de su vista, pero en este diseño él es el agente que la produce y puede controlarla. La vivencia de omnipotencia es lo que le permite soportar la desaparición transformándola en una experiencia procesable por sus propios recursos yoicos.
Si bien es claro para un observador que este dominio sobre los acontecimientos incluye la posibilidad de hacer aparecer los objetos cuando él quiera, podría no ser tan claro todavía para el chico que concentra su interés en la experiencia de hacer desaparecer objetos significativos para él y también para los demás, dejando la preocupación y la tarea de la búsqueda en manos de otros. El hecho de que otros se hagan cargo de la incertidumbre ante la desaparición y se ocupen de la búsqueda es también una fuente importante de la satisfacción que encuentra en su nuevo rol de desaparecedor, ya que la escena se completa con alguien que encarna la "perturbación"[6] frente a la desaparición.
El entender esto como un mecanismo por el cual hace activamente a otro lo que antes vivió pasivamente, si bien es un nivel descriptivo de lo que pasa, no da cuenta del complejo proceso dinámico que el chico despliega para transformar en experiencia apropiable acontecimientos que lo atraviesan sin poder experienciarlos, es decir, sin un sentido con el que su yo pueda procesarlos, darles un lugar en su interior, simbolizarlos.
Si este fuera el juego de un chico en sesión y nosotros le interpretáramos que esto que hace con los juguetes es lo que él sufre pasivamente cuando su mamá lo abandona, esto sería una descripción desde alguien que puede integrar estos dos órdenes de acontecimientos en una relación de sentido válida para el observador. Estaría poniendo en relación dos realidades, o mejor, dos actitudes frente a la realidad que el yo del paciente mantiene escindidas. ¿Qué efectos podría producir la supuesta interpretación?.
Esta otra realidad que el chico trae a sesión no es un síntoma en el que los polos del conflicto estén congelados en una transacción. No es una ecuación simbólica. No tiene la función de negar una realidad dolorosa, sino de trabajarla. El objeto esta suficientemente discriminado del yo, posibilitando a su vez, que el símbolo este lo suficientemente separado del objeto como para permitirle un libre uso del mismo. Percibe y acepta las características reales de los objetos que manipula dando forma por su intermedio a las fantasías desiderativas, y ansiedades depresivas frente a la pérdida, puestas en juego. Es una escena dinámica con un proceso propio en el que el chico encarna y vivencia su deseo de disponer omnipotentemente de los objetos significativos y pone en el terapeuta un magma de sensaciones que él no sabe como connotar ni que hacer con ellas cuando lo habitan.
Es interesante considerar esta doble condición de los materiales, objetos y relaciones en juego que por un lado representan a los elementos de otra estructura dinámica pero que a su vez interactúan en ésta, congruente con la original, de acuerdo a sus reales características posibilitadoras o resistentes. Dando cuenta en el uso que se hace de ellos de la mayor o menor discriminación entre el símbolo y lo simbolizado puesta en juego por el paciente, acorde con la mayor o menor consideración de las propiedades reales de los elementos utilizados para expresarse. Hanna Segal al abordar este tema y con relación a los artistas, cuando tienen éxito, dice que " combinan una enorme capacidad de uso simbólico del material con que expresan sus fantasmas inconscientes con la más aguda percepción de las características reales del material que emplean. Si esta segunda capacidad faltara, no podrían usarlo efectivamente para transmitir el significado simbólico que desean encarnar."
En el caso que nos ocupa, y quizás también en el del artista, el interés del chico no es solo el de la transmisión, sino fundamentalmente, el de comprender y experienciar acontecimientos que lo atraviesan.
La afirmación de Susan Langer respecto a que "la comprensión de una cosa a través de otra parece constituir un proceso hondamente intuitivo en el cerebro humano" encontraría en este contexto una fuerte justificación en el hecho de que en estas "otras realidades" variaría la ubicación del sujeto adaptándolas a sus posibilidades de comprensión, procesamiento y apropiación. Creo que muchas de las creaciones de la cultura humana como los mitos, la magia y las religiones, por ejemplo, tienen esta función que se nos hace evidente en los cuentos infantiles.
Con relación al papel que tiene en éste proceso elaborativo del "trabajo del juego" la percepción y utilización de las reales características de los materiales, se abre todo un campo de investigación en lo que atañe a las características reales del analista. Desde la perspectiva winnicottiana de que la resistencia es la resistencia del analista podemos comprender la búsqueda que algunos pacientes hacen de los bordes contratransferenciales del terapeuta como una forma de figurar en transferencia determinadas carencias o particularidades de los objetos originales. El considerarlo sólo como resistencia del paciente nos llevaría a escotomizar parte de lo que éste intenta desplegar a través nuestro, y podría deberse a la falta de reconocimiento e inclusión en el campo, de nuestros propios límites contratransferenciales, justificados o no.
Volviendo a la supuesta interpretación, en el caso de que el chico observado por Freud fuera un paciente en sesión, si ésta logra romper la escisión del yo mediante la que el paciente mantiene inconexas estas dos actitudes frente a la realidad, y éste no esta todavía en condiciones de integrarlas, el juego se interrumpiría evitando al terapeuta las molestias de andar buscando juguetes debajo de los muebles, seguramente para que vuelvan a desaparecer.
Si en cambio el terapeuta intenta "interpretar" el papel asignado tratando de expresar la "perturbación" que el paciente necesita figurar a través suyo, como parecen haber hecho las personas del entorno en el caso observado por Freud, el juego continuará su desarrollo enriquecido por los aportes y connotaciones del terapeuta.
En la siguiente observación de Freud la realidad alternativa que el chico va construyendo le permite ahora agregar a la vivencia de omnipotencia por hacer desaparecer los objetos, la de hacerlos aparecer: "El niño tenia un carretel de madera atado con un piolín. No se le ocurrió, por ejemplo, arrastrarlo tras sí por el piso para jugar al carrito, sino que con gran destreza arrojaba el carretel, al que sostenía por el piolín , tras la baranda de su cunita con mosquitero; el carretel dasaparecía ahí dentro, el niño pronunciaba su significativo "o-o-o-o", y después, tirando del piolín, volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando ahora su aparición con un amistoso[7] "Da" (acá está)."
A la satisfacción experimentada por ser el Dios de este mundo de objetos que desaparecen y vuelven a aparecer se agrega la "alegría" ante la reaparición del objeto en sí misma. Y acá da un primer paso en la integración en su self de algo que, en este mundo, aparecía puesto en los otros que se preocupaban por el destino de los objetos haciéndose cargo de la tarea "nada fácil" de encontrarlos y hacerlos aparecer. En esta nueva forma que toma el juego es él mismo el interesado en la reaparición, y su alegría ante el reencuentro nos revela que ahora está mucho más cerca de poder reconocer la perturbación frente a la desaparición como algo propio. (lo puede hacer por que él es el agente)
En la siguiente observación frente al espejo, al hacer desaparecer su imagen del mismo agachándose, el chico es el sujeto manipulador de objetos pero también es el objeto a manipular. En este juego se hace presente la identificación con la madre, el se ve desde los ojos de la madre y desde ésta posición se hace desaparecer y aparecer. Desaparece y aparece para la mirada de la madre.
Es claro que estos juegos se imbrican con la constitución de la permanencia del objeto. La concepción de la permanencia del objeto en el mundo externo tiene su correlato en la permanencia del objeto en el mundo interno, y esta interioridad que contiene objetos se construye en referencia a la interioridad del semejante.
Él ya no esta solo preocupado y trabajando para transformar en experiencia esto de que la mamá como objeto primordial desaparezca, sino que fundamentalmente, esta preocupado por qué pasa con él en el interior de la mamá cuando no están juntos.
El hallazgo que trata de confirmar y compartir con la mamá a su regreso, al saludarla con su "nene o-o-o-o", es que aunque el nene esté o-o-o-o de la mirada de la mamá esto no quiere decir que haya dejado de existir para ella, así como el carretel no deja de existir para él cuando desaparece detrás de la cuna, cosa que vivencia una y otra vez con alegría al hacerlo reaparecer.
Es este otro momento de integración en el que los recursos adquiridos en la experiencia vivida con la manipulación de objetos son usados en el vínculo con la mamá. Dando cuenta así de la característica humana, mencionada más arriba, de comprender una cosa a través de otra.
No podemos entender el empeño a actualizar en transferencia, objetos y modalidades vinculares de nuestra realidad psíquica, sólo como una manifestación de la compulsión repetitiva en su versión más tanática o resistencial. También se manifiesta en ella una tendencia espontánea al trabajo elaborativo, motorizado por lo que insiste desde el exilio, reclamando ser traducido para encontrar un lugar en la trama preconciente de significaciones. Las vicisitudes transferenciales pueden corresponder a una búsqueda de "formas expresivas" para figurar el encuentro de estos dos mundos, el interno y el externo, que se entrelazan explorando causes que propicien otras "formas de ver", que pueden enriquecer y ampliar la comprensión. En esta línea, y cuando la transferencia no sea preponderantemente resistencial, nuestro interpretar podrá ir en el sentido de sostener la escisión, sin llamar prematuramente a la síntesis, permitiendo el desarrollo del mundo paralelo que implica la reedición transferenacial, facilitado por las condiciones excepcionales que ofrece el método. La asociación libre debe abrirse camino luchando contra la exigencia de síntesis del ideal del paciente, y es fundamental que nos encuentre como aliados en esta aventura.[8]
La función del analista encarna en sí misma una promesa de síntesis, de integración. Pero en el tránsito hacia ella, el analista real, quedará ubicado en la doble condición de objeto de la pulsión, y de sostén del campo desde una función integradora. Esta disociación del analista en la "madre-objeto" y la "madre-medio-ambiente" de Winnicott, será la matriz que posibilite la germinación y desarrollo de las otras realidades de transferencia.  

[1] "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica." – Freud (1925)
[2] "Causas y razones en el psicoanálisis" Viviana Gueudet – Estela Ramilo – Alferedo Tagle – (2002) (Solicitar copia a Ivana)
[3] "Sueños, fantasía y vida." Cap. 2 de "Realidad y juego" – Winnicott (1971)
[4] "Des pulsions érotiques infantiles dans le jeu." – S. Pfeifer (1919) – Artículo citado por Freud en "Mas allá del principio del placer." (Solicitar copia a Ivana)
[5] Utilizo "forma expresiva" en el sentido que lo hace Susanne Langer en "Los problemas del arte": como cualquier totalidad perceptible o imaginable que exhiba relaciones de partes o puntos o incluso de cualidades o aspectos dentro de la totalidad, de modo que pueda entenderse que representa otra totalidad cuyos elementos tienen relaciones análogas.
[6] "perturbación" en la traducción de Lopez-Ballesteros.
   "molestia" en la traducción de J. Etcheverry.
[7] "alegre" en la traducción de Lopez-Ballesteros.
[8] "Reflexiones acerca del método de la asociación libre
 y sus consecuencias sobre el funcionamiento mental." – R. Espinosa – A. Tagle