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Identidad y paradoja


Publicada el 01/01/2010 por Cristina Dayeh





Vivir de muerte, morir de vida
Heráclito
 
Lo más profundo es la piel
Paul Valéry
 
Quisiera partir de los conceptos de permanencia y cambio que fueron señalados por P. Aulagnier como principios del funcionamiento identificatorio, tomándolos separadamente. Los posicionamientos a que dieron lugar se instituyeron hegemónicos en momentos históricos diferentes, vinculados a una concepción particular de la realidad en su conjunto.
El modelo cuyo eje es la "permanencia" supone la identidad como estado, como algo ya dado, lo originario, supuesto básico, sustancia que podrá soportar cambios accidentales; un modo de concebir la identidad organizada alrededor de la "primera vez", la semejanza a lo anterior, una especie de círculo que imita la eternidad, lo definido de una vez y para siempre.
Este modelo se sustenta en el principio de identidad (todo objeto es igual a sí mismo) tendiente a reducir lo real a lo idéntico, esto es, a sacrificar lo heterogéneo. En ese contexto, encontrar es re-encontrar.
El principio de identidad ordena la experiencia tanto como el principio de no contradicción, que plantea la diferencia como negación complementaria, como no-productividad.
En ese contexto lo imprevisible es degradado frente a lo eternamente reiterado, lo diferente es considerado fallido frente a lo idéntico, lo abierto en la temporalidad como aterrador, frente a lo cíclico.
Podríamos encontrar un fundamento de carácter filosófico a este modelo de identidad, en los desarrollos de Parménides, quien sostiene que el ser es uno, eterno, homogéneo (lo representa a través de una esfera compacta); negando la multiplicidad, la alteridad, el cambio.
Nietzsche capta ese punto esencial de lo griego en el que las cosas deben pagar la culpa de haber salido de lo Uno, haberse, precisamente, diferenciado. La multiplicidad sería una afrenta, un delito. Un pecado, una caída.
Platón agrieta la sólida esfera parmenídea, incluyendo la diferencia en un todo regido por la Identidad de un ser pleno. En el pensamiento griego predomina la esencia sobre la existencia. La esencia es la definición de algo, lo que algo es. Ej: el hombre es un animal (género) racional (diferencia específica). El género se fracciona en especies que no lo desbordan ni van más allá de él. Queda soslayado el hormigueo de los individuos, esa diversidad sin medida que cae fuera del concepto.
La subjetividad religiosa, organizada alrededor de la verdad "revelada" que se expresa a través de un dogma y una praxis orientada hacia determinados ideales, podría adscribirse a la concepción de identidad como sustancia que permanece, mas aún, como lo que debe permanecer, o sustancia finita en el caso del hombre, contrastando con la sustancia divina, causa de sí, causa primera, motor inmóvil (Aristóteles).
Un hecho que da cuenta de la inadecuación ontológica entre la sustancia humana y la sustancia divina es que en arameo-hebreo no se conjuga el verbo ser en presente (Lewcowicz).
Solo Dios Es: "Yo Soy el que Soy", dicen las Escrituras. Dios aparece como la subjetividad absoluta.
Esta inconjugabilidad da cuenta de un posicionamiento identitario particular.
Hay una dimensión relevante de acallamiento de la enunciación del sujeto, de la autonomía del pensamiento y del clamor pulsional, en aras de lo inmutable de la prescripción.
Entiendo que las creencias religiosas articulan esferas de sentido de la vida de las personas, y desde ese punto de vista son muy importantes ya que intervienen en la constitución de la identidad. Mi propósito es señalar la eficacia del dogmatismo y la problemática en relación a la obediencia concebida como bien y soporte de la identidad, y la desobediencia, entendida como mal.
Quisiera ejemplificar este posicionamiento identitario, transcribiendo fragmentadamente unos párrafos del libro de Kierkegaard "Temor y temblor" en el que este autor retoma el texto bíblico acerca de que..."Dios puso a prueba a Abraham y le dijo: toma a tu hijo, tu único hijo, el que amas, Isaac; ve con él al país de Morija, y allí ofrécelo en holocausto sobre una de las montañas que te diré".
 
I
"Era muy de mañana; Abraham se levantó,...dejó su casa con Isaac, y desde la ventana los vio descender Sara por el valle hasta que los perdió de vista. Anduvieron silenciosamente durante tres días; la mañana del cuarto, Abraham no dijo una palabra, pero levantando sus ojos vio en la lejanía los montes de Morija.
Despidió a sus servidores y tomando a Isaac de la mano trepó la montaña.....Se detuvo, apoyó su mano sobre la cabeza de su hijo para bendecirlo, e Isaac se inclinó para recibir la bendición.....Pero Isaac no podía comprenderle;......se abrazó a las rodillas de Abraham, se arrojó a sus pies y clamó por la gracia; imploró por su juventud y sus dulces esperanzas; habló de las alegrías de la casa paterna, evocó la soledad y la tristeza......
 
II
Era muy de mañana; Abraham se levantó, abrazó a Sara, compañera de su vejez, y Sara dio un beso a Isaac, que la había preservado del escarnio, y era su orgullo y esperanza para la posteridad. Anduvieron en silencio; la mirada de Abraham permaneció fija sobre el suelo hasta el día cuarto; entonces levantando los ojos vio en el horizonte las montañas de Morija; y bajó de nuevo la mirada......A partir de ese día Abraham se hizo viejo; no pudo olvidar cuánto había exigido Dios de él. Isaac continuó creciendo; pero los ojos de Abraham se habían nublado; ya no vio más la alegría.
 
III
Era muy de mañana. Abraham se levantó, dio un beso a Sara, la madre joven, y Sara dio un beso a Isaac, su delicia, su eterna alegría. Y Abraham, sobre su asno, cabalgó pensativo......Cuando Abraham se halló solo en Morija, la tarde era apacible; se arrojó de cara contra la tierra y pidió perdón a Dios por su pecado, perdón por haber querido sacrificar a Isaac, por haber olvidado su deber de padre hacia su hijo. Tomó de nuevo, con más frecuencia, el camino solitario, pero no halló reposo.
 
IV
Era muy de mañana. Todo estaba presto para la partida en la casa de Abraham. Se despidió de Sara, y Eleizer, su servidor, los acompañó por el sendero hasta el momento en que Abraham le ordenó volverse.
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Retornaron entonces y Sara se arrojó al encuentro de ellos; pero Isaac había perdido la fe "
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Este relato reiterado, este modo recurrente y detallado que intenta cercar el drama, el desgarro extremo, muestra que el horror no se drena de una sola vez.
Kierkegaard pone de manifiesto la catástrofe en sus dimensión privada, secreta: un estallido inobservable.
La identidad del patriarca, ordenada rigurosamente según la Ley divina y una concepción de la responsabilidad que hace fracasar las posibilidades de identificación con la inermidad y el desamparo del hijo, y deja afuera la compasión por él. La sujeción del padre, Abraham a su propio padre, Jahvé, desagrega el movimiento de Eros en pos de "lo venidero" y bordea un desenlace invertido respecto de los personajes del Edipo de Sófocles.
Crueldad del deber-ser que se impone. En hebreo, las palabras que designan libertad y responsabilidad tienen una sola consonante de diferencia.
Pero el hombre se ha exiliado de su unidad primordial, se ha desidentificado con una cosmovisión que lo sujeta a un equilibrio inercial. Identidad es oscilación y movimiento hacia delante que descompleta[1].
El trabajo, la muerte y el sexo, dice Mircea Elíade, son las consecuencias de la expulsión del paraíso. La incesante conversación que algunos hombres sostienen consigo mismos, algunos de cuyos tramos se revelan en el soñar, tiene una peculiar y desordenada continuidad.
Identidad, connotada como cambio es entonces, un constructo no invariante ni atemporal, afectado por prácticas y dispositivos materiales (Foucault), por líneas de fuerza que atraviesan la época, siendo a su vez esa identidad retrabajada y reformulada continuamente por la subjetividad que allí se desenvuelve.
La categoría "subjetividad" parece connotar más fuertemente devenir y cambio, y refiere a la autoconstrucción inacabable, "punto de partida", "práctica de sí", fuente de metáforas que integran historia y azar, restaurando lo singular y los procesos de resubjetivización recursiva.
Los paradigmas deciden lo que observamos (Einstein).
Permanencia y cambio, dos paradigmas alrededor de los cuales se intenta comprender la problemática de la identidad, pueden tornarse divergentes, contrastantes y hasta opuestos, sobre todo si dejan de lado los matices, gradientes y diferentes combinatorias.
Categorizaciones que implican inserciones particulares en el decurso del tiempo y una concepción acerca de la temporalidad como matriz del existir humano.
¿Cuáles son, no ya los paradigmas, sino los fantasmas que desde el psicoanálisis podemos conjeturar subyacentes a estas maneras de pensar y de jugar la identidad, los modos en cuyo interior se establecen representaciones tan diversas acerca de qué es existir?
Para Adorno la experiencia (inscripción y subjetivación) supone el paso por la otredad y un volver luego a centrarse en lo ya subjetivado, inscripto.
Oscilación entre la novedad y lo ya acuñado disponible para ser resignificado.
Etimológicamente ex-per-iencia sería el atravesamiento "por la iancia" , "lo que hay que atravesar", el desafío de la iancia, tal vez del abismo que no ofrece garantía. Esta "iancia" alude a la potencialidad traumática de lo real, en su condición de abierto, no previsible.
Trabajo del sentido que ahueca e instaura una serie desatada y divergente, que tiene más piedad por lo real, por el mundo y por el tiempo, un pensamiento fuera del cuadro ordenado de las semejanzas[2].
"Un pensamiento que diga sí a la diferencia, un pensamiento de la multiplicidad dispersa y nómada" (Foucault).
Multiplicidad maravillosa de las diferencias. En su fractura, en su repetición, el presente agrietado, también es un golpe de azar, un echar los dados.
El tiempo puede ser entendido entonces como apertura, posibilidad, diferencia, no como inalterabilidad del destino; tiempo que rompe con los oráculos: lo humano tejiéndose en el cañamazo del deseo, rizomática, moebianamente, marcando puntos, nudos, relieves, sitios de pasaje (Sperling).
La identidad se va haciendo en la historia, dejándose modelar, o no, por los acontecimientos. El yo es un narrador de historias pequeñas o no tan pequeñas, buscando un sentido en la "multiplicación de los horizontes de sentido" (Vattimo). Importa la relación de la identidad con lo que altera sustancialmente lo previo y anuda en otra clave, el acontecimiento (Badiou).
Tal vez sea excesivo, extremo, pensar lo idéntico solamente como tautológico y oponerlo a la novedad radical. Por otro lado, si algo es "radicalmente" nuevo, tal vez sea impensable y no haya como ligarlo, como apropiarlo y producir una recomposición simbólica que entrame con el pasado: costado de incertidumbre y riesgo; ¿cuánta autonomía, cuánta caída de certezas o al menos variación de los puntos de anclaje, es posible?. ¿Cuánta movilidad de la libido ("condenada a investir"), cuánta desidentificación, heterogeneidad, nomadismo, tal vez agonía; cuánta virtualidad, cuánta encrucijada puedan ser vividos como oportunidad?
¿Será el "nomadismo" un recurso exagerado a la metonimia, un huir hacia adelante sin "poner punto"?.
Sin embargo, la construcción/deconstrucción de futuros posibles surge en los intersticios de las bifurcaciones de los procesos de crisis.
En ese contexto planteo que permanencia y cambio sean pensados no sólo en consonancia con los principios de identidad y no-contradicción, y aún la dialéctica sería un recurso insuficiente (Foucault señala que la contradicción trabaja en secreto para la solución de lo idéntico).
Creo que la paradoja puede ser un instrumento paradigmático más adecuado para la comprensión de la identidad transformada en subjetividad, una metáfora que reúne mismidad y diferencia, un bucle recursivo que da cuenta de una gran intrincación.
La paradoja acumula predicados sin que estalle la contradicción.
La paradoja está vinculada a la epistemología de la complejidad, es decir a un pensamiento donde estará siempre presente la dificultad, un pensamiento enmarañado de interacciones, de retroacciones."Todo está en todo y recíprocamente" (E. Morin).
La paradoja destruye al buen sentido como sentido único, pero luego es lo que destruye al sentido común como asignación de identidades fijas.
La paradoja es la afirmación de dos sentidos a la vez. Cuando Lewis Carroll dice que "Alicia crece" afirma que ella es mayor ahora y más pequeña antes, pero también más pequeña ahora respecto de lo que devendrá.
"Es la simultaneidad de un devenir cuya propiedad es esquivar y trastocar el presente" (entiendo que relativizándolo, no sustancializándolo). "Pertenece a la esencia del devenir, avanzar, tirar en los dos sentidos a la vez" (Deleuze).
Alicia no crece sin connotar pequeñez. En el capítulo "¿Quién lo soñó? L. Carroll no diferencia entre el sujeto de la enunciación y el enunciado. Soñar y ser soñado, tema recurrente en Borges, quien lo toma de la literatura oriental. La paradoja destruye la ilusión de que hay sujeto.
Entonces, la incertidumbre no es sólo del sujeto, sino que es inmanente a la estructura del acontecimiento mismo en tanto que ese acontecer admite dos o más sentidos a la vez y no cesa de circular en las dos o más series. De ahí la inoperancia de ciertas nosografías sedentarias que utilizan sentidos únicos o entidades fijas. Que no toman en cuenta la paradoja que el sujeto es, y no sólo las paradojas que el sujeto trae.
La noción de autonomía, ligada a la dependencia y ésta inseparable de la autoorganización (Morin) expresa una condición paradojal de los seres vivos.
Y en la cura analítica aparece el " fuera del tiempo (Zeitlos)" inaudito que Freud destacara. Ese fuera-del-tiempo propio de la pulsión; y particularmente, de la pulsión de muerte, en tanto que la existencia humana está intrínsecamente ligada al tiempo.
Winnicott conceptualizó las paradojas del proceso de maduración (paradoja del objeto transicional, de la capacidad de estar solo en presencia de otro, de la destructividad o la utilización del objeto, la paradoja del juego). Y la reacción terapéutica negativa también sería una respuesta paradojal frente a la mejoría. (Rousillón).
Es la condición paradójica de lo humano, problemática en su poder de génesis, de proliferación "Una distribución de puntos relevantes, ningún centro; sino siempre descentramientos, series, de una a otra, la claudicación de una presencia y una ausencia" (Deleuze).
Los "sentidos" se constituyen[3], pero también se deconstruyen, se cuestionan, sacrifican su univocidad y homogeneidad, su carácter determinista, su apelación a la esencia, a cambio de una mayor libertad de los enunciados.
Queda relativizado el concepto de origen asociado a causalidades únicas. Muchas veces el origen es incognoscible, una dispersión infinita, misterio de lo puesto a existir. Sólo el lenguaje expresa la vocación de "encerrar el ayer, el hoy y el mañana pero sólo conjeturalmente ya que esas relaciones están expuestas a perturbaciones, y reconocerlo constituye una dimensión ética de la escritura" (I. Bachmann).
La paradoja se interesa por lo singular y tal vez tenga afinidad con el concepto de magma.
Tal vez sea apta para expresar la condición magmática de la vida.
El mundo tiene una infraestructura magmática en la que irrumpen determinaciones nuevas. El proceso perpetuo de autocreación y alteración es atinente al magma. (Castoriadis).
El ser humano no coincide con lo que es estable, fijo, permanente sino con un devenir complejo que nos permite captar la identidad como experiencia de oscilación singular, como oportunidad (chance) en un nuevo modo de ser (quizá, por fin) humanos.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
Taller de Subjetividad religiosa: I. Lewcowicz, H. Alonso, C. Dayeh, I. Hadid, J Vasen, D. Winograd y otros. CEAP 1998.
BADIOU, Alain: Deleuze, el clamor del ser. Manantial, Buenos Aires, 1997.
CASTORIADIS, C.: Hecho y por hacer. Eudeba, Buenos Aires, 1998.
DELEUZE, Gilles:  * Conversaciones. Pre-textos. Valencia, 1999.
* Lógica del sentido. Paidos, Barcelona,1994.
DERRIDA, Jaques: Dar la muerte. Paidos Ibérica, Barcelona, 2000.
FOUCAULT, Michele y DELEUZE, Gilles: Theatrum Philosophicum y Repetición y diferencia. Anagrama, Barcelona, 1995.
FRIED SCHNITMAN, PRIGOGINE, MORIN, GUATTARI, SLUZKY, y otros: Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Paidos, Buenos Aires, 1998.
KIERKEGAARD, Sören: Temor y Temblor. Losada, Buenos Aires, 1991.
KRISTEVA, Julia: La revuelta íntima. Eudeba, Buenos Aires, 2001.
LYOTARD, J. F: La condición postmoderna. Informe sobre el saber. Rei, Buenos Aires, 1995.
ROUSILLÓN, René: Paradojas y situaciones fronterizas del psicoanálisis. Amorrortu, Buenos Aires, 1995.
SPERLING, Diana: Del deseo. Tratado erótico-político. Biblos, Buenos Aires, 2001.
VATTIMO, G y otros: En torno a la posmodernidad. Anthropos, Barcelona, 1994.

[1] En Descartes y en Newton el mundo era perfecto porque emanaba de la perfección divina. Nuestro universo es producto del diálogo entre orden y desorden. El desorden tiene un papel productor. (Morin).
[2] Este aspecto es decisivo también en lo que concierne actualmente al saber científico, a su "identidad"; paradójicamente está a la búsqueda de vías de salida de la crisis, siendo la crisis la del determinismo."El determinismo es la hipótesis sobre la que reposa la legitimación por medio de la performatividad: definiéndose ésta por una relación input/output, es preciso suponer que el sistema en el cual se hace entrar el input está en estado estable: obedece a una "trayectoria" regular que permitirá anticipar adecuadamente el output". Lyotard, J. F. La condición postmoderna.
La perspectiva del determinismo integral y exhaustivo "trivializa" el quehacer científico "pero de ninguna manera significa - más bien todo lo contrario - que no haya determinismos locales o sectoriales".C. Castoriadis. Hecho y por hacer.
[3] "La búsqueda del sentido es búsqueda de la puesta en relación de los elementos que se presenten". C. Castoriadis. Hecho y por hacer.