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Los juegos de la verdad


Publicada el 01/01/2010 por Cristina Dayeh





Un sentido sobreviene también
por la senda más estrecha
que fractura
la más mortal de nuestras marcas erigidas.
Paul Celan
 
¿Pasión por conocer? No,
lo que yo quería
no era conocer sino comprender
Eugenio Montale
 
 
Si tomamos el estatuto de la verdad, como uno de los ejes posibles en relación a comprender la subjetividad instituida en cada época, observamos que los distintos criterios de verdad remiten a posiciones subjetivas diferentes. Una subjetividad que busca objetos deterministas o estáticos en el mundo es diferente de la que busca construir un mundo del devenir. Cómo se concibe la verdad y qué eficacia tiene o qué tipo de sujeto se constituye a partir de ella son problemas relevantes.
Una cuestión es la verdad "revelada", acto puro, en el sentido de no existir pasaje de la potencia al acto, ni desarrollo o advenimiento de nuevas verdades, verdad con una dimensión casi ontológica, que se expresa a través de un dogma y de una praxis.
Otras cuestiones plantean los mitos cuyas verdades se organizan según la lógica de la dispersión y del hipertexto, que es la de la coexistencia de distintas versiones a veces contrapuestas, soslayando el principio de contradicción.
Un planteo más reciente es el de la verdad como el resultado de una investigación donde importa la conexión entre enunciados en relación a un referente externo que instaura las condiciones de verdad.
Verdad como apropiación definitiva, eventualmente como práctica coercitiva, y en el otro extremo como interrogación ilimitada.
En el intento de reflexionar acerca de la categoría verdad y esbozar sus contornos se producen inevitables entrecruzamientos y sobrecodificaciones que implican a otros dominios: el problema del conocimiento y del pensamiento en general, del lenguaje y la experiencia.
Pensamiento vuelto sobre sí mismo e interrogándose no sólo acerca de sus contenidos, sino de sus presupuestos y fundamentos. Paradigmas que constituyen sistemas de interpretación dan cuenta de lógicas diferentes y operan como red de supuestos que subtiende la constitución y formalización del conocimiento. Los paradigmas se infieren, como una trama oculta y silenciosa cuyos hilos "hacen fondo" al caos de la diversidad de prácticas y discursos.
En la actualidad los postulados epistemológicos incluyen la complejidad permanentemente abierta de lo real, la problemática del azar, de lo improbable, lo no predictible, lo asimétrico, la autoorganización y el papel constructivo del desorden, en oposición a una epistemología que describe un universo inequívoco, sin inestabilidades ni bifurcaciones, asociado a fenómenos de tipo periódico, abierto a la evidencia de las "ideas claras y distintas" de Descartes. Por el contrario, hasta el arte, como el surrealismo muestra, llevado a su punto culminante por Dalí, subraya la opacidad fundamental de la naturaleza, la multiplicidad y hasta cierto punto ambigüedad de significados.
La distinción entre sujeto y objeto, las barreras disciplinarias entre las ciencias y entre ciencia y filosofía son interrogadas insistentemente y eventualmente cuestionadas.
La ciencia actual crea nuevos lenguajes y nuevos formalismos interdisciplinarios; otras articulaciones entre causalidad y no predictibilidad.
Me pregunto: ¿Qué protagonismo, qué lugar tiene la potencia creadora del ser humano, es decir la imaginación radical sin la cual no puede haber pensamiento y que tal vez preceda a cualquier pensamiento, en el efecto de rediseño de los paradigmas de una época?
Las verdades planteadas como eternas, universales, paradigmáticas, eventualmente dotadas de una potencialidad de exceso, tal como aparecen en el relato bíblico inicial o en el mito de Icaro, o imaginarizadas como eudemonía, felicidad y bien supremos, han sido relevadas por una concepción de la verdad que se manifiesta también en acontecimientos, sucesos impensables, desagregaciones bruscas que la semiótica y la dialéctica no pueden traducir. Las manifestaciones científicas están involucradas en circuitos recursivos, en interacciones no lineales. La teoría unitaria cede protagonismo a la búsqueda de ligazones y articulaciones,
La verdad, ¿es lo que se construye o lo que se halla?
¿Hay saber, o producción de verdades?
¿Qué papel cumple el lenguaje en el problema de la verdad?
¿Qué relación hay entre pensamiento, conocimiento y saber?
¿Podemos tomar al pensamiento como la posibilidad de desbaratar los sistemas de saberes constituidos?
¿Cuándo el pensamiento es la posibilidad de pronunciar la palabra inaudita?
Cuándo el saber produce efecto de subjetivación?
Un saber sistemático y organizado, derivado de los avatares de la hiperespecialización y del sometimiento a un método puede ser más bien desubjetivante al privar a la realidad de su mejor savia y de su más entrañable intimidad. Desde el psicoanálisis podemos conjeturar que lo humano y singular, la salida de la serialización, se juega en el cuestionamiento, elaboración y apropiación de un saber irrigado por lo pulsional, herramienta discursiva que permita instalar otros sentidos; inscripción de marcas específicas percibidas como genéricas por su relación con verdades socialmente instituidas.
El trabajo de construcción del sujeto es correlativo del trabajo de construcción del mundo. Sócrates, partero de verdades posibles, plantea el diálogo como proceso de alumbramiento de la verdad.
En el pensamiento clásico aparece el primer paradigma en la historia de la concepción de la verdad: la correspondencia entre ser y pensamiento, entre sujeto y objeto: verdad es en ese contexto adecuación del intelecto al objeto.
Aristóteles piensa el problema del conocimiento como una mirada que interroga activamente al objeto (el nous poietikos es producción, no reflejo pasivo de lo real, no tabla rasa) pero el sujeto deberá tener en cuenta la legalidad intrínseca de ese objeto, su particular clausura y misterio, su intransparencia, que no es la intransparencia de la opacidad, sino de la complejidad que se resiste a ser explicitada.
El sujeto no instaura una significación inexistente; el significado es inherente al objeto pero no se revelaría sin la intervención del sujeto.
Habría entonces en esta concepción una verdad inmanente al objeto, su esencia, develada por un sujeto que queda él mismo afectado, modificado. Curiosamente también para Foucault, la verdad ilumina el ser mismo del sujeto, lo transfigura y, dice, lo convierte, produce una transformación en él.
Verdad como desocultamiento, desciframiento, interpretación de lo inteligible.
En la concepción que de la realidad tienen los griegos queda claramente definida la oposición entre lo uno, lo inmutable, lo permanente por un lado, y lo aparente, múltiple y cambiante por otro. En consonancia con esto es entendible que Aristóteles plantee la importancia del conocimiento de las categorías universales, pero lo cierto es que en ningún momento abandona lo concreto, individual y contingente. Rescata la importancia de lo singular y esto lo acerca enormemente al psicoanálisis.
Así que tenemos en este aspecto un Aristóteles contemporáneo, (tan cerca de nosotros como lejos si nos guiamos solamente por la lógica formal), que plantea la noción riquísima de lo "único" que en el psicoanálisis será decisiva para su conformación como la paradójica ciencia de lo singular.
Estamos con Aristóteles, lejos de la abolición de la alteridad, así como también Heráclito destaca la cuestión de la antinomia, el conflicto y el cambio (nadie se baña dos veces en un mismo río, nadie sueña dos veces el mismo sueño)
Cuando Kant declara que la "cosa en sí" o noúmeno es incognoscible y sólo conocemos el fenómeno, lo que aparece, la verdad ya no es más la adecuación de la mente al objeto. El objeto no puede ser conocido, porque tanto el espacio y el tiempo, constitutivos de la sensibilidad como las categorías del entendimiento son aportados por el sujeto. Claro que estas categorías no son abiertas y experienciales, no están condicionadas por la propia historia, sino que son universales y "a priori". Pero entonces, el objeto que no puede ser conocido, puede ser pensado.
En Kant el sujeto pone al objeto en la medida en que lo construye como materia inteligible, pero lo que él pone no es necesariamente aquello que hay, sino que es el destino que "lo que hay" corre en su conciencia. De este modo nos está diciendo que hay un límite con el que la conciencia tropieza donde paradójicamente su posibilidad es su imposibilidad, dando lugar a una ética del límite en Kant que viene de su epistemología.
De este modo Kant plantea algo importante que es un más allá de la construcción del objeto y un más allá del sujeto que construye el objeto y al mismo tiempo abriendo un campo a la conciencia de la finitud y tal vez muy cercano a lo que podríamos llamar la noción de cura.
Entonces el pensamiento se convierte en creador justamente en los puntos de impasse, de indeterminación del conocimiento. Un pensamiento que intente pensar la totalidad de la experiencia humana , que abra campos de problemáticas, más libre de un objeto que vectoriza hacia sí inevitablemente el proceso del conocer, y tomando en cuenta el vacío y la discontinuidad.
Hegel plantea que a través del conocimiento el hombre proyecta en el mundo, inicialmente hostil, su propio rostro y que de ese modo, el mundo se torna humano, amistoso y queda transformado en la propia casa: bei-sich.
Así que aparece el conocimiento como un modo de salir del desamparo y el desconocimiento como expresión de carencia e indefensión.
De todos modos es el hombre, cuya existencia individual es un momento pasajero, fugitivo, dialéctico del devenir de la realidad, es el hombre la oportunidad, el modo cómo la realidad se torna progresivamente autoconciente, es decir el encargado de que la verdad, inicialmente abstracta, se despliegue dialécticamente y alcance un desarrollo concreto.
El "para sí" es el "en sí" desarrollado; la potencia se transforma, deviene en acto.
 
El saber constituido, las teorías totalizadoras "de objeto unificado"1 dificultan la posibilidad de pensar lo singular, el acontecimiento como novedad radical. Estas categorías resultan excesivas para una lingüística que toma el discurso como un conjunto de enunciados y no como un conjunto de prácticas que instituyen una subjetividad; discurso como efecto de la lengua, y no de los dispositivos materiales.
Mientras el saber va del lado de cierta seguridad y certeza, el pensamiento está enlazado a la angustia de una apuesta. El conocimiento tiene objetos: el pensamiento es más conjetural, tiene campos de intervención. Los criterios universales de verdad son reemplazados por múltiples universos de discurso.
El pensamiento des-construye la noción de saber (tomo des-construcción no solo como abolición sino como un remontarse a la raíz de los presupuestos).
Badiou: "las verdades perforan en diagonal la enciclopedia de los saberes, Agujereando todos los enunciados verídicos es posible que advenga una verdad post-acontecimiento".
Es un análisis que pasa más por el concepto de hipertexto que incluye lo contradictorio, lo impensable y azaroso sin expulsarlo, que por el concepto de texto orgánico y unitario. No hay operación simbólica capaz de hacer consistir todo, siempre queda un resto que ni la dialéctica (como lógica de la contradicción) o la semiótica (como estructura de la comunicación) pueden dar cuenta
Esto nos plantea en relación a nuestra clínica psicoanalítica un más allá de la interpretación. La interpretación aspira a tornar inteligibles el silencio y la opacidad, pero lo real se resiste a deslizarse en los juegos del significante.
Los instrumentos conceptuales de una teoría homogeneizante, pueden ser un modo de esquivar una realidad azarosa, desordenada y abierta imponiéndole entrar en una semiología insuficiente. Por otro lado no hay un imaginario único, sino un entorno múltiple donde coexisten diversos escenarios.
No es casual que en el epígrafe de esta comunicación cite dos fragmentos poéticos: hay una intersección entre el campo discursivo de la verdad y el campo de la poesía.
La poesía produce una ruptura epistemológica; no se reconoce tributaria de la epistemología e instala una mirada empática con la verdad revulsiva; no pretende resolver paradojas sino que las desoculta compasivamente.1
En el develamiento, desocultamiento, descubrimiento hay una cierta insistencia, una casi violencia en invertir el ocultamiento. Esta dimensión de ocultamiento y de olvido es constitutiva de la verdad y no va a ser reducida por el saber. Es lo que luego aparecerá en Lacan como "la verdad no toda" y "la verdad a medio decir".
Amor por la poesía, por las ficciones, si entendemos la verdad como una referencia predominantemente unívoca.
Desplazamientos, descentramientos, sustituciones metafóricas. Inevitable polisemia de la representación acompañada de la ambivalencia de los afectos. Construcción recursiva de interpretaciones acerca de un mundo que captamos en escorzo, que no terminamos de aprehender.
El mundo es un acontecimiento contado por la religión, los mitos, el arte, la historia. He querido señalar aspectos afines a nuestra contemporaneidad en pensadores como Aristóteles y los griegos en general, y desde luego en Kant, así como también esbozar cómo hemos dejado atrás concepciones universalistas, sustancialistas que reflejan un mundo abovedado y seguro que siente como desamparo gnoseológico la salida a la intemperie y a la incertidumbre, la pérdida de certezas, la deconstrucción sin garantías, lejos ya del principio de la "armonía preestablecida" de Leibniz.
El mundo actual es rico en evoluciones impredictibles y flujos turbulentos y expresa una relación dialéctica entre orden y desorden. Esa relación promueve estrategias de comprensión y de intervención "en la incertidumbre".
La relación entre la filosofía y el psicoanálisis atravesó la historia de la cultura por tres etapas: la primera, propuesta desde Freud es aquella en la cual la filosofía aparece como un discurso racionalizador, es decir encubridor de su límite. Esta postura es característica del primer vínculo del psicoanálisis con la filosofía.
La filosofía es síntoma porque viene a hablar de una omnipotencia del decir y de la razón. El segundo momento en la historia de la filosofía es aquel en el cual el psicoanálisis imbuido del marxismo repiensa a la filosofía ya no como un discurso de la racionalización y la negación sino que empieza a pensarla como un discurso que puede ser profundamente creador en la medida en que es conciente de su límite. Aparece un pensamiento innovador: la izquierda hegeliana con Feuerbach, con Marx, cuestionador de la Modernidad; pensadores que vienen a decir que la filosofía, enriquecida por la perspectiva psicoanalítica aparece como un discurso que consciente de su límite puede hacer una denuncia crítica de los presupuestos ideológicos.
El tercer gran momento con Heidegger y Badiou por un lado, con el existencialismo por otro, pone de manifiesto una filosofía emparentada con el psicoanálisis pero ya no como antinomia, antítesis o contracara sino en el orden de una búsqueda complementaria. El psicoanálisis vendría a ejecutar en el campo de la clínica lo que en la filosofía se juega en el campo de la transmisión teórica. Podemos entonces pensar el alcance de la cura a la luz del parentesco entre filosofía y psicoanálisis.
Habiendo el psicoanálisis mostrado que los juegos de la verdad nos desimplican de lo Absoluto entendido como un contenido discernible, queda planteada la cuestión de la finitud entendida como un límite.
¿Cuál es la relación del psicoanálisis con los nuevos paradigmas?
¿Podemos presuponer que su fuerza contextual nos atraviesa y nos transforma o somos meros espectadores?
Ya Freud habría hecho una relectura dialéctica del determinismo, del biologismo, de la génesis histórica, del innatismo/empirismo. ¿Cómo pensamos los analistas las relaciones entre historia, azar y determinismo, y las relaciones entre procesos, así como la perspectiva desde la que observamos y evaluamos las crisis como fuente de novedad en condiciones de desequilibrio?.
El mundo se ha vuelto intensamente complejo y no existe género del discurso capaz de dar un trazado único o recubrir un horizonte de sentido unitario a la experiencia de la vida o de la subjetividad.
¿De qué diferentes maneras nos concierne a los analistas el problema paradigmático por excelencia, el problema de la verdad?
¿Con qué concepción se piensa y se trabaja en psicoanálisis? ¿Producción de significados o revelación de verdades?. Freud buscaba la verdad histórica, si bien en "Construcciones en el análisis" y en el Moisés, diferencia la verdad histórica vivencial de la verdad material, verdad del paciente que alcanza una transcripción de telescopaje atravesada por los acaeceres transgeneracionales; verdades fragmentarias, elementos errantes cuando la posibilidad de la inscripción en el aparato claudica, metamorfoseados por la represión y la desmentida, muchas veces ubicados en el borde de lo no metabolizable donde, como dice Silvia Bleichmar sólo se puede tejer el entramado para que una verdad advenga. En este último sentido, la verdad es lo que se construye, no lo que se halla. ¿Cuándo el saber, o mejor el pensar produce efecto de subjetivación ?
La verdad, en la dimensión de la neurosis, es el descubrimiento de lo velado por la represión: el paciente sabe, pero no sabe que sabe. La verdad es verdadera en tanto es descubierta, subjetivada y reformulada según el proceso secundario, pero no existe "traducción de traducción" que sea auténtica (Laplanche). Por lo tanto el paradigma de la verdad como adecuación y la centralidad de la idea de origen se desconstituyen como sustratos fundamentales del trabajo con el paciente, más aún si presuponemos, no ya la represión sino el déficit de inscripción y representaciones.
Pensamos en distintas dimensiones tópicas de la verdad subjetiva. La verdad en su dimensión pulsional, fantasmática (tomo la fantasía como un articulador de alta complejidad entre sistemas y que expresa lo pulsional a través de las representaciones-palabra en una escenificación imaginaria), la verdad de la no-verdad en el delirio, verdades agolpadas al modo de la holofrase, y por otro lado la irrupción de verdades en la clínica, vía el paciente u otros, que afectan nuestros procesamientos simbólicos y nuestra escucha; verdades insostenibles que debemos contener y procesar.
La verdad es el descubrimiento de lo velado.
Green plantea que la verdad histórica, es a su vez una interpretación subjetiva. Interpretación no sólo como revelación de un sentido oculto sino creación de un sentido ausente: verdad conjetural, abierta, inacabada debido a las combinaciones aleatorias de la vida. La mitología individual condensa largos procesos que se convierten en la invención de un día, proliferación de versiones a la espera de una nueva inscripción, una verdad a medio decir. Estos mitos ceden lugar en el proceso analítico a la construcción del propio relato histórico.
Cada representación psíquica remite a una infinidad de otras representaciones que conforman su contenido; todos los fenómenos del psiquismo poseen esa complejidad magmática del entramado, esa polisemia enmarañada que los coloca lejos de las ideas "claras y distintas" como Descartes soñaba.
El trabajo analítico conduce a compartir una verdad supuesta posible (Green).1 ¿Está aquí presente la concepción socrática acerca del diálogo como alumbramiento de la verdad?. Construcción compartida de una historia que se constituye, cuyo significado siempre está en proceso y supone un trabajo de la pulsión de vida, integrando redes representacionales, afectivas y deseantes del analista (quien escucha desde el hipertexto de la atención flotante) y del analizando. Implica la investidura del conocer como proceso y no simplemente como resultado, y la investidura del yo como origen de ese proceso.
¿Cómo inciden el saber y el pensar en el proceso analítico?.
Saber de antemano es reducir la comprensión anticipadamente.
¿Cómo se posiciona Freud en relación a este problema por ejemplo cuando habla del llenado de las lagunas mnésicas? Podemos pensar que la construcción de la anamnesis es siempre una reconstrucción y toda reconstrucción es una encrucijada.
Importa determinar qué valor tienen para nosotros las verdades teóricas, cómo nos posicionamos frente a ellas. Habrá que tener en cuenta que los diferentes marcos teóricos, o el privilegio de ciertos aspectos de las teorías que utilizamos posibilitan determinadas observaciones, cuyo soporte material aparece solo de modo indiciario.
Einstein decía que la teoría decide lo que observamos, también el método (método y verdad han sido fuertemente correlativos en Occidente) ya que lo que un método permite explorar contrasta con todo lo que queda por fuera de esa mirada, de esa teoría, de ese diagnóstico.
Importa cómo vamos permitiendo que surjan las complejidades, las heterogeneidades así como el grado de incertidumbre que toleramos.
Interesa la utilización que hacemos de la psicopatología, su grado de autorreflexividad, cuestionamiento y apertura y nuestra capacidad de transformarla en herramienta para producir significados; el modo de fundamentar, o no, nuestras hipótesis incluyendo las experiencias contratransferenciales a las que habrá que dar traducción verbal; los significados surgen en el marco móvil de dos subjetividades.
El psicoanálisis tiene la vocación de engendrar una subjetividad que escape a las modelizaciones adaptativas.
Las verdades en psicoanálisis revelan, y ocultan, los paradigmas que subyacen como trama en forma activa al trabajo teórico clínico y que pueden tornarse restrictivos si no son objeto de discusión y "puesta al día". En ese sentido cabe preguntarnos: cuándo las teorías se transforman en ideologías.
Nuestros hallazgos son "retranscripciones metafóricas" y no sólo o no tanto intelecciones de una naturaleza intrínseca. Importa entonces considerar la potencialidad de una teoría y de una praxis, de generar otras retranscripciones metafóricas.
Este tiempo también puede ser pensado como el tiempo de la creatividad, de la generatividad, de los dilemas, de la apertura de nuevas potencialidades.


BIBLIOGRAFÍA
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                                    Proceso al azar. Tusquets, Buenos Aires, 1992.
 

1 "La modernidad deja de existir cuando desaparece la posibilidad de seguir hablando de la historia como entidad unitaria". G. Vattimo.
1 Y qué decir de su potencial revolucionario: "Las palabras más quedas son las que desatan la tempestad. Los pensamientos que mueven al mundo vienen con suavidad de paloma". F. Nietzsche, Así habló Zarathustra.
1 La búsqueda interpretativa opera desde una posición de no saber, eludiendo el riesgo de la inferencia. (Sluzki).