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La muerte y la causa


Publicada el 01/01/2010 por Eduardo Müller





El tema es acerca de cómo discutir lo que todavía no se discutió en serio. Me refiero a la discusión acerca de la lucha armada en la Argentina y si algo cambió en 30 años, y si algo nos cambió. Y también es tema para mí, y acá empiezo tomando alguna posición, cómo fracasan los modos de abordaje como los de Del Barco que prefieren, a mi gusto, el atajo religioso, al pensamiento crítico. Y cómo el psicoanálisis, o mejor dicho los psicoanalistas, pueden aportar algunos elementos para ese pensamiento crítico. Del Barco me sirvió como pretexto para discutir, y no con él, sino acerca cómo él no discute, y que en su modo religioso, bíblico, de confesarse y pedir perdón no estuvo solo. Hay un responsable de todo esto que también lo hizo y lo agrego hoy a la discusión. Se trata del jefe Montonero, -subrayo jefe, por lo que voy a decir después- Mario Firmenich. Es mentira, como dicen los medios, que los del otro bando, como dicen los bidemoníacos, no hayan hecho su autocrítica. Firmenich la hizo, después de Balsa, con el inefable Bernardo Neustadt y también en algunos reportajes públicos como el que le hizo García Márquez o el que le hizo Cristina Suker en su libro. También Firmenich toma por el sendero religioso.
Veamos. Creo que esto lo dijo en televisión con Neustadt: "Fuimos acorralados política y militarmente mientras la triple A nos masacraba tras la muerte del Gral . Perón y cometimos el error madre de pasar a la clandestinidad y retornar a la lucha armada, pese a que no existía para eso la legitimidad que otorgaba el consenso de las mayorías. Políticamente el error fue de naturaleza ideológica y militarista, pero espiritualmente fue el pecado de falta de esperanza que nos llevó a una decisión desesperada. No fuimos capaces de luchar cumpliendo el precepto cristiano que nos manda a amar a los enemigos. De haberlo hecho se habrían evitado dolorosos daños".
Ah, bueno, eso les pasó por abandonar la Biblia o no respetar sus principios. Al no matarás de Del Barco, Pepe agrega algo más difícil, a amar a los enemigos ¿Amar a quién, a Videla, a Massera?¿Si hubieran matado al Tigre Acosta todo se hubiera evitado? ¿Esta es una autocrítica? Veamos más bien cómo fue esa concepción religiosa, la que permitió que sigan muriendo militantes mientras siguió vacante la reflexión crítica.
Y quiero acá abrir un paréntesis y marcar las semejanzas entre dos masas artificiales, la iglesia y el ejército. Recordemos que sobre ellas actúa una cohesión exterior, encaminada a preservar las de la disolución y a evitar modificaciones en su estructura.
En general, no depende tanto de la voluntad del individuo entrar o no a formar parte de ella. Pero una vez dentro la separación se haya sujeta a determinadas condiciones cuyo inclumplimiento es rigurosamente castigado (recordemos que deserción es un delito militar).
En la iglesia y en el ejército reina, cualesquiera que sean sus diferencias en otros aspectos una misma ilusión, la ilusión de la presencia visible o invisible de un jefe, Cristo en la Iglesia católica y el General en Jefe en el ejército, que ama con igual a amor a todos los miembros de la colectividad. En las dos masas artificiales la Iglesia y el Ejército, se halla el individuo doblemente ligado por lazos libidinosos, en primer lugar al jefe, Cristo, el General, y además a los restantes individuos de la colectividad. Freud analiza por qué las sociedades se mantienen unidas recurriendo a los conceptos de libido a identificación. La gente permanece unida por lazos de amor inhibidos en su fin, desexualizados, sublimados y porque han elegido al mismo líder como ideal del yo, se identificaron con él y por lo tanto se han identificado entre sí.
 
Cierro paréntesis y retomo
 
Esta concepción religiosa en la autocrítica es la continuación lógica de la concepción militarista que llevó a morir a miles de militantes, después del golpe de marzo del `76. La convicción de la dirigencia del llamado ejército montonero, de la infalibilidad de sus órdenes y de lo inevitable de su victoria llevó a miles de miembros de esa masa individual a la muerte. El 15 de marzo de 1978, una resolución de la conducción nacional implanta el uso de un uniforme obligatorio para el ejército y la milicia montonera. Y se abunda por escrito en la correcta colocación de las insignias, en las prendas del uniforme. Adquieren importancia los rangos, los saludos, los uniformes, la disciplina militar. La guerrilla terminó reproduciendo las formas y las técnicas del poder al que combatían.
Firmenich, en un reportaje de 1977, dice que a fin de octubre del `75 sabían del golpe. Dice: "no hicimos nada para impedirlo porque en definitiva también el golpe formaba parte de la lucha. Hicimos nuestros cálculos, cálculos de guerra, y nos preparamos para soportar, en el primer año, un número de pérdidas humanas no inferior a 1500 bajas". Es un general el que habla. Y habla de pérdidas humanas y de bajas.
 
...y sus compañeros asesinados
El lazo