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¿La pregunta del analista, es una pregunta?


Publicada el 01/01/2010 por Eduardo Müller





"…la técnica analítica correcta ordena al médico sofocar su curiosidad y deja al paciente la libre disposición sobre la secuencia de los temas en el trabajo. Por eso, en la cuarta sesión recibí al paciente con la pregunta '¿Cómo proseguirá hoy usted?' -Me he resuelto a comunicarle algo que tengo por muy sustantivo y que me martiriza desde el comienzo"   De "El Hombre de las ratas".
 
Para comprobar la posibilidad de que los hechos hubieran ocurrido tal como yo los completaba, pregunté con la mayor cautela a la paciente si conocía el signo corporal de la excitación en el cuerpo del hombre. La respuesta fue "Sí", para el momento actual; pero, en aquel tiempo, creía que no."   De "El caso Dora"
 
Cuestionamos se llamó un libro (en realidad dos), que hizo época. En realidad era un libro que respondía. Que era responsable de responder a una situación del psicoanálisis que merecía una respuesta. Fue un trabajo y un acto que vino después de infinidad de preguntas. De llevar las preguntas hasta las últimas consecuencias. Cuestionamos quería decir que respondemos de esta manera a las preguntas que nos animamos a hacer. Es un libro que nos puede servir de documento y de plataforma para medir hasta donde se puede llegar cuando uno se anima a preguntar y a hacerse cargo de las consecuencias de las preguntas que se formula.
 
Durante mucho tiempo, en la técnica psicoanalítica, en la época en que se hablaba de teoría de la técnica, estuvo desaconsejado y hasta prohibido preguntar a los pacientes. Yo recuerdo profesores de técnica psicoanalítica, y hasta algún supervisor, que decían que no había que preguntar. Nunca les pregunté por qué. Me pregunto por qué.
Algunos decían que se debían utilizar las entrevistas iniciales para preguntar, porque luego ya no se lo iba a poder hacer.
Este trabajo es una interrogación acerca de la pregunta como instrumento del analista. Cuándo abre y cuándo cierra la producción analítica. Es decir cuando está al servicio del método: de la asociación libre, la atención flotante y la interpretación, o cuando es un objeto resistencial del analista, que puede a su vez generar la resistencia del paciente.
Empecemos con el preguntar eficaz, el que promueve la producción en la sesión. En realidad son pocas las preguntas que buscan específicamente una respuesta, en el sentido de una respuesta informativa que conteste esa pregunta. Se trata más bien de un preguntar que busca que el paciente responda, no la pregunta sino gracias a la pregunta. Quiero decir, estrictamente hablando, en este tipo de preguntar, el paciente responde asociando. El modelo de este preguntar que indico, es el de Freud de "La Interpretación de los Sueños". Allí, luego del relato de un sueño, preguntaba: ¿qué asocia con…? Es una pregunta que en realidad es un pedido, una demanda. Que responda hablando no significa que responde una pregunta. Y en ese sentido, si la regla fundamental es que el paciente diga lo que se le ocurra, para seguir manteniendo esa regla, debería tomar la pregunta como un estímulo para seguir asociando. Como en el caso del sueño, se le pide una asociación restringida a algo en particular, pero no por eso deja de ser asociación libre. Insisto con esto, y es una tesis fuerte la que propongo, que la AL se restrinja a un segmento particular no hace que deje de ser asociación libre. La AL será, en todo caso más abierta o menos abierta.
Se trata de un preguntar en donde el que pregunta no conoce la respuesta. No es un examen, y tampoco le importa tanto al que pregunta la respuesta puntual a la pregunta. Son todos actos performativos, en el sentido de hacer cosas con palabras para producir nuevas palabras. Hacer asociar, hacer tambalear certezas, hacer dudar, hacer dejar de dudar, hacer que se deje de repetir, conmover, hipotetizar, conjeturar, abrir nuevos caminos, buscar nuevos puntos de vista, etc. Son todos actos de habla promovidos por ese preguntar. Son, preguntando, distintas intervenciones del analista.
Voy a empezar a discutir con Horacio Etchegoyen, que no desaconseja la pregunta, pero sólo la permite en circunstancias muy precisas. En su famoso manual, dice que la pregunta es un instrumento que sólo sirve para recabar información. Dice así: "En el caso regular, la pregunta tiene por finalidad obtener una información precisa y se entiende que se la formula sin otros propósitos, sin segundas intenciones, porque de lo contrario ya estaríamos haciendo otra cosa, influyendo sobre el analizado, manejándolo, apoyándolo. El otro inconveniente de preguntar es que, en alguna medida perturbamos la asociación libre…Lowenstein decía que las preguntas tienen un uso legítimo en la técnica para obtener detalles y precisiones". Es decir que para ambos, la pregunta es sólo una intervención del analista para obtener una respuesta precisa a una pregunta. No es un instrumento al servicio del método, es decir una ocurrencia del analista en el seno de la AF, al servicio del despliegue de la AL. Y mucho menos una interpretación. Para ellos una pregunta es una pregunta. Y sólo hay que formularla en situaciones específicas. Es una pregunta en donde el que pregunta sabe que pregunta y presupone un saber en el que responderá a esa pregunta. Como un pequeño agregado de cobre al oro técnico psicoanalítico.
Pero yo estoy sosteniendo el preguntar como una actitud, como un hablar interrogativo, como una afirmación conjetural, o tal vez tímida. Como un formato especial para decir cosas. Y como un elemento del estilo del analista.
Es un hablar en donde no se afirma ni se firma lo que se dice. ¿Será que…? No tiene firma ni sustancia afirmativa. Es un tipo de hablar que evita la polémica, la especularidad de la firma contraria, no hay un yo que diga algo para que otro yo pueda oponerse. Es sólo para hacer pensable lo dicho por el analista. Intenta, a veces, evitar la discusión.
Hay una pregunta que es en realidad una demanda encubierta: ¿qué se le ocurre con…? es "asocie con eso".
Hay un preguntar que hace tambalear: ¿seguro, porqué, será tan así? Toma como objeto a la certeza, y preguntando se la puede limar, repensar. Una certeza es un pensamiento que se repite, que se lo piensa siempre igual. Hacer vacilar una certeza es trabajar contra la repetición.
Hay un tipo de interpretación que se dice como si no fuera una interpretación, uno de esos tipos es la pregunta. No se la formula desde un saber, o desde un SSS. El que pregunta, justamente pregunta porque no sabe. Pregunta para saber. Para producir saber. Si no sería un examen, que es la pregunta del que sabe y prueba a ver si el examinado sabe o no. Se puede preguntar desde el saber, desde la ignorancia o desde la duda. Pero básicamente propongo la pregunta desde la confianza en el saber inconciente, y en las virtudes del método para propiciarlo.
Desde una transferencia paranoide, muchas interpretaciones afirmativas de formato clásico, asertóricas o apodícticas, serán escuchadas con una introducción imaginaria amenazante: "yo que sé lo que le pasa a usted en su cabeza le digo que es lo siguiente….". Una formulación interrogativa, en ese tipo de transferencias, evita esa introducción, y tal vez propone otra: "yo que no sé realmente que le pasa a usted en la cabeza, conjeturo que tal vez sea lo siguiente…". Pero también es cierto que para cierto tipo de pacientes que necesita que la interpretación venga afirmada y firmada, que provenga de un sujeto que sabe, la pregunta desde el no saber lo desampara, lo sumerge en una incertidumbre a veces abandonadora.
Una pregunta propone y no impone. No fuerza la entrada, no invade, toca el timbre antes de entrar.
 
La pregunta del paciente dirigida al analista, si no es insistente, puede no ser resistente sino parte de su AL. Si el paciente dice todo lo que le pasa por la cabeza, eso puede incluir preguntas. Pero es el analista el que se resiste muchas veces a la pregunta del paciente. No responder a la demanda, no es lo mismo que no responder a la pregunta. El silencio es una manera defensiva y resistente de sí responder a una pregunta. Se puede responder sin contestar el contenido de la pregunta. Responder no es contestar. Error en el que es muy fácil caer: por no contestar, abstenerse de responder. La otra, mas judía, es la de contestar (no responder) con otra pregunta. La cliché, ¿y a usted que le parece? Que si bien a veces es atinada, a veces es casi nada. Pura resistencia a la incomodidad del analista que no sabe cómo responder ante una pregunta que le incomoda. Pero si el analista toma la pregunta del paciente como un elemento más de su AL, no tiene ni que contestar, ni no contestar, sino tomarlo como un dicho más. Cuando el paciente ve la incomodidad del analista ante la pregunta, cuando tiene miedo de que el analista no conteste ni responda, evitará en el futuro comunicar preguntas, y ese no preguntar será una resistencia del paciente coherente y consecuente con la resistencia del analista. Creerá que no se puede asociar cualquier cosa. Algunos pacientes llegan a creer que a ellos les está prohibido preguntar al analista.
Hay un tipo de pregunta, que Rodrigué ubica en la cocina de la interpretación, que es el preguntarse del analista. Sucede en la AF. Se trata de una pregunta silenciosa, que todavía no interrumpió la AF. Pregunta que emana de la sesión misma y no de la teoría.
También está la pregunta del paciente que se hace a sí mismo, o a la pareja analítica y no al analista de manera personal.
A veces es posible hacer una maniobra técnica que consiste en hacer de una demanda del paciente una pregunta. Por ejemplo cuando un paciente acuciado y acuciante por una situación particular se dirige al analista y le pregunta, le pide, le demanda ¿qué hago, doctor? Se puede tomar ese dicho a la letra y mostrarle al paciente que está preguntando no sólo lo qué tiene que hacer, sino además qué hace, qué está haciendo. Pregunta no formulada concientemente, pero tal vez fundamental para implicarlo en su quejar. Cuando un paciente angustiado en su pareja demanda, pregunta, ¿qué hago con Fulana?, su intención conciente es que lo aconsejemos acerca de lo que debe hacer con ella. Pero es también una pregunta acerca de lo que él hace, está haciendo con ella. Esa pregunta es a veces difícil de escuchar en ese clima de demanda.
Otra maniobra es la de transformar un reproche en forma de pregunta en una pregunta verdadera. Cuando un paciente dice ¿por qué siempre me pasa esto?, no está preguntando, se está quejando, dice en realidad ¿por qué carajo siempre me pasa esto? Mostrarle que esa es además una buena pregunta, si se le saca el carajo, es interpretarle que se está quejando y no preguntando, y es además un intento de transformar ese reproche en una pregunta para que se la formule a él mismo y al análisis.
La pregunta de la mayéutica socrática se formula desde un saber. El del que va preguntando demostrándole al otro que en él ya está ese saber, y que él como partero ayudará a dar a luz ese saber. Pero el análisis, aunque tenga ciertos puntos en común, no es una mayéutica, no es el despliegue de un saber previo que un sabio partero ayuda a desplegar en un inexperto. Es una producción inédita, in-hablada hasta ese momento. Un saber no sabido por ninguno de los dos, que se pone en acto, que se produce en un análisis.
Habría que diferenciar la pregunta en las entrevistas iniciales, en las que se buscan respuestas específicas, que se incluyen en una indagación diagnóstica, de una pregunta del analista que se hace a sí mismo con respecto a la analizabilidad de ese paciente con él. Las entrevistas iniciales son la manera en que un analista se contesta esa pregunta, ¿es este paciente analizable por mí? Incluye por supuesto otras preguntas diagnósticas, y personales, sobre quién es ese sujeto que demanda análisis. Pero por eso digo que la primer pregunta del analista es para con él mismo, en cuanto a comenzar o no un análisis con ese paciente. Por otro lado, se puede decir que algunos pacientes consultan por una pregunta que ha fracasado en su intento de ser respondida. ¿Por qué me pasa esto, por qué repito esto? Y hay otros que vienen a formular por primera vez preguntas no preguntadas, evitadas, postergadas, reprimidas. Hay muchos análisis que pasan de las entrevistas al análisis propiamente dicho cuando una queja se vuelve una pregunta. Cuando una intervención del analista propicia que se construya esa pregunta. Pero por supuesto esto es algo que se reproduce múltiples veces en el análisis mismo.
El analista no pregunta a, sino hacia. Hacia una verdad horizontal, es decir de horizonte. Que está al final de un camino de preguntas que no termina.
A veces la pregunta adopta la forma de la pregunta del investigador, es la del que quiere resolver un enigma, y que supone que en el hablar del paciente se producirá la resolución de ese enigma. Pero no es la pregunta de la esfinge, sino de quien semblantea serlo, sabiendo que no lo es. Hay un momento en que somos Sherlock Holmes, un señor que sabía preguntar desde la astucia. A veces somos Columbo, el que pregunta desde la ingenuidad distraída.
La AF está preñada de preguntas. Preguntas que no se preguntan, pero que guían la flotación de la atención. Preguntas que se suceden unas a otras, mientras se atiende. Hasta que algo interrumpe esa atención flotante, y puede o no surgir una pregunta que interrumpa ese flotar. Toda intervención del analista es una interrupción de la AF. El propio dispositivo de la AF está diseñado para ser interrumpido, muchas veces por la interpretación. Cuando un analista decide interpretar, o le ocurre que esa interpretación se diga sola, es porque la AF se interrumpió, productivamente.
Pero insisto, la pregunta del analista en el análisis y bajo el método analítico, a diferencia de lo que dice Etchegoyen, no busca información sino saber. Saber inconciente, saber acerca del inconciente, saber acerca de la existencia del inconciente, que es lo que Freud ponía como meta del análisis del analista. Busca también abrir, desviar, producir recuerdos. Pero la Al es muchas veces un desvío a la respuesta puntual de la pregunta. Es una nueva dirección provocada por esa pregunta. Son nuevas ocurrencias, y no información.
Ejemplo: un paciente no muy agraciado, cuenta después de las vacaciones, a las que fue solo, con dinero y la intención "de levantarse todas las minas", que en los primeros dos días "rebotó" con varias mujeres. Esa noche se hace amigo del dueño de un bar en la playa, y le propone trabajar para él atendiendo las mesas. Me agrega que no tenía necesidad económica de trabajar. Y que se pasó sus vacaciones atendiendo mesas en el bar. Entonces, se me interrumpe bruscamente la AF por una suerte de revelación que me hace bruscamente preguntar: ¿y fue un buen mozo? Esa pregunta no busca información, ni respuesta. Es una interpretación interrogativa. Desvía del significado de "mozo" que el hablar del paciente fijaba. Y surge también de una pregunta incipiente del paciente, por qué trabajó de mozo sin necesitarlo. Pero podría haberse pronunciado como una afirmación: "usted pidió ese trabajo por otra necesidad, la de ser un buen mozo por la noche ya que no lo era durante el día". Creo que lo que se juega aquí, es el estilo del analista. Entre una intervención que busca la sorpresa que lo sacuda y lo haga pensar, o desde una intervención más explicativa, docente.
Si hubiera trabajado de otra cosa, también sin necesitarlo, se le podría preguntar, ¿por qué cree usted que hizo eso? Pero ya no es interpretar sino ir en busca de un saber. De producir un saber. Pero sabiendo que el paciente no conoce la respuesta. Se pregunta por la confianza que el analista tiene en la Al. Es la apuesta de que algo nuevo va a surgir. Como en los sueños, es una pregunta que surge por la convicción del inconciente. "Pregunta, pregunta que algo surgirá".
Una pregunta es un nexo entre lo que se sabe y lo que no se sabe. Está en los límites del saber.
 
Los verbos, para la teoría de los actos de habla (Austin, Searle), tienen lo que ellos llaman distinta fuerza ilocutoria, en el sentido de hacer cosas con palabras, de hacer hacer cosas con palabras. No es lo mismo decir: "te sugiero que lo mates", "te pido que lo mates", "te ordeno que lo mates". Para el psicoanálisis, el verbo asociar tiene una gran fuerza ilocutoria, por estar incluido en la regla fundamental. Es lo que el paciente se compromete a hacer en el análisis. Por eso la pregunta ¿qué asocia con? es como la llama Searle, perlocutiva en el sentido de hacer hacer. Recuerda un pacto preexistente. Cumpla con lo que prometió, ahora. Recuerde nuestra asociación por la cual usted habla y yo escucho.
No se espera una respuesta verbal, tipo información, sino una acción. Una acción verbal, que es la de hablar. Esa es la respuesta que se espera, que hable y no importa lo que diga.
En realidad, estrictamente hablando, habría que hablar de oración interrogativa, y reservar el término pregunta para aquellos enunciados interrogativos emitidos para obtener del destinatario una información. Por eso casi siempre que hablo de pregunta en realidad me refiero a oración interrogativa.
Las estructuras interrogativas son expresiones abiertas, incompletas, por contener una incógnita. Sólo la respuesta es la que cierra esa abertura. Dada esa estructura abierta, no pueden terminar de expresar proposiciones, y por lo tanto no pueden ser evaluadas en términos de verdad o falsedad. Serán pertinentes, adecuadas, comprometedoras, insolentes, pero nunca verdaderas o falsas. Esta es una de las razones por las que a veces se hacen interpretaciones disfrazadas de preguntas. Para que no sean evaluadas como verdaderas o falsas, para no ser discutidas. Intentan evitar ese tipo de resistencia, del paciente. Pero a veces surgen de la resistencia del analista que no se anima a decir lo que tiene que decir, como se dice en el fútbol, cuando tiene que poner lo que hay que poner.
Lo que se llama en general respuesta es lo que viene a cerrar esa abertura de la pregunta. Pero eso no es lo que busca un analista. Un analista usa esa pregunta abierta como apertura, para evitar que se cierre la interrogación. La verdad se dará por añadidura. ¿Por qué un emisor elige usar esa fórmula abierta? Para manifestar desconocimiento real, para expresar una duda, para avanzar una hipótesis, para insinuar sin afirmar explícitamente, etc.
Hay interrogativas de eco, las que repiten algo dicho por el destinatario. El objetivo es muchas veces que el paciente escuche lo que él mismo acaba de decir.
Hay un tipo de pregunta que reformula otra. Que corrige una pregunta mal formulada. "-¿Cómo salgo de esta situación?" –"Tal vez haya una pregunta previa ¿como entro en esta situación?". A veces un simple ¿por qué? produce efectos, volviendo interrogable algo que se mantenía fuera de cuestión. Muchas intervenciones de juegos de palabra también se formulan como preguntas. "El otro día no pude venir porque me quedé sin voz.- ¿Sin mí?" Que tiene un efecto muy diferente a decirle, no vino porque creyó que se quedó sin mí.
En mi estilo, la pregunta tiene a veces esa finalidad perlocutiva, hacer hacer. Pero siguiendo una indicación de Rodrigué, que nunca contradice el decir del paciente, sino que agrega, es un además. No es "lo que usted está realmente diciendo es otra cosa", sino ¿por qué no pensar además esto otro? Es una provocación intelectual, y no una clase explicativa. Lo que cambia no es el contenido semántico sino el pragmático, el modo de decir lo mismo. Que tal vez, ya no sea lo mismo.
 
¿Cuales son las preguntas que cierran? Las que surgen de la resistencia del analista. Por ejemplo la pregunta que surge de la curiosidad personal, que va más allá de lo que pasa en la sesión. Una curiosidad que interrumpe la AF y que se actúa como pregunta. Y sabemos que la curiosidad, en el fondo siempre es sexual. Hace hacer, al analista, actuaciones sexuales con forma de preguntas.
Hay preguntas que surgen de la ansiedad, que interrumpen la AL del paciente. Pero también es una ansiedad que interrumpió previamente la AF.
Otra pregunta resistencial del analista es la de un consejo o sugestión formulado bajo la forma interrogativa "¿y no se le ocurrió hacer tal cosa, responderle tal otra?" Que surge más del deseo del analista que el paciente haga o deje de hacer algo, pero disfrazando ese deseo.
Hay un tipo de pregunta que se puede registrar (y con toda razón), del lado del paciente como cuestionamiento, y no como interrogación. ¿Pero porqué hizo eso? Parece más un reproche que una pregunta. El modo de responder del paciente da una indicación del modo en que significó, que escuchó esa pregunta. Intervenciones superyoicas disfrazadas de intervenciones analíticas. Son los modos en que la ideología del analista se infiltra en la sesión ante hechos o dichos del paciente que el analista desaprueba. Son gambetas a la abstinencia.
En ciertos casos, me pregunto acerca de algunos pacientes, qué es lo que me gustaría que hicieran en ciertas situaciones. Saber eso, tenerlo claro, me permite sostener mejor la abstinencia. Evitar que ese deseo, ese querer, interfiera en el tratamiento. No jodamos, perdón por el término académico, la abstinencia no es para marcianos. No se trata de no querer nada, ni desear nada, ni opinar nada. Es imposible que nada de eso surja en el analista. De lo que se trata, es de abstenerse de hacer jugar eso en el análisis.   Como el analista que escucha que su paciente fantasea con caerse en el piso del consultorio. Y él, que seguramente no se preguntó acerca de su propio deseo, le interpreta, como si supiera, el deseo de ella de que él la recoja.
Termino con esto. Estoy hablando en realidad del estilo del analista. Que es preferible que sea más adquirido que heredado. Los estilos heredados, son estilos de otros. A veces uno puede adivinar con quien se analizó alguien, escuchándolo hablar. Se trata de analistas que no han abandonado la identificación con sus analistas, y como decía Borges, los imitan hasta en la manera de escupir. Pero claro que no hay estilo propio nacido de un repollo. Uno debería apropiarse de su propio estilo. Una de las maneras es preguntándose por él.