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El material clínico, ficción...es


Publicada el 15/02/2011 por Eduardo Müller





"El mundo es difícil de percibir. La percepción es difícil de comunicar. Lo subjetivo es inverificable. La descripción es imposible. Experiencia y memoria son inseparables. Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen determinada" Juan José Saer
 
¿Cómo contaría Saer un material clínico? ¿Cómo nos puede ayudar Saer a contar mejor un material clínico? Saer, Bioy Casares, Borges, Carver, Hemingway, .. hasta Salgari.
Es que cierta visión ingenua, positivista, me animaría a decir hasta antipsicoanalítica, supone que un "material clínico" es simplemente un material clínico. Es decir, que un material clínico es la transcripción resumida pero exacta de lo que pasó en una situación clínica. La reproducción de una o más sesiones. Una reproducción, facsímil, duplicado, calco; un traslado exacto, vía escritura, de una experiencia. Una teoría anticuada de la escritura, y una concepción infantil de lo que es un relato, son los fundamentos posibilitadores de tal postura.
 
"Las ideas que voy a exponer son absolutamente mías, nadie las encontró antes que yo en otro autor" Macedonio Fernández.
 
Primera tesis: El material clínico tiene estructura de ficción.
Todo material clínico es relato, narración, ficción. Relatar un material clínico es relatar, es construir un relato, es someterse a las leyes que los relatos imponen a quien se mete a relatar, lo sepa o no lo sepa.
Problema 1 típico de un relato fallido; Cada vez que alguien cuenta: "mi analista hoy me interpretó que...", lo que el interlocutor en general escucha es... una pavada. Ante la asombrada decepción del pobre narrador, esa transmisión falla. Lo mismo le pasa a un analista cuando quiere contar una interpretación de la que se enorgullece. Y no por ser realmente una pavada ( a veces realmente lo es). Se trata de la transgresión a alguna de las leyes del relato. Toda interpretación contada fuera de contexto es una pavada. Por eso construir el relato de una sesión, hacer ficción con ella, ficcionalizarla, es un buen pretexto para poder contar una interpretación sin que parezca una pavada. Muchas veces ese es el verdadero y secreto motivo por el cual se construye este tipo de material. Un relato que si está bien contado, respetando los tiempos, los suspensos, hará lucir la entrada estelar en escena de la gran protagonista: la interpretación.. Por supuesto que tan módica y narcisista motivación no origina más que un efímero interés, como si se contara bien un chiste. Son materiales que se cuentan más para lucirse que para producir un intercambio.
 
"El escribir dice lo que el decir no dice" J.B.Ritvo.
 
Problema 2: Un supervisando lee la desgrabación textual de una sesión a su supervisor. En un momento determinado se ve obligado a modificar parte del texto, para que lo que transmita se parezca más a lo que realmente pasó en la sesión. Problema. a mi gusto interesantísimo en que, a la inversa de los viajantes del chiste freudiano, hay que mentir para decir la verdad. Es decir, hay que recurrir a la ficción como vía regia a la verdad. La ficción recupera lo que la transcripción "realista" pierde.
Ficción no quiere decir mentira o falsedad. Es más bien un dispositivo textual utilizado para transmitir una verdad. ¿Qué verdad? Una verdad que, tal cual sucedió, es intransmitible. La ficción es el dispositivo que testimonia la imposibilidad de transmitir la verdad de lo que pasa en un análisis, y al mismo tiempo la única manera de transmitir algo de esa verdad. Es el intento saeriano de "sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria".
 
"Se ve la jaula, se escucha el aleteo, se aguza el pico contra los barrotes, pero nada de pájaro." Henri Michaux.
 
La ilusión ingenua arriba mencionada, supone como único lugar en que se hace ficción, a aquel en que se disfraza intencionalmente un material. "Se trata de un paciente al que llamaré A". Nombres, fechas, lugares, profesiones son reemplazados por otros para preservar la identidad del paciente. Pero este procedimiento encierra otro problema de interés: el del empleo de un dispositivo de ocultación para que una verdad se transmita sin que se reconozca al agente de esa verdad. Aporía curiosa en donde algo nuevamente debe ser mentido para que se pueda decir una verdad. Problema ficcional en donde alguien se vuelve irreconocible mientras sigue siendo quien es. Mientras lo es, tal vez más que nunca.
 
"El arte narrativo consiste en recordar con ayuda de la imaginación". Maupassant.
 Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martinez en la "Novela de Perón", son dos narradores maupassantianos, que eludiendo con talento el burdo realismo, logran inventar la verdad, a través de la ficción. Porque como dice Ricardo Piglia, no hay un campo propio de la ficción, todo se puede ficcionalizar. Hacer ficción es hacer creer, Walsh y Eloy Martínez trabajan con historias verdaderas, pero como si fueran inventadas.
El material clínico es también una ficcionalización.
Piglia comprime su teoría afirmando que todos los relatos en el fondo cuentan una investigación o un viaje: "en definitiva se narra un viaje o se narra un crimen. ¿Qué otra cosa se puede narrar?". El relato clínico oscila o comparte ambas cosas. Es el relato de una investigación realizada en el transcurso de un viaje.
Hay materiales clínicos que están construidos como investigaciones, como policiales ingleses. Un relato en el que se le rinde tributo al fetiche de la inteligencia. En este caso del analista, investigador capaz y sagaz que resuelve los enigmas sin salir del consultorio. En estos relatos, la trama se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. La inteligencia del analista debe pasar por pruebas difíciles, y el suspenso del relato tiende a sorprender al lector con algo que no esperaba. Hay narradores que dan pistas falsas al lector-analista, para que se extravíe en interpretaciones falsas, mientras se va construyendo sigilosamente entre los pliegues del relato, la gran entrada final de la genial y sorpresiva interpretación verdadera.
 
En su estructura mínima, elemental, molecular, un material clínico es la historia de una conversación extraña entre dos personas. Ese es el referente puro y seco de cualquier material: "vino Fulano, hablamos, se fue". Ese esquema mínimo se va complejizando: "vino Fulano, dijo que estaba angustiado, hablamos, se sintió mejor. Se fue".
Muchos autores coinciden en identificar en todo relato mínimo dos atributos de un agente, diferentes y relacionados, y un proceso de transformación o mediación que permite el paso de un atributo a otro. Esa es la matriz general de todo relato. Un material clínico es muchas veces la historia de la transformación en un agente llamado paciente, del atributo angustia al atributo alivio, por medio de la mediación efectuada por un "héroe" llamado analista.
El analista, el responsable de la transformación, es un héroe sedentario, mezcla de Padre Brown con Isidro Parodi (el detective inventado por Bustos Domecq (Borges-Bioy), que resolvía los casos sin salir de su celda). Un héroe pacífico y quieto que resuelve enigmas, alivia sufrimientos y sacrifica sus propios deseos.
Como se ve, en la estructura de un material clínico hay apenas dos personajes que intervienen en una reducida cantidad de situaciones, repitiendo, como decía Propp, una limitada cantidad de temas o motivos.
El proceso narrativo requiere de cuatro elementos: el narrador, el lector, el personaje y el autor. A grandes rasgos, el personaje es dequien se habla, el narrador es quien habla, y el lector es a quien se habla.
 
"Yo no soy como yo escribo” R. Barthes
“Sherlock Holmes parece más inteligente que Conan Doyle.” Borges.
El narrador es quien narra dentro delrelato; no debe ser confundido con el autor, realidad extratextual a la que se atribuye la responsabilidad de la enunciación. El narrador, es el punto de vista elegido por el autor para contar. El analista como narrador puede ser omnisciente o con conocimiento parcial de lo que narra. En el caso de narradores de material clínico, hay narradores analistas omniscientes, que saben todo del paciente, de la sesión, del tratamiento y de la teoría. Productos del autoritarismo, son generadores de relatos pretenciosos y aburridos, en donde el lector es convocado a admirar o aplaudir. Compartir una experiencia, en cambio, de pensar o discutir, sólo puede ser generado y estimulado por narradores que saben que no saben, que saben y no saben, que cuentan sus dudas, que invitan al lector a pensar con él.
El lector es el tú del yo del narrador. Es al que se le propone contratos de lectura, en los que se establece tácitamente que debe creer, como en el teatro, en la verdad de lo que se le cuenta. En general se trata de un lector analista, al que se le supone un saber leer el género material clínico.
El personaje es el sujeto de la proposición narrativa. Es el conjunto de los atributos predicados del sujeto en el transcurso del relato. El contrato de lectura hace que el lector considere al personaje como una persona real. Los personajes, los protagonistas son los miembros de una extraña pareja, el analista y su paciente.
El autor, discutido por autores como Foucault, está representado en el texto por el nombre propio, es el referente del sujeto de la enunciación. No es una persona, sino una persona que escribe y publica.
 
Segunda tesis: El material clínico pertenece al género autobiográfico

El tipo de relato que un analista construye de su clínica forma parte del género autobiográfico. En éste se confunden y se unifican las figuras de autor, narrador y personaje a partir del empleo de la engañosa primera persona del singular. Se trata de una narrativa
del yo, de un texto representando a un sujeto. Autor, narrador y personaje integran una imaginaria unidad completa, que cuenta, escribe y protagoniza desde un artefacto retórico sumamente eficaz. El lector es convocado a un pacto autobiográfico en el que acepta creer en esa santísima tri-unidad.
Un texto autobiográfico es una narración en la que la situación del autor es de identidad con el narrador; mientras que la situación del narrador es de identidad con el personaje principal a través de la primera persona.
 
 
Tercera tesis: No hay relación textual.
Entre lectura y escritura no hay relación de isomorfismo. Nunca se lee lo mismo que lo que se escribió. Ninguna escritura es igual a su lectura. Ninguna escritura es igual a la lectura que el mismo autor hace de sí mismo. Ninguna lectura es igual a otra lectura. Siempre se lee mal. Afortunadamente. La lectura no es el ejercicio redundante de la tautología. Toda lectura, por ser estructuralmente mala, es creativa. Toda escritura esexcedida, desbordada, rebasada por la lectura. Leer traiciona creativamente, como traiciona una traducción. Un autor se siente paradójicamente bien leído cuando el lector agrega algo en su (mala) lectura, algo que el autor no había leído.
Por supuesto que hay que distinguir entre leer mal y no saber leer. La feliz mala lectura es algo que "empeora"con los años y los libros. Leer creativamente mal, es contraer una deuda con lo leído que sólo se puede pagar con pensamiento propio. La forma ideal de saldar esa deuda, es la de seguir escribiendo.
Pero, como vimos antes, tampoco hay relación textual entre texto y referencia. El material clínico, como texto, está entre dos abismos: entre la sesión y el lector. La ficción hace creer que esos abismos se cruzan como un puente. Es la que le permite creer al lector que está frente a la sesión, en la sesión.
El relato de una sesión es a una sesión lo que el relato de un sueño es a un sueño.
 
La ficcionalización que un analista realiza en la confección de un material cínico, es el
dispositivo más eficaz que tiene para transmitir algo de una experiencia autobiográfica.
Esta experiencia tiene dos vertientes: lo que pasó, y lo que le pasó con lo que pasó.
Lo que pasó: es lo que se dijo en esa extraña "conversación" entre los dos personajes, las asociaciones, las interpretaciones y las respuestas a esas interpretaciones.
Lo que le pasó con lo que pasó: es el relato de lo que le pasó al personaje analista en ese estado "mental" particular llamado atención flotante.
Propongo el simple nombre de "ideas", a lo que le sucede. a lo que se origina en la mente del analista en la A.F. No tanto lo que a él se le ocurre, sino más bien lo que en él ocurre. Se trata de ocurrencias mestizas, con componentes mezclados en aleaciones dispares de fantasías y teorías. Cuasi-hipótesis pero más informales y espontáneas. Las ideas que ocurren en la A.F. son abiertas, provisorias, plásticas, instrumentales, fragmentarias; mezcla de intuición, deducción, inducción, inspiración, invención. Se trata de ideas que sólo surgen de esa forma en la A.F. , su verdadero hábitat. Son cruces de teoría y experiencia (tanto clínica como personal), de singular con universal.
Surgen en la A.F. sin interrumpirla, a diferencia de las teorías, que cuando aparecen, en general es porque el analista angustiado o confundido, las fue a buscar en su ayuda, abandonando las aguas inciertas de la A.F. No es lo mismo que cuando un fragmento de teoría surge espontáneamente y participa dentro de la A.F. de la formación de ideas.
Mientras las teorías están ya cerradas, las ideas siempre están comenzando.
Hay materiales clínicos en que se leen teorías sin ninguna idea. Son los más inaccesibles para el lector, no porque no los entienda, sino porque no tiene con quien hablar.
En cambio cuando en un material aparecen las ideas, siempre se pueden inteligir las teorías. No es lo mismo contar desde la teoría que contar desde las ideas.
 
Cuarta tesis: La presentación de un material clínico es fructífera, cuando se le agrega al relato el despliegue de las ideas.
El despliegue de las ideas incluye tanto las que surgieron en la experiencia de la sesión, como las que se originan en la experiencia de la escritura misma. La escritura de un relato le agrega siempre alguna idea a las ideas.
El modo de presentación de un material clínico determina el modo de discusión del mismo. La discusión más rica, es la que sin perder de vista el horizonte teórico, se desarrolla en el contrapunto entre relato e ideas. La discusión rica es la que multiplica las ideas, las pone a prueba, las enriquece, las estimula en el lector.
 
“El secreto de ser aburrido es decirlo todo." Voltaire.
 
El iceberg, ese diamante monstruoso, ha tenido siempre una enorme capacidad de fascinación. No sólo las proas de buques alegres y titánicos han sido llevadas hacia él. El mismo Freud acudió al iceberg para modelizar su aparato psíquico. Hemingway también lo utilizó para contar como se debía contar bien. Para el robusto Ernst, lo más importante al contar un cuento nunca se cuenta. Pero eso que no se cuenta es lo que sostiene, sumergido, a todo el relato. Hay una historia secreta que se produce con lo no dicho, lo aludido, lo sugerido.
Creo que esto sucede más allá de la voluntad o talento del que escribe. Es inherente al narrar mismo. Narrar es construir témpanos; mientras hacemos emerger algo a la superficie, sumergimos y congelamos el resbaloso piso sobre el que estamos parados, contando.
 
“Describe un lago como lo vería un joven que acaba de cometer un asesinato. No menciones el asesinato." John Gardner (En una clase de literatura asus alumnos).
Rafael Paz nos presentó hace poco un material clínico que puede resultar de utilidad para ejemplificar algunas de estas ideas. Propongo que consideremos "escrito" ese material aunque no fue exactamente así presentado. En el relato de ese material, el personaje "paciente" es puesto en escena por el narrador, en el momento de contar un sueño. Un sueño al que el paciente le asigna importancia, tanta que pensó en traerlo por escrito. Nos enteramos por el narrador que el analista también le asigna importancia al sueño, tanta que con humor consigna que acaba de descubrir que es una "vía regia" al inconsciente. Al relato del sueño le sucede una asociación delpaciente con uno de sus elementos. El personaje "analista" hace una interpretación tentativa, el material se va aclarando según el narrador, el paciente asocia, vincula y elabora. El narrador recuerda el pasaje en la sesión de su propia sensación de angustia señal a la sensación de satisfacción interior. El relato sigue, y recién ahí se llega al primer "contenido temático" de la sesión: se trata de la preocupación acerca de un hijo, aunque no se la aclara. En ese momento el narrador agrega que el paciente extiende su elaboración a otros familiares, llegando así a su infancia. El analista experimenta la sensación de haber llegado a cierta claridad y a un momento de cierre. Surge en ambos un “¿y ahora qué más?”.
Lo notable de este relato es que el narrador no cuenta ni el sueño, ni las asociaciones del paciente, ni tampoco la interpretación del analista. La preocupación del paciente por el hijo no es explicitada. Una “epogé” gigantesca excluye casi todo lo que se cuenta en general en cualquier material clínico. Y sin embargo el “lector” no necesita decir “¿qué más?”. Un eficaz procedimiento ficcional permitió contar lo que pasó dentro del campo en una sesión, y lo que les pasó, allí, a sus protagonistas.
Rafael utilizó en su exposición las categorías de sujeto del estilo, sujeto de la contratransferencia y sujeto del método analítico; lo que permitiría la discusión por separado de esos tres niveles. Utilizando y trasladando las categorías narrativas, veo una enorme coincidencia entre sujeto de la contratransferencia y narrador; entre sujeto del estilo con el autor; y entre sujeto del método y el personaje analista. Separar la imaginaria unidad autobiográfica, discutir por separado a sus elementos, permitiría desarrollar un auténtico intercambio “campestre”, es decir acerca de lo que se puede transmitir de lo que acontece en el campo analítico.
La lectura que un lector concede a un material clínico es la consecuencia de una promesa tácita, la que le ofrece el que lo presenta al que lo va a leer: “Ven lector que te mostraré escenas de psicoanálisis explícito (como se dice sexo explícito)”
Esta promesa está en la base sumergida y congelada del contrato de lectura. En el lector es convocada su propia curiosidad infantil, la misma que lo llevó en otras épocas, a ir a buscar el sexo en las palabras en que era nombrado en el diccionario.
Es así que hay tantos materiales clínicos “pornográficos” como “eróticos”.
Los pornográficos son los que muestran obscenamente “todo”, exhibiendo a dos personajes que se pasan todo el tiempo “analizando”, es decir repitiendo mecánicamente los movimientos rítmicos del análisis. El lector es seducido como voyeur, capturado para que mire sin leer.
Un material erótico, en cambio, es el que estimula haciendo participar, el que invita a leer, pensar, discutir...y hasta escribir.
Juanito, Dora, “El hombre de los lobos”, “El hombre de las ratas”, ¿en qué casillero privilegiado de nuestra memoria reposan? ¿No es acaso el mismo que el de Hamlet, Romeo, Macbeth, Otelo? ¿No son acaso los grandes personajes de la bien llamada literatura psicoanalítica?
Gran parte de lo que llamamos psicoanálisis es lo que escribió Freud. Sus teorías, sus especulaciones, pero también sus sueños, sus chistes, sus cartas. Hasta su autoanálisis se realizó por escrito.
Tal vez seamos todos los analistas, narradores y personajes de la autobiografía de Freud, agregando cada vez que escribimos, otro capítulo a ese texto interminable. O tal vez, a la inversa, escribir, trasmitir nuestras propias experiencias, nuestras propias ideas, nuestros materiales clínicos, sea la única manera de liberarnos de tan maravillosa tiranía.