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Algunos momentos especialmente significativos en el devenir de nuestra institución


Publicada el 22/08/2019 por Juan Carlos Perone





“Algunos momentos especialmente significativos en el devenir de nuestra institución”

 

Asociación Colegio de Psicoanalistas. 21/3/2019.

Juan Carlos Perone

 “Una dificultad se opone a nuestros esfuerzos por constituir la institución como objeto de pensamiento. Esta dificultad depende, en una parte decisiva, de los aspectos psíquicos que entran en juego en nuestra relación con la institución”

RENÉ KAËS

                                                                                                    

Me pidió la CD, a través de Cintia Dafond, la actual secretaria científica, que presentara un trabajo que refiera a la historia de nuestra institución, la Asociación Colegio de Psicoanalistas. Creo que me lo busqué solito, porque en algunas de nuestras reuniones del año pasado, en las cuales discutíamos que hacer, que agregar, que transformar del Colegio, cuyo futuro nos preocupa, mencioné que nuestra singular comunidad de trabajo merecía que construyéramos un relato de su historia.

Lo que voy a leer es más modesto, mucho menos exhaustivo, que una historia, por eso preferí titular la presentación “Algunos momentos especialmente significativos en el devenir de nuestra institución”. La perspectiva que adopto, lleva a volver la mirada sobre la situación al interior de la cual se generaron las condiciones para la creación de una nueva institución.

Este contexto tuvo como epicentro una crisis que conmovió al Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis promediando el año 1996. Intento, por tanto, describir lo que me parecen los rasgos esenciales de aquella primigenia institución y los avatares que desembocaron en una nueva.

En primer lugar voy a citar los puntos que me parecieron centrales del Estatuto de lo que se llamó “Fundación de Estudios Avanzados en Psicoanálisis”.

Con domicilio legal en la CABA, el 6 de abril de 1992 quedó constituida la “Fundación de Estudios avanzados en Psicoanálisis”, que se propondrá como objetivos “la investigación y docencia del psicoanálisis en sus aspectos teóricos, su aplicación práctica, así como la relación del psicoanálisis con otras ramas del pensamiento científico contemporáneo con la finalidad de mejorar el nivel de prevención y asistencia a la comunidad en el área de la salud mental”.

Otro artículo del citado documento menciona a los fundadores: Carlos Schenquerman, Silvia Bleichmar, Luis Hornstein, Rafael Paz, Ricardo Avenburg y Vicente Galli.

Dice que será dirigida y administrada por un consejo de administración integrado por seis miembros que durarán en sus cargos un año, pudiendo ser reelegidos indefinidamente y que los fundadores se reservan la facultad de ocupar cargos en el consejo de administración. Los primeros consejeros serán designados por los fundadores en el acta de constitución.

Siguen después una serie de ítems sobre el funcionamiento de la mencionada entidad y del alcance y responsabilidad de los roles que la constituyen, que se pueden obviar.

Por último, se deja constancia que “en el caso de decidirse la disolución, y una vez satisfechas las deudas de la fundación, se destinará el remanente a una entidad de bien común sin fines de lucro, con personería jurídica y que esté exenta de todo gravamen”.

Ese mismo año de 1992, en el mes de abril, con la concurrencia de un numeroso grupo de practicantes del psicoanálisis de nuestro medio, muchos de ellos vinculados a instituciones existentes de larga data, comenzaron las actividades del “Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis”, organizado a partir de la mencionada fundación.

Hay otro documento, aparte del que dio sustento legal a la fundación, que define de manera condensada y muy clara lo que podríamos llamar el ideario o el proyecto del nuevo emprendimiento y, a través del cual, se efectivizó la convocatoria pública que se hizo a los practicantes del psicoanálisis, del que voy a leer tres párrafos, a mi parecer los más esenciales:

El primero de los tres dice: “El proyecto que nos reúne tiende a consolidar un pensamiento psicoanalítico autónomo y una práctica fundamentada, manteniendo un nivel acorde con la densidad de sus cuestiones y los tiempos que corren”

El segundo: “Asumir la tradición crítica y productiva del psicoanálisis lleva a reconocer que se trata de un campo heterogéneo, cuyo control monopólico es imposible y que define su autonomía en un proceso permanente de interacciones en el espacio cultural, y de concurrencia y diferenciación con otras prácticas de la cura”.

El tercero que elegí, es el último de este documento y dice: “Todas estas actividades se inscriben en un proyecto institucional a largo plazo, cuyas formas iremos proponiendo paulatinamente y al que invitamos a adscribir a quienes –poseyendo acervo clínico y teórico y profundidad de análisis personal evaluada a criterio propio- compartan estas intenciones y la apuesta que implica”.

Me parece necesario mencionar también el discurso inaugural que pronunció Rafael Paz al abrir las actividades del Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis. Discurso muy elaborado, muy atractivo, del cual espigo algunos párrafos que quiero destacar.

Dice Rafael: “Deseamos extender (el plural se refiere al grupo de los seis fundadores) a otros los intercambios que en diferentes circunstancias y a lo largo de los años hemos realizado; también las muy diversas experiencias personales que convergen en este territorio común. Si ustedes quieren: apertura de lazos libidinales para no enfermar narcisísticamente”. [voy a hacer después alguna referencia a esta última frase].

Más adelante, continúa: “Asumimos de hecho responsabilidades que flotan en un medio confundido, con una entropía creciente que tiende a agostar esfuerzos y calidades, mientras seminuevas dogmáticas tratan de instalarse. Retomamos postas, personales o compartidas, depende el caso, pero el proyecto es nuevo y corre por nuestra cuenta –desde hoy ampliada- cuidar de su futuro. [La mención a la ampliación refiere a los que respondieron a la convocatoria y están presentes escuchando el discurso]. Sigue Rafael: “Las jornadas de Trabajo del Psicoanálisis fueron un hito. A su vez recogían otras experiencias que virtualmente laten aquí. En mi caso personal, la del Foro, excepcional isla de encuentro en el afecto y la elaboración compartida en los años de plomo y sus estribaciones. Que a su vez albergó herencias previas –la grandeza y el drama de los setenta: Plataforma, Documento, Centro de Docencia e Investigación- en un clima crecientemente anómico”.

“La idea de colegio –collegium- refrenda una relación coparticipante en el desentrañamiento del logos. Sea el logos prestigioso de los textos, pero también el de las palabras infantiles y los fonemas troceados en las experiencias traumáticas o las descargas pulsionales”.

“La absoluta no injerencia en el plano del análisis de cada uno –al que consideramos esencial- o en el de las opciones de supervisión, son la cara ostensible de una apuesta de fondo a reciprocidades cruciales para reconstruir desde nuestro campo éticas prácticas concretadas en unidades de acción reconfortantes”.

“Hemos dado los pasos necesarios para constituir una fundación como soporte jurídico del Colegio. Además de la necesidad de optar entre figuras formales de institución, tiene el carácter refrendatorio de la estabilidad del compromiso que asumimos. [Hago la referencia que el estatuto que da letra a la creación de la fundación habla de una duración de 99 años]. Sigue Rafael: Por otra parte, hemos ideado una estructura operativa distribuyéndonos funciones:

La dirección del colegio a mi cargo

La coordinación académica, Silvia Bleichmar

La científica, Ricardo Avenburg

La de organización, Carlos Scherquerman

La de Publicaciones, Luis Hornstein

La de Relaciones Interinstitucionales, Vicente Galli”.

Queda inaugurado así ese primer año de actividades que tenía cómo organizador principal el seminario del que alternadamente se hacían cargo los seis fundadores ya mencionados.

Paulatinamente fueron teniendo cabida presentaciones de integrantes del Colegio.

También había lugar para invitados no necesariamente psicoanalistas, para desarrollar temáticas diversas.

Los encuentros tenían lugar los jueves en el anfiteatro de la Asociación Armenia. Una hora o poco más antes de la iniciación del plenario nos reuníamos en pequeños grupos en aulas del citado lugar donde se intercambiaba y discutía en torno a lo desarrollado en los plenarios o respecto a algún material escrito vinculado con lo anterior y que a tal efecto se ponía en circulación.

A partir de determinado momento, que no puedo precisar, se abrió la opción de la colegiación, previa evaluación de un trabajo por parte de una comisión constituida para tal fin. Creo recordar que en los cuatro años y pico que duró la institución con este modo de funcionamiento fueron pocos los participantes que tomaron tal opción.

Así empezó a andar esa apuesta que arrancó con mucho entusiasmo por parte de todos y sin embargo se extendió poco más de cuatro años.

Cuáles fueron los hechos, las circunstancias, que al cabo de ese lapso desarticularon tan interesante emprendimiento.

Las informaciones que irrumpieron poniendo en cuestión la creencia que subyacía a la configuración libidinal en la que estábamos implicados, llegaron por afuera de las fronteras de ese conjunto, de modo extraoficial, digamos. Circulaban al exterior de ese ámbito de trabajo. Adquirieron presencia efectiva en el Colegio de Estudios Avanzados en ocasión de uno de los encuentros habituales de los días jueves. Fueron incluidas a modo de preguntas dirigidas a los fundadores allí presentes, por parte de algunos de los miembros del colectivo que se habían hecho eco de esas informaciones “off de record”.

Interpelados de ese modo, los fundadores dijeron, según recuerdo, que tenían pensado informarnos oportunamente de las decisiones que estaban en curso, pero ante las preguntas debieron empezar a hablar in-situ.  A medida que se fue desarrollando el tenso diálogo, que se extendió a otros jueves, quedó claro que se estaba constituyendo o ya se había constituido, un nuevo agrupamiento que, además de ellos, incluía a algunos analistas de APA y APDEBA y que una vez conformado solicitarían el reconocimiento de la IPA. Me es imposible transmitir el clima de malestar que se fue generando, en la mayoría de los presentes en ese encuentro, al confirmarse lo inesperado y todo lo que circuló de manera tensa en esa reunión y en otras que siguieron a la de la confirmación de los rumores.

Voy a mencionar algo que recuerdo vívidamente y que fue lo que preguntó Eduardo Müller, en un tono que a mi percepción combinaba enojo, decepción y angustia fue más o menos así:

“Qué que va a pasar con los que quedamos a la intemperie”.  Subrayo lo de intemperie porque creo que se puede articular con lo que voy a mencionar posteriormente.

También tengo un recuerdo bastante nítido de lo vertido por L. Hornstein cuando se le preguntó por su posición al respecto en alguno de esos plenarios. Recurrió a una metáfora futbolera que esquemáticamente era más o menos así: se desembocaría en una especie de semifinal interna al campo del psicoanálisis con el lacanismo y luego la final sería entre el psicoanálisis y las neurociencias.

¿Cómo había comenzado a circular por fuera lo que ingresó del modo que acabo de relatar? Lo que dispongo para responder a esto son algunos artículos de diarios de mediados de 1996 que dan una cierta perspectiva de lo que estaba en juego.

Dicho sea de paso, visto desde nuestra actualidad, llama la atención que la prensa haya dado, no escaso lugar a lo acontecido, como creo que podrán apreciar.

Por orden cronológico:

En la sección Sociedad de Clarín del domingo 26 de mayo de 1996 aparece un extenso artículo, a dos páginas con un enorme título: EL PSICOANALISIS BUSCA SU DESTINO. Lo firma una tal Matilde Sánchez que al menos hasta el año pasado seguía formando parte del área de cultura del citado diario.

El artículo tiene un epígrafe que dice: “Un grupo de prestigiosos psicoanalistas argentinos acaba de presentar el pedido de reconocimiento internacional para un nuevo instituto. La iniciativa representa otra escisión dentro de la ortodoxa asociación psicoanalítica argentina. A continuación diálogos de diván con los unos y los otros”.

Seleccioné algunos párrafos que me parecieron los más significativos:

Después de citar una pregunta de G. Bataille que interroga por dónde comienza el cuerpo humano y que concluye con la idea que la mente es un secreto bien guardado de la naturaleza, dice que “este tiempo –estamos en los 90- ha sido declarado la década del cerebro, en razón de que las investigaciones de la neurología concentran la mayor cantidad de recursos del campo científico”. [recuerden lo verbalizado por L. Hornstein].

Sigue: “Frente a los avances de la ciencia –(……..)-, el psicoanálisis conserva su aura, su proximidad con el arte, su casi ejercicio de anacronismo. Como ocurrió en 1976, solo que de una magnitud más discreta, se ha puesto en marcha una nueva escisión en la APA. Un grupo de 12 psicoanalistas de tal institución, entre los de mayor prestigio, uno de APdeBA, y otros dos “independientes” iniciaron el martes [es decir el 22 de mayo de 1996]- los trámites de reconocimiento académico ante la IPA, que observa la formación de especialistas en el mundo entero”

Luego señala que la IPA está presidida desde tres años atrás [es decir desde 1993] por el argentino Horacio Echegoyen, perteneciente a APdeBa, institución que en 1976 tomó aires autónomos al abandonar la APA. Cita un fragmento de una entrevista a Echegoyen en el que este dice “Este grupo [el que habría pedido reconocimiento a la IPA] no cuestiona realmente las bases de la formación psicoanalítica, esto es aceptan los seminarios obligatorios, lo que se llama el análisis didáctico, es decir el psicoanálisis como parte del estudio de la técnica y la supervisión de casos”. [ se lo puede poner en contrapunto con lo vertido por Rafael en ese discurso inaugural del que cité algunos párrafos más arriba]. Sigue Echegoyen “La diferencia fuerte es su idea de cómo la institución debe insertarse en la sociedad”

En la entrevista con Eduardo Issaharoff, uno de los disidentes de APA, este plantea que “el psicoanálisis se ha mantenido aislado de las corrientes culturales y científicas, [….] la institución desatendió por completo el avance de la disciplina y se concentró en velar por el perfil profesional”. [Esto puede que valiera para la APA en ese momento, no lo sé, pero no encaja con el ideario fundacional del Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis].

El artículo menciona que en 1972 se produjo la primera división en la institución psicoanalítica de nuestro medio a través de los grupos Plataforma y documento. Aunque lo que llama el gran cisma se produjo en 1976 con la formación de APdeBA

El presidente de la APA desde 1994, el doctor Leonardo Groisjman, dice que la novedad “provocó una conmoción y eso que ya estamos acostumbrados a las disidencias. Yo discrepo con que no haya un conflicto, aunque no haya sido expresado con estilo contestatario”.

A poco de presentar el pedido de reconocimiento –dice la periodista- los psicoanalistas Rafael Paz y César Merea, junto con Issaharoff, explicaban así el espíritu de la iniciativa:

Paz: “Yo creo que tenemos que pasar de una mera relación de cortesía con otras disciplinas y ciencias, y convertir el psicoanálisis en un campo permeable. Debemos someternos al trabajo conjunto con otros campos del conocimiento. [Creo que vale la misma observación que hice antes cuatro párrafos más arriba].

Merea: “nosotros no tenemos nada contra la APA, pero ocurre que las grandes instituciones tienen una burocracia y una inercia administrativa que a veces frena el avance del conocimiento. Si uno se plantea avanzar, necesita que no exista esa burocracia”.

Issaharoff: “lo cierto es que hay problemas muy específicos donde el psicoanálisis no puede avanzar sin la neurociencia y viceversa. Hay una serie de atolladeros en los que la neurociencia no puede avanzar sin la participación del psicoanálisis. Nosotros tenemos un enorme banco de experiencia de la conducta humana. No se puede comparar una sesión psicoanalítica a cualquier experiencia de laboratorio o a las observaciones silvestres. [……]Nosotros podemos aportar modelos a los neurocientíficos moleculares para que ellos elaboren modelos globales del funcionamiento”.

Rafael Paz sostiene que frente a la crisis, el psicoanálisis no puede mirar con superficialidad cuestiones que son en sí mismas complejas y hondas. “Eso implicaría producir un abaratamiento de la disciplina. La mente humana no se simplificó sino todo lo contrario”. […..] “Suponer que el psiquismo se ha simplificado es absurdo. Nosotros debemos seguir enviando el mensaje, aparentemente anacrónico, de que los seres humanos somos complejos”.

El jueves 20 de junio de 1996, poco menos de un mes después del artículo de Clarín al que recién hice alusión, el diario Pág. 12, en la sesión Psicología, publica un artículo a dos páginas de Hugo Vezzetti, cuyo título es “Sobre fracturas y disidencias”.

Está precedido de un epígrafe del propio diario, que dice:

“Los conflictos en el psicoanálisis argentino no sólo interesan a analistas y pacientes, sino que revelan puntos de crisis en la historia de nuestra cultura: un prestigioso investigador traza el devenir de las disidencias y fracturas en la APA y señala que cuestiones –centrales- siguen sustraídas al debate……”

El artículo propiamente dicho da comienzo de la siguiente manera, dice Vezzetti: “Se me ha pedido una intervención escrita que sitúe en una perspectiva histórica el alumbramiento de una nueva institución psicoanalítica que se propone obtener el reconocimiento de la internacional fundada por Freud: sólo puedo referirme a antecedentes y a continuaciones posibles y, en todo caso, tratar de situar el nuevo movimiento en relación a otras separaciones acaecidas en la organización local fundada, hace ya 54 años, en el marco de la IPA”.

Ya avanzado el artículo dirá que “querría resaltar un punto de vista que se separe de la óptica “interna al campo psicoanalítico, […..], para situarme en otro terreno: el impacto de la disciplina freudiana ha desbordado ampliamente los límites del “movimiento” y ha penetrado de los modos más diversos el pensamiento contemporáneo. Si existe todavía algo que pueda llamarse un “legado” freudiano, […….], ese legado no pertenece a ninguna corporación, ni siquiera puede ser integrado a un campo disciplinar específico, sean las disciplinas filosóficas, las médicas y biológicas, las psicológicas, sociales o estéticas. [….], después del siglo transcurrido, lo mejor que puede pasar es que profundice una orientación contraria: la “desconcentración” y, al mismo tiempo, cierta decantación en profundidad en torno de los temas y los problemas fundamentales”.

Más adelante continúa: “este es el marco en el que debería medirse cualquier nueva institución […..] que, […….], busca diferenciarse por la promesa de un proyecto científico e intelectual que la distinguiría de las muchas coaliciones existentes en torno del psicoanálisis. Obviamente la creación de una tercera institución afiliada a la organización central, supone un juicio desfavorable sobre las ya existentes y el sostén posible de un proyecto diferente”.

En otro tramo: “Si la aparición de un nuevo agrupamiento de psicoanalistas despierta ciertas expectativas […….], es porque anuncia algo diferente de la ya conocido y porque  por sus características parece capaz de algún impacto centrífugo –hacia las instituciones de salud mental, el pensamiento científico y social o el campo cultural- respecto del espacio recoleto que los psicoanalistas necesariamente construyen en torno de sus prácticas, sus incertidumbres y sus mitos. En todo caso, el interrogante mayor se refiere a las razones que pueden justificar la combinación entre una disidencia –idealmente pluralizante- en el nivel de las instituciones locales y la búsqueda del amparo en la unidad de la organización internacional. Es la combinación entre la disposición innovativa y la obediencia a la vieja corporación lo que aparece como una zona virtual de ambigüedad o de tensión”.

Yo había hecho hincapié, anteriormente, en la frase de Eduardo y en la palabra intemperie que contenía. Hay ahí una alusión al quedar expuesto a las inclemencias, sin cobijo, sin reparo, por tanto al desamparo de aquellos que participábamos del emprendimiento al que fuimos convocados. Reaparece en el texto de Vezzetti, pero en este caso en referencia a la pretensión de la nueva institución de ser reconocida, encontrar lugar en el seno de la internacional originariamente generada por el padre fundador, Freud.

Creo que encontramos aquí una  dimensión que es parte de todo fenómeno transferencial, tanto en la relaciones intersubjetivas, que incluyen por supuesto la que se constituye en el dispositivo psicoanalítico, así como la que subtiende la relación de los grupos humanos con otras instancias colectivas, en particular las que los preceden y en las que buscan encontrar reconocimiento y referencia.

Más adelante, al intentar situar este acontecimiento en relación con desprendimientos pasados de la APA, Vezzetti hace mención de la primera fractura acaecida en 1971, al separarse los grupos Plataforma y Documento, ocurrida según el autor en un “contexto  agudo y público de crisis, dominada por la razón política”.

[…..] “una ruptura que no ahorraba calificativos en su juicio sobre la institución que dejaba atrás: elitismo y conformismo, deterioro de la formación y ritualismo, vacío en las lecturas de la obra de Freud, sometimiento a la pirámide económica y de poder en la organización, encierro autocomplaciente y aislamiento del campo social. Todo ello se exponía en los dos tomos de Cuestionamos compilados por Marie Langer”.

Renglones más abajo: “Es claro que, en la medida que el cuestionamiento se dirigía al modelo mismo de la organización internacional, no existía en quienes abandonaban la institución ninguna voluntad de reintegrarse a la asociación central”. “[…..] Finalmente, si es difícil justificar a priori la necesidad de agregar una institución más, no es exigible que se pueda responder por ello de antemano. [….] y todo juicio sobre la justificabilidad de la nueva entidad debería ser remitido a lo sea capaz de producir, con sentido innovador, en un futuro próximo”.

En las dos semanas inmediatamente siguientes, el 27 de junio y el 4 de julio del mismo año, aparecen dos artículos en la misma sección de Pág. 12, el primero de ellos escrito por Isidoro Vegh, en ese momento presidente de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la primera institución lacaniana de nuestro medio, con el título “El análisis no se reduce a la burocacia de la IPA”, y el segundo producido por Alfredo Grande, presidente de la Cooperativa de Trabajo en Salud Mental Atico, cuyo título fue “Leer “Tótem y tabú” para escribir “Menen y tabú”.

En ambos textos no hay ninguna referencia directa a la constitución del nuevo agrupamiento, pero los autores los elaboraron en respuesta a tres preguntas que generó el propio diario del siguiente tenor:

1)      Psicoanalizar en la Argentina en 1996, ¿es distinto que hacerlo en otros lugares o épocas históricas? Si es así, ¿en qué?

2)      Que un analista forme parte de la IPA, ¿influye en su tarea clínica cotidiana? ¿De qué manera?

3)      ¿Qué es lo esencial en la formación de un analista y cuál es el error más grave que puede cometerse?

Parece verosímil considerar que estas preguntas fueron activadas por la contemporaneidad de esa movida a la estamos haciendo referencia.

Retomando lo que nos concierne más de cerca, en mi evocación está demasiado condensada la representación de los acontecimientos que desembocaron en la creación de la nueva institución que se denominó inicialmente Asociación Colegio de Estudios Avanzados en Psicoanálisis.

Hubo mucha actividad colectiva, de discusión y elaboración de las circunstancias que estábamos atravesando y esto finalmente confluyó en la decisión de crear la nueva asociación.

Como están hoy presentes varios de los participantes de aquellos eventos, una vez que yo concluya lo que me queda por decir, tal vez se pueda reconstruir mejor lo concerniente al lapso que medió entre mediados del 96 y la nueva fundación que acaeció bien entrado el año 1997.

Según consta en el libro correspondiente, el acta constitutiva de la Asociación se labró el 21 de agosto de 1997, con sede en el local de la calle Gallo 1486. En la misma se consignan todas las características que deberá reunir la institución, incluyendo su denominación, domicilio y objeto social, la constitución de su comisión directiva con los nombres de sus integrantes y todo esto es refrendado por 54 firmantes, entre los cuales me encuentro, incluyendo a los seis fundadores del Colegio de Psicoanalistas que la antecedió.

La definición de sus objetivos que obra en el Art. 2 del acta fundacional en lo sustancial no difiere de los que planteaba la institución de la que proveníamos.

Los 54 firmantes se distribuyen entre 35 mujeres y 19 varones y dos profesiones, 17 médicos y 37 psicólogos.

Si descontamos a los seis fundadores del colegio que nos precedió fuimos 48 los otros que firmamos el acta de constitución de la nueva entidad. 24 de esos firmantes somos parte hoy de esta institución y la otra mitad actualmente no. En el camino, así como hubo socios que se fueron por diversos motivos y otros que se fueron, luego volvieron y aquí están, se han ido incorporando otros nuevos para redondear al día de hoy, si me informaron bien, el número de 42 socios con probabilidad  de alcanzar los 44 próximamente.

Punta a punta, en los 21 años y medio que llevamos de existencia, está más o menos bien.

Esa primera comisión directiva tuvo como presidente a Rodolfo Espinosa y entró en funciones, como ya dije, el 21 de agosto de 1997.

Ahora bien, el libro de actas es rubricado por escribano recién el 18 de marzo de 1998. Y la primer acta producida por la reunión en pleno de sus integrantes en la sede de Gallo, tiene por fecha  el 15 de abril del citado año.

Agrego algunos datos -a mi juicio sugerentes- de ese despuntar de la Asociación que extraje de una desgrabación que encontré: el 9 de octubre del 97 se genera la primera actividad abierta que durará dos jueves. Rodolfo en nombre de la CD da la bienvenida a algunas personas que están presentes y van a participar pero no son socios, les cuenta que nuestra modalidad es elegir un tema para trabajar a lo largo del año. Este año, dice, hemos discutido alrededor de la problemática del narcisismo y plantea que la pretensión del encuentro es poder discutir entre todos a partir de las presentaciones de L. Hornstein y S. Bleichmar que a tal fin tomarán luego la palabra.

Es tentador establecer un lazo entre aquello verbalizado por Rafael en el discurso inaugural de las actividades del CEAP en 1992, cuando dijo que los fundadores deseaban “extender a otros las experiencias comunes y personales vividas con anterioridad o dicho de otro modo: apertura de lazos libidinales para no enfermar narcisísticamente” y la temática elegida para trabajar en este primer año de existencia de la asociación y en su primera actividad abierta: el narcisismo. Habida cuenta que como mínimo la creación de la asociación en el contexto de la crisis del primer Colegio implica una reorganización de los lazos libidinales y como toda transformación no lo es sin pérdida.

Destaco que además de otras cosas que pasaron y se hicieron en ese año y pico de trabajo de la primera CD, el 28 de julio de 1998 tomamos nota a través de una copia que nos acercó V. Galli del acta labrada por la Fundación CEAP, en la que consta que resolvió donar todos sus bienes a esta Asociación con motivo de la disolución de la primera. Pone de esa manera en consideración de esa primera comisión directiva la aceptación de esa donación. Ahí me descubro, según consta en nuestro libro de actas, tomando la palabra y diciendo que dada la identidad de objetivos entre la Fundación y la Asociación y toda vez que los miembros fundadores de la primera han auspiciado la creación de esta entidad, propongo aceptar la donación, moción que es aceptada por unanimidad.

Si bien el período de duración de cada CD está estipulado en dos años, esta primera decidió en noviembre de 1998, es decir un año y tres meses después, renunciar a fin de renovar sus miembros y favorecer una mayor participación de los asociados. Tesitura que fue planteada en el seno de una asamblea el 26 de noviembre de 1998  convocada para tal fin, que refrendó la decisión y eligió a la nueva CD, que quedó  presidida  por Horacio Sporn.

La actual, que recién entró en funciones a fines del año pasado, presidida por Yago Franco, es la duodécima CD.

Durante el período que le tocó gestionar a cada una y así seguramente ocurrirá o ya está ocurriendo con la actual, se hicieron cosas benéficas para mantener la vigencia de nuestro Colegio, en cada caso en función de la particular coyuntura que a cada una le tocó afrontar.

Dicho esto hay un acontecimiento muy significativo, a mi modo de     ver, que se produjo en el período correspondiente a la tercera CD cuya elección –el 24 de noviembre del 2000- tuvo una modalidad muy peculiar que determinó que para el cargo de presidente empataran en el número de votos Ricardo Spector y Mariana Wikinski. Situación que se resolvió acordando que asumieran ese rol un año cada uno. El primer año se hizo cargo Ricardo –hasta el 22/11/2001- y el segundo Mariana desde el 23/11/2001 hasta el 18/12/2002.

En la asamblea de finales del 2001 el tema propuesto para ser abordado en el año 2002 fue “”La identidad del analista en las condiciones actuales de la práctica”, aprobado en esa instancia. Cuyo contenido cabe relacionar en primer lugar con lo que venía ocurriendo en esos primeros años del siglo XXI en el escenario  económico-social y sus repercusiones en la vida de cada uno y en nuestra actividad clínica. También creo que se vincula con decisiones tomadas el año siguiente, que voy a explicitar, y que se vinculan con la identidad institucional.

En ese año 2002, en una asamblea extraordinaria convocada el 14 de marzo, se sometió a discusión la nueva carta fundacional elaborada por un grupo de miembros: Rita Irigoyen, Marta Cacciamani, Eduardo Müller, Juan Carlos Vasen, Horacio Sporn, Yago Franco, Oscar Sotolano y Juan Carlos Perone. Se deliberó sobre el contenido de la misma un buen tramo de la asamblea y se aprobó. En el transcurso de esta surgió la propuesta de cambiar el nombre de la institución sacando las palabras Estudios Avanzados, en tanto nuestro modo de funcionamiento nos parecía que no cuajaba bien con esa nominación, propuesta para lo cual, si me acuerdo bien, no hubo objeciones. Creo que se discutió un poco más si conservábamos o no la palabra Colegio que se sostuvo, no sólo por el sentido que la misma carta fundacional que estábamos refrendando le otorga, sino también porque ya éramos conocidos en el medio con ese sigla. De hecho seguimos siendo “El Colegio” a secas, coloquialmente hablando entre nosotros y así nos designaban ya los integrantes del mundo psi que nos conocían como agrupamiento.

Me parece que no viene mal que lea esa carta, que yo llamaría refundacional, que hasta ahora permanece vigente y creo que sigue reflejando nuestro modo de ser como colectivo de trabajo.

“Definimos al Colegio como una institución psicoanalítica. Lo hacemos a partir de una práctica y una historia de dicha práctica que ya lleva 10 años, que incluyen un primer período como fundación y un segundo período como asociación.

Los que integramos la institución nos consideramos practicantes del psicoanálisis. Practicantes en formación porque todo psicoanalista está siempre en tal situación. Esta formación se va construyendo en la discusión y reflexión sobre las propias dificultades, en la interrogación de la práctica y la teoría.

Está fuertemente instituído en nuestro campo que la formación del analista se sostiene en tres pilares que nosotros concebimos como: la problematización de la subjetividad del analista en la experiencia del análisis personal, la problematización de la experiencia clínica en la práctica clínica de la supervisión –que puede adoptar distintas formas- y la problematización de la teoría a través de los muy diversos dispositivos de estudio y lectura posibles.

Concebido así el trípode –centrado en el término problematización- sostenemos que lo que define a nuestra institución es un rasgo específico –puesto en práctica desde su conformación como asociación- que podría ser ubicado como un cuarto vector imprescindible en la perspectiva de la formación psicoanalítica.

Se sustenta en la relación horizontal entre colegas, con un modo particular de relación en que la comodidad fue su feliz consecuencia. De aquí se desprende la presencia de la palabra “Colegio” en el nombre institucional. Un colegio de colegas pero no de colegiales.

Este cuarto vector está constituido por un dispositivo de intercambio, con suspensión del eje vertical y de los estamentos, con un centro postulado como vacío y susceptible de ser ocupado en cada ocasión por cualquiera que se lo proponga, sobre la base de la presentación de trabajos que nos convoquen a todos a la reflexión.

Entendemos que este dispositivo instituye una distinta, específica y más productiva relación con las dimensiones del poder, el saber y el pensar.

Ya en la propuesta fundacional que está en el origen de nuestra institución quedaba planteada la voluntad de “consolidar un pensamiento psicoanalítico autónomo y una práctica fundamentada, manteniendo un nivel acorde con la densidad de las cuestiones y los tiempos que corren”.

Nos asumíamos en el interior de “La tradición crítica y productiva del psicoanálisis que lleva a reconocer que se trata de un campo heterogéneo que define su autonomía en un proceso permanente de interacciones en el espacio cultural y de concurrencia y diferenciación con otras prácticas de la cura”.

Y nos nucleamos entonces “afirmando el compromiso recíproco de quienes nos reuníamos en sostener estos rasgos y ofrecer la experiencia siempre problemática de cada uno como fuente de ideas e iniciativas a ser trabajadas en sus contenidos y estilos particulares”.

[Estos tres párrafos que acabo de leer recuperan de manera textual lo que estaba consignado en aquella propuesta y lo reinscriben en esta]

Nos hemos propuesto, y en la consolidación de esta perspectiva hemos ido trabajando todos estos años, mantener vigente una modalidad institucional que genere las condiciones para la producción de un pensar abierto a la puesta a prueba de sus propios paradigmas y que se sustraiga de la mera reproducción de un saber emblemático y asegurador.

Y es en relación con lo expuesto que convenimos en renovar el nombre que nos identifica, reemplazando el hasta ahora vigente –colegio de estudios avanzados- por Colegio de Psicoanalistas.