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El trabajo elaborativo. Donde la vida no termina nunca


Publicada el 18/10/2018 por Luis Vicente Miguelez





El trabajo elaborativo. Donde la vida no termina nunca

Soy de la idea, sostenida por muchos analistas  y por el propio Freud, de que el tratamiento psicoanalítico no tiene fin. Se interrumpe en el mejor de los casos de común acuerdo entre el analista y el analizante, pero puede continuar por otros medios una vez instalado. Por lo que entiendo que una vez abierta una puerta importante de acceso a lo inconsciente se instaura una suerte de flujo interminable.

La experiencia del análisis instaura un pensar otro que se establece como un “entre” donde ninguno de los dos partenaires sabe todo lo que dice ni piensa todo lo que sabe.  Es que la transferencia analítica pone a trabajar un modo de comunicación que no es de uno hacia otro sino que se genera un “entre” donde lo dicho deja lugar a un nuevo decir del que surge lo impensado.

En ese sentido el tratamiento psicoanalítico no se restringe ni al espacio ni al tiempo de la sesiones. Su prolongación en tiempo y espacio es lo que actúa como trabajo elaborativo del análisis.

Más aún podemos afirmar que hay situaciones fuera del análisis donde se establecen relaciones transferenciales que posibilitan movimiento elaborativos particularmente intensos.

De ahí que considero que la denominación que utiliza Ulloa para lo que muchos analista llamaron autoanálisis me parece mucho más acertada. El habla de propio análisis y engloba lo que ocurre en las sesiones como aquello que se desarrolla por otras vías. A mi parecer decir propio análisis y no autoanálisis evita el malentendido de considerarlo autoreflexivo. Siempre el propio análisis necesita de otro. Veremos luego que condiciones son necesarias y suficientes para que se constituya ese otro. Sabemos que el denominado autoanálisis de Freud se realizó siempre en relación a alguna alteridad que compusieron los diversos Fliess con los que compartió la elaboración teórica y su propia neurosis infantil.

Freud aseguraba que el analista debía comportarse de manera atemporal como el inconsciente mismo. Se podría decir, por lo tanto, que todo análisis transcurre en esa atemporalidad que es el la del inconsciente produciendo efectos temporales donde se inauguran nuevas alternativas capaces de ensayar futuro a partir de antiguas repeticiones.

En un artículo muy singular y polémico Didier Anzieu relata veintiuna sesiones que tuvo con un espíritu. Comenta que una joven colega le habla de una “terapeuta” que acaba de conocer. Es una mujer que, a las cuatro de la madrugada, piensa intensamente en las personas de las que se le ha dado el nombre, la dirección y Anzieu cree, no muy seguro, que también la profesión. Piensa en ellas gratuitamente tanto desde el punto de vista financiero como desde el punto de vista de las ventajas que ella podría obtener y Anzieu agrega, supongo que por necesidad personal de pensar en el prójimo. Esta terapeuta es libre de aceptar o rechazar a la persona que se le propone o que se propone. La cura dura veintiún días a continuación de lo cual parece que se manifiesta una mejoría del estado del destinatario.

Anzieu acepta que la colega le de sus coordenadas a esta terapeuta y le pide que lo prevenga sobre cuando empiece la experiencia para poder anotar los efectos eventuales que le sucedan.

Se sorprende que comentando a su entorno de la experiencia que va a iniciar diga lo siguiente:” dura veintiún días y a continuación de la cual yo estaré curado de mi Parkinson”. Aclara luego en su escrito “he aquí mi deseo de curación, de una curación medicamente imposible de una enfermedad incurable que surge en mi mente en la perspectiva de una intervención de esta “curandera” que yo no conozco y que no me conoce.

Luego transcribe el diario de esa experiencia, noche a noche.

De su lectura uno va viendo la intensidad que toman los movimientos afectivos que le producen sus recuerdos íntimos y la ambivalencia en torno a la creencia en la eficacia del “tratamiento”.

La segunda noche escribe “Tengo un breve debate interior: no creo en los espíritus, pero tengo que ser honesto conmigo mismo: creo sin creer en ellos. Sé que no existen, pero a pesar de todo, pueden manifestar sus efectos; la prueba, es que después de la segunda noche esta desconocida que piensa en mí, o más exactamente de la que yo pienso que ella piensa en mí, me hace bien.

En la cuarta noche, teniendo después de muchos meses un buen descanso nocturno, ya que las convulsiones parkinsonianas han cesado, dice soñar mucho. Luego de comentar sueños y asociaciones plantea una inquietud que le oscurece el cuadro, este espíritu con el  que yo estoy en contacto, o creo estar en contacto, ha sido hasta ahora un espíritu benéfico. ¿Va a continuar siéndolo o va a convertirse en maléfico? “No importa” concluye, “me hace bien y me protege por la noche de mis perseguidores internos”.

No voy a continuar el relato de las “sesiones”. Dejo a ustedes si les interesa ir al texto y continuar leyendo. Lo que debo agregar es que el relato de Anzieu va tomando la forma de un análisis.

Al final del texto donde reflexiona sobre la experiencia de esas veintiuna noches y días Anzieu comenta lo siguiente. “Con gran reticencia me resuelvo a publicar el diario de esta experiencia. Tengo el sentimiento de angustia de exponerme a las críticas acerbas de los lectores y más especialmente de los colegas. El ejemplo de Freud exponiendo su vida psíquica íntima en su obra es para mí un precioso estímulo”.

Termina su extraordinario texto diciendo, “en tanto que yo sepa o que crea que otro piensa en mí, pienso existir y pensar”.

Me quiero apoyar en el doble sentido de la expresión “otro que piensa en mí”, en tanto se entraman eso que en mi piensa y el otro que me piensa. ¿Este otro que piensa en uno en su diversidad de sentido no es el principal motor de la transferencia analítica? Esto es, lo que anuda en la relación a un otro la experiencia del inconsciente.

El Espíritu con el que se autoanaliza Anzieu es, en su caso particular, un buen dispositivo para relanzar la transferencia analítica. Él se procura una manera de no hablar solo consigo mismo poniendo en juego un supuesto otro que lo piensa y a la vez un pensar otro. Abre así nuevamente un diálogo con su inconsciente.

Esa continuación del análisis por otros medios, ¿no estaría emparentada con lo que Freud denominó el trabajo elaborativo que se desarrolla en el tiempo más que en el espacio analítico?.

Vayamos por parte. Propongo hacer una incursión en lo que Freud denominó los trabajos psíquicos y luego volver y detenernos en el trabajo elaborativo, sus dificultades de conceptualización y su eficacia terapéutica.

Trabajo psíquico es una noción muy freudiana. Freud nombra tres trabajos inherentes al aparato psíquico que son requerimientos emocionales e intelectuales que hacen a nuestra existencia tutelados por lo inconsciente.

El trabajo del sueño, el trabajo del duelo y el trabajo elaborativo. Como veremos los tres se hallan muy bien entrelazados y presentan en sus singularidades importantes similitudes.

En el año 1917 Freud publica “La aflicción y la melancolía” donde se va a ocupar del trabajo de duelo y es también el comienzo de una segunda etapa en la investigación psicoanalítica caracterizada por la introducción del concepto de pulsión de muerte y de la nueva tópica.

Freud plantea que, durante el tiempo del duelo, o sea, durante el tiempo en el que transcurre lo que él llama “trabajo del duelo”, el yo queda obligado a decidir si quiere compartir o no el destino del ser querido muerto o, en términos más vastos podemos decir el del objeto perdido.

Este trabajo nos dice consiste en una intensa labor psíquica de ruptura del lazo que ata al yo con el objeto desaparecido. Se ha llamado a ese trabajo, enterrar o, en su versión más simbólica, matar al muerto. Me resulta poco feliz esa fórmula porque refiere más a lo sustituible del objeto que a la dimensión real de la pérdida con la que tiene que vérselas el yo.

Me explico.

El trabajo de duelo es comparable a la operación de borrar una huella y dejar una marca. La huella, en términos lingüísticos, es lo que se presenta como un índice, algo que posee una estrecha relación con el objeto en sí, una relación de inter-dependencia con la cosa que la produjo, mientras que la marca que se forma borrando la huella, inscribe verdaderamente la pérdida del objeto. Asienta la pérdida definitiva de éste pero permite la asunción de una significación singular. En ese sentido, el acto de borrar la huella y dejar una marca vuelve irremediablemente perdido el objeto y también lo hace insustituible.

El trabajo del duelo concierne básicamente a la ardua elaboración de la pérdida de una ilusión, la que atañe a que algún otro objeto calzará bien en la huella que dejó el primero. Esta ilusión se corresponde con la idea de sustitución. Si, por el contrario, se borra esa huella y se deja la marca, lo que se constituye es lo irremediable de la pérdida pero junto a lo insustituible de esta pérdida se forja memoria perdurable.

Una paciente pierde a su padre y entra en una situación de duelo, de trabajo de duelo en análisis. Éste era una figura muy importante, admirada y querida. La paciente, a raíz de su separación, había intensificado mucho más su relación con el padre. Luego de un tiempo no muy prolongado su padre muere.

Transcurre en su análisis un período de duelo, el dolor va cediendo luego paulatinamente y encara nuevamente su vida cotidiana. Conoce a una persona de la cual se enamora y establece nuevamente una relación de pareja. Esta persona es mayor que ella, con una postura que en algún punto, por lo que describe, posee esa solvencia que le transmitía el padre. Tiene un sueño en el que, como generalmente ocurre en los sueños sobre personas queridas muertas, ve a su padre en una reunión y ella sabe que él está muerto aunque él mismo no lo sepa. Es una fiesta familiar y comparten la mesa. Ella le presenta ahí a su pareja actual, a su enamorado, el sueño termina ahí.

Durante el sueño los sentimientos son de asombro y cierto bienestar. Ella se despierta de ese sueño, se acongoja mucho, llora la pérdida del padre, le vuelve toda la tristeza y tiene un fallido. Se levanta para prepararle el desayuno a su hijo y después se acuesta y se vuelve a dormir, dejando de hacer lo que tenía programado, entre otras cosas ir a su análisis. Me llama muy angustiada diciéndome que se quedó dormida y que quiere tener una sesión. Le ubico una hora ese mismo día para más tarde y llega desconsolada. Cuenta el sueño manifestando lo doloroso que significó volver a conectarse con la muerte de su padre. Comenta que hacía poco había hablado con una amiga, que le decía algo sobre esto, que es algo que nunca se termina de clausurar, siempre hay escenas, situaciones donde aparece la ausencia y la pérdida.

En algún momento de la sesión le digo solamente esto: que el sueño le reveló que en la pérdida de su padre hay algo insustituible aún estando al lado del hombre que ama. Esto de alguna manera la alivia.

El sueño viene a inscribir esa pérdida. Se produce en el momento en que alguien pareciera ocupar el lugar de cuidado y solvencia que tenía para la paciente su padre. Lo que no es sustituible, ni aún en su semejanza, es lo que retorna como resto a trabajar, abierto al proceso de elaboración. El sueño empieza a borrar la huella del objeto y comienza, no sin dolor, a producir el destino de marca con el que tramitar esa pérdida.  La huella buscará siempre fallidamente el pie que la produjo u otro casi igual, la marca se abre a la singularidad de un nuevo encuentro.

Ahora, siguiendo este rumbo trazado por el trabajo del duelo y del sueño me voy a ocupar del trabajo elaborativo.

El término alemán Durcharbeiten fue traducido al castellano de distintas maneras: “elaboración” en la edición de Ballesteros, que es la de “Recuerdo, repetición y elaboración”, después se cambió por “reelaborar” en la traducción que hace José Etcheverry del mismo texto en la edición de Amorrortu. En el diccionario de Laplanche y Pontalis se utiliza trabajo elaborativo, tomado la expresión inglesa working throught que adquirió carta de ciudadanía en diversos idiomas. En francés se emplea el neologismo per-élaboration que dio lugar en castellano a per-elaboración.

La palabra alemana está compuesta del prefijo durch que significa a través y arbeit, trabajo, sería entonces trabajando a través, de extremo a extremo. Durch tiene su equivalente en castellano en el prefijo per, que connota intensificación, durabilidad, perdurable, durabilidad a través del tiempo, también a través. No es sencillo encontrar la forma adecuada que exprese lo que condensa la palabra alemana. Se trata de un concepto que por momentos se vuelve oscuro, difícil, que es necesario ir considerando detenidamente.

Comenzaré recordando una advertencia técnica que todo analista tiene en cuenta aunque a veces resulte dificultoso su cumplimiento, se trata de poder alojar el silencio del paciente, respetarlo y no cargarlo de interpretaciones.

Poder tolerar el silencio está asociado con la capacidad de estar solo sin entrar en angustia. Winnicott le dio relieve a este concepto subrayando el hecho de que se trata específicamente de una capacidad y planteó que es una adquisición temprana del individuo. En el adulto este logro temprano se va a convertir en la posibilidad de relajarse, de alcanzar la disponibilidad para el repliegue, para llegar a sentirse reposado en silencio. Esta adquisición temprana Winnicott la presenta de manera paradojal. La capacidad de poder estar solo comienza con la experiencia del infante de jugar solo en presencia de su madre. El  jugar solo en presencia de la madre lo contrapone a la obligación a responder constantemente a estímulos externos, a demandas de sus padres. Winnicott situará ahí la génesis de lo que va a denominar  el falso-self. Anteriormente Sandor Ferenczi ponía de relieve que la repetición de una escena onírica, a la que nombró “el sueño del bebé sabio”, se podía observar en pacientes muy perturbados por una sobre-exigencia que habían padecido desde muy temprana edad. La escena onírica repetida consiste en un bebé que habla y no solamente puede hablar sino que sabe lo que le pasa a la madre y al padre, proveyendo soluciones a problemas domésticos. Ferenczi dice atinadamente que el bebé es situado en el sueño como el psiquiatra de una madre depresiva. Lo interpretaba como la realización inconsciente de una fantasía de reparación fallida, la de “curar” y “curarse” de la depresión materna.

Ahora bien, un adulto podría lograr un estado de relajación placentera si de niño pudo vivenciar el jugar solo en presencia de su madre. Lo que se destaca de esa presencia es que no sea intrusiva, esto es, que haya alguien disponible aunque sin exigir nada al infante. Una suerte de estar sin invadir. Esta experiencia constituiría la base de la confiabilidad y de la amistad adulta. Lo que podemos inferir es que el poder estar solo implica la presencia intrapsíquica de un Otro confiable. Exactamente lo contrario que ocurre en el sentimiento de desolación.

Con la capacidad de estar solo el sujeto va adquiriendo la posibilidad de permanecer durante un tiempo en un estado en el que no hay ninguna orientación, tolerar lo no-integrado de su posición sin tener que estar respondiendo a estímulos externos, ni tener que sostener activamente intereses y realizar acciones dirigidas. Winnicott comenta que se prepara así el escenario para una experiencia del ello. Me gusta esta denominación. Adquirir la aptitud de permanecer en un estado no integrado, poder soportar el no tener una conducta dirigida, una orientación determinada hacia la búsqueda de objeto. La capacidad de estar solo sería para él un marco donde las sensaciones o impulsos se experimentan como reales y se convierten en una verdadera vivencia personal. Va a estar en un futuro emparentada con las experiencias que hacen que un sujeto se sienta real. Se escucha a menudo en los consultorios el lamento de un paciente de sentir que lo que le sucede no lo vive como real, la sensación de que la propia vida es ficticia. Vemos que este sentir está asociado a la exigencia en la primera infancia de responder compulsivamente a los estímulos externos, tener que satisfacer prematura e insistentemente a las demandas parentales, ser el bebé sabio del que habla Ferenczi. Por el contrario, la experiencia del ello constituiría un verdadero acontecer personal que, tal como la entiendo, promueve un estado propiciatorio para lo que Freud denominó Durcharbeiten, el trabajo elaborativo.

Tomemos ahora otra lazada del nudo que presenta el concepto. Le acometeremos por el flanco de la temporalidad. Hay dos expresiones con las que solemos referirnos temporalmente a los hechos, suceder y acontecer. Si por suceder entendemos lo que sigue a lo anterior, en  el acontecer, contrariamente, tendríamos una suerte de discontinuidad con lo ya habido, con lo ya ocurrido, con el antecedente.

El efecto del análisis tiene un pie puesto en el acontecer y otro en el suceder. En tanto se trata del surgimiento de lo impensado sobre un fondo de lo ya sabido, hay algo que se produce como una irrupción en el relato.

A Freud se le fue haciendo claro, casi desde el comienzo de su labor clínica, que la eficacia de la cura no consistía solamente en la recuperación de lo olvidado ni de lo reprimido ni, finalmente, en hacer consciente lo inconsciente. Es entonces que aparece en su obra el concepto durcharbeitung,

A este concepto lo va a desarrollar fundamentalmente en dos lugares, si bien es algo que ya anuncia desde 1895, lo desarrolla en Recordar, Repetir y Reelaborar, en la última parte del texto, y en Inhibición, síntoma y angustia muy brevemente.

Plantea que se trata de un trabajo psíquico, fundamentalmente inconsciente, que permite al sujeto ir integrando lo reprimido y librarse del dominio de los mecanismos repetitivos.

Si uno sigue detenidamente su argumentación verá que pasa del recordar como objetivo terapéutico a ocuparse de los límites mismos de ese recordar, haciendo hincapié en lo que no puede ser recordado porque nunca fue consciente, lo incapaz de convertirse en recuerdo. Conjuntamente va a referirse a la repetición en tanto compulsión a la repetición. Es decir, pasa a ocuparse de la repetición de lo reprimido primariamente, lo prehistórico, lo imposibilitado de hacerse consciente, para finalmente introducir la cuestión de la per-elaboración a la que asigna un carácter fundamental en el trabajo analítico.

Serán pocos renglones nada más, pero lo propone como absolutamente imprescindible para la cura. El trabajo elaborativo – señala Freud – es constante en la cura pero actúa más en ciertas fases que en otras del tratamiento, y sobre todo cuando parece que éste está estancado, cuando se ha detenido; dominado por las resistencias, aunque esas resistencias hayan sido interpretadas. Agrega Freud que el trabajo elaborativo “puede constituir una penosa labor para el analizado y una dura prueba para la paciencia del analista”.

Freud afirma textualmente “el trabajo elaborativo constituye parte de la labor que ejerce sobre el paciente la mayor acción modificadora, y la que diferencia el tratamiento analítico de todo influjo por sugestión. Teóricamente podemos equipararla a la derivación por reacción de las magnitudes de afecto aprisionadas por la represión, proceso sin el cual no lograba eficacia alguna el tratamiento hipnótico”.

Como ven, entiende que la importancia que tenía la abreacción en el tratamiento por hipnosis  ahora la tiene, en el tratamiento psicoanalítico, el trabajo elaborativo. Al decir esto Freud señala que lo que determina verdaderamente su eficacia no es la rememoración sino la per- elaboracion. El paciente consigue mediante el trabajo elaborativo que va llevando a cabo dentro y fuera de la sesión analítica no solamente una comprensión intelectiva sino una convicción basada en la experiencia del inconsciente.

Fernando Ulloa escribe en Para una metapsicología de la per -elaboración, que si bien éste es un concepto psicoanalítico constituye también uno de esos recursos curativos propios de la condición humana, aún previos a la irrupción del psicoanálisis. En la lectura que  hago del texto entiendo que lo que él ha formulado está emparentado con lo que Winnicott describe como “la experiencia del ello”. “Es un acontecer inherente al funcionamiento mismo del aparato psíquico”, dice Ulloa, un proceso mediante el cual se da una cabida a lo que es incapaz de conciencia, a lo prehistórico, a aquello referido a lo visto y lo oído que entreteje la escena primaria, que si bien no posee representación de palabra insiste en emerger.

Cuando Freud formula el concepto de resistencia del ello asociado a la compulsión repetitiva observa que para que la cura llegue a un buen término también hace falta vencer esa resistencia. Es decir, la atracción que ejercen sobre lo reprimido los prototipos inconscientes. Prototipos inconscientes es una expresión formulada por Freud que se refiera a lo reprimido primario.

Ahora bien, esos prototipos inconscientes de los que habla Freud nunca serán conscientes. Sería tarea vana querer traducir a la lengua del sistema preconsciente (conciencia) ese material psíquico. Por lo tanto la fórmula de hacer consciente lo inconsciente no termina de esclarecer lo que ocurre en la clínica psicoanalítica. El trabajo elaborativo, la per- elaboración, no consiste, como venimos diciendo, en hacer consciente lo inconsciente. Si se quiere, su eficacia está en que lo reprimido primordial, pueda ser evocado y no necesariamente repetido compulsivamente. Uso la palabra evocado en tanto evocar  según el diccionario de la Real Academia tiene como acepción “traer una cosa a la imaginación”. Prefiero por lo tanto utilizar evocar entendiendo que el trabajo elaborativo pretende hacer metáfora viva con lo irreductible, con aquello no pasible de volverse consciente. Lo mismo que veíamos en el trabajo de duelo transformar la huella de lo perdido en marca significante abierta a nuevas significaciones.

Entre la irreductibilidad de lo reprimido propiamente dicho y el esfuerzo malogrado de la sustitución de lo perdido se instala el arduo trabajo de la per- elaboración, equivalente a lo que Freud denomina la otra escena del sueño. Espacio de trabajo entre el ombligo del sueño imposible de rememorar y sus posibilidades de figurabilidad.

La formulación freudiana de repetir para no recordar, que formaliza el proceso transferencial, puede ampliarse en esta perspectiva, en tanto acoge no solamente lo memorable sino lo que no puede ser recordado, la desmesura del inconsciente. Por lo tanto, la misma neurosis de transferencia podría ser un comienzo de la per- elaboración.

Así como la interpretación surge de una memoria que retorna de lo reprimido y abre camino a nuevas producciones deseantes y la construcción se dirige principalmente a lo rehusado y desmentido del discurso del Otro dándole un sostén representativo, la per-elaboración posibilita -a semejanza del trabajo del sueño- que lo no representable pueda asociarse a los impulsos del ello, logrando así una suerte de figurabilidad. Núcleo caudaloso del que se nutre tanto la producción artística como la transferencia analítica.

Si como conjeturamos la constitución de la neurosis de transferencia puede pensarse como el inicio del trabajo per-elaborativo,  su instalación en el análisis ya es un avance de la cura. Recordemos que Freud definía a la neurosis de transferencia como lo que se constituye entre la vida y la enfermedad. Esta concepción propondría un concepto de salud original, donde lo principal no sería la ausencia de enfermedad sino la constitución de un espacio “entre” que procese lo que de alguna manera es fuerza vital y padecimiento al mismo tiempo.

Para finalizar las palabras con las que un hombre, en este caso Ives Berger, se refiere al recuerdo de su madre muerta. Las tomo de un pequeño libro llamado “Rondó para Bervely” que escriben y dibujan  conjuntamente padre e hijo, John e Ives Berger, como homenaje tierno y bello que nos acerca e ilumina de alguna manera lo que llamó Ulloa ese acontecer inherente al funcionamiento psíquico.

Te veo con tus mejores galas, sonriente, con esa sonrisa tuya que guardo en el corazón.

Delante de mí está Noel Road, donde viviste algún tiempo antes de que yo naciera. Te imagino viniendo por ella, doblando la esquina, con esa misma sonrisa.

Tantas cosas son iguales y tantas son diferentes. Así es, mamá. Y si como me decías a menudo “no se construyó Roma en una hora”, puede que las cosas más importantes las llevemos muy dentro, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos. Si, puede que lo que tú llevabas hace cincuenta años cuando cruzabas Noel Road lo lleve yo ahora,, mientras estoy aquí sentado delante de la galería. Y si mis pinturas vienen de algún lado, creo que ese sitio podría estar entre tú y yo, entre entonces y ahora. Donde la vida no termina nunca.

 

Referencias bibliográficas

Dider Anzieu.  El espíritu, el inconsciente. Contribución a un método de auto-análisis. Psicoanalizar. Editorial Biblioteca Nueva                                                                                               

Sigmund Freud.  La aflicción y la melancolía. O.C. editorial Amorrortu

                               Recuerdo, repetición, elaboración. O.C. Alianza Editorial

                               Inhibición, síntoma y angustia. O.C. Alianza Editorial

Sandor Ferenczi.  El sueño del bebé sabio. O.C. Espasa Calpe

Donald D. Winnicott. La capacidad para estar solo. Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Paidos

Fernando Ulloa. Para una metapsicología de la per-elaboración. Ficha del autor

John Berger, Ives Berger. Rondó para Bervely. Editorial Alfaguara  

 

              

Luis Vicente Miguelez