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Cuerpos de la risa


Publicada el 16/08/2018 por Cintia Dafond





Cuerpos de la risa

Cintia Dafond

 

“Nuestras risas y nuestros lloros actúan en forma diferente en circunstancias diversas, del mismo modo que las notas musicales que constituyen el movimiento de una sonata pueden ejecutarse de maneras muy distintas. Todas estas reacciones van dirigidas, de una u otra forma, directa o indirectamente, a regular el proceso vital y a promover la supervivencia”

Antonio Damasio

 

Palabras preliminares.

Cuerpos de la risa pone a trabajar distintos aspectos de los cuerpos y de la risa. Los cuerpos aluden a los fundamentos para que la risa ocurra, a los distintos cuerpos que son atravesados por la risa y a la risa como acontecimiento corporal.

La risa, por su parte, alude a lo gestual y lo sonoro de su emergencia, al “cuerpo todo” involucrado en la alegría y la productividad y al movimiento corporal que nos asalta cuando reímos.

Propongo ver el siguiente video:

Ver video introductorio

Para investigar sobre la risa empecé por lo básico y fui avanzando con la convicción de que la risa plantea más cosas que la de ser una mera descarga de tensión o que en todo caso, disponer de ese regalo, la descarga de tensión riendo, es un don de Eros. El placentero alivio que generalmente produce está asociado a las experiencias del amor, de la sensualidad y al reconocimiento mutuo. También con la alegría, la creación, el dominio sobre el mundo, el descubrimiento, la belleza y la expansión del yo.

 Se sostiene del andamiaje neurobiológico humano y es una manifestación social, emocional y existencial. Para decirlo de otro modo, la risa tiene un cuerpo biológico hecho de circuitos neuromotores y genéticamente determinados y tiene un cuerpo poético- erógeno. Una narrativa de la que se han ocupado la filosofía, la literatura, la sociología, la psicología y un poco menos, o quizás más aleatoriamente, el psicoanálisis.

 Pero no todo es maravilla en su cuerpo. Saberse o sospecharse objeto de risa para otro causa angustia e injuria narcisista, más destructiva si se carece de sentido del humor, más aún si con ella se exilia al individuo del grupo. Una cosa es la risa compartida y otra poder reírse de uno mismo. El cínico se ríe de todos y el psicópata en soledad. Los vulgarmente “malvados” también tienen su risa, la del odio y la venganza. Está la risa del capitalista y la carcajada del niño. La censurada por ofender a Dios (como narra U. Eco en “El nombre de la rosa”) y su ausencia en el autista.

Finalmente, entonces, hay muchas líneas de abordaje de esta cuestión de la que he tomado solo algunos sesgos.

Tracemos una línea que tiene en un extremo la sonrisa y en el otro la carcajada y sepamos que en su curso existen los matices.

¿Por qué reímos? ¿De qué reímos? La comunidad en la risa. El odio en la risa. La caída de prestancia y congruencia que produce el objeto cómico. La risa como castigo. La risa de la alegría.

Su presencia en la clínica es significativa. Su irrupción espasmódica, su dibujo facial. Es compañera de la palabra y tiene su propio mensaje. Sea por presencia o por imposibilidad. Están las que ocurren en respuesta a una intervención del analista, otras que dan indicios de transformación psíquica y otras que habilitan cursos elaborativos en una sesión.

Vive en la vida y en el corazón del lazo social. Es esencialmente humana y aunque estudios actuales señalan que hay formas rudimentarias de ella en algunos animales, su plasticidad y variantes en la humanidad hacen que sea un prisma en el que convergen distintas disciplinas. Su manifestación une y sincroniza al grupo. Puede revelar la hospitalidad o la exclusión hacia el extranjero.

La psicología del comportamiento sostiene que está motivada por un estímulo cómico en una minoría de los casos ya que cotidianamente acompaña los mensajes verbales, el intercambio de miradas, las situaciones de estrés tanto como las de distensión.

Existen risas patológicas en ciertas enfermedades del sistema nervioso central. Es el caso de algunos tumores, esclerosis múltiples y demencias. En psicopatología, la esquizofrenia, las crisis maníacas y algunos cuadros tóxicos presentan estereotipia y rigidez en su modo.

 La medicina sostiene que contribuye a la producción de anticuerpos y porque libera endorfinas tiene efectos beneficiosos para la salud y el bienestar. Las endorfinas, ese antidepresivo endógeno..

 Podríamos reducirla a su condición de respuesta neuro-biológica ante determinados estímulos como son las cosquillas por ejemplo o tomar noticia de su espesor. En el cachorro humano sus primeras apariciones son fugaces y reflejas. Recién entre los tres y siete meses la sonrisa se vinculará al reconocimiento del rostro humano familiar constituyendo una placentera forma de comunicación primaria.

Experiencias de laboratorio vinculadas al estudio de la epilepsia, por ejemplo, han ubicado que la estimulación eléctrica de una zona del cerebro conocida como área motriz suplementaria produce risa de manera consistente. Una risa inmotivada desde el punto de vista social o situacional pero auténtica en su manifestación y en la promoción de sentimientos de alborozo y alegría que determinan a cualquier situación que se presente como digna de divertimento en ausencia de un estímulo emocionalmente competente para desencadenarla. Según Antonio Damasio, neurólogo portugués contemporáneo, los mapas neuronales asociados a la alegría revelan estados de equilibrio del organismo. Significan estados orgánicos de coordinación óptima y marcha tranquila en las operaciones vitales de supervivencia con bienestar y se definirían por causar en todos los casos una mayor facilidad en la capacidad de actuar. Una disponibilidad al movimiento y a la coordinación de acciones eficaces.

Los mapas neuronales de la alegría pueden ser falsificados por una serie de drogas, en tal caso, no reflejan el estado real del organismo (esas drogas van desde los analgésicos hasta todas aquellas que devuelvan químicamente una homeostasis alterada llegando también hasta las sustancias embriagadoras). Muchas de ellas, las que recrean el estado emocional de la alegría se suceden por una reacción de pena. El éxtasis, por ejemplo, es una droga que produce estados máximos de bienestar acompañados de pensamientos benignos sucedidos por sensaciones de desazón.

Para Damasio alegría y tristeza son revelaciones mentales de procesos vitales excepto cuando las drogas corrompen esta revelación.

Lingüista, poeta y ensayista argentina, Ivonne Bordelois en Etimología de las pasiones nos enseña que la alegría es una pasión clara porque no está ligada a la fatalidad ni a la tragedia pero a pesar de aparecer alejada de los excesos que conducirían a la muerte o a los impulsos homicidas o suicidas comparte con las pasiones oscuras el impulso repentino y la expansión del yo.

Desde el punto de vista etimológico la alegría también está vinculada con las nociones de agilidad, velocidad, vivacidad e hilaridad tal como plantea Damasio. Originariamente más ligada a la disposición a la acción que a la sensación de gozo, sentir alegría implica experimentar al cuerpo en movimiento unido a la eficiencia, la destreza, la belleza y el placer como lo muestran ejemplarmente los deportes, la ejecución de instrumentos musicales, la danza, la vida sexual -como puede verse en el video-. La deriva de la etimología lleva a la alegría significando borrachera y joya (el joie francés o el italiano gioia, significan tanto alegría como joya, un valor bello). El italiano allegro, por su parte señala la concomitancia de la alegría con la provocación y la borrachera. El Diccionario de la RAE señala su vínculo con la irresponsabilidad y la ligereza y el “estar alegre” como alusión a estados de ebriedad y de libertad. Los mapas neuronales y la etimología se encuentran al definir esta disposición del ánimo, la alegría, la hilaridad y la facilidad hacia el movimiento. Resaltemos entonces: nos alegramos al movernos y la alegría nos hace mover.

 En la infancia, la risa, además de expresar satisfacción y reconocimiento, acompaña la alegría del dominio sobre el ambiente. Desde el balbuceo animado a las exploraciones motrices, gracias a la conquista de la sincronización y la sintonización neuromotora el niño consigue acciones eficaces. Las experiencias de dominio del cuerpo y con el cuerpo, son fuente de confianza e impulsan la curiosidad que más luego se combina con las simbolizaciones y el deseo de saber a predominio intelectual.

La complejidad del bagaje sensorio-neuro-motriz con que cuenta el infans, las competencias de la especie, se complejiza más aún en el curso de la exploración lúdica en un ambiente favorecedor. Así, el humano desarrolla experiencias de integración psiquis-cuerpo cuya deriva en general es risueña y mantiene viva la atención como función cognitiva. La atención es “llamada” por el mundo y la curiosidad se mantiene despierta.

Vale recordar aquí las consideraciones de Noé Jitrik quien vinculó a Eros con la voluntad. Ella se expresa en los verbos modales. Querer, hacer, poder. Es decir a Eros con lo que mueve a actuar en sentido constructivo. El cuerpo en movimiento. La psiquis despierta.

Pasemos ahora a otra perspectiva que teniendo en cuenta el eje del movimiento, las acciones eficaces y la belleza de lo armónico interpreta la risa como una peculiar función social.

 Henry Bergson, filósofo contemporáneo de Freud y citado por el maestro en El chiste y su relación con lo inconsciente alcanzó prestigio en el ambiente intelectual parisino con el concepto del élan vital. Con ello designó la fuerza que empuja lo vivo hacia adelante. ¿Qué significa la vida? La vida es duración y esa duración un movimiento evolutivo hacia la complejización permanente. Una suerte de Eros o pulsión vital que mueve a la transformación y al entendimiento que también podríamos vincular con el conatus de Baruch Spinoza, la “voluntad de vivir”.

 Entre sus obras escribió un ensayo sobre la risa donde sostiene que la fuente de la comicidad para los humanos son otros humanos. No nos reímos de las plantas ni de los animales, ni de las cosas salvo que ellas nos remitan a lo humano.

Lejos de interpretar la risa como una expresión vinculada a la alegría, Bergson sostiene que ella es un gesto social que sanciona la aparición, en otro humano, de lo repetitivo, lo rígido, lo mecánico y lo estereotipado, es decir, aquello que se aparta de la eficiencia y el modelo de belleza y armonía de una comunidad. Señala que el temor que inspira ser objeto de risa reprime las excentricidades, porque saberse objeto cómico produce angustia y vergüenza. El filósofo piensa en consecuencia que la risa del grupo excluye al que se aparta de la fluidez vital y aunque divierta a los que se ríen, su emergencia está acompañada de cierta insensibilidad que acalla la piedad y la compasión. La risa castiga. Es castigo. Esta perspectiva nos acerca al bullying como máxima expresión de la crueldad grupal en nuestra sociedad actual.

Pero es interesante la perspectiva que toma de lo cómico que se engendra a partir del movimiento. Dice que el efecto cómico surge cuando se instala lo mecánico en lo vivo. La torpeza. Lo repetido, lo circular y el esfuerzo que termina en nada pondrían en evidencia una mente distraída -lo que ilustra el video de Los tres chiflados y El gordo y el flaco-. Esa mente distraída de la atención que exige la vida, el contacto con los demás y con nosotros mismos. Podríamos poner en serie a esa distracción bergsoniana con algunos efectos de la introversión libidinal del neurótico. Eso que hace que algunos síntomas nos hagan reír. Podríamos decir que para él, el humano que nos llama a risa lo hace porque vive en las nubes o perdido en alguna otra parte. Lo que nosotros podríamos llamar la introversión del interés psíquico.

Porque la vida es evolución continua de un ser que está envejeciendo sin cesar, que no se repite ni vuelve atrás, ubicará una de las fuentes de lo cómico en el desajuste del cuerpo al movimiento, el movimiento inadecuado a la acción específica. Carente de espontaneidad en la estereotipia, endurecido en los rasgos de carácter y desmesurado o defectuoso respecto de un modelo referencial.

¿De qué nos reímos? De aquellas acciones, dirá Bergson, que se rigidizan, se mecanizan y dejan de estar unidas a la fuerza vital que empuja hacia delante y que liga la concentración en lo que se pretende, en la persecución de un fin, por ejemplo: en vez de ver la puerta que tengo que atravesar para salir de un lugar me la llevo por delante, corroboro infinitas veces si cerré la puerta con llave, le pongo sal en vez de azúcar a la taza de café o me pongo la ropa al revés.

Así, serán ocasiones naturales de la risa, la distracción, los movimientos desacompasados al tiempo, demorados o precipitados en relación al propósito y la torpeza que nos hará reír de quien se cae, tropieza o queda embargado en la pérdida de espontaneidad que imponen los vicios del carácter. Cuando se silencian la piedad y la empatía nos reiremos de lo que hace el celoso, el avaro, el obsesivo o el fóbico.

Riendo, el grupo se une y sanciona ese apartamiento del flujo vital. Una suerte de sanción correctiva que alerta y avergüenza al actor.

Pero convengamos que existen esas ocasiones universales de la risa que exceden a las pequeñas parroquias o comunidades y tampoco revisten en sí mismas un acto de crueldad. Esos universales a los que me refiero crean los gags de las comedias, historietas y dibujos animados.

Si bien, como ya señalé, Bergson no asocia la risa a la alegría sí cabe reconocer que los humanos nos reímos de la distracción. Prestar atención a los acontecimientos implica captar y procesar eficaz y velozmente la información que llega del ambiente. De hecho la pasamos mejor cuando logramos orientarnos, descubrimos caminos, dominamos el cuerpo y el espacio y solucionamos problemas con cierta inmediatez. Nos sentimos alegres cuando logramos actuar eficientemente. Y nos acongojamos con los efectos de esas distracciones con las que causamos dolor a alguien o a nosotros mismos.

Esa actividad inconsciente -no en el sentido freudiano-, veloz y automática, depende de funciones neuromotoras y genéticas vinculadas a la supervivencia que posibilitan la capacidad para el juicio rápido por el procesamiento para-lingüístico de información. Según los neurólogos contemporáneos, un tercio del cerebro humano se dedica a procesar la información visual. Interpreta fronteras, color, movimiento, profundidad, distancia y reconocimiento de rostros y gestos. La risa como sanción social al distraído me parece tributaria de la valoración social de este funcionamiento psíquico-atencional que nos orienta en la vida y nos posibilita adaptarnos a sus exigencias. Otra cosa es el sentido que el trabajo de un psicoanálisis podrá elaborar sobre las distracciones de cada sujeto, sus actos fallidos, lapsus, actos sintomáticos.

Sigamos ahora a Freud al analizar la risa en El chiste y su relación con lo inconsciente. Diremos primero que el campo del humor incluye tres dimensiones: 1. el humor consigo mismo y con sus situaciones, 2. la perspectiva de lo cómico que ingresa por vía visual y en general es atinente a las formas, tamaños y proporciones, situaciones y lógicas espaciales y culturales y 3. los chistes, una producción lenguajera y de sentido sostenida en el juego del significante.

En ese campo del humor ocurre la risa. El texto está pleno de ejemplos. Pero no es en los ejemplos en lo que me quiero centrar, sino en la risa como efecto de superficie. Ella irrumpe, sorprende. Se expresa automáticamente. Es una respuesta inmediata más allá de los matices de su sonoridad. De hecho la sonrisa es silenciosa pero no por eso menos placentera. Con Freud podemos decir que es efecto del ahorro de gasto psíquico. Cuando se ríe, el yo no piensa.

La clave de la risa está en la ganancia de placer que produce el ahorro de gasto psíquico propio de los procesos inhibitorios que impiden que representaciones inadmisibles, por su hostilidad u obscenidad, se hagan conscientes y también se expresen. Esa cantidad de energía liberada de trabajo inhibitorio se descarga libremente. Su efecto: la risa.

Pero Freud también señala que reímos por el placer que proviene del reconocimiento mutuo, de la confirmación de lo ya sabido o del hallazgo de solución a los problemas. De los recuerdos placenteros también reímos. Cuando nuestro “juicio juega” y pensamos disparates, cuando dislocamos el orden y nos sentimos libres.

Y se dedica un rato al “talante alegre” para decir que es una disponibilidad anímica de la infancia y que se alcanza en la adultez con la alteración tóxica. Escribe Freud “…bajo el influjo del alcohol, el adulto vuelve a convertirse en el niño a quien le deparaba placer la libre disposición sobre el decurso del pensamiento sin observancia de la compulsión lógica”.[1] También lo pone a cuenta de factores endógenos.

La disponibilidad lúdica es una inclinación del ánimo con la que nos aprestamos a una reunión social o a una actividad recreativa, una apertura a la extroversión.

Volviendo a la risa, el primer elemento de interés en el chiste, es la fundamentación de su efecto como ahorro de gasto psíquico inhibitorio. El segundo tiene que ver con la captación del chiste. Ella depende de lo que ocurra con la atención del oyente (o del lector). La atención y la libido introvertidas, la concentración en trabajo de pensamiento, el dolor, hacen obstáculo a la captación de un chiste.

Freud le presta particular atención a lo que sucede con la atención, valga la redundancia, en la captación del chiste. La captación del chiste es un proceso inconsciente de entendimiento, efecto de una atención que es tomada por sorpresa. Una captación inmediata que causa descarga automática. Una operación inconsciente sin esfuerzo. Un procesamiento rápido y eficaz.

No reímos por seguir el hilo del relato y su entendimiento sino porque captamos sin esforzarnos por pensar. La atención se alerta con la incongruencia y el sentido oculto y somos tomados por la descarga automática de la risa. Cuando reímos nos liberamos de un esfuerzo de contra investidura.

Distinto es el proceso inconsciente en el creador de esta formación de compromiso que es el chiste. Su propia risa será un efecto secundario a la risa del oyente. Ese reconocimiento es un verdadero regalo. La risa se comparte. No es el caso del escritor que vimos en el gag de Monty Python, que se ríe, a solas, de su propio chiste.

En lo que respecta a lo cómico, tanto para Freud como para Bergson, lo cómico es el descubrimiento visual del desvío de una expectativa. Se produce mirando el cuerpo, los movimientos, las proporciones y las situaciones del otro. Cuando quedan al desnudo los rasgos de carácter, como la vulgaridad en la elegancia, la equivocación del maestro o la avaricia en el que se proclama generoso. Cuando cae la mascarada idealizada y si el yo no está embargado por afectos penosos que angustian o enojan, ocurre la risa, que deja como saldo una ganancia narcisista. En esa operación inconsciente también se da un procesamiento veloz de información comparativa entre el yo y el otro sobre un modelo de referencia narcisista y cultural. La risa sobreviene cuando el saldo es un sentimiento de superioridad y puede devenir envidia o admiración cuando el saldo es desfavorable para el que mira. También enojo cuando determinada expectativa se ve frustrada.

Redondeando: la risa es efecto o consecuencia de procesos ágiles, veloces y vitales que nos conectan con el mundo y están vinculados a la economía psíquica. Disponibilidad libidinal, tolerancia a la frustración, ahorro de inhibición y ausencia de dolor orgánico o psíquico, son condiciones necesarias para poder reír.

 Les propongo que observemos la dinámica de la atención y el efecto de risa en un grupo de espectadores de un corto publicitario.

 El padre con su hijo de alrededor de 5/6 años están en el supermercado. El padre recoge de las góndolas los productos que va a comprar. El niño mira atentamente la variedad de cosas que se ofrecen. Toma una bolsa de papas fritas. El padre le dice que eso no y retorna la bolsa de papas fritas a la góndola. El niño mira desafiante y vuelve a poner la bolsa en el carro. El padre dice No y retorna la bolsa a la góndola. Esta situación se repite unas cuatro veces. La tensión emocional crece y crece. El niño empieza a revolear por los aires distintos productos de la góndola mientras grita furioso ante la mirada azorada de otras personas, del padre y la nuestra como espectadores. El corte a esta situación dramática se da con la aparición de un cartel en la pantalla que dice: “Use condones”.

Fin. Todo el auditorio, en el que estoy incluida, ríe. Nuestra atención fue tomada por asalto. La expectativa pulverizada en un procesamiento mental de información absolutamente inadvertido y veloz que interrumpe una reflexión seria e inquietante. Podemos afirmar que hubo una descarga de tensión y un ahorro de gasto psíquico. Sin receptividad y expectativa no hay ganancia de risa.

 Para ir concluyendo, en la parte final de “El chiste…” Freud dice que la humorada respecto de sí, el ahorro de autocompasión, es lo que rescata al sujeto de la sumisión a las circunstancias, porque ella produce liberación y autoafirmación. Al observador de la humorada le produce asombro que puede derivar en risa. De nuevo aquí el placer humorístico desaparece si lo que sobreviene es un proceso de pensamiento. Cuando para entender se requiere un esfuerzo de pensamiento, se pierde la gracia; si la empatía avanza, sobreviene la pena y la compasión.

El humor, dice Freud, es el más elevado recurso defensivo derivado de la huida. Observemos esto, se vincula con la atención despierta. Vence el automatismo defensivo sobre el afecto penoso.

Es de nuestra experiencia que un proceso de análisis que llega a buen puerto facilita la disposición a reírse de uno mismo. Los imperativos categóricos que caracterizan al súper yo y nos hostigan se transforman y se moderan en el análisis, promoviendo una actitud que relativiza las injurias al narcisismo y mejora la tolerancia con las miserias de la vida “sin perder prestancia y dignidad”. Muchas de nuestras intervenciones hacen ingresar gracias a la transferencia una dimensión amable de esa instancia que rescata al neurótico de la sumisión al destino. La actitud humorística, en este sentido, es una recuperación o un rescate de esos recursos que van siendo aplastados en el mismo proceso de humanización o culturización.

En El Humor, texto de 1927, ya avanzada su obra, Freud le atribuye al súper yo una cara amable tributaria de la ternura y la paciencia que transmiten los adultos cuando rescatan al niño de su caída en sentido amplio. Es un ahorro de afecto penoso que el adulto ayuda a procesar. La disposición al humor se vincula con esas inscripciones.

Freud señala en este texto que sólo sabemos de la vida anímica lo que colegimos desde la psicopatología y que resta aprender mucho sobre la esencia del súper yo. Pero también y quizás paradójicamente o coherente con su mirada pesimista para con la condición humana, señala que la actitud humorística es un don precioso y raro y que mayormente somos incapaces de gozar de ella. Con el humor “aspiramos alcanzar” dice el texto freudiano, el talante dichoso de la infancia En el tratado sobre el chiste también señala que el trabajo del chiste solo está disponible para algunos, los que tienen gracia, esa particular condición.

La actitud humorística parece acometer como una fugaz iluminación que rescata de la sumisión a la existencia trágica. Es una disposición anímica que juega con la falta de consistencias y absolutos. Que denuncia lo oculto y evidencia la falla. Que ridiculiza la creencia de un modo tal que su deriva produce alivio de la tensión psíquica y generalmente causa risa.

Velocidad, coordinación, bienestar, agilidad, ligereza, disponibilidad, facilidad, ahorro de esfuerzo psíquico, descarga de tensión son cuestiones que convergen al investigar la risa y el talante alegre desde distintas perspectivas. Volvamos ahora a mirar sus posibles cuerpos.

El del equilibrio orgánico, el de la alegría del movimiento, el de la torpeza y la desmesura, el del dominio de la naturaleza, el del significante y las formaciones del inconsciente, el de la mente despierta, el de la curiosidad ágil, el del encuentro gozoso con el cuerpo propio y el del otro, el de la comunidad y el de la serenidad. De ellos disponemos cada vez que la risa y la alegría ocurren.

Cuerpos que están presentes en el horizonte de mi trabajo clínico. Para reencontrarlos cuando se pierden, descubrirlos cuando están escondidos tras inhibiciones y síntomas, esperarlos cuando están embargados en el dolor, simbolizarlos cuando caen en la torpeza y la distracción. También están en mi horizonte clínico el ahorro de autocompasión y de los excesivos gastos inhibitorios. El psicoanálisis es un movimiento actuando sobre el significante y la elaboración. Procesos donde el cuerpo se transforma. Una verdadera danza que puede ser fundamento para acercarse a la risa. Eso sí, mientras permanezcan presentes esos otros movimientos propios de nuestra biología y que exceden a nuestro dominio: latidos, respiración, coordinación fina entre órganos y sistemas de lo más complejos, la vida como duración de un ser que está envejeciendo sin cesar.

El año pasado presenté dos modelos del ánimo en relación con el cuerpo activo. Ambos provienen de enseñanzas que llegan de Oriente. La serenidad lúcida efecto de la meditación, práctica heredada de Buda, donde el movimiento aspira a la quietud motora voluntaria para conectarse con el movimiento involuntario de la vida latiendo. Ese estado de Nirvana que pone en valor Borges cuando lo describe como “puerto de refugio, isla entre los torrentes, fresca gruta, otra orilla…agua que aplaca la sed de las pasiones…orilla en la que se salvan los náufragos del río en los ciclos”. [2] Y que se describe también en alguna línea del Tao-te-king “Unir cuerpo y alma en un conjunto del que no puedan disociarse. Dominar la respiración hasta hacerla tan flexible como la de un recién nacido” [3]. Prácticas transformadoras de la conciencia de sí. El segundo estado anímico lo definí como sentimiento oceánico tributario de estados de fusión del cuerpo con su movimiento o de compromiso pleno en un hacer. Emilio Rodrigué lo nombró como disposición del espíritu donde nos abandonamos al placer de ser más inocentes de lo que somos. Expansión gozosa que nuestra etimología liga con el ánimo de la alegría y que en sánscrito (lengua indoeuropea que se conserva en los textos sagrados de la India) se denomina Samadhi y alude al cuerpo mente entregado a una actividad, al movimiento. Caminar, cocinar, cantar, escribir, leer, hacer el amor. Mirar, escuchar. Meditar y contemplar.

En el horizonte de mi práctica clínica tengo visibles esta diversidad en los posibles del cuerpo animado por Eros.

 


Bibliografía

Ansermet, Francois y Magistretti, Pierre: A cada cual su cerebro. Buenos Aires. Katz. 2010

Bergson, Henri: Ensayo sobre la risa. Buenos Aires. Godot. 2011

Bergson, Henri: La inteligencia. Buenos Aires. Interzona. 2016

Bordelois, Ivonne: Etimología de las pasiones. Buenos Aires, del Zorzal, 2006

Borges, J. L. y Jurado, A.; ¿Qué es el budismo? Buenos Aires. Alianza, 2002

Dafond, Cintia: Sobre el sentimiento oceánico y la nada mental. Desapariciones del yo no patológicas. En www.elpsicoanalítico.com.ar N° 33

Damasio, Antonio: En busca de Spinoza. Buenos Aires. Booket. 2014

Deleuze, Gilles: El bergsonismo. Buenos Aires. Cactus. 2017

Freud, Sigmund: El chiste y su relación con lo inconsciente Buenos Aires. Amorrortu. 1979

Freud, Sigmund: El humor. Buenos Aires. Amorrortu. 1979

Lao Tzi, Tao te Kin, Madrid. Siruela. 2015

Mlodinow, Leonard: Subliminal. Cómo tu inconsciente gobierna tu comportamiento. Buenos Aires. Crítica. 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. OC AE, T.VIII, pág. 207

[2] Borges, J. L. y Jurado, A.; ¿Qué es el budismo? Buenos Aires. Alianza, 2002

[3]  Lao Tzi, Tao te Kin, Madrid. Siruela. 2015