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TEMA DEL AÑO 2018: Más allá de la psicopatología. Presencias de Eros en la clínica


Publicada el 21/10/2017 por colegio





Nuestro trabajo del último año puso foco en los obstáculos en el camino de la cura analítica: nos centramos en poner en discusión a la llamada “pulsión de muerte” como resistencia mayor bajo el modo de la repetición, del exceso pulsional, del desinvestimiento o la desligadura.

Para hacer contrapunto con esta perspectiva, en 2018 nos proponemos ocuparnos de aquello que contribuye al progreso de la cura, por así decir, las "anti-resistencias". Son los recursos con los que cuenta cada sujeto, simbólicos, afectivos y sociales. Incluimos allí al amor, fundamento de todo lazo social y en especial de la transferencia;​ al júbilo,​ la alegría​ y el humor; al talento artístico y a la creatividad que -según Winnicott- hacen a una vida que merezca la pena ser vivida; a la calidad de los vínculos y el sostén que ofrecen a cada uno.

Más que de un tema en particular se trata, como decíamos, de un cambio de perspectiva.

El psicoanálisis se desarrolló fundamentalmente, aunque no en forma exclusiva, a partir de los desafíos planteados por la patología. Simultáneamente, el estudio minucioso de los factores ambientales y vinculares inherentes al proceso de constitución del psiquismo nos lleva a incluir en estas consideraciones tanto al paciente como al analista. Así, como sucede en el vínculo de crianza original, el amor, el odio, la agresión o la creatividad cobran relevancia como ineludibles manifestaciones de lo libidinal en el campo transferencial.

Tal vez sea preciso incursionar en otros modos de pensar el lazo social, distintos del que predomina en la obra de Freud, quien fundamenta la socialidad en la culpa por el crimen originario. Eros transita y se constituye en el campo social y nuestra práctica se inscribe en  ese movimiento.

También deberemos recurrir a otros discursos vinculados a los procesos creativos, para los que la creatividad no es patrimonio de algunos elegidos, sino una cualidad constitutiva de toda existencia con sentidos personales.

Las consideraciones sobre la implicancia emocional y subjetiva del analista con su paciente nos llevan inevitablemente a revisitar la función ética y los valores que subyacen al sostén de los lazos con los otros.

Una apertura en este sentido puede hacernos repensar la clínica cotidiana, si favorecemos o entorpecemos el despliegue de los recursos de nuestros pacientes y también de los nuestros. Es a partir de estas referencias que pretendemos ubicar el trabajo de este año más allá de una psicopatología psicoanalítica.