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Pulsión de muerte. Notas sobre el Coloquio de Marsella 1984.


Publicada el 26/10/2017 por Magdalena Echegaray





Pulsión de muerte.

Notas sobre el Coloquio de Marsella 1984.

Jean Laplanche. Hanna Segal.

                                                                       Magdalena Echegaray.

 

Cuál es la exigencia intrateórica que lleva a un psicoanalista a producir o sostener la necesariedad de un concepto al interior de su teoría y su práctica o desestimarlo, vale decir me interesa ubicar la exigencia que mueve a un autor por relación a un concepto, en el sentido laplancheano del término.

Exigencia que trabaja a un psicoanalista que produce teoría, con las resonancias que trae aparejadas la exigencia de trabajo, en el sentido que él mismo es trabajado por una exigencia, exigencia que se refleja en su experiencia teorética y práctica.

Exigencia que no es el deseo y no se trata de hacer el psicoanálisis del psicoanalista nos aclara Silvia Bleichmar, se trata dice de deslindar tres niveles, “en un extremo, el de la racionalidad, en otro el nivel el  del análisis del sujeto mismo, y  un nivel intermedio que Laplanche designa como exigencia. Exigencia que llevó a Freud, después de 25 años de teorización a reafirmar el carácter irreductible de la pulsión y del proceso primario, bajo el nuevo término de pulsión de muerte.”[1]

La lógica interna de la teoría que sostiene cada psicoanalista lleva a cada uno a proponer una conceptualización de la pulsión de muerte que es sintónica al entramado teórico conceptual en el que se inscribe.  Los modos de concebir el inconsciente, el origen de la representación, el yo y el conflicto orientan el modo en que cada psicoanalista producirá el concepto de pulsión de muerte aún con sus contradicciones o incluso lo descartará.

Voy a comentar dos de las ponencias que se presentaron en el Coloquio sobre Pulsión de Muerte, en Marsella en 1984.[2] Jean Laplanche y Hanna Segal.

En el prólogo al libro que transcribe las ponencias  y resume las discusiones, Daniel Widlöcher deslinda el plano epistemológico de algunos conceptos psicoanalíticos que creo que nos pueden venir muy bien para ordenar nuestra discusión y la profundización que pretendemos con ese concepto. 

Widlöcher ubica a los sistemas primarios y secundarios como conceptos que responden a una perspectiva operatoria y permiten definir un procedimiento para aislar datos clínicos. 

Libido y agresividad permiten clasificar operaciones de pensamiento y modalidades de la acción. 

Pero para aquel psicoanalista, El concepto de pulsión de muerte responde a la finalidad de "formalizar una teoría general que organice en un sistema explicativo más vasto la interacción de los procesos psíquicos. Fundada en la tendencia primaria del organismo a la reducción completa de las tensiones, ella quiere entonces dar razón del dualismo pulsional fundamental, de la tendencia a la compulsión de repetición, del origen de la agresividad y de la primacía de la autoagresividad sobre la agresividad dirigida contra otro.”[3]

No sorprende que esta perspectiva tan general, especulativa según algunas expresiones de  Freud, más sintética que analítica en términos de lógica, haya dado lugar a interpretaciones y a aplicaciones diversas.

La compulsión de repetición es un problema de la clínica, el funcionamiento psíquico que la fundamenta es un problema metapsicológico.

En el Coloquio de Marsella una pregunta que orientó las controversias fue, si pulsión de muerte es un concepto necesario que nos permite comprender el aspecto intrínsecamente conflictual del juego pulsional, si permite otorgar todo su peso a la idea de muerte en la actividad psíquica, y si puede explicar los límites de la acción terapéutica o dar razón de estructuras psicopatológicas inexplicables con el modelo del conflicto neurótico solamente. 

Los puntos de vista divergentes en el Coloquio ilustran sobre las contradicciones que el concepto lleva en sí desde su origen. 

 

Jean Laplanche tituló su ponencia, "La pulsión de muerte en la teoría de la pulsión sexual". [4]

La propuesta de trabajo sobre el concepto es la misma que Laplanche ha llevado adelante en toda su obra con todos los conceptos psicoanalíticos: Teorizar dando cuenta de una triple perspectiva: Problemática, histórica e interpretativa y crítica. Vale decir, no eludir las contradicciones y dificultades porque están ligadas a las del objeto mismo; la idea de que el pensamiento de Freud refleja la evolución de la "cosa misma" lo lleva a afirmar que el pensamiento de Freud está destinado el mismo a los fenómenos del après coup, de la represión y del retorno de los reprimido, de la repetición, etc. y por último la perspectiva crítica lleva a hacer opciones que vienen comandadas por la lectura histórica e interpretativa que le permite elucidar exigencias fundamentales, "dejando de lado las racionalizaciones secundarias y la manera a menudo falseada con que el propio Freud reescribe su propia historia". 

Núcleo principal de su pensamiento fue la noción de realismo del inconsciente. Por realismo del Inconsciente, Laplanche entiende una realidad totalmente escindida del campo de la conciencia, recuperando la idea de la represión originaria y la división entre sistemas. El inconsciente es una realidad otra y, antes que estar estructurado como un lenguaje, es condición del lenguaje, lo atraviesa y se hace presente en él disruptivamente. Las formulaciones en “tercera persona” en términos de “fuerzas que nos empujan” son las más adecuadas cuando se trata de dar cuenta de la acción  del ello-inconsciente. “La existencia y el empuje del ello, nuestra pasividad respecto de él, definen las condiciones del acto psicoanalítico y marcan sus límites. La reapropiación “en primera persona” de la fuerza pulsional a lo sumo puede ser un objetivo “infinito” de la cura, creer que se logra este objetivo proponiendo una teorización que deniega nuestra pasividad respecto del empuje pulsional es sustituir por el pensamiento mágico la lenta perlaboración psicoanalítica”[5], dice este autor.

Para Laplanche esclarecer y establecer a partir del trabajo sobre la obra freudiana, la cuestión de las pulsiones, es una condición necesaria para justificar y legitimar su Teoría de la seducción generalizada.

El trabajo exhaustivo que Laplanche hace con el concepto de pulsión de muerte y que plasma en “Vida y muerte en psicoanálisis” y en las Problemáticas IV, “El inconsciente y el ello”, lo lleva a proponer la pulsión de muerte en términos de pulsión sexual de muerte.

Dice en “Vida y muerte”,  cita que ya nombró Hugo, pero vale la pena volver sobre ella: “Más allá del principio del placer que en 1920, un año después de Pegan a un niño, introduce la pulsión de muerte, sigue siendo el texto más fascinante y más desconcertante de toda la obra freudiana. Jamás se ha mostrado Freud tan libre, tan audaz como en este gran fresco metapsicológico, metafísico y metabiológico. Eros, pulsión de muerte, compulsión de repetición…Ideas antiguas, aparentemente olvidadas, en particular las del “Proyecto de psicología científica” vuelven a surgir aquí, renovadas. Más que nunca el problema del “biologismo” freudiano nos acosa por todas partes.”[6]

Freud retoma en “Más allá..” ideas planteadas en el “Proyecto..” pero que en el “Proyecto” aparecen engarzadas en un contexto conceptual  que es superador del de “Más allá”. Por ejemplo lo traumático que conduce a la descarga en 1897 se da por leyes internas del sistema llamado neuronal en aquel texto, mientras que en 1919 está dado  por el carácter de una pulsión de muerte o de un instinto de muerte vinculado a la naturaleza, como un principio general y no por leyes propias del sistema.

Laplanche propone de entrada en su ponencia en el Coloquio que nos ocupa, la necesidad de situarse frente a la obra de Freud y su historia si se pretende aceptar o rechazar el concepto. Vale decir fiel a su propuesta propone poner a trabajar a Freud.

Plantea dos obstáculos opuestos en esa tarea: El primero, "Adoptar el término "pulsión de muerte" dotándolo de un contenido (p.ej.,agresividad) que no responde para él ni a las experiencias contempladas por Freud ni a la función de esta noción dentro del equilibrio general del pensamiento freudiano."[7]

Una teoría de la agresividad debe ser para Laplanche pluridimensional, debe tener en cuenta al menos tres factores:

·        “El tramo de actividad inherente a toda acción autoconservativa o libidinal”

·        La deflexión de la pulsión de muerte sobre el mundo exterior (sadismo)

·        Los componentes agresivos de la relación especular con todo lo mortífero que puede tener pero que no asume carácter pulsional.

El segundo obstáculo sería adherir de manera literal y dogmática a las formulaciones freudianas. 

Afirma que la traducción de Trieb por instinto no sólo es inexacta, sino que es “contraria al pensamiento de Freud”.[8]

La muerte mentada en la "pulsión de muerte" no es la muerte del organismo sino la muerte de este "organismo" que, en el ser humano, representa los intereses del organismo biológico, es decir, el yo.”

 Se propone encontrar un lugar para el concepto de pulsión de muerte dentro de la “economía general del pensamiento freudiano y, si fuese posible, a la vez en la dimensión diacrónica y en la dimensión sincrónica”.[9]

Laplanche recupera la teoría traumática abandonada por Freud como teoría en 1897, para dar cuenta del origen de toda sexualidad con la teoría de la seducción generalizada, "seducción originaria" que imprime el adulto con sus cuidados en los primeros tiempos de la vida. La pulsión sexual tiene su origen en la implantación de significantes enigmáticos, nominados así por Laplanche, por parte del adulto que ejerce los cuidados autoconservativos. La   confrontación del niño con los mensajes cargados de sentido y de deseo, pero de los que él no posee la clave (significantes enigmáticos) produce un traumatismo necesario en los orígenes. El esfuerzo por ligar el traumatismo que acompaña a la seducción originaria desemboca en la represión de esos primeros significantes o de sus derivados metonímicos. Estos objetos inconscientes constituyen la fuente de la pulsión (objetos- fuente).

Para Laplanche lo fundamental de la afirmación de la pulsión de muerte está en la idea de que esos objetos fuente a la vez estimulantes y atacantes se vuelven primeramente contra el sujeto y su energía es excitación que reclama satisfacción por la vía más breve, permanece estancada en él, antes de ser deflexionada al exterior. Es la tesis del “masoquismo primario” u “originario”. El momento de deflexión de la pulsión en el objeto no supone una intencionalidad de placer agresivo, sino una descarga que de permanecer en el interior sería autodestructiva.

Es a la vez la tesis de la constitución de la pulsión como objeto atacante interno, la fuente de la pulsión. Constitución del cuerpo extraño interno, excitante desde el interior.

El momento princeps de la sexualidad, es el momento reflexivo o momento “auto”, momento de retorno sobre sí mismo, momento en el cual el objeto es reemplazado por una fantasía, por un “objeto reflexionado en el sujeto”. Conviene aclarar aquí que “la actividad que se repliega sobre el sujeto no es la misma que estaba dirigida hacia el exterior”. Entonces, “de la actividad no sexual dirigida a un objeto vital se desprende, por reflexión o retorno, la actividad sexual”.[10]

Decía Laplanche en 1981: “la pulsión de muerte no es un agregado a la teoría de la sexualidad, sino su profundización”. “El descubrimiento del sadismo y de la sexualidad son, de manera escandalosa impugnables, pero al mismo tiempo ineluctables”.[11]

Lo que para Laplanche está presente desde los orígenes del pensamiento freudiano es el carácter demoníaco, desestructurante, atacante de la sexualidad. “Es este aspecto escandaloso de la sexualidad el que tiende sin cesar a ser recubierto en la evolución del psicoanálisis, del pensamiento psicoanalítico”. [12]

Desde la perspectiva histórica, en 1915 esa sexualidad pulsional patrimonio del inconsciente, corre el peligro de quedar subsumida en el amor de objeto, invistiendo al objeto o al yo, afirmará Laplanche, la formulación de Introducción del Narcisismo es ya pulsión ligada.  Por ello es que propone que en 1919 surge la exigencia de recuperar algo perdido: “ la sexualidad no ligada, la sexualidad que podemos llamar “desligada” en el sentido de la pulsión, la sexualidad que cambia de objeto, que tiene como fin correr lo más rápidamente posible hacia la satisfacción y hacia el apaciguamiento completo de su deseo, es decir, la realización plena de su deseo por las vías más cortas; en ese momento, entonces, se produce la necesidad de reafirmar algo esencial en la sexualidad y que se había perdido, su aspecto demoníaco gobernado por el proceso primario y la compulsión de repetición”.[13]

Vale decir que es una exigencia de la obra lo que lleva a Freud a la formulación de la pulsión de muerte y una exigencia del desarrollo teórico de Laplanche el que lo lleva a formular la pulsión de muerte en términos de pulsión sexual de muerte. Dice: “Ocurre que muchos lectores, después de haber tomado conocimiento de Vida y muerte en psicoanálisis, me dicen que yo no admito la pulsión de muerte, y, en efecto en cierto modo, debo reconocer que formulo la teoría de las pulsiones de una manera nueva y en términos que podrían prescindir de la muerte”. [14]

Laplanche sostiene que para comprender la clínica y el conflicto psíquico y “para comprender también el descubrimiento progresivo en la teoría psicoanalítica de las implicaciones de esta clínica es necesario tener una concepción dualista. Pero este dualismo está fundado en un monismo de base. En otros términos, es necesario retener una concepción que opone dos tipos de funcionamiento mental, y encontramos allí la oposición entre sistema ligado y sistema no ligado.”[15] Le da una importancia práctica a su concepción de una sola energía sexual ya que en la cura puede efectuarse el pasaje o el retorno de un modo de funcionamiento a otro.

Eros retomará los aspectos de la sexualidad vinculados a la conservación del objeto y del yo.

 En cuanto a los principios de placer- displacer, Nirvana y Constancia, Laplanche ve como Freud a lo largo de toda la obra confunde en el Principio de placer dos tendencias: una tendencia a la descarga completa de la excitación, y otra tendencia al mantenimiento de la homeostasis, “estas dos tendencias han continuado distinguiéndose (después del Proyecto) en la medida en que corresponden a dos tipos de energía, libre y ligada, y a dos modos de funcionamiento psíquico (proceso primario y proceso secundario). Desde esta perspectiva, la tesis de la pulsión de muerte puede verse como una reafirmación de lo que Freud consideró siempre como como la esencia misma del inconsciente en lo que este ofrece de indestructible y arreal”. [16]

Vale decir que principio del placer, principio de constancia, procesos secundarios quedan del lado de los movimientos ligadores y el principio de Nirvana, los procesos primarios estarían indicando la presencia de la sexualidad disruptiva y atacante y la tendencia a la descarga absoluta.   

El principio de Nirvana supone la paradoja de sostenerse en dos aspectos irreductibles a la unidad: “la furia frenética, esquizoparanoide de la pulsión de muerte que ataca al yo y la abolición del deseo en la ataraxia, verdadera mimesis de la muerte, pero conforme al principio de constancia.” [17]

La prioridad del cero sobre la constancia? Se pregunta Laplanche y responde: “Vemos aquí la afirmación reiterada de las leyes del proceso inconsciente, en su heterogeneidad con relación a todo cuanto depende de la intervención de la realidad o del yo”.[18] Vale decir que el modelo de la descarga a cero es válido sólo a nivel de las representaciones y “no podría ser pura y simplemente considerado como un calco de principios aparentemente similares observados en “el orden vital” sin que se suscitara en el psicoanálisis una total confusión”. [19]El Nirvana, término está tomado de la filosofía hindú, se puede reconducir al hinduismo: “la idea de que existir, desear, constituye finalmente el peor de los males. Existir deseando es aún peor: por todos los medios, por la mejor disciplina, hay que devenir un ser no deseante”. [20]Allí la clínica se puebla de ejemplos.

 “La pulsión de muerte no tiene energía propia, su energía es la libido. O mejor dicho, la pulsión de muerte es el alma misma, el principio constitutivo, de la circulación libidinal”.[21]

Hanna Segal  tituló su ponencia en el Coloquio,  “De la utilidad clínica del concepto de instinto de muerte”, aun cuando la autora dice en una nota al pie que siempre ha estado en desacuerdo con la traducción de Trieb por instinto y que para ella la traducción correcta es la palabra francesa pulsion cuya traducción al inglés sería drive.

El sistema inconsciente según lo concibe la escuela inglesa está activo desde los comienzos de la vida. Los elementos que lo habitan están antropomorfizados, se trata de relaciones entre objetos. Disenso con la teorización de Laplanche en el fundamento mismo, acerca de la constitución del inconsciente y de la cualidad de los elementos que lo habitan.

El kleinismo ha desarrollado la noción de fantasías inconscientes que está en la base de cada proceso mental y acompañan toda actividad mental. Son la representación mental de sucesos somáticos entre los que se incluyen los instintos, y son sensaciones físicas interpretadas como relaciones con objetos que causan esas sensaciones.

La fantasía es la expresión psíquica de los impulsos instintuales y de los mecanismos de defensa contra dichos impulsos, constituye el fenómeno psicológico que está más cerca de la naturaleza biológica del ser humano. También puede ser elaborada para que represente acciones defensivas frente a la angustia.

Klein y sus colegas se dedicaron a investigar la manera en que la fantasía inconsciente interna penetra los sucesos reales del mundo externo y les da sentido y al mismo tiempo, el modo en que el mundo externo aporta sentido a la psique en la forma de fantasías inconscientes.

Respecto del instinto de muerte, Klein sostuvo con vigor que es un concepto clínico, seguramente siendo fiel a Freud cuando dice que fueron hechos de la clínica los que lo llevaron a formular un más allá del principio del placer: la repetición de situaciones que nunca fueron placenteras para ninguno de los sistemas psíquicos; los sueños de las neurosis traumáticas. Este es uno de los puntos que han suscitado gran polémica entre otros psicoanalistas que no ven en la clínica una expresión directa de la pulsión de muerte.

El modo en que Segal presenta su ponencia, a través de tres viñetas clínicas, es coherente con el modo de pensar la pulsión de muerte: se puede “ver” en la clínica.  Laplanche afirma que “el aporte kleiniano puede ser considerado como la contribución clínica más fundamental a la teoría de la pulsión de muerte.”[22] La fantasía inconsciente en tanto representación mental del instinto, se presenta en las asociaciones de los pacientes.

En la medida en que Segal lo sigue denominando instinto a pesar de su posición frente a la traducción de Trieb que señalé más arriba, para ella su origen es constitucional: dice: “el nacimiento nos depara la experiencia de las necesidades. Puede haber dos reacciones en relación con esta experiencia, y ambas están, desde mi punto de vista, dice, invariablemente presentes en cada uno de nosotros, aunque en proporciones variables. Una de estas reacciones consiste en buscar la satisfacción de las necesidades: es la sed de la vida la que conduce a la búsqueda del objeto de amor, y, finalmente a la solicitud hacia el objeto. La otra es la tendencia a aniquilar, la necesidad de aniquilar el sí mismo que percibe y experimenta, así como todo lo que es percibido”. [23]

Según ella Freud pone el acento en la destructividad del instinto de muerte, y en su presencia silenciosa en el organismo por lo tanto nunca podríamos ver sus manifestaciones en estado puro. Sin embargo, Segal afirma que “con frecuencia es posible detectar la operación del instinto de muerte en estado casi puro en su conflicto con las fuerzas de la vida -más que en su fusión-, y esto no sólo en el psicótico”. [24] Lo que atribuye al hecho de ver cada vez con más asiduidad pacientes muy perturbados y al “desarrollo” de las técnicas, que le permiten “desmezclar los componentes que pertenecen al instinto de muerte”.

En las cuatro viñetas que Segal relata ella “ve” la operancia de la pulsión de muerte en diversas modalidades clínicas de presentación: fantasías transferenciales, sádicas o masoquistas, somatizaciones, angustias hipocondríacas, anestesia de los órganos sexuales, sueños. Interpreta en términos de deseos las fantasías tanto libidinales como agresivas.

Respecto del caso A, dice hacia el final de ese relato: “Sus asociaciones sobre el botón que ella apretaba y sobre las lluvias radiactivas arrojaron una viva luz sobre sobre la manera en que vivía su pulsión de muerte, pero combinada con una proyección inmediata, de suerte que la amenaza de la muerte era sentida como proveniente del exterior -las lluvias radiactivas-. …..el dolor estaba ligado a la supervivencia.”[25] Y concluye, “Creo que en el curso de la sesión entró en contacto con una expresión casi directa de su propio deseo de aniquilación total del mundo y de sí misma, lo que atenuó inmediatamente el sentimiento de persecución y le hizo aprehender la realidad psíquica de sus propias pulsiones. El impacto de esta toma de conciencia y el alivio que lo continuó fueron asombrosos y duraderos”.  “Una confrontación con el instinto de muerte, en circunstancias favorables, moviliza también el instinto de vida”. [26]

Segal afirma que en sus pacientes, sobre todo A y B, el instinto de muerte era silencioso hasta el momento de la situación clínica que relata.

En la medida en que la fantasía inconsciente es la expresión mental del instinto como decía más arriba, es la exigencia interna de la teorización la que indica que el instinto de muerte pueda ser escuchado en las asociaciones de los pacientes.

Esta autora resuelve la contradicción que lleva la pulsión de muerte en su germen desde el hallazgo freudiano entre la tendencia al cero, la desinvestidura y el ataque demoníaco de lo inligado, diciendo: “La cuestión que se plantea es: si el instinto de muerte es una tentativa realizada con vistas a no percibir, a no sentir, a rehusar los goces y el dolor de vivir, ¿por qué este trabajo del instinto de muerte está asociado a tanto dolor? Pienso que el dolor es experimentado por el yo libidinal, originariamente herido por la amenaza de muerte”. [27]

Otro punto de disenso entre Segal y Laplanche es la manera de considerar el narcisismo. Para ella el narcicismo primario es “totalmente la expresión de la pulsión de muerte. Debido a ello, dice, no hay narcisismo libidinal más que en el narcisismo secundario. Todo narcisismo es la expresión de la pulsión de muerte, esencialmente en la medida en que es desobjetalizante. Un amor de sí intenso no es lo mismo que el narcisismo: el amor de sí es búsqueda de vida e incluso de una vida en la muerte. Creo que utilizo el termino narcisismo, dice,  de manera muy diferente que los franceses en la medida en ellos consideran, me parece, este término en todas las acepciones de Freud (libido narcisista, etc.) en tanto que yo considero, por mi parte, que el narcisismo en su conjunto está fundado en la pulsión de muerte”. [28]

Para Laplanche no hay narcisismo primario sin el investimento libidinal por parte del otro, el narcicismo primario no es anobjetal aunque puede haber desobjetalización, nunca total, siempre asintótica.

Como decía más arriba, para Laplanche la pulsión de muerte que Freud descubre en 1919 no es un agregado a la teoría de la sexualidad, sino su profundización y afirma que fue Klein quien le dio toda su amplitud a ese descubrimiento. “Igualmente, el descubrimiento de Klein del sadismo es una profundización, una renovación del descubrimiento originario, el descubrimiento de los Tres Ensayos, es decir el descubrimiento de la sexualidad infantil. Es necesario, por otra parte, señalar que el sadismo es planteado en el origen antes que el amor, exactamente como la sexualidad es planteada por Freud en el origen antes del amor de objeto.”[29]

Para Laplanche, las exigencias de Freud y Klein, más allá de sus discordancias, se profundizan una a otra. “Esta exigencia es el reconocimiento del mundo inconsciente, que es algo completamente diferente del calco olvidado de nuestra infancia, es el reconocimiento de la verdad de la pulsión.”[30]

Como señalé más arriba Laplanche ubica el momento de constitución de la pulsión en el tiempo auto, tiempo en que al mismo tiempo se constituye el objeto atacante interno. Dice Laplanche: “Si se toman los primeros descubrimientos de Freud sobre la sexualidad, ésta es inseparable de la noción de cuerpo extraño interno. El cuerpo extraño es un excitante desde el interior”.

Ahora bien, en la teorización freudiana de la pulsión de muerte está presente el tiempo auto, el de la autodestrucción o del masoquismo originario. En el mundo interno, para Klein “está ahí nuevamente la misma introyección del objeto perdido, bajo la forma de objeto atacante, perseguidor interno. Para Melanie Klein, por lo menos al comienzo de la vida psíquica, no existe simbolización de la ausencia; la ausencia del objeto satisfactorio deposita en el sujeto un doble clivado atacante y malo. Cada vez que el objeto pacificador se aleja es el objeto excitante el que se interioriza”. [31]

Finalmente, la pulsión sexual de muerte que Laplanche define, son los objetos internos mortíferos de Melanie Klein, dirá Laplanche. Afirmará que para él, la concepción de Freud fue a lo más profundo desde el punto de vista teórico al poner por delante lo que denominó el tiempo auto, es decir el hecho de que la pulsión de muerte trabaja primero desde el interior y contra el yo mismo. Dice: “Por el contrario, Melanie Klein desarrolló clínicamente el descubrimiento de Freud, pero sin darse cuenta de que era necesario, justamente partir del tiempo auto. Sólo en sus últimos textos, especialmente en su texto sobre la angustia, trata de alcanzar la concepción freudiana, pero creo que lo hace imperfectamente. Desde mi punto de vista es a través de un concepto como el de introyección primaria, es decir, por el proceso que transforma objetos externos en objetos internos completamente diferentes y atacantes, que se puede encontrar la articulación entre la pulsión de muerte de Freud y el pensamiento de Klein”. [32]

Para Paula Heimann por ejemplo, el descubrimiento de  la pulsión de muerte es el descubrimiento de la destructividad en estado puro que ha sido falsamente “bautizada como sexual”. Para Laplanche como decía antes, no hay tal descubrimiento sino que el giro del 19 corresponde a “reafirmar algo que se ha perdido”.

﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽´ 1932su teoro cl rte, klein sostuvo con vigorqueSegal piensa que Freud destacó de manera parcialmente defensiva el aspecto biológico del instinto de muerte, pensando que su formulación iba a encontrar gran resistencia, cosa que efectivamente ocurrió y agrega que no hay que olvidar, sin embargo, que fueron consideraciones puramente clínicas sobre la compulsión de repetición, el masoquismo, el aspecto mortífero del superyó melancólico, etc. las que motivaron sus especulaciones.

Desde perspectivas metapsicológicas diversas, tanto Segal como Laplanche piensan la angustia como producto del ataque pulsional sobre el yo . La diferencia está en el origen que cada uno atribuye a la auto-destructividad primera. Para ambos la angustia es la respuesta del Yo al contacto con la pulsión despedazante, desbordante, aniquilante. Es angustia de aniquilamiento, como experiencia de aniquilamiento y no como idea de la nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

             

 




 



[1] Bleichmar S. El inconciente y el Ello. J. Laplanche. Prólogo a la edición castellana. Amorrortu Editores.

[2] La pulsión de muerte. Green. Ikonen. Laplanche. Rechardt. Segal. Widlocher. Yorke. Amorrortu Editores.

[3] Ibid, pág10.

[4] Ibid. Págs.15 y siguientes.

[5] Ibid. Pág. 20

[6] Laplanche J. Vida y Muerte en Psicoanálisis. Pág. 144. Amorrortu editores.

[7] Ibid. Págs. 15/16

[8] Ibid. Pág 17.

[9] Ibid. Pág 16.

[10] Laplanche, J. Vida y muerte en Psicoanálisis. Cap 6. ¿Por qué la pulsión de muerte? Amorrortu editores.

[11] Laplanche J. Ibid.

[12] Laplache J. Ibid.

[13] Laplanche J. El inconsciente y el Ello. Problemáticas IV. Pág. 217. A.E.

[14] La pulsión de muerte. Amorrortu editores. Pág113.

[15] Ibid. Pág. 115.

[16] Laplanche J. El inconciente y el Ello. A.E.

[17] La pulsión de muerte. Pág 33.  A.E.

[18] Laplanche J. Vida y muerte en psicoanálsis. A.E.

[19] Ibid. Pág. 167.

[20] Laplanche J. El inconciente y el Ello. Pág.224. A.E.

[21] Laplanche J. Vida y muerte en psicoanálisis. Pág.169. A.E.

[22] La pulsión de muerte. A.E.

[23] Ibid. Pág 36.

[24] Ibid.

[25] Ibid.

[26] La pulsión de muerte. A.E.

[27] La pulsión de muerte.A.E.

[29] Laplanche J. ¿Hay que quemar Melanie Klein? Trabajo del psicoanálisis. 3.

[30] Ibid.

[31] Laplanche J. el inconciente y el Ello. A.E.

[32] Laplanche J. El inconciente y el Ello. Amorrortu editores.