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“Vivir de muerte, morir de vida” Psicoanálisis y paradojas


Publicada el 19/06/2017 por Cristina Dayeh





“VIVIR DE MUERTE/MORIR DE VIDA”

PSICOANÁLISIS y PARADOJAS.

 

                                                                                                       Cristina Dayeh

 

INTRODUCCIÓN:

 Vivir de muerte, morir de vida, expresión que  alude a la vida llevando en su interior un corte, una diferencia, un pliegue. La muerte amenazando desde afuera, pero sobre todo desde adentro. Esto es, que la muerte es inmanente a la vida.

Esta idea, la que da título a la presentación,  la tomé  de Heráclito, el filósofo presocrático que imaginó al fuego siendo la esencia del Ser, junto con el cambio y el devenir, y  de este modo dejó planteada   la trama  dialéctica  del existir.

Esta paradoja atraviesa la intermezcla de la vida y de la muerte  ubicándose  estas categorías en posiciones muy alejadas de las “ideas claras y distintas”  de Descartes. El movimiento de  apertura que la paradoja propone, apunta a la constitución de un sentido como “entre”. La paradoja va en dos sentidos a la vez; el dualismo pulsional también; cuestiona  el sentido único o el sentido común como asignación de identidades fijas.

También es dable observar que  la continuidad de la vida se soporta además en aquello que la amenaza, ya que el funcionamiento de su sistema inmunitario requiere de un “mal” capaz de activar su sistema de alarma.

El instinto en la especie humana  es débil e insuficiente para afrontar los diversos aconteceres  y precisa del aporte de la inteligencia, pero la  superioridad que esto  connota, lleva dentro de sí los signos de cierta fragilidad.

Lo paradojal también se ve reflejado en el  lenguaje. Al referirse al  sentido antitético de las palabras primitivas, Freud plantea que las lenguas más antiguas se comportan como los sueños: poseen una sola palabra que condensa los opuestos, quedando así cuestionado el principio de identidad de las lógicas formales.

Carlo Guinzburg, historiador y antropólogo, a cuyos trabajos me acerqué a través de Silvia Bleichmar que hacía referencia a él y a su paradigma indiciario, ha estudiado   culturas  muy distantes de la nuestra en tiempo y espacio y carentes de lazos geográficos e históricos entre sí, y ha tomado en cuenta temas  relativos a  la brujería, a los mitos pensados como espacios transicionales colectivos, y los ritos  que se inspiran en dichos relatos y que determinan el espacio en el que los muertos reaparecen y en el que los relatos se elaboran. Resulta entendible entonces que los  habitantes de esa situación se consideraran participando  del mundo de los vivos y también del de los muertos.

Este autor plantea que hay un  desplazamiento metafórico de la muerte que se produce entre los sueños, el mito y el hilo sutil que conduce a la escritura, tema que también interesó profundamente a Freud. Hacer de la experiencia de la muerte “la matriz de todos los relatos posibles” es formular la hipótesis de un nexo necesario e inevitable entre lo imaginario de la muerte y todo imaginario narrativo.

Estas cuestiones  sugieren a mi entender, un “más allá de la representación” en relación a la muerte, interrogaciones  que se abren a la multiplicidad de las interacciones y  coincidiendo con Deleuze, un pensamiento que va en diagonal generando preguntas y problemas.

Guinzburg habla de las “huellas de animales   y también del desciframiento  de  su trazo material al que los sujetos se entregaban, como si esas huellas hubieran tenido una potencialidad metafórica y  mucho después, (reinterpretadas) hubieran  sido tomadas como  pictogramas, que, abstracción mediante, dieran lugar  a la  escritura fonética; todo  este largo proceso  formando  parte de  un arco temporal  extenso, que lleva a la invención de la escritura.” Hago referencia a estos datos porque expresan una lógica de transformaciones cuyas fuentes potenciales son la diversidad y  sus fluctuaciones, lo  que configura de algún modo  uno de los ejes de este trabajo.

 

LA MUERTE: ¿REPRESENTACIÓN AUSENTE?

Sabemos que  Freud plantea que no hay representación de la propia muerte y acaso tampoco la hay de la muerte del otro ya que implicaría haber sido afectada la propia percepción en el interior de esas experiencias.

Pero, al mismo tiempo  parecería que son  diversos los caminos de la construcción de la representación y qué decir de otras sedimentaciones que concurren a tal fin, con lo que quedaría  asimismo cuestionada la hegemonía de la representación. Hemos señalado que las culturas a través de distintos registros semióticos  van tejiendo de un modo u otro, representaciones acerca de la muerte y del morir.

 Experiencias ligadas a la religión, a lo demoníaco, al misterio, a la sexualidad,  concurren eventualmente con su propia riqueza. Derrida en su trabajo Dar la Muerte plantea que los misterios construidos y posteriormente reprimidos, no se destruyen. “La historia singular, y aún la del grupo no borra aquello que encripta, el secreto de su secreto. En otros casos, en vez del encriptamiento la posibilidad será el secreto como duelo”.

Y si hablamos de  la modernidad,  las guerras del siglo XX,  los genocidios, y   las guerras preventivas y qué decir  de los sistemas económicos salvajes; la aceleración de la historia y   del tiempo cotidiano, los aprontamientos  militares, en un mundo repleto y a la vez, vacío, en un mundo virtual, vertiginoso, que impone una adaptación desenfrenada, acercan, todos estos factores,  un angustioso punto de interrogación acerca de la vida y de la muerte.

Consigno esta breve referencia cultural  siguiendo de algún modo a Freud quien ha reflexionado sobre fenómenos culturales de distintas épocas así como también tuvo una observación meta científica de los fenómenos que constituyen el objeto de la biología.

 

PULSIÓN de VIDA. PULSIÓN de MUERTE.

El soma es el punto de partida de la existencia individual. El soma no coincide conceptualmente con el cuerpo,  ya que es una entidad biológica,  y el cuerpo también lo es; se podría decir que tienen una simultaneidad, dispar.

 El cuerpo es el escenario en el que tienen  lugar  retraducciones de las fuerzas que vectorizan desde el soma hacia la frontera con el psiquismo. Cuando eso tiene lugar estamos frente a un cuerpo-metáfora, ficción operante, efecto de una elaboración secundaria (David Le Breton). Cuando esa función simbólica no ha podido instalarse, puede aparecer, en las antípodas de la conversión, la vulnerabilidad psicosomática entre otros efectos. En Tres Ensayos, Freud dice que la pulsión  es la representación psíquica de una fuente endosomática de estimulaciones que fluyen de manera continua.” Piera Aulagnier agrega  que “la fuente somática lo es de la representación psíquica del mundo”.

La energía anclada en un origen  somático es convocada por Eros a transformarse y modular   su actividad  en la zona limítrofe  con el  cuerpo y la psiquis,  traduciéndose sobre el eje de articulación, sobre la línea de conjunción, sobre el punto de convergencia entre  series entramables, o  divergentes incluyendo las  bifurcaciones producto de la singularidad, que remodelan, alteran o  postergan los destinos pulsionales.

Estoy planteando estas transformaciones en términos de atravesamientos de umbrales de inestabilidad y de pasaje a nuevos regímenes dinámicos, con sus propios modos de funcionamiento y particularmente pensando  la inicial transformación del Instinct en Trieb.  Cuerpo somático, cuerpo erógeno, cuerpo representacional plantean engramas y enlaces que complejizan la contigüidad entre biología y psiquismo. Cada dominio, sin dejar de lado sus condiciones inmanentes, queda “vectorizado” hacia el siguiente y, en el mejor de los casos, metaforizado en él. De ese modo se van delineando transformaciones: transferencias de investidura; una “puesta en sentido” que recorre el sendero que va de lo pictográfico a lo fantasmático y  representacional.

La construcción del sentido,  forjado en el contexto de la ternura,  lleva consigo las huellas  de lo imaginario y los  vestigios  de la lengua materna en cuyo interior las palabras poseen un sabor, un tacto, una sonoridad, un cuerpo. Ese sentido, producto de la simbolización, subsume el mero plano del significado y lo relanza a la vida, al azar, en un movimiento teleológico.   El fracaso de la ternura y de sus miramientos, reenviaría al niño a la opacidad  pulsional, territorio donde el concepto “fuerza” es hegemónico. El afecto materno, articulador propiciante  de estas transformaciones, es el primer contenedor pulsional y tiene una función objetalizante; “es el revelador de las pulsiones, su condición de advenimiento a la existencia”. Así Winnicott plantea, de un modo paradojal, “que el objeto percibido, hallado, será creado aun estando allí, dándose lugar al  “encontrar/creado”.

Entre cuerpo somático y  cuerpo erógeno  conjeturamos  una potencialidad  que haría posible la transformación (indiscernible) de la carga energética endosomática  en pulsión, camino que podría no llegar a “completarse” en el caso que las excitaciones no logren “entender” el dispositivo según el cual podrían ser “admitidas” en la frontera de lo psíquico. De no lograrse esa admisión,   postulamos  una  posible des intrincación o desagregación pulsional donde las pulsiones desligadas, erráticas han perdido su camino y se convierten en   descargas de cantidad, pasajes al acto, en los que se pone en juego la tendencia a la repetición muy por encima del principio del placer y más allá del conflicto psíquico. Lo propio de la pulsión de muerte es la  desinvestidura y la desligadura. Y la desobjetalización: ya que  no solo es atacada la relación con el objeto sino con todos los sustitutos de éste, y  también recae sobre el proceso objetalizante mismo; por ejemplo sobre el trabajo del sueño y sobre el trabajo del duelo que  es una manifestación de la pulsión de vida.

Todos los procesos que atacan la investidura del objeto, retirándole lo que hace de él el soporte de la alteridad, trabajan en el sentido de la pulsión de muerte[C1] . La función objetalizante apunta a reforzar el movimiento pendular que va del objeto al lenguaje y del lenguaje al objeto. Destaco el papel  del preconsciente,  su arborización; el  espesor y hojaldrado  de las  representaciones disponibles, su endoconsistencia, su tallado, facetado y su esencial modulación por el afecto, características propias de la pulsión de vida. Afecto y representación: reverso y anverso de un complejo fenómeno en el que ambos son transformados por la simbolización, también  garante de la intrincación de los dos grupos pulsionales.

Quisiera ahora  referirme a la NEUROSIS ACTUAL, espacio no trabajado por la metáfora y la simbolización. Es también el núcleo pre neurótico coexistente con otras estructuras o modos de funcionamiento, lo que abona la hipótesis de la heterogeneidad en el interior del psiquismo.

Cuando los procesos de re traducción iniciales de la vida,  solo han podido tomar en cuenta las urgencias ligadas a lo auto conservativo, y la investidura de Eros ha sido al menos precaria, ciertos procesos iniciales de transcripción no han tenido  lugar, y se producen  fallas prematuras al poderse captar solo lo des cualificado, es decir frecuencias, concepto que Freud utiliza en el Proyecto y Lacan emplea en alusión a lo psicosomático. Hago referencia a una temporalidad arcaica, hecha de ritmos biológicos, escansiones, rupturas y discontinuidades,  en la  que  no ha estado disponible la respuesta metaforizante del objeto y el proceso simbólico en ciernes habría quedado dificultado. Se trata de pacientes en los límites de la analizabilidad, en los que el objeto primario, intrusivo o inaccesible,  ha fallado como barrera de protección y generado una pertinaz vivencia de de satisfacción. Esta situación  incrementa la fuerza de la pulsión de muerte en cuanto a “aniquilar el sí-mismo que percibe y experimenta, así como todo lo que es percibido”, estoy citando a Hanna Segal, partiendo del supuesto de la importancia de las percepciones iniciales del infans y la presencia o ausencia del afecto materno. Estamos en el terreno de los traumas tempranos que han anegado y desbordado las posibilidades del psiquismo.

La escisión, mecanismo predominante, podría pensarse como un recurso extremo de protección de la zona secreta, donde el ser verdadero, en términos de Winnicott está protegido.

Estamos en el territorio de la cantidad: La conceptualización “pacientes en los límites de la analizabilidad” , pacientes borderline o  “esclavos de la cantidad” está referida a sujetos que padecen el retorno incesante de una excitación poderosa o al menos constante que convierte la vida en una fatalidad; es decir que alude a fracasos o severas dificultades en la transformación energética. Esto se enmarca  en la problemática de la repetición. Aunque debemos  diferenciar la existencia de una tendencia a la repetición, tributaria del conflicto psíquico, de otra modalidad repetitiva  e inexorable por su frecuencia y magnitud. Es útil la distinción que algunos autores (Michel de M´Uzan) establecen entre  la repetición de lo mismo,  y la repetición de lo idéntico, esta última desprovista de función elaboradora, que describe un curso inmutable y mortífero, que supone la  intervención de un factor traumático muy precoz y la puesta en juego del mecanismo designado por Freud como Verwerfung (rechazo; desestimación del afecto) emparentado con el de forclusión planteado por Lacan,  quien lo define como la expulsión de un significante fuera del registro simbólico, en tanto que  Freud y los  post freudianos lo ubican como una alteración estructural que afecta  las funciones de simbolización. En ocasiones la descarga de lo que se repite es de tal magnitud que parecería  apuntar a vacío en el interior del aparato psíquico. Green designa a la compulsión a la repetición, como un “asesinato del tiempo”.

Entonces, la repetición de lo idéntico conforma el núcleo designado como neurosis actual  La hipertrofia  de este núcleo coexiste con el  fracaso de la función ligadora; la presencia del letargo, de estados de apatía, sopor, abulia,  apego adhesivo, también de lo trágico y lo incestuoso.  Son detectables las patologías alimentarias, accidentofilias, adicciones, ataques de pánico, fenómenos psicosomáticos, la llamada depresión esencial, agonía sin dolor y sin auto reproches, con una adaptación a lo pragmático de la vida que conduce a la muerte, y manifestaciones preconscientes de procesos tóxicos tales como el pensamiento operatorio, la hegemonía de lo numérico,  de la holofrase, discurso catártico, vertiginosidad desenfrenada. 

En la escisión los nexos están destruidos y el retorno de lo segregado es amenazante y aparece  bajo la forma de desvalimiento (Freud), aniquilación (Klein), terror sin nombre (Bion), agonía, derrumbe (Winnicott), lo blanco (Green). Bienvenidos entonces al territorio  de las patologías borderline.

En el abordaje clínico de  estos pacientes, el analista debe  ligar los jirones, trozos, fragmentos yuxtapuestos, entre los que no hay ligazón. Religar, tejer una trama donde pueda emplazarse algún día una interpretación Green, Silvia. Este trabajo, para ser eficaz, debe ser superficial; al ras de las asociaciones. Las interpretaciones de mazazo refuerzan la escisión. Son particularidades que afectan la teoría y la técnica en las intervenciones con pacientes borderline.

Personalmente me han sido de utilidad en mi trabajo con pacientes borderline tomar en cuenta ciertos rasgos de fijación a la analidad primaria:

El odio en los estados límite como un lazo que nada puede desatar y que sella un pacto de fidelidad eterna al objeto primario. El sujeto alimenta la llaga del daño que ha padecido. Y la soledad como guarida y desierto objetal: hay una encarnizada defensa del territorio subjetivo. Fácil es imaginar el odio en la contratransferencia.

A continuación  me voy a referir más específicamente al tema de los comportamientos  sexuales delictivos y violentos, generalmente seguidos de la muerte de la víctima, ya que es una problemática cuya presencia social es innegable y además es una de las preocupaciones teórico-clínicas que está  siendo trabajada en el Colegio.

Estamos hablando de delitos sexuales tales como violación, pedofilia e incesto donde  la pulsión de muerte se manifiesta como un automatismo de repetición marcado por un intenso afecto de displacer. Y también en muchos casos, un marcado sentimiento de despersonalización. En este contexto, el predominio de la pulsión de muerte se expresa  a través de la descarga y  expulsión inevitables, en términos de cantidad,  y plantea  un curso irrevocable, y al sujeto una exigencia tiránica de goce.

“El trauma aparece en  su aspecto fundamentalmente económico. La necesidad infinita de gozar deriva directamente de la cantidad, y lleva a pensar en que en lo más profundo del sujeto trabaja un elemento biológico”. Por eso estas patologías muestran el fracaso de la posibilidad de transformación del instinto. En cada caso importa considerar las interacciones entre perversión y psicosis pensadas en el contexto de una afluencia de cantidad irremediable.

La vida fantasmática del agresor es extremadamente pobre; de hecho las descripciones apuntan a  una cabal fractura entre el fantasma y el acto. La referencia es  al “acto” y no a “la puesta en acto”  justamente para subrayar la ausencia de continuidad con un mundo fantasmático. El motor de los pasajes al acto entonces no podrá encontrarse en las fantasías, porque es un plano que está aplastado o predominantemente ausente.

“Los abordajes terapéuticos inspirados en la “puesta en sentido”  no producen ningún sentido; la función significante estaría eclipsada por la evacuación de cantidad y es difícil pensar que haya estado en juego un deseo y, si lo ha habido, ha estado al servicio de la gestión de cantidad. Asimismo la consideración de la naturaleza del trauma temprano padecido por el agresor, si pudiera abordarse,  no aportaría elementos;  solo la aparición de una excitación masiva, en la que el sexo, el ataque sexual,  es menos la causa, que un instrumento obligatorio de descarga. Estamos en una línea similar en relación a cómo pensar el aparato psíquico, con la Escuela Psicosomática de París. A veces en lugar de una actuación perversa se desarrolla una patología somática severa. Las secuelas económicas de cada pasaje al acto se sumarían para provocar alteraciones biológicas profundas, p ej. déficit inmunitario. Las interrelaciones con los aspectos psicóticos son evidentes.”

El estímulo que desencadena el ataque no sería  claramente localizable por el agresor: puede ser un elemento de la  realidad interna o externa, y al parecer “es importante que esta ambigüedad   o indiferenciación  persista como un condicionante, dando lugar a la conjetura de que  el sujeto experimenta el estímulo como una alucinación. La indefinición y la labilidad de las fronteras del yo resultan   alteradas por una excitación cualquiera. El aparato psíquico no está en condiciones de hacer frente a las excitaciones, es decir que claudica totalmente frente a ellas, por  ejemplo por su incapacidad para establecer alguna  contra investidura que establezca algún “equilibrio” energético, y tampoco  tiene el sujeto la posibilidad de relacionar lo que siente con algún conflicto e integrarlo a una solución neurótica.”

Aparece el fenómeno de la alucinación negativa, es decir la no percepción de algo o alguien de modo que es  retirada la investidura de la percepción.

Vemos entonces que el instinto biológico, volviendo al inicio del trabajo, no se halla en situación de ser asumido por el aparato psíquico para convertirse en pulsión: solo permanece la excitación.

“Hay inferencias respecto de que en las violaciones seguidas de muerte, el trauma padecido por el atacante habría afectado al pictograma de encuentro, y la consecuencia de esa  grave perturbación sería el odio al objeto. Este escenario complicaría el paso a la representación. “

“Las actuaciones precipitan al sujeto en el abismo de la fusión  o en el odio radical que signa al pictograma de rechazo. El odio lleva al asesinato (del propio atacante o de la víctima).” Estamos en el terreno de la psicosis, aunque también podemos pensarlo desde la perversión o la locura, la desmesura,  el enloquecimiento. “En el tratamiento de estos sujetos la preocupación terapéutica es enlazar los pre fantasmas (intentos fallidos por la pobreza de lo imaginario) a los procesos primarios y secundarios. La articulación del pictograma con el  fantasma y el acceso al Yo fracasa.”

No estaría en juego la problemática del deseo, sino el lugar donde pensamiento nace, según plantea Bion. “Estamos en el terreno de los  actings que suponen una ruptura con el trabajo psíquico. En algunos casos, casi siempre, la víctima es sorprendida porque el atacante está escondido, y ese  escondite supone estar como en una burbuja, es decir, escindido de la realidad. “

“Un testimonio: “Cuando me lancé, ya no podía retroceder, tenía que ejecutar mi libreto al pie de la letra”. En situaciones en que el sujeto no ha planificado matar, si  algo distinto sucede, p ej. algo que estaba destinado a estar inmóvil cobra vida de golpe, en la cabeza del sujeto, esto se torna intolerable.”

“Para el asesino, el objeto es contingente. Da lo mismo. Puede ser una mujer, un niño, una niña, un bebé; es decir,  hace  falta un objeto de forma humana.”

“El acto en lo real rompe con el pensamiento. Lo que está en juego no es la angustia de castración sino la angustia de inexistencia. Es evidente el estado de arrasamiento del sujeto frente a su propio embate  pulsional.”

Se nos plantea como  pensar estas patologías: la perspectiva no es a priori la psicosis, sino más bien la locura, la desmesura por efecto de una pasión narcisista, situada entre la perversión y la psicosis.

“El objeto primario: Un adolescente trae varias pesadillas en las que interviene directamente su madre: una vez ella lo persigue con un arma, otra vez él la viola. Este sujeto no sentía únicamente miedo y odio hacia su madre. En prisión decía: “no soportaré dejar de ver a mi madre. Si ella muere mientras estoy aquí, iré a desenterrarla”. Pérdida de la unión simbiótica que  produce terror y el peligro de una súbita  desidentificación signada por el odio y la necesidad, que se torna  imposible.” La pasión arrastra al yo, que permanece ciego, como el río desborda su lecho…

“El sujeto no revela a una madre  buena y también mala, lo cual es esperable. En realidad, -volvemos a Heráclito-, la cuestión es que la madre es totalmente buena y totalmente mala. Lo bueno trae consigo lo malo que vuelve a aparecer en el interior. El sujeto lo quiere sin quererlo porque si no lo tuviera se encontraría sin nada, sería inexistente. “

Esta vez el río se detiene, y el fuego se  pierde entre las sombras.

 

 

 

 

Claude Balier: Psicoanálisis de los comportamientos sexuales violentos. Una patología del inacabamiento.

Amorrortu.