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Hablemos de los sueños


Publicada el 16/05/2016 por Magdalena Echegaray





Hablemos de los sueños

 

                                                                                  Magdalena Echegaray

 

“Intensa visión onírica que nos transmite el sentimiento de una presencia inmediata a la que no tenemos acceso cuando estamos con los ojos abiertos. Los sueños tienen ese extraño poder: aun cuando carezcan de colores, en ocasiones decoloran nuestros días”.

                                                           J.B. Pontalis. Al margen de las noches.

 

La imagen de la espiral  me ha servido para modelizar las experiencias psicoanalíticas propias, las que llevo adelante con mis pacientes y la experiencia de mi formación a lo largo de los años. Pasar varias veces por el mismo lugar, el mismo plano, pero en otra “latitud”. No son trabajos que transcurran en espacios lineales, más  bien transcurren en lugares laberínticos. La imagen de la espiral tiene la virtud de poder representar la repetición y el cambio. Remite  a “el ejemplo es la cosa misma” en cuanto a que evoca el modo de diversos trabajos psíquicos: el trabajo del sueño, el trabajo del duelo, el de perlaboración. Cito a Laplanche: “Lo que quiero graficar con este modelo (el de la espiral o hélice)es que si estoy situado en la vertical de ciertos puntos, me veo llevado a tener una suerte de panorama, hacia abajo, sobre una, dos o “n” espirales  precedentes. ¿Importa esto significar que todo pensamiento es repetitivo? Ciertamente; y esperemos que esté relativamente en expansión, o al menos que se desarrolle en planos que, a pesar de todo, cambien”.

Rafael Paz nos decía hace unos cuantos años ya, que cada persona tenía algunos temas, no infinitos que lo trabajan y va trabajando como en distintos pentagramas en diversos análisis, en distintos momentos de la vida. Si esas experiencias analíticas han sido productivas, se ha movido en una espiral tocando los mismos temas pero en distintos planos.

 Escribir sobre los sueños en el contexto de nuestro tema del año fue para mí una apuesta  a volver a pasar en una nueva vuelta de espiral por un tema por el que todos hemos pasado una y otra vez, tanto desde la perspectiva metapsicológica como en la cotidianeidad de la vida personal y en el consultorio.

Dice J.B.Pontalis: ..”el tiempo de la escritura, como el del análisis, no es lineal: más bien es una espiral, una espiral que fuera aproximándose a su centro”.

 

En la práctica clínica cotidiana, analizamos los sueños?

Pretendo mostrar algunos de los motivos por los cuales considero importante el trabajo con los sueños.

Los materiales clínicos  que traen algunos jóvenes colegas a supervisión difícilmente incluyan sueños. Ante mi pregunta surgen respuestas del tipo: el paciente tiene tal nivel de urgencias en su vida que no puede traer sueños. La frecuencia de las sesiones y el tiempo son factores que también inciden en que los pacientes no relaten sus sueños. Los jóvenes colegas manifiestan que analizar sueños de sus pacientes es un lujo que no pueden permitirse, apremiados como están por las urgencias de ambos. Creo que la sensación de dificultad frente a la tarea supera el desafío de introducirse en ese universo. La falta de interés en el trabajo con los sueños por parte de muchos analistas redunda en falta de interés por parte de los pacientes en llevar sueños a sesión.

Una de las formas de resistencia al psicoanálisis se vehiculiza a través de los obstáculos que encuentran muchos psicoanalistas en acercase a los sueños en tanto producción psíquica de sentido que excede la posibilidad de captura ligadora de lo traumático que brinda el lenguaje.

Si bien Freud en 1911, en “El uso de la interpretación de los sueños en el psicoanálisis” advierte que la profusión de relatos de sueños por parte de pacientes y el ánimo del psicoanalista en llegar a su “completa” elucidación, pueden estar al servicio de la resistencia y agrega, “Abogo, pues, porque en el tratamiento analítico la interpretación de los sueños no se cultive como un arte autónomo, sino que su manejo se someta a las reglas técnicas que en general gobiernan la ejecución de la cura”. Actualmente ese no sería un lugar donde la resistencia busque anidar, sino más bien en su ausencia.

El texto canónico “La interpretación de los sueños” propone desde el título mismo la operación de interpretación sobre el relato que el paciente hace de sus sueños.

Para que interpretaba Freud sus sueños y los sueños de sus pacientes?

Si los sueños son La vía regia de acceso al inconsciente,  es claro que Freud les diera una importancia capital en aquellos momentos fundacionales en los era necesario dar testimonio de la existencia del inconsciente.

Si bien  el sueño en imágenes está perdido y lo que queda de él es su relato, el sueño como tal cumple una función intrapsíquica que los clínicos que han trabajado con pacientes psicóticos  han sabido destacar en el sentido de que cuando esos pacientes mejoran, comienzan a soñar. El sueño es el indicador de un funcionamiento del psiquismo con la tópica organizada y la posibilidad de producción de formaciones de compromiso.  Muchas veces el insomnio está motivado por el temor a dormir por el miedo a soñar. El temor a contactar con esos escenarios a veces terroríficos o no, pero siempre guionados por un escritor ausente, pueden producir fascinación o inmenso terror.

Soy de las que queda conmovida una y otra vez frente a la capacidad creadora de la psique cuando escucho los relatos de los sueños  de mis pacientes y no dejo de sorprenderme con los míos.

La posibilidad que brinda el trabajo sobre los sueños de recaptura de vivencias y sensaciones infantiles o simplemente del pasado es extraordinaria. Y es valiosa porque permite enriquecer el vivenciar actual. Si bien lo esencial del trabajo analítico se realiza por el lenguaje y a través de él, el mismo queda excedido en el trabajo de ligazón de los traumatismos por procesos que ocurren en otro espacio que no es el del yo. 

En “Más allá del principio del placer” Freud se refiere a los sueños en las neurosis traumáticas: “pero los mencionados sueños de los neuróticos traumáticos ya no pueden verse como cumplimiento de deseo; tampoco los sueños que se presentan en los psicoanálisis, y que nos devuelven el recuerdo de los traumas psíquicos de la infancia. Más obedecen a la compulsión de repetición, que en el análisis se apoya en el deseo (promovido ciertamente por la <sugestión>) de convocar lo olvidado y reprimido. Así no sería la función originaria del sueño eliminar, mediante el cumplimiento de deseo de las mociones perturbadoras, unos motivos capaces de interrumpir el dormir; sólo podría apropiarse de esa función después que el conjunto de la vida anímica aceptó el imperio del principio del placer. Si existe un <<más allá del principio del placer>>, por obligada consecuencia habrá que admitir que hubo un tiempo anterior también a la tendencia del sueño al cumplimiento del deseo”. 

La capacidad de soñar exige que antes se haya cumplido otra operación.

La existencia del inconsciente como lugar, como espacio psíquico es necesaria para producir los sueños así como la instalación del principio del placer.

Las dos perspectivas que Freud propone para pensar la función de los sueños: como realización alucinatoria  de deseos reprimidos, vía regia de acceso al inconsciente reprimido y la que propone en Más Allá del Principio del Placer, tomando el modelo los sueños en las neurosis traumáticas como intento de ligadura del traumatismo,  no se contradicen sino que más bien cohabitan y se complementan.

En el capítulo VI del libro de los sueños Freud  diferencia el modo en que hasta que él descubre el inconsciente se pretendía resolver los problemas de los sueños,  y la novedad que aporta el psicoanálisis. Hasta entonces la interpretación del sueño se basaba en una referencia al contenido manifiesto. La inclusión de los pensamientos del sueño o contenido latente y la pesquisa de cómo estos se convirtieron en aquel  es lo que Freud desarrolla exhaustivamente en este capítulo.

Dice Freud: “Pensamientos del sueño y contenido del sueño se nos presentan como dos figuraciones del mismo contenido en dos lenguajes diferentes; mejor dicho, el contenido del sueño se nos aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a discernir por vía  de la comparación entre el original y su traducción. Los pensamientos del sueño nos resultan comprensibles sin más tan pronto como llegamos a conocerlos. El contenido del sueño nos es dado, por así decir, en una pictografía, cada uno de cuyos signos  ha de transferirse al lenguaje de los pensamientos del sueño. Equivocaríamos manifiestamente el camino si quisiéramos de juzgar esos signos según su valor figural en lugar de hacerlo según su referencia signante. Supongamos que me presentan un acertijo en figuras: una casa sobre cuyo tejado puede verse un bote, después una letra aislada, después una silueta humana corriendo cuya cabeza le ha sido cortada, etc. Frente a ello podría pronunciar este veredicto crítico: tal composición y sus ingredientes no tienen sentido. No hay botes en los tejados de las casas, y una persona sin cabeza no puede correr; además la persona es más grande que la casa y, si todo pretende figurar un paisaje, nada tienen que hacer allí letras sueltas que por cierto no se encuentran esparcidas por la naturaleza. La apreciación correcta del acertijo sólo se obtiene, como es evidente, cuando en vez de pronunciar tales veredictos contra el todo y sus partes, me empeño en reemplazar cada figura por una sílaba o una palabra que aquella es capaz de figurar en virtud de una referencia cualquiera. Las palabras que así se combinan ya no carecen de sentido, sino que pueden dar por resultado la más bella y significativa sentencia poética.  Ahora bien el sueño es un rebus de esa índole, y nuestros predecesores en el campo de la interpretación de los sueños cometieron el error de juzgar la pictografía como composición pictórica. Como tal les pareció absurda y carente de valor”. (CapVI El trabajo del sueño).

En un sueño pueden estar representados varios pensamientos tanto inconscientes como preconscientes, el sueño no es un cuadro que representa una escena en otro lenguaje, el trabajo del sueño se vale de los desplazamientos y las condensaciones para figurar distintos pensamientos de diversa proveniencia. La noción de pictografía es muy rica en cuanto a la posibilidad de representación de huellas o signos heterogéneos, más cercana al ideograma que al significante.

Dice Freud que no hace falta suponer una particular actividad simbolizante del alma en el trabajo del sueño ya que otras producciones psíquicas son efecto de las operaciones de condensación, desplazamiento, juegos de sustituciones e inversiones, en fin , la operatoria del proceso primario, pero el sueño se sirve de “simbolizaciones que están contenidas, ya listas en el pensamiento inconsciente debido a que ellas satisfacen mejor los requerimientos de la formación del sueño por su figurabilidad, y las más de las veces por estar exentas de censura”.

Defino al pensamiento como de carácter representacional, vale decir que puede ser un enunciado o un elemento aislado, un pensamiento del sueño por ejemplo, pero que  siempre supone algún nivel de simbolización. El pensamiento es una producción psíquica que liga una cantidad, una excitación a una representación, ligazón de  afecto y representación. Las representaciones son productos metabólicos, “neocreaciones”, recomposiciones de lo real. La psique produce y es habitada por heterogeneidad de pensamientos: inconscientes, preconscientes, conscientes. “El pensamiento humano es la producción de objetos no existentes a partir de lo existente, no la instrumentación del mundo ni su transformación, sino la verdadera creación productiva de un mundo específicamente humano”. (S. Bleichmar)

La noción de pensamiento sin sujeto es un desarrollo conceptual que pone de manifiesto lo más revolucionario del descubrimiento freudiano. El pensamiento sin sujeto es el  pensamiento que se despliega en los sueños y es la actividad simbolizante  que permite la producción de los sueños. Me refiero al trabajo del sueño, trabajo psíquico que produce el sueño.

Silvia Bleichmar desarrolla esa noción que está presente en la obra de Bion, poniendo el acento en las producciones psíquicas presubjetivas. Dice: “El gran descubrimiento del psicoanálisis es haber planteado por primera vez en la historia del pensamiento que es posible que exista un pensamiento sin sujeto, y que ese pensamiento no esté en el otro trascendental –también sujeto-, ni en ningún lugar particularmente habitado por consciencia o por intencionalidad. El gran aporte del psicoanálisis  consiste en haber descubierto que existe un pensamiento que antecede al sujeto que luego forma parte de un espacio que no es el de la subjetividad reflexiva, espacio que denominamos inconsciente, y que el sujeto a lo largo de su vida debe apropiarse de ese pensamiento”.

La alucinación primitiva como primer forma de pensamiento no está destinada a resolver ninguna tensión de orden biológico sino que permite ligar en esa primer fantasía la excitación sexual imposible de evacuar.

El sueño cumple una vez que se ha constituido la tópica, esa función de ligazón.

Estas reflexiones se corresponden con una concepción del inconsciente como no intencional, “como conjunto de representaciones en las cuales no hay un sujeto que esté definiendo bajo los modos de la conciencia la forma de articulación representacional”.  

Freud desarrolló una teoría del pensamiento inconsciente, que revela la infinitud y lo insondable de un trabajo de la psique que labora a espaldas del sujeto de la conciencia.

En el texto “Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños” (1923)  Freud distingue sueños de arriba y  sueños de abajo, “siempre que el distingo no se conciba demasiado tajante. Sueños de abajo son incitados por la intensidad de un deseo inconsciente (reprimido) que se ha procurado una subrogación en restos diurnos cualesquiera. Corresponden a intrusiones de lo reprimido en la vida de vigilia. Sueños de arriba son equiparables a pensamientos o propósitos diurnos que durante la noche han conseguido allegarse un refuerzo a partir de lo reprimido segregado del yo. En tales casos, el análisis procede a insertar los pensamientos oníricos latentes dentro de la ensambladura del pensar de vigilia. Este distingo no requiere efectuar ninguna modificación en la teoría del sueño.”

Las evocaciones que provocan las situaciones vividas durante la vigilia que quedan en su mayoría silenciadas durante el día, invitan a palpar la urdimbre de recuerdos y sensaciones que van quedando como al rescoldo y que muchas veces son retomados por los sueños. Posibilidad de recaptura de vivencias del día o de vivencias antiguas.

J.B.Pontalis, dice: "El sueño es memoria, resurrección, de a retazos, del pasado; niega lo borrado, la irreversibilidad del tiempo, conjura el olvido de los muertos."

En “La interpretación de los sueños” Freud dice: “No hay que subestimar la importancia de las intensidades psíquicas que los residuos de la vida de vigilia introducen en el estado del sueño”. El sueño entreteje las experiencias diurnas con elementos inconscientes con alto grado de condensación.   Un sueño puede tardar varios días en producirse como tal. El trabajo del sueño labora arduamente para figurar en imágenes multiplicidad de pensamientos, emociones, sensaciones de diversa proveniencia.

Algunos autores le critican a Freud el haberse centrado en el inconsciente reprimido en detrimento de la complejidad del inconsciente descriptivo.

Los pensamientos del sueño descubiertos por la libre asociación surgen para Freud “como un conjunto de pensamientos y recuerdos de la estructura más intrincada posible, con todos los atributos de las series de pensamientos que nos son familiares en la vida de vigilia”.

Pretendo reintroducir la riqueza del pensamiento inconsciente no reprimido. El sueño no es el contenido manifiesto, pero tampoco los pensamientos latentes, es dirá Freud también, una forma de pensamiento como cualquier otra. Por ese motivo el sueño no debe ser un objeto privilegiado en la cura o por lo menos conviene que sea tan privilegiado como otras producciones psíquicas.

 

Laplanche señala con ironía que los seres humanos solían soñar antes que existiera el psicoanálisis, para poner el acento en la función intrapsíquica que cumple el sueño y que es ajena completamente al propósito de ser utilizado en el análisis y resalta la distancia que media entre el sueño soñado y el relato del sueño.

Uno de los autores psicoanalistas que ha trabajado profunda, rigurosa y poéticamente los sueños ha sido J.B. Pontalis. En el libro “Entre el sueño y el dolor” dice que en un coloquio sobre los sueños “se vio el enfrentamiento, a veces en un mismo analista, de dos tendencias: una que sería erróneo llamar, sin más examen, clásica- que consideraba al sueño como vía regia, que invita, incluso por la atención que se le presta, a ser oída en la cura como un lenguaje aparte; por la otra, que no lo considera diferente en su naturaleza del conjunto del contenido de una sesión. Las dos tendencias se unen, seguramente sin saberlo, en su evaluación del sueño como material, al que se debe privilegiar como revelador del deseo inconsciente, o del que se debe sospechar –sobre todo cuando moviliza masivamente a los participantes – como resistencia a la transferencia”.

Qué aspecto del sueño puede influenciar el analista?

El trabajo del sueño, el proceso de formación del sueño seguramente no,  los pensamientos del sueño, tal vez sí.

Freud  va a la búsqueda del sentido del sueño, y descuida para Pontalis la experiencia misma del sueño.

En un libro maravilloso al que pertenece la cita del comienzo, Pontalis hace referencia  a Charlotte Beradt quien escribió “Soñar bajo el III Reich” y a Jean Cayrol quien relata sus  sueños en el campo de concentración.

Los relatos de sueños de personas entrevistadas por Beradt en Berlín en la década del 30 atestiguan “Una amenaza difusa, cotidiana, insistente”.

Cito a Pontalis: “Charlotte Beradt entrevistó aproximadamente a trescientas personas de diversas condiciones y edades… no sabemos nada de ellos. La autora se limita a ofrecer una breve ficha descriptiva como si la identidad y la historia singular se redujera a eso, como si no hubiera duda de que más tarde no serían más que un número tatuado en el brazo.

Esos múltiples sueños terminan siendo uno solo; todos llevan la misma carga de angustia. Podría haberlos soñado el mismo individuo.

“En mis sueños me expreso en ruso por precaución. En realidad, no hablo esa lengua. Hablo en ruso porque ni yo mismo me comprendo y para que nadie me comprenda en caso de que dijera algo del Estado”.

….

“Todas las noches, sin cansarme, quito la cruz gamada de la bandera nazi. Esto me hace sentir orgullosa y feliz. Pero a la noche siguiente veo que han vuelto a coser la cruz en la bandera.”

El espacio del sueño ese espacio que juzgamos el más privado, el más secreto, al que, a veces de manera muy imprecisa, solo nosotros tenemos acceso, está invadido. Lejos de acoger nuestros deseos y nuestras nostalgias, aparece como el lugar de una persecución interna. El envoltorio protector del sueño está desgarrado, atravesado: el enemigo está en el lugar, ocupa todo el lugar….. El perseguidor resulta ser algo más que un inquilino abusivo, se ha transformado en nuestro propietario, se ha apropiado hasta de la poca libertad que nos quedaba. Sólo nos permite una cosa: soñar con él.”

Fin de la cita.

El sueño, permite a esas personas la figuración de la amenaza, la ligazón en fantasías oníricas del traumatismo cotidiano con retazos de representaciones de la propia historia libidinal.

Pontalis supuso que los relatos de los sueños de Jean Cayrol, poeta francés que escribió la narración del documental de Alain Resnais Noche y Niebla (1955) que estuvo prisionero en Mauthausen (Austria), serían de una crueldad obscena, espantosas pesadillas. Pero ante su sorpresa Cayrol relata que “los sueños en el campo eran un medio de salvaguardarse, que,  “los prisioneros depositaban en esos sueños aprisionados con cerrojos toda la potencia del amor, de la libertad y la felicidad”.

Pontalis cita a Cayrol: “El sueño ayudaba a frenar el dolor, al prisionero le habían quitado todo, pero él conservaba lo esencial, el sueño hecho carne… El sueño como una almendra que él debía proteger para que nadie pudiera romperla.”

Cayrol clasificó los sueños recogidos en el campo de concentración, no encontró sueños eróticos, sí entre otros contenidos, sueños de recetas de cocina. Y se pregunta Pontalis, “El erotismo iría a refugiarse en ese pastel maravilloso, y el deseo iría a sumarse como recompensa a la satisfacción de la necesidad?”

La función ligadora y simbolizante del sueño, protectora de la vida psíquica y la realización alucinatoria de deseos permite pensar  más bien que  el dormir es el guardián del sueño invirtiendo la fórmula canónica.

 

Bibliografía:

Bleichmar S. Inteligencia y simbolización. Una perspectiva psicoanalítica.

Bollas C. La pregunta infinita. 

Freud. La Interpretación de los sueños. Cap VI

Freud. El uso de la interpretación de los sueños en psicoanálisis.

            Más allá del principio del placer.

            Observaciones sobre la teoría y práctica de la interpretación de los sueños

Laplanche J. El Inconsciente y el Ello. Problemáticas IV. Amorrortu Editores.

                      La cubeta. Trascendencia de la transferencia. Problemáticas V. A.E.  

Pontalis J. B. Al margen de las noches. Paidós.

Pontalis J.B. Entre el sueño y el dolor. Ed. Sudamericana.